Editorial abril 2016

  30 Abril 2016

Perdidas

hitchcock-truffaut-11Muy poco duró en cartel ese buen documental Hitchcock-Truffaut, dirigido, como no podía ser menos, por Kent Jones, un crítico de cine, entre otros oficios fílmicos.

Cine didáctico, de gran calidad que nos acerca a la figura de estas dos personalidades del cine a raíz del libro que el segundo, Truffaut, escribió tras una larga entrevista sobre toda la obra del primero. Un libro que es un auténtico manual de cine. Toda una clase de teoría y técnica.

El documental que reseña esa escritura y ese encuentro es notable por lo que vemos, nos cuenta; por ejemplo, relaciona cómo cuando el protagonista de Los 400 golpes descubre a su madre besándose con un hombre en la calle, lo hace con el método de Hitch. Miradas sobre miradas. Ejemplar.

Bien es verdad que a la lista de los directores llamados para hablar de ambos encuentros (el del cine de director de Vértigo y el del libro de Truffaut) faltan algunos nombres importantes, entre otras por lo que su cine es y depende de la obra del gran Hitch.

Muy en concreto falta Brian de Palma. Tampoco el documental hace referencia a los enfrentamientos que en Cahiers du Cinema existieron en el principio entre los defensores y los detractores del cine del gran maestro. Sin duda uno de los más grandes directores, si no es el mejor, de la historia del cine.

En los años iniciales de la revista, el pater de la crítica moderna, André Bazin, no era partidario del entusiasmo que la mayoría de sus discípulos profesaban a Hitch, y entre los que se encontraban entre otros muchos Truffaut, Godard o Chabrol, quien fue el primero en romper el malefició que parecía ceñirse sobre el director con un libro que escribiría junto a otro hitchconiano, Rohmer.

Bazin terminó admitiendo la grandeza de Hitch, que aquí en España, incluso en los años sesenta, algún crítico de revistas especializadas de cine ponía en entredicho, al menos en referencia a sus películas (maravillosas) de finales de los cincuenta o comienzos de los sesenta. Una crítica que hoy avergonzaría al propio autor, se atrevía a terminar su varapalo (con motivo de su estreno en España) a la maravillosa Psicosis escribiendo: “En suma, un filme que entretiene a los públicos elementales, que elogiarán los críticos elementales pero que no interesará a los que —quizá bobamente obstinados— sigan pensando en que el cine debe ser un arte. Entre Psicosis y el buen arte cinematográfico hay la diferencia que puede mediar entre un botijo y un Sévres”.

El documental se cierra con el soberbio plano de Encadenados de la llave en manos de Ingrid Bergman. Una llave precisa para abrir la multitud de puertas (y no sólo las del sueño de Recuerda) que darían paso a lo mucho y excelente que hay en su obra. A la lección de cine que existe en las películas de Hitch y no sólo en las más afamadas. Un cine, por cierto, donde las puertas —al igual que en el cine de Lubitsch— también abundan.

Entre la crítica y público a menudo hay un desamor, pero también los hay entre los distribuidoras y/o exhibidores y las películas que exhiben o dejan de exhibir. Dictaminan y reordenan películas conduciendo los títulos hacia el fracaso o el éxito. Desamor de bastantes críticos con el cine en general. Y desamor, en fin, de los espectadores dispuesto a dejarse llevar por lo cómodo.

under-the-skin

Los exhibidores decidieron, por ejemplo, enviar al infierno de la ignorancia a una película tan relevante como es Under the skin de Jonathan Grazer que, creo, ni siquiera ha salido en DVD… en España. Y eso que el filme fue calificado el año pasado por varias revistas de cine extranjeras como uno de los cinco mejores del año. Aquí la mayoría de espectadores, ya sean cómodos o incómodos, se lo han perdido.

Parece, esperamos no sea así, que Minight Special uno de los últimos filmes de Jeff Nichols (autor de las excelentes Take Shelter o Mud), presentando en el último festival de cine de Berlín, previsto para ser estrenado en el próximo mes de mayo ha visto retrasado, sine die, su presencia en los cines. Quizá lo haga antes, si lo hace algún día, Loving que Nichols presenta en el próximo festival de cine de Cannes. Un festival en el que también estará presente el último, y muy interesante, título de Almodóvar, Julieta, duramente tratada por algún crítico del que se puede esperar cualquier cosa porque él mismo dice ni ser crítico de cine y que ama sólo el cine que le divierte.

No nos gustan varios de los títulos del director manchego y no digamos el anterior a Julieta, Los amantes pasajeros, un despropósito absoluto. Nos interesan otros en mayor o menor medida y, nos parece importante esta Julieta, un filme sobre pérdidas y culpas, fiel a la estructura (siempre he defendido esa posturas) de Hitchcock que late en la mayor parte de su obra. No sólo por la cita a uno de los cortos que Hitch para televisión, Cordero para cenar, de una manera clara en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? también por el resto de su cine, que aunque en muchos casos referencie a otros títulos (Matador a El imperio de los sentidos, La piel que habito a Ojos sin rostro, Volver al cine italiano…), en general, en estilo, en connotaciones, está siempre presente el cine del realizador de Extraños en un tren.

Algo que es muy claro, incluso en una cierta temática, en Julieta, aunque muchos críticos a los que les ha gustado —otra cosa es Boyero y algún otro— hayan insistido en la identidad de Julieta con el cine de Begman y más en concreto con Persona (por eso de las dos mujeres) olvidando que la referencia es mucho más clara con, por ejemplo, Vértigo.

Por cierto el plano en que Adriana Ugarte se transforma en Emma Suarez es de lo mejorcito que ha filmado Almodóvar en toda su filmografía. Ya hablaremos largo, en una próxima crítica, sobre esta película en la que, incluso, el realizador se permite convertir a Rosy de Palma en el ama de llaves de Rebeca.

julieta

Sobre pérdidas y culpas también habrá otro título perdido por culpa de exhibidores y distribuidores: La invitación, filme independiente americano firmado por Katyn Kusama, y que obtuvo el primer premio en el último festival de cine fantástico de Sitges. Condenado a pocas sesiones, y menos semanas, en una única versión subtitulada.

Mantiene con Julieta algunos puntos de contacto (el carácter destructivo de las sectas del tipo que sean) aunque sus referencias apocalípticas, sobre la que sobrevuela algo, o mucho más que una destrucción física, siguen la línea de Take Shelter o, la más cercana, Calle Cloverfield, 10. Película mucho más interesante que las muchas que se estrenan engordadas por la publicidad, escondida, de forma deliberada, para la visión de los espectadores de cines de estreno, y, mucho nos tenemos, también para los públicos que acuden sólo a ver (malsanamente) filmes con el reclamo de selectos.

Pérdida para nuestro cine, pero en otro sentido, ha sido la desaparición de Miguel Picazo, el realizador de la importante La tía Tula (1964), uno de los grandes filmes de nuestro cine de los años 60. Director que, por lo que sea, se perdió en el tiempo realizando muy pocos títulos y de no demasiado interés para el cine, y otros, tampoco importantes, para televisión. Perteneció a esa generación excelente de realizadores adheridos al nuevo cine español (madrileño, ya que existió otro foco importante, pero con otras características propias, en Barcelona) del que formaron, entre otros, parte Saura, Patino, Regueiro, Borau, Summers… Nunca supimos la razón por la cual Picazo quedó devorado por su primer filme.

Bueno, para cambiar de tercio y hablar de encuentros, aunque no sabemos si se llegarán a producir, mirar con esperanza al mes de junio en el que se anuncia (no, no nos vamos a referir a la existencia de un nuevo gobierno) el estreno de las tres partes (semana a semana) de la monumental obra del director portugués Miguel Gomes, Las mil y una noches (I parte: El inquieto; segunda: El desolado; tercera: El embelesado) con una duración por parte de algo más de dos horas. Filme que habla de Portugal y de la crisis actual por medio de un director de cine que intenta construir unas historias de ficción. Recordemos que Miguel Gomes es el realizador de la más que curiosa Tabu (2012), nada que ver con el título de Murnau de 1931.

Y de pérdidas, encuentros y mundos perdidos quizá sean las sesiones de cine que un pueblo costero de Alicante organiza bajo el título (o proyecto) de sesión teta. Sí, han leído bien, pero que nadie piense en cosas raras. Se trata de un hecho sencillo y entrañable: sesiones de cine, organizadas por la concejalía de cultura del ayuntamiento costero, a las que podrán acudir mujeres con sus bebes y darles el pecho mientras ven la película. Desde luego mucho mejor y quizá más sano que hacerlo mientras se ven informativos o programas basura de los muchos con los que nos alimentan nuestras televisiones.

Escribe Adolfo Bellido López

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