Editorial noviembre 2016

  28 Noviembre 2016

Llegan… 

la-llegada-2Dos películas de ciencia-ficción estrenadas recientemente, y otras que ya se anuncian, muestran la importancia y la aceptación del espectador hasta este tipo de filmes que nos llevan hacía un futuro más o menos lejano, pero al que conviene no poner fechas… porque el futuro ya existe y no es igual al que se nos representó.

Es el caso de la excelente 2001: una odisea del espacio, película y novela (posterior al filme), a la que sólo le sobró esa fecha ya sobrepasada, pero en la que el hombre sigue, y suponemos que durante muchos años, pegado a la Tierra e inmerso en sí mismo y sin asomo de llegar a ser más que humano. La evolución visionaria de Kubrick-Clarke a los acordes de la música de Richard Strauss en su descubrimiento del superhombre o de ir más allá del ser humano en la ascensión hacia… la inmortalidad, o casi, aún es algo lejano. Soñado.

Los títulos de SF estrenados recientemente de directores importantes —el canadiense Denis Villeneuve y el estadounidense Jeff Nichols— se unen a anteriores estrenos, en algunos de los cuales la ciencia ficción, incluso, no será de viajes fuera de nuestro mundo, de llegadas o de idas, sino de otras búsquedas interiores o evolutivas del tipo que sea. Es claro que gran parte de este cine para ser comercial se deberá ajustar a unos claros códigos conocidos, aventureros o de planteamientos fácilmente adecuados, consumibles y devorados con cierta facilidad por los espectadores. Cuando el filme deriva hacia otros mundos donde las ideas se desbordan la cuestión ya es otra.

El género puede abarcar muchos títulos, caso por ejemplo de Blade runner, El planeta de los simios, La humanidad en peligro, Encuentros en tercera fase o, incluso, ahí pueden bucear también tanto Matrix, ET como El árbol de la vida (la de Malick, claro, no la Dmytryck).

La complejidad en el trato de los temas, la no linealidad o la huida de lo trillado al plantear, desde su estructura codificada, una alteración en todos los órdenes asentados en la sugerencia/sutilidad más que en lo obvio, en la introspección interior más que en la acción, en planteamientos ideológicos/filosóficos dejando atrás aventuras/luchas.

En fin, películas que aboguen y diserten sobre el futuro, pero desde el ser más que del futuro (sería un medio, una forma de llegar a un determinado fin), sin presentar historias de batallas, naves, conquista de mundos lejanos, alienígenas invasores contra los que defenderse o a las que conquistar. Eso o invertir la historia en función de un nuevo lenguaje.

Tenemos muy cerca el fracaso de una gran película como es Under the skin (2013) de Jonathan Glazer a pesar de contar con Scarlett Johansson ¡desnuda! Anunciada su estreno en España hace más de un año ni se ha llegado a estrenar, ni, que sepamos, ha sido editada en DVD en España (habrá que obtenerla en copias existentes en otros países o… por otros sistemas). Una película (casi sin diálogos) hipnótica, reflexiva, extraña, diferente, de gran calidad, pero difícil para el espectador.  

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Al principio de este artículo señalamos la presencia entre nosotros de dos películas de ciencia ficción distintas y que a su vez hacen alusión, o se reflejan en otros títulos, míticos en algunos casos. Se trata de Midnight Special (Nichols) y La llegada (Villeneuve).

La segunda tiene un estreno normalizado mientras que el estreno de la primera es bastante irregular. No sabemos en cuantos sitios de España ha sido vista. Eso sí, lo ha hecho en Valencia en unos cines, los Aragón, que estrenan en versión original subtitulada aquellos títulos que puede o le dejan las distribuidoras. La competencia es mucha y ellos acaban de llegar al mercado.

Entre sus aciertos se encuentran los estrenos, en su primer año de existencia (lo cumplen en este noviembre de 2016), de títulos tan importantes o interesantes como son El cuento de la princesa Kaguya, The duke of Burgundy, The salvation (el interesante western danés), Los niños lobo, Berberian sound studio… y ahora, en este momento, cuando escribo este editorial, en los últimos días de noviembre de 2016, han estrenado en solitario el controvertido nuevo título de Nicolas Winding Refn The Neon Demon, El extraño del más que interesante director coreano Na Hong-jin (The yellow sea) o las españolas La muerte de Luis XIV de Albert Serra o La isla del viento de Manuel Menchón, sin olvidar su defensa, y apuesta, por reponer (prácticamente estrenar) filmes tan importantes y olvidados por espectadores e ignorados por distribuidores como Fuego en el mar (Gianfranco Rosi), primer premio del festival de Berlín de este mismo año.

Así están las cosas. Ni exhibidores, ni distribuidores, ni… espectadores hacen lo posible por propiciar la presencia, el mantenimiento en la cartelera, e incluso, el estreno de películas importantes y necesarias.

El filme de Nichols no es el mejor de los que ha realizado. Casi me atrevería a decir que es el peor o al menos el más discutible. El realzador de Arkansas (1978) no llega a la altura de su segundo y tercer título, los muy notables Take Shelter y Mud, aunque en este, su cuarto título (está pendiente de estreno el quinto, Loving, previsto para enero y que fue presentado en el festival de Cannes) sigue planteando, desde la metáfora, algunos de sus temas predilectos: la presencia del misterio, la relación entre padre e hijo, los enfrentamientos entre diferentes formas de vida, el temor al futuro… con la presencia, igual que en Take Shelter de uno de sus actores predilectos, Michael Shannon (y también con la participación de amigos como Sam Shepard). También en Midnight Special se encuentra la mezcla de géneros existente en todo su cine: el thriller, el cine de aventuras, el familiar… y el gusto por los espacios abiertos: los campos sembrados, la naturaleza en oposición a los sombríos espacios interiores.

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Proyectado en el festival de Berlín de 2016 (este año ha participado en dos grandes festivales distintos ya que, como hemos indicado, también presentó en Cannes Loving) supuso una decepción. Se trataba de un título extraño, enigmático, con muchas cosas inexplicadas. Un claro homenaje a Carpenter y sobre todo a su Starman y, ¡que decir!, a Spielberg, cuyos ecos de ET recorren el filme de arriba a abajo.

Lo peor quizá sea ese sentido mesiánico (la luz salvadora que irradia el niño protagonista) acrecentado por ese final de la subida a los cielos. Alargada, irregular, siempre sorprendente, la película de Nichols debería haber tenido mayor repercusión que la tenida entre nosotros. Al menos se ha estrenado en Valencia. Y es lógico que pase a su explotación en DVD.

Mejor ha sido el estreno de La llegada, lanzada de forma general, del último filme del canadiense Denis Villeneuve (1967) director ya de siete largometrajes (y de varios cortos) y a punto de terminar el octavo, Blade Runner 2049, es, actualmente, uno de los jóvenes realizadores más interesantes. Gran creador de ambientes, consigue dotar a sus filmes de un tratamiento visual más que notable. Incendies, Prisioneros o Sicario bastarían para comprender quién es Villenueve y de lo que es capaz. Aunque también puede equivocarse, como ocurrió con su película, digamos, más intelectual: Enemigo, intento de llevar a la pantalla un relato de Saramago.

Si Enemigo se estrella en sí mismo al no dar salida a una narración más propia de un corto que de un largo, los títulos citados de Villaneuve son una carta de presentación notable para reconocer su talento.

la-llegadaEn el filme reciente estrenado, La llegada, volvemos a encontrar su gran fuerza narrativa, la impecable forma de componer el encuadre, de llevar el interés, y rebajarlo, cuando le viene en gana. Su filme actual podría hacer referencia a otros. A bastantes. Sin duda, el principal es Encuentros en tercera fase. Muy cerca está también Ultimátum a la tierra. Y no se pueden desechar ni 2001: una odisea del espacio, ni El árbol de la vida de Malick.

Si Nichols en Midnight Space se acompaña de planteamientos mesiánicos, Villeneueve, ignorando tal asentamiento en los spielberianos encuentros, se aleja de ellos. Le unirá al filme de Spielberg la búsqueda de comunicarse con los alienígenas. Allí a través de notas musicales, aquí por medio del lenguaje.

La ciencia y el lenguaje. O el lenguaje de la ciencia, la necesidad de una unión mundial como forma de entender y de entenderse dentro y fuera, lo absurdo de una intervención militar, el juego con el tiempo implicando al futuro más que al pasado, y la necesidad de aceptar lo que va a ocurrir son algunos de los puntos sobre los que se asienta el filme, repleto de pistas para rehacer el puzle que ofrece la película de Villenueve, mucho mejor dado, hilvanado, que los pretenciosos de Nolan y con mucha mayor consistencia. Ciñéndonos al campo de la SF, por ejemplo, La llegada va mucho más allá, en su reflexión, que Interestellar.

Con dominio en el protagonismo de una mujer, al igual que en Sicario, el filme da claves, y muchas, a lo largo del relato para ir comprendido su sentido hacía el más allá que es el futuro. El problema estriba en la relación director-espectador y la desconfianza que el primero tiene sobre el entendimiento de su idea en los segundos. Es la razón, quizá, por la que se alarga el final, dando vueltas sobre lo mismo: las explicaciones se han dado, diseminado, a lo largo del relato, mucho antes.

De gran fuerza visual, con un gran tratamiento de la fotografía y de la música, La llegada exige ser vista en una gran pantalla. Sus límites televisivos no valorarán la grandeza de las imágenes. El primer momento en que aparece en tierra la nave, con la niebla dispersándose, lamiendo la nave, es un ejemplo de la gran potencia visual que sabe conferir Villeneuve a sus imágenes.

Por si esta presencia de dos películas de SF de interés fuera poco, se anuncia para el próximo mes otro título sonado de SF, Pasajeros, del realizador de la notable The imitation games.

El cine de SF sigue dando obras notables, en sí mismo o por la querencia por el género. Estos estrenos así lo confirman. Pero el cine va mucho más allá de este género. En la mezcla —de eso tanto Nichols como Villeneuve saben mucho— de todos ellos se sigue buscando el buen cine, el de ayer, hoy y el de mañana. No sólo en la SF.

Y un consejo final: vean La llegada en una pantalla de cine grande, cuanto más grande mejor. Es preciso para embeberse, para introducirse en su grandeza visual.

Escribe Adolfo Bellido López

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