Editorial mayo 2016

  30 Mayo 2016

El tiempo y el cine

mas-alla-de-las-montanyas-1No hace mucho en un foro cinematográfico se debatía sobre si el cine actual es peor que el cine del ayer, considerando, como referente, la edad dorada del cine norteamericano. El plantear que aquel cine es muy superior, porque era muy grande, excelente, gustaba a todo el mundo y se hacía en cantidad, carece de planteamientos analíticos solventes.

Aquel cine clásico, dominado por la industria de Hollywood, era una máquina perfectamente engrasada donde la maquinaria no chirriaba, al menos, en demasía. Había unos guionistas excelenteS, a veces escritores de gran altura, los guiones eran una pieza clave para unas películas que, casi, funcionaban solas. Guiones sólidos, sin fisuras, diálogos perfectos… de cine (en la vida no se hablaba como en esas películas, pero qué buenos eran esos —hermosamente falsos— diálogos de cine), actores reconocibles y eficaces (eran los tiempos en los que la estrella era lo principal: en la Metro se decía que existían más estrellas que en el cielo) y los realizadores artesanos (los más abundantes) eran eso, unos buenos artesanos. Luego, claro, estaban los grandes realizadores.

Si nos referimos a la meca del cine, podíamos hablar también de la importancia de otras cinematografías, sobre todo las conocidas entonces, europeas y de algunos, poco, pases hispanoamericanos. Poco se sabía de las orientales (fue Japón la primera que hizo, ¡y de qué manera!, su presentación) y, al menos por acá, poco o nada sabíamos del cine que se hacia detrás del telón de acero.

Años en los que lo único que se podía hacer es ir al cine para ver lo que te echaban. Única diversión posible, coartada además por la censura que suprimía o simplemente prohibía, lo que le venía en gana. No se nos consideraba adultos. Se nos veía como niños a los que hay que permitir únicamente ciertas cosas.

Los tiempos, aquellos tiempos, cambiaron fuera y dentro. Una evolución lógica en ambos casos. Surgió la televisión. Aquí llegó con retraso aunque por el cine ya la conocíamos. Los gustos cambiaron, las diversiones se multiplicaron. La forma de entender y de estar en la vida ya no era la misma. El cine siguió, y sigue, teniendo gran importancia pero las formas de verlo y de hacerlo no son las de antes.

Hoy el star system ya no existe, en bastantes casos el realizador está más presente que el actor, se realiza otro tipo de cine, otros géneros. Y, naturalmente, por los cambios, por la importancia de otros medios, otras formas de imágenes, se realiza menos cine. Esa cantidad de cine realizado en menos proporción, la rapidez que precisan los rodajes y el estreno inmediato y su pronta desaparición en salas para convertirse en productos para su explotación casera (DVD, Blu-Ray, televisión) ha hecho que los sistemas de producción hayan variado, así como también la asistencia y la edad de los espectadores.

Es claro que hoy existe un cine determinado de consumo para los jóvenes basado en historias de terror o en esas de superhéroes presentadas en interminables franquicias. Las prisas llevan a los guionistas a trabajar a destajo repitiendo esquemas y haciendo imposible el seguimiento de tramas o de momentos. Tanto da en esos filmes donde lo único que importa son las luchas o la acción cuanto más disparatada mejor.

De una u otra manera este cine de rápido consumo tiene su reflejo en el cine de aventuras simples del ayer, quizá más elaboradas en el de ayer que en el de hoy, pero eso se refiere sobre todo a este tipo de cine. Podríamos adentrarnos en otros tipos de cine, en estructuras de tipo B o Z, en películas destinadas a determinados tipos de espectadores y estudiar las diferencias de todo tipo, y sobre todo de calidad, que había entre unas y otras.

Si la memoria nos lleva a recorrer lo que se dice y escribe referido a resúmenes de los estrenos de cada año, llegaríamos a la conclusión que el cine actual debe ser muy malo, ya que en gran proporción los comentarios anuales, desde tiempos lejanos, siempre, en general, suelen afirmar que cada año es peor que el anterior. Lo cual aparte de exagerado es falso.

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El cine ha cambiado, claro, y nosotros también. Si defendemos el cine de ayer frente al de hoy lo hacemos desde el recuerdo ya lejano de nuestra niñez y juventud. De un tiempo pasado, ya perdido, y que lo trasladamos al momento actual. Se trata de un (falso) intento de recuperar, revivir lo anterior.

Una falacia, en definitiva, el cine de hoy (mucho más allá del cine americano y el europeo que conocimos en el pasado) sigue tan vivo como lo estuvo ayer. Hay cine malo, por supuesto, regular, bueno y muy bueno. Eso sí, se hace menos cine, el nivel medio, al menos del cine norteamericano, es peor que el de hace años por la sencilla razón de una producción media muy inferior.

Probablemente nunca hemos asistido a una búsqueda —por supuesto nacida desde experiencias anteriores— de nuevas propuestas como las que ahora nos llegan desde diferentes lugares. Pocas veces ha existido un grupo de realizadores, desde aquí, desde allá y desde más allá, enfrentados a nuevas propuestas narrativas, haciendo que el cine progrese, evolucione, trabajando bien desde la gran industria, la pequeña o, incluso, desde trabajos cooperativos o personales. El medio, la facilidad de la nueva tecnología, hace posible estas indagaciones personales, estas búsquedas y alteraciones, posibilitando la evolución, la grandeza, del cine.

Ahí tenemos el cine de Tailandia, Corea, Japón, Filipinas, China, Etiopia, Irán… o el de números países hispanoamericanos, el que nos llega de la propia Europa (el más desconocido e importante de Rumanía, Suecia, Portugal…,  el de, en conjunto, de mayor calidad, Francia, los trabajos experimentadas de nuestro país) o, incluso, buen cine que nos llega de Canadá o de los propios Estados Unidos.

El cine de hoy no es mejor, ni peor que el de antes. Es distinto, si se quiere, como distintos somos nosotros.

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En este mes, y hablando de este gran cine adelantando, buscador de nuevas formas, rompedor en formas habrá que citar sobre todo Más allá de las montañas, un filme que nos viene de China de la mano del realizador Jia Zang Ke, uno de los más interesantes directores chinos.

Realizador, entre otras, de Naturaleza muerta, Historia de Shangai o Un toque de violencia, busca en sus películas el hoy de su país, caminando de manera rápida hacia la total globalización con la correspondiente pérdida de una historia y de una cultura. Un cine, el suyo, sobre el hoy o… sobre la tristeza, o las perdidas pueden proyectar un cansancio o rupturas en el futuro más o menos cercano.

Más allá de las montañas desarrolla la primera parte y el (magnífico) final en la propia ciudad donde nació el director, Fanyang, en 1970. Su planteamiento revolucionario frente a la destrucción de la naturaleza y de los derechos humanos se materializa en toda su obra, Son gritos, los suyos, para concienciarnos sobre la comodidad de una existencia donde olvidamos las relaciones y la importancia de un entorno.

Más allá de las montañas se desarrolla en tres épocas (final de 1999 y comienzos del 2000, 2014 y 2025). Cada época tiene un formato distinto. Los personajes aparecen y desaparecen no de una manera gratuita y sí de acuerdo a unas propuestas eficaces. Cada personaje, importante, que desaparece de la película podía dar lugar a otra historia, otra nueva película. Se trata de un filme abierto y libre, que hasta se permite, al término del primer periodo, poner el título en imágenes y su nombre, para luego continuar la película.

Frente a este título todo lo demás del mes palidece aunque no quiere decir no hayan propuestas interesantes, como la coreana Ahora sí, antes no de Hong Sang-Soo. Una película, si se quiere desdoblada en dos partes, o mejor en dos formas distintas de plantear la historia. Algo que, en otro orden de cosas, lo experimentaron de forma diferente otros importantes realizadores franceses como Resnais.

No es raro que Sang-Soo acuda, o se apoye, en el cine francés. De hecho además de Resnais, será Rohmer otro de los invocados en su filme. Cine, el francés, con el que parece tener buenas relaciones (y viceversa ya que varias de sus películas han estado en el festival de cine de Cannes), de hecho en su filme En otro país la protagonista es una de las grandes actrices emblemáticas del cine francés: Isabelle Huppert.

El cine francés ha seguido estrenado, probablemente es el país europeo en estos momentos donde se realiza mayor cantidad y mejores películas. No obstante no se puede decir que las estrenadas este mes hayan sido excelentes. Caso de la bien intencionada, y visible, El juez y la fallida El hombre perfecto, que por momento en clave muy menor aparece, el protagonista, como un (pobre) referente del persona de Tom Ripley. Si se intentará parecer que hasta existe un asesinado, a semejanza de A pleno sol, con su cadáver lanzado por la borda de una motora.

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El cine norteamericano, por su parte, nos trajo el sorprendente premio del importante festival de Sundance a un nuevo realizador, Robert Eggers, por La bruja, filme tan ambiguo como irregular. Sorprendente en su estética, en la que se podrían encontrar hasta los rasgos de Dreyer, plantea en qué se basa el desarrollo (in)civilizado de una gran parte de los Estados Unidos (su historia), a partir de, como dicen los créditos, una historia de Nueva Inglaterra, basada en el fanatismo, puritanismo y superstición de una familia aislada en un espacio que se transforma, o transforman, en mágicamente maligno.

Podría verse como la razón por la que una joven se ve obligada a transformarse en bruja. Momentos brillantes se superponen a otros repetitivos y forzados en una difícil mezcla entre el cine de Dreyer y Shyamalan. La ambigüedad del final, la joven liberada ante su entrada en la sociedad de las brujas no se corresponde, en ningún momento, por la presencia de unas brujas bajo esa condición e, incluso, felicidad: la fealdad del resto, de sus reuniones o el recién nacido devorado se contraponen a esa idea beatífica en la que (en el final) la protagonista (sonriendo ante su ¿liberación?) se eleva del suelo.

Torpe e incompresible por momentos (los dos gemelos cayendo al suelo como muertos, los dos hermanos decidiendo salir de noche al bosque para volver no se sabe cuándo), resulta brillante en otros (la caracterización de los personajes, la desaparición del niño). De todas maneras, el relato —desde el inicio, con el primer plano de la joven asistiendo al juicio del pueblo en el que la familia es expulsada de la comunidad— da un sentido a toda la narración contada, vista, narrada desde el punto de vista de la joven que se verá obligada a convertirse en bruja.

Curiosa, aunque por otros motivos, resultó La venganza de Jane, un filme maldito, de esos que tanto abundan en el mundo del cine, por sus problemas en la producción. Planteada como un western de calidad, sufrió graves problemas desde el mismo guión escrito por Brian Duffield, lo que llevó a que la directora prevista en un primer momento (Lynne Ramsay) fuera sustituida por Gavin O’Connor (se dice que Ramsay no apareció el día previsto para iniciar el rodaje), lo que motivó a su vez que se reajustara el guión con la inclusión de nuevos guionistas, entre ellos Anthony Tambakis y el actor del filme, Joel Edgerton (quien luego dirigiría su primer largometraje, El regalo).

La ausencia de Lynne Ramsay en la realización llevó al actor protagonista previsto, Michael Fassbender, a abandonar también el rodaje. El ambiente, pues, al iniciarse el trabajo no era demasiado amable. Y eso se nota en el filme que al menos no deja de tener algunas cosas interesantes y a ser, sobre todo, un verdadero western donde las calles de la ciudad, el rancho asediado o las cabalgadas se adecúan al género. Con todos sus errores, que son muchos, es una película que se deja ver, y en cuyo desarrollo se entrevé lo que pudo llegar a ser si no hubieran existido los graves problemas que convirtieron en maldita esta película. Por cierto, en España, se ha hurtado hasta su título original mucho más adecuado, Jane cogió su fusil.

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Hablando de western, no podemos dejar de recomendar la revisión de otro título maldito, destrozado en su montaje por la productora y que ahora acaba de salir, de ser recuperado, en DVD y BluRay de la forma en que debió haber sido estrenado, en su versión verdadera. Se trata de la tan ampulosa y egocéntrica como admirable y necesaria La puerta del cielo de Michael Cimino.

Por cierto de Finlandia, una cinematografía bastante desconocida, nos llegó Reina Cristina una versión distinta, en muchos aspectos, a la que nos dio Hollywood de esta reina en la excelente Reina Cristina de Suecia de Mamoulian, interpretada por Greta Garbor. Probablemente esta versión se ajuste más a la realidad, con la alusión al probable lesbianismo de la reina, pero aquí a uno le pierde la nostalgia y se queda con la película americana.

Y, para terminar, siguiendo con esto de los remakes, habrá que recordar que ese buen director canadiense que es Denis Villeneuve (Incendies, Prisioneros, Sicario…) parece que sigue adelante con la vuelta de tuerca al Blade  Runner de Ridley Scott. Una noticia que pone a uno en guardia frente a esa revisión aunque nos guste el cine de Villeneuve. Habrá que esperar.

Escribe Adolfo Bellido López

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