Editorial diciembre 2016

  31 Diciembre 2016

El día en que Antoine Doinel se convirtió en compositor 

paterson 22016 se va, con sus luces y sombras, muchas sombras tenebrosas —no en las salas de cine, y sí en amenazas que se nos vienen encima desde Norteamerica y no sólo con un presidente que parece salido de la pluma de Bram Stoker antes que de las páginas de Mary Shelley—.

El mundo tiembla mientras Hollywood, al igual que hiciera años atrás en épocas no muy amables, nos invita a ensoñar entre bailes y canciones desde la exitosa, a punto de estreno, La ciudad de las estrellas (La la land) de Damien Chazelle, el realizador de la también musical Whiplash.

Hasta los alemanes, aunque parezca imposible, nos invitan a la buena, y nada comedida (cerca de tres horas) sonrisa, con Tony Erdmann de Maren Ade, realizadora de Entre nosotros. Se lo tomó con calma desde esa película hasta la actual ya que entre ambas hay una diferencia de siete años. Su actual comedia (el tercer largo que realiza) viene acaparando galardones desde el último festival de Cannes (2016) donde alcanzó el premio de la crítica (FIPRESCI): desde el otorgado por los críticos de Nueva York hasta varios premios de cine europeos.

¿Está ocurriendo igual que el sufrido el pasado año con la nueva incursión de Mad Max? De momento el filme de Maren Ade también ha sido nombrado como la mejor del año para, al menos, dos revistas de cine especializadas: la francesa Cahiers du Cinema y la inglesa Sight and sound. Y veremos qué ocurre con los Oscar, Globos de Oro y demás. En España, como aún no se ha estrenado nadie la ha podido votar, aunque haya críticos que la han visto en diversos certámenes y también han dado a conocer sus excelencias.

La revista francesa y la revista inglesa se han adelantado a muchas otras publicando ya en el número de diciembre su lista de las mejores del año. Naturalmente de las estrenadas en su país durante 2016 si han podido ver, incluso, todos los filmes que se han estrenado en este mes.

Mientras Cahiers nos da a conocer sus diez mejores del año, Sight and sound relaciona diez más. En ambas listas (de diez y de veinte) se repiten algunos títulos entre los mejores, tales como Elle de Verhoeven y Julieta de Almodóvar (estrenados) o Aquarius (entre los no estrenados). Por su parte la revista inglesa incluye entre sus veinte mejores otro filme con cierto barniz hispano, La muerte de Luis XIV de Albert Serra. Y si nos fijamos en las diez mejores oficiadas por The Times encontraremos al final de la lista de las diez escogidas un título también con cierto acento de acá: Infierno azul de Collet-Serra. Parece que la referencia Serra es apreciada por los ingleses, quien por cierto, en lo que se refiere a los críticos, está claro que valoran el cine de su país porque en su lista hay gran abundancia de filmes ingleses cuya presencia, bueno como la de cualquier título, es más que discutible. Es el caso de la fallida American Honey de Andrea Arnold o de Amor y amistad, la vuelta al cine después de mucho tiempo de Whit Stillman.

En fin, de todo hay en estos listados, que inscriben títulos esperados como La bahía de Bruno Dumont, Silencio de Scorsese, Manchester frente al mar de Kenneth Lonergan, Moonlinght de Barry Jeckin… Pronto estarán todos ellos en nuestros cines así que veremos lo que dan de sí.

Mientras tanto nuestro cines en este mes de diciembre nos han ofrecido sobre todo uno de los grandes estrenos del año, Paterson de Jim Jarmusch, mucho más que el simple paseo por una semana de vida de un conductor de autobuses llamado Paterson en la ciudad de Paterson y al que gusta leer el libro de poemas Paterson de William Carlos Williams. Una visión, sí, sobre lo cotidiano pero como forma de sobrevivir, admitir, romper una realidad que duele pero precisa para seguir caminando día a día entre la belleza y la basura, entre la luz y la oscuridad, lo vulgar y lo extraordinario. Frente a esta crónica introspectiva sobre el mundo, la ciudad y la existencia todos lo demás títulos estrenados en el mes palidecen.

Bueno, no vamos a ser tan exagerados como para afirmar que Paterson es la única gran película estrenada en este mes de diciembre. Ahí está también la excelente La doncella, última obra de Park Chan-wook, un gran ejercicio de realización donde, como siempre en su cine, sexo y violencia se aúnan para construir un filme sobre la venganza.

la-ciudad-de-las-estrellasYa estamos en venganzas habrá que citar —más por que pudo ser que por lo que en realidad es, al menos para mí— Animales nocturnos el segundo filme realizado por Tom Ford, cuyo sentido de lo explícito (el póster/cuadro en la empresa indicando venganza) y, con frecuencia, el frío y gratuito esteticismo unido a un discutible sentido de la imagen en la visión de la novela leída por la protagonista, y a unas, no demasiado bien construidas, vueltas atrás, descontrolan lo que pudo haber sido una gran película. Eso sí hay que destacar el excelente final.

Algunos títulos previstos a priori de interés ni se sabe si llegaron a estrenarse en alguna sala. Es el caso de la experimental película colombiana Violencia de Jorge Forero. Otro caso de filmes malditos que se une a una larga lista donde el cine español presenta, entre nosotros, una buena muestra.

Independiente de la calidad o no habrá que hacer referencia a veintiuna películas que han contabilizado en los cines menos de un centenar de espectadores, lo que supondría el 13% de las películas españolas estrenadas en 2016 (datos hasta mediados de este mes de diciembre). Así los documentales Manolo Tena, un extraño en el paraíso, de Rafa Tena, tuvo cuatro espectadores (en su descargo debe decirse que se trata de un film para televisión), Contra la impunidad de Iñaki Arteta contó con seis, el mismo número que acudió a ver Cervantes la búsqueda de Javier Balaguer, La fiesta de los locos (15) de Manuel Iborra, Querida Gina de Susana Sotelo (17), Boye de Sebastián Arabia (37) o La muerte en la Alcarria de Fernando Pomares (45). Todos esos títulos son documentales, un género que parece no interesar al público.

En el otro lado de la balanza se encuentran los títulos españoles de mayor número de espectadores y por tanto de recaudación. Se trata de Un monstruo viene a verme (aún en cines) de Bayona con casi cinco millones entradas, seguidos de Kiki el amor se hace de Paco León y Cien años de perdón de Daniel Calparsoro con más de un millón de espectadores, películas a las que probablemente se una la recién estrenada Villaviciosa de al lado de Nacho G. Velilla, estrenada a comienzos de diciembre y que debe estar a punto de rebasar, si no lo ha hecho ya, esa cifra millonaria de espectadores.

Cifras de todas maneras ridículas si las comparamos con las obtenidas por los títulos más vistos (todos norteamericanos) en el año, donde además los primeros puestos son ocupados por filmes producidos por la Disney. Por orden las películas más taquilleras, y por orden de recaudación, han sido: Capitán América: Civil war de Anthony y Joe Russo, Buscando a Dory de Andrew Stanton y August MacLane, Zootrópolis de Byron Howard, Rich Moore y Janet Bush, El libro de la selva de Jon Favreau, Mascotas de Chris Renaud y Yarrou Cheney, Batman v. Superman: el amanecer de la justicia de Zack Synder…

Habrá que esperar para saber qué puestos alcanzan la aún en cartel Animales fantásticos y dónde encontrarlo de David Yates, Rogue One: una historia de Star Wars de Gareth Edwars o Vaiana, la última, por el momento, apuesta por realizar un musical de animación, dirigida por John Musker, Ron Clements, Don Hall y Chris Williams. No hay que olvidar que los dos primeros (Musker y Clements) fueron los realizadores de animación que iniciaron los musicales Disney de animación con La sirenita (1989) que llegarían a su esplendor con La bella y la bestia en 1991 (en 2017 la Disney, explotando el anterior éxito, estrenará una nueva versión donde mezcla animación con personajes reales) y sobre todo con El jorobado de Notre Dame en 1996.

captain america civil warHollywood sigue siendo la Meca del cine… comercial. Aunque en América, y muy cerca también de Hollywood, se hace cine menos comercial, más independiente. Y, también, en el propio Hollywood, en conjunto no tan conservador, reaccionario o indiferente a los problemas como se puede creer o como ciertos artículos, mal informados, tratan de mostrar.

Señalar, por ejemplo, aunque de poco ha servido, la campaña contra Trump presente incluso, aunque de manera implícita, en títulos como la última versión de Los siete magníficos o la denuncia existente en la película ganadora del Oscar de este año, Spotlight así como la defensa de la mujer, y de su color, en un filme que veremos en enero, Figuras ocultas.

En algunos artículos de prensa, con motivo de celebrarse el setenta y cinco aniversario del ataque a Pearl Harbor, que señala también la entrada de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial, se podía leer que Hollywood con anterioridad a estos ataques había permanecido neutral. Verdad a medias ya que algunas películas, lo que supone la adscripción de las productoras al mensaje, apelaban a la necesitad de la entrada en aquella guerra oponiéndose al nazismo. Citaré sólo dos títulos muy significativos que así lo proclamaban: Enviado especial de Hitchcock y Adelante mi amor de Mitchell Leisen.

Cerrando casi el mes se ha celebrado el cumpleaños centenario del gran actor que ha sido Kirk Douglas, que ha intervenido en unas noventa películas de diferentes géneros y donde hay mucho bueno para escoger: Retorno al pasado, El ídolo de barro, El gran carnaval, Brigada 21, Cautivos del mal, La pradera sin ley, Los vikingos, Duelo de titanes, El loco del pelo rojo, Senderos de gloria, El último tren de Gun Hill, Un extraño en mi vida, Espartaco, Siete días de mayo, El compromiso, El día de los tramposos… y más.

Superviviente del Hollywood también, y con los mismos años, y unos meses más, tenemos a Olivia de Havilland la compañera de reparto de Errol Flynn en multitud de películas de aventuras (inolvidables) de los años treinta y principio de los cuarenta (El capitán Blood, La carga de la brigada ligera, Robin de los bosques, Dodge ciudad sin ley, Murieron con las botas puestas...) y de grandes interpretaciones entre otras en Nido de Víboras, Lo que el viento se llevó, Si no amaneciera… o en las dos interpretaciones por las que le fue otorgado el Oscar: La heredera y La vida íntima de Julia Norris.

Kirk Douglas no obtuvo ningún Oscar, sí varios premios, lo que no quiere decir nada, más bien el poco saber de los académicos hollywoodenses que dejaron sin estatuilla a tantos grandes (desde Hitch a Orson Welles pasando por Robert Mitchum, Maureen O’Hara o Richard Widmark y muchos más). No es válido recordar los deslices otorgando un Oscar honorífico como ha ocurrido con tantos directores y actores, aunque a Kirk Douglas… ni eso.

En este mes, en los días cercanos a las Navidades, hay que lamentar la desaparición del excelente decorador Gil Parrondo, doble ganador del Oscar. Justo este próximo año, en esas fechas, hará cuarenta años que nos dejaron Howard Hawks y Charles Chaplin, fallecimiento el de Charlot que eclipsó casi totalmente el de Hawks.

Bien llegamos al final de 2016. Deseamos a todos nuestros lectores un gran año de cine y de vida. Hasta…

—¿Cómo que felices día y esas cosas y ya está? ¡Vaya timo!

—???

—Pues claro, ¿a qué viene ese sonado título de este artículo, editorial o lo que sea y no explicar por qué se ha llamado así? ¿Acaso para indigestarnos, por si estas fiestas no bastaran, con este rollo de títulos, espectadores, recaudaciones y demás tontadas? No se haga el huidizo. Me refiero a lo de Antonie Doiniel concertista

—Concertista no, más bien autor de bandas sonoras por dictamen de…

kirk-douglas

Estaba escuchando Radio Clásica de RNE mientras escribía el artículo. A esa hora, dos de la tarde, no suelo hacerlo, pero ese día por eso de las casualidades o de tener que dar por finalizado este editorial fin de año, seguía tecleando en el ordenador. Y, de pronto, quedé atontado.

Aquella en vez de Radio Clásica con profesionales de gran altura se había convertido en el cambio de programa en un programa digno del peor de los programas de radio de una emisora (seguro que lo hubieran hecho mejor) perdida en un recóndito lugar de nuestra geografía. No, no era ni siquiera el día de los inocentes. Aunque el locutor (¿director, guionista del programa?) parecía haber sido abordado por la calle un momento antes de salir en las ondas. Aquello comenzó mal pero fue de mal a peor.

Se inició el programa con una parte que el genial Bernard Herrmann compuso para Ultimátum a la tierra. Lo malo, eso era bueno, no era la música, lo malo fueron los apuntes sobre Herrmann que hizo quien hablaba. Que si había escrito mucho cine fantástico, que si tal y cual. Trató de recordar algunas de sus composiciones y los balbuceos fueron in crescendo hasta cerrar con haber sido el músico de Hitch. Por supuesto ni se mentó a Welles, ni que su primera, y memorable banda sonora, fue la de Ciudadano Kane.

Los rodeos, silencios en busca de un nuevo título que no llegaba (pero ¿de qué iba tal personaje?), tenían un fin: llegar a Trufffaut y afirmar que Hitch y Herrmann habían roto después de Marnie, la ladrona con lo que los chicos de la nouvelle vague se echaron como locos a la búsqueda de Herrmann para que compusiera la música de sus películas. Gracioso, muy gracioso porque los chicos de la nouvelle vague no persiguieron a Herrmann: salvo para Truffaut en Fahrenheit 451 y en La novia vestida de negro no trabajó con ninguno de sus otros compañeros; eso sí, siguió componiendo grandes partituras en Hollywood para chiquitos como Scorsese (Taxi Driver) o De Palma (Hermanas, Fascinación).

Pero lo mejor de ese memorable programa de Radio Clásica del RNE aún no había llegado. Después de poner un arreglo de la primera de las películas que músico para Truffaut, se adentró, suponemos que inconscientemente, en el realizador de Jules y Jim. Entonces bordó su actuación. Dijo pasar de la música de Herrmann a los dos músicos que había tenido Truffaut a lo largo de su obra, es decir a Georges Delerue y a Antoine Doinel...

(Sí, sí: Doinel, no Duhamel, que sí es músico y que sí trabajó para la nouvelle vague, incluso para algún director español como Fernando Trueba… y es que la pronunciación a veces oculta nombres distintos: hay que cuidarla).

Eso sí, sólo se iba a centrar en la música del primero. Y comenzó con una de las partes que había compuesto para dijo “la primera película donde había un karaoke”. Se refería a Tirad sobre el pianista, a la que quitó más de cinco minutos de su duración real (“una película en excelente blanco y negro que ni siquiera dura 75 minutos”). Al menos reconoció que en ella trabajaba Charles Aznavour y lo hacía muy bien. Por cierto Delerue sí trabajó (aparte de con Truffaut) con muchos de los realizadores de la nouvelle vague. Un fuera de serie en un trabajo de más de 350 composiciones y muchas excelentes, tanto en Europa (para Juan Antonio Bardem compuso la banda sonora de Nunca pasa nada) como en Hollywood, donde moriría.

Aún esperaba alguna genialidad de tan inolvidable programa así que esperé el nuevo corte para ver si, al fin, podría escuchar alguna cosa compuesta por el segundo, o tercer, gran músico de Truffaut, el citado Antonie Doinel (¿o se referiría a Jean Pierre Léaud?), pero no imposible, parece ser que no encontró nada a la altura de ese ignorado músico.

En su lugar dio paso a otro corte de Delerue, ese correspondiente a La piel dulce. Eso sí, antes de escuchar la música dejó otros surrealistas toques para el recuerdo (¿qué hemos hecho para merecer estos baños de incultura desde una emisora pública y se supone de alto nivel cultural?).

Allá van: “Con Trufautt nació el cine moderno. Es su gran creador. Y Los 400 golpes es sin duda la primera autobiográfica de la historia del cine. Bueno, al menos creo que es así”. Y se supone, esa es otra historia, que nadie ha dicho nada a tan gran conocedor del cine y de los compositores de bandas sonoras. Una pena. Pero, desgraciadamente, es lo que hay.

Lo dicho más arriba. Os deseamos un Feliz 2017 con un muy buen cine.

Escribe Adolfo Bellido López

herrmann