Editorial julio 2015

  28 Julio 2015

Historias de ayer y de siempre

el-mundo-sigue-2¡Vaya veranito! Una torrada como no se ha conocido desde hace años. Lo que no es obstáculo para que el mundo, y el cine, sigan adelante devolviendo desde el ayer el espejo del hoy o repitiendo en el hoy vicios y virtudes. Hay autores que dicen que la historia se repite. El arte, buscará a su vez formas nuevas de expresión, pero repetirá los principales temas que circundan el tiovivo de la existencia.

La Historia se enrosca o se mira en huevos de serpiente que pueden repetir acontecimientos pasados. Y que el cine, y la literatura, han tratado de narrar y explicar.

Dense una vuelta por los mil problemas que nos acosan, por el aplastamiento de pueblos por conglomerados de alianza con el fin de que nadie se salga del redil, faltaría más, o por la llegada de nuevos bárbaros que tratan de adueñarse de todo lo que encuentran a su paso para crear otra página de la Historia, destruyendo todo lo que encuentran a su paso, para alumbrar desde la barbarie una nueva página. O, por no faltar nada, tenemos otro u otros países al acecho, mientras alguno o algunos de los civilizados intentan imponer vasallaje a los otros.

Películas con años, La caída del Imperio Romano, Z, El huevo de la serpiente, 1984 (novela y película), El planeta de los simios, Los cien caballeros, Faraón. Agenda oculta, El escritor… y todos los numerosos títulos que se les ocurran, platean estas historias de enfrentamientos. Y no digamos las más cercanas llegadas de países como Irak, Irán, Israel, Egipto, Líbano en sus narraciones sobre terrorismo e imposiciones. O las propuestas de Hollywood anteriores o posteriores al 11-S.

Sin olvidar, ciñéndonos a lo más cercano, a ese falso documental español (como si no fuesen todos los documentales más o menos falseados, dirigidos) que contaba tanto la destrucción de la UE al descubrir los documentos referidos al dominio económico de Alemania sobre Europa certificado y ordenado por Hitler por si perdía la guerra. Como fichas de dominio irían cayendo Grecia, Portugal, España, Italia… hasta llegar a ser, todos los países, absorbidos por el poder chino.

La salida de Grecia del euro a la que seguiríamos todos los pueblos del Sur Europeo también es contemplado, y no sólo, por el escritor (y guionista de muchas de las películas de Angelopuoulos) Markaris en sus historias policiacas del comisario Jarito.

Grecia, la pobre Grecia oprimida y vilipendiada por haber sido saqueada por miles de corruptelas, daría para que el Costa Gavras de hace años o el fallecido no hace mucho Francesco Rosi (o también el comprometido Godard de su etapa de documentalista radical) realizaran películas que explicasen el saqueo de años interior, la insolidaridad y sumisión exigida por la UE con los intereses que, en el fondo, se mueven.

Quizá hoy se echa en falta un cine más político, teniendo en cuenta que la política es casi todo lo que acontece, incluida el taparse los ojos con una venda para no ver lo que ocurre.

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Gran parte del cine europeo de los años sesenta y setenta era capaz de hablar directamente de planteamientos socio-políticos o de forma indirecta. Hasta por ejemplo, varios de los spaguetti-western eran capaces de plantearse como alegatos de izquierda (1). Por ceñirnos a un caso habrá que citar la trilogía de Sergio Sollima (Corre, Cuchillo corre, Cara a cara y El halcón y la presa) filmes antirracistas, y no sólo, por excelencia.

Si traigo a colación a Sollima, realizador también de la excelente miniserie sobre Sandokán, es porque falleció a principios de este mes de julio y prácticamente ningún medio se ocupó de ello. Sería, como el título original de Rufufu, Los (uno de los) desconocidos de siempre. Como tampoco, alguien que recordamos en el editorial pasado, tuvo demasiado eco el fallecimiento de la actriz francesa Magali Noël, la célebre Gradisca de Amarcord.

Sin embargo, radios, televisiones, medios escritos en papel o digitales, nos han hablado de la desaparición de Omar Sharif, un actor bastante limitado, del que se ha recordado, ¡cómo no!, su protagonismo en la irregular, Doctor Zhivago. O su ascensión al estrellato occidental (antes había intervenido en algunas películas egipcias), en la excelente Lawrence de Arabia. Mujeriego y jugador, intervino en bastantes películas europeas y americanas (dominaba media docena de idiomas) entre las que se cuentan, Funny girl, La noche de los generales, La semilla del tamarindo, Siempre hay una mujer, El derecho de amar, Los poseídos… Ganó el premio de interpretación en Venecia por El señor Ibrahim y las flores del Corán, con la que también recibió el premio Cesar (equivalente a nuestros Goya) al mejor actor.

Del año 65, es decir hace cincuenta años, es Doctor Zhivago. Fue también el año de Sonrisas y lágrimas, ganadora de no sé cuántos Oscar. Frente a esos dos títulos muy largos, muy sensibleros, había otros muy interesantes ya que la cosecha cinematográfica de 1965 fue importante en Estados Unidos. Y no sólo en ese año, ni en ese país, sino en prácticamente toda la década de los años sesenta espoleada por el impulso de los jóvenes cines nacidos al socaire de la nouvelle vague francesa.

España no fue ajena a ello. Las primeras películas de Saura, Regueiro, Patino, Ferreri, Picazo, Summers, Grau, Aranda, Camus, Grau, Borau, Diamante, entre otros varios realizadores, abren nuevas perspectivas en nuestra cinematografía.

De aquellos años son La caza (Saura), Nueve cartas a Berta (Patino), Fata Morgana (Aranda), El buen amor (Regueiro), El espontáneo (Grau), La niña de luto (Summers), Young Sánchez (Camus), El arte de amar (Diamante) y por supuesto también se realizaron en esos años Plácido y El verdugo de Berlanga, Nunca pasa nada (Bardem) y dos obras malditas de Fernando Fernán Gómez como realizador: El mundo sigue (1963) y El extraño viaje (1965). De ambas, por distintas razones, se cumplen cincuenta años. De la primera porque se estrenó, donde se hizo que fue casi en ningún lugar, el 10 de julio de 1965, de la segunda porque se realizó, y también se estrenó a escondidas algún año después, en 1965.

No es el único caso, en nuestro cine y otros, de filmes estrenados, en el caso de hacerlo, en pésimas condiciones, intentando ser condenados al olvido (2). Vida en sombras, El pisito, Los golfos, Los chicos o El inquilino habían sido algunos de los títulos que con anterioridad habían sido negados, en todo o en parte, al espectador. A su calidad se oponía su crítica de la España trágica, dolorosa, de la dictadura, siendo conducidas hasta la negación de su existencia.

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Ahora justamente al cumplirse cincuenta años, El mundo sigue, un filme coral imprescindible sobre el Madrid de los sesenta, ha sido estrenado en algunos pocos cines tratando de enmendar aquel silencio culpable. Aunque el pasado perdido no se recupera, al menos en el hoy, ciertos aficionados podrán descubrir esta importante obra bien vía cine o bien a través de la inmediata salida en vídeo.

Pocas películas han retratado el Madrid de los años de la dictadura con tanta efectividad como lo hizo aquí el actor-director desde una estructura dramática-costumbrista. No es, ni falta que hace, un filme perfecto. Posee debilidades narrativas y errores en la elección de algunos actores. No es tan negra ni ácida como El extraño viaje pero si es un gran documento sobre una ciudad, un barrio y una época.

Habría que citar otros dos títulos para formar la gran (excelente) trilogía sobre el Madrid de la dictadura. Los otros dos son Surcos (1949) de Nieves Conde y Mi tío Jacinto (1956) de Ladislao Vadja. Curiosamente tanto El mundo sigue como Surcos nacen, bajo distintas propuestas, como proyectos venidos de falangistas. Por supuesto no es el caso de Fernán Gómez, adscrito o cercano en aquellos momentos al PC español, pero sí el de Juan Antonio Zunzunegui (1900-1977) autor de la novela (publicada en 1960) sobre la que Fernán Gómez realizó la película (3), y también es el caso de Surcos donde la mayoría de los que la hicieron (guionista, director) venían de aquella formación. Lo eran o lo fueron Nieves Conde (director) o Torrente Ballester (guionista).

Bienvenido sea, pues, este nuevo estreno (4), atrasado aunque reducido, como el anterior, en lugares y sitios.

del-revesEl título, faltaría más, que no ha faltado de forma multitudinaria a la cita es la nueva entrega de Pixar. Ese Del revés, sobre el que cuantas cosas, y buenas, se han dicho. La verdad es que cuando leemos tantas bondades sobre películas lanzadas a bombo y platillo, no sabemos lo que pensar de muchos de nuestros compañeros críticos.

Se comprende que algunos jóvenes vean obras maestras a gogó o realicen floreados artículos tratando de vender la grandeza de unos productos cuyas excelencias, a veces, hasta ponemos en duda sean sinceras. Hace poco soportamos, incrédulos, las alabanzas llevadas al paroxismo sobre la última entrega de Mad Max, de tipo videojuego, sostenido por una estética preciosista o la defensa a ultranza como el no más allá del cine de misterio de It Follows.

Algo de eso pasa ante el último Pixar, tachado de superoriginal y de rigor científico. Ni una cosa, ni otra. El meterse dentro del cuerpo humano (sea en una parte o un todo) ya lo había hecho Disney en algún documental didáctico de animación. Recuerdo uno sobre la necesidad de la vacuna al mostrar lo que pasa en el interior del cuerpo ante su ausencia o su existencia: la lucha entre los invasores y los anticuerpos. En el terrero de la ficción, Viaje alucinante era un viaje por el interior del cuerpo (5).

Aquí nos instalamos en el cerebro como forma de visionar las emociones de una niña. Una muy buena animación y una no menos buena propuesta estética. Ahora bien, en el sentido argumental el filme cojea y a veces chochea hasta terminar convirtiéndose en un producto en el que domina Disney sobre Pixar, al concluir con la tesis de la familia como refugio y salvación. Pixar ha perdido la partida, en un terreno lindante con la corrección ideológica.

No es este el espacio de la crítica, ese queda para uno de nuestros colaboradores que ya la ha hecho, sino simplemente dejar claro que Pixar sigue los dictados ordenados de la Disney antes que los suyos propios. Estamos muy lejos de títulos como Bichos o Wall-E e incluso de la primera y tercera entrega de Toy Story, o Buscando a Nemo o Ratatouille…

Por si alguien tuviera duda de esta senda torcida que debe enderezar cuanto antes Pixar, sirva de ejemplo el sonrojante corto que acompaña a Del revés. Ni siquiera la más endeble de las sinfonías tontas o el menos inspirado de los cortos de Disney llega a la tontada que supone Lava, sin duda uno de los más temibles, insufribles y ridículos cortos de animación de la factoría Disney-Pixar.

Escribe Adolfo Bellido López


Notas

(1) No sólo en esos años, ni en Europa. El ejemplo más claro se encuentra en una película norteamericana de los años cuarenta, El halcón y la flecha de Jacques Tourneur, que desde un filme de aventura propone un acercamiento al marxismo. No es raro ya que su guionista, uno de los perseguidos por el macartismo, pertenecía al partido comunista americano 

(2) Uno de los casos más sonados es el de La noche del cazador, la excelente película dirigida por Charles Laughton, hoy título imprescindible y condenado en el momento de su realización al silencio absoluto, lo que impidió que Laughton dirigiera más películas.

(3) Zunzunegui inicia una de las partes de su novela con una cita de Fray Luis de Granada, que también serán recogidas en la película, y que resume el sentido de lo narrado: “verás maltratados los inocentes, perdonados los culpables, menospreciados los buenos”.

(4) Queda dicho que no se estrenó en muchas ciudades o de hacerlo fue en sesiones de relleno. Recuerdo haberlo visto en programa doble veraniego en Salamanca, en el teatro Liceo. En Valencia nunca llegó a estrenarse. Sí se llegó a proyectar en los años ochenta en TVE. Este filme, como todos los molestos, fue condenado a una categoría ínfima lo que lo apartaba de subvenciones y de otras prebendas al ser exhibidos (como posibilitar la distribución de películas norteamericanas). Las calificaciones ministeriales iban desde el Interés Nacional (las que exaltaban los valores del régimen) hasta la tercera categoría (la recibida, por ejemplo, por este filme de Fernán Gómez)

(5) No son los únicos casos en el mundo del cine. Algunas otras curiosidades se encuentran en una de las partes (la de los espermatozoides) de Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar (1972) de Woody Allen, en la experimental (como casi todo el cine de Linklater) Walking life (2001) o relativamente en Viaje alucinante al fondo de la mente (1980) de Ken Russell. 

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