Editorial marzo 2015

  31 Marzo 2015

Ficciones y documentos

national-galleryEl mes cinematográfico de este marzo 2015 no se ha destacado, en general, por grandes películas. Mejor sería hablar de grandes decepciones aunque, en el fondo, nos encontramos con más de una agradable sorpresa.

Eastwood, discutido, defendido por uno y abandonado hasta por muchos de sus fieles seguidores por las últimas películas que ha dirigido, ha tratado de congraciarse —¿con quién?— al realizar El francotirador. Las críticas han seguido la línea última frente a su cine que para algunos, el grande, desapareció con Gran Torino. Probablemente hubiera sido una buena despedida para el considerado como el último clásico de los realizadores americanos.

Película ambigua, alargada, cuyo pretendido humanismo antibélico, en el caso de existir, se resquebraja en la ceremonia final del entierro del héroe asesinado al que sus compatriotas rinden tributo. Se trata de imágenes reales y se echa en falta, en ese instante, algunos pareceres en contra para equilibrar una balanza vencida hacia un fanático patriotismo.

Frente a críticas y calificaciones negativas (las de Cahiers du Cinema, por ejemplo, revista que normalmente ha valorado la obra de Eastwood) se han elevado otras que ensalzan la película llegando a afirmar que uno de los planos finales (en la revista de cine Caimán), aquel en que la mujer cierra la puerta de la casa, despidiendo al marido que va a ser asesinado, equivale a, nada menos, Ozu.

Entre medias análisis más equilibrados, serenos, tratan de acercarse a las luces y sombras que rodean a un título que cuenta con momentos buenos a pesar de su gran desequilibro. ¿Mejor que las anteriores películas realizadas por Eastwood? Por supuesto, pero superarlas no era demasiado difícil.

Si el cine de Eastwood, en activo con sus 85 años, es al menos discutible, poco bueno se puede decir de los últimos títulos de Cronenberg o de Paul Thomas Anderson. Tanto Maps to the stars como Puro vicio son decepcionantes.

Como también lo es Chappie. El crédito concedido a Neill Blomkamp por District 9 se había reducido con Elysium pero con su último filme, una especie de mirada hacia la simpática Cortocircuito (1986) de John Badham, ha gastado casi todo.

Ahora bien el que marcha hacia el abismo es Paul Haggis. Su última película, En tercera persona, sigue mostrando las muchas debilidades de su obra injustamente oscarizada con Crash. Pero, bueno, esto de los Oscar como hemos repetido hasta la saciedad poco, o nada, quiere decir, cuando Birdman o Argo por citar dos títulos cercanos oscarizados, recibieron el mayor galardón.

Lamentablemente los documentales o no se estrenan, se estrenan mal o pasan directamente a su explotación casera. Es el caso del excelente documentalista Frederick Wiseman, realizador de títulos tan apreciados como La danza o Crazy Horse. Ahora, algunos han tenido la suerte de poder ver en una pantalla de cine su último filme, National Gallery. Pocos, claro, porque se ha estrenado de forma muy parcial. El hecho de ser un documental, sobre arte además y con una duración cercana a las tres horas ha hecho imposible el milagro de que sea conocido como debiera. Una pena, porque se trata de una excelente película. Y también sería la forma de poder entrar en contacto con un muy interesante realizador.

citizenfourMejor suerte ha tenido otra documentalista, la norteamericana Laura Poitras, aunque también sea de forma, digamos, limitada. Pongamos en caso de Valencia: su último filme, Citizenfour, ha sido estrenado en un cine, digamos, de estenos normales, en dos únicas sesiones; y en otro, donde únicamente se proyectan las películas en versión original con subtítulos, en una única sesión.

La tamaña osadía de procurar tal estreno se debe a que la película acaba de obtener el Oscar al mejor documental. Y no eso también entre los galardones obtenidos al mejor documental se encuentran los siguientes: premios BAFTA, Círculo de críticos de Nueva York, Críticos de Los Angeles, Premios Gotham, Premio del Independent Spirit Awards, Sindicato de directores (mejor dirección en documental), Satellite Awards… 

¿De qué va este tan premiado documental? Cuenta, ni más ni menos, la existencia de los programas de vigilancia ilegales de las agencias de inteligencia, a través del encuentro con Edward Snowden.

No hay duda que, ante tan caliente tema, capaz de explotar en cualquier momento, pensemos que su realizadora es una persona muy comprometida políticamente. Así es, Laura Poitras ha realizado, y sigue realizado, documentales denuncias donde arremete contra un mundo inseguro, donde, se pregunta, sobre la inexistencia de libertades.

Realizadora de varios filmes (esta película que citamos es la primera que nos llega) sus títulos más conocidos se centran en la trilogía, digamos política, que cierra Citizenfour. El primero de esos tres títulos fue My Country, my country (2006), nominada al Oscar al mejor documental: narra la vida de los iraquíes bajo la ocupación estadounidense, siguiendo a un médico sunni que desea presentarse a las primeras elecciones en Irak después de la caída de Hussein.

The Oath (2010) es el segundo título de la trilogía. Fue premiado en el festival de Sundance. El filme habla de la prisión de Guantánamo y de los hombres sometidos a los tribunales militares. Toma como conductores del relato a dos personajes: un antiguo guardaespaldas de Osama Bin Laden y a un prisionero de Guantánamo. La película se rodó en Yemen y en la Bahía de Guantánamo. 

El fin de la trilogía citada es, la ya indicada, Citizenfour.

Ante el currículo fílmico de Laura Poitras (nació en Boston en 1964) no resulta extraño que haya sido detenida e interrogada y que su nombre engrose una lista de personas bajo vigilancia. Y es que las libertades no siempre admiten ciertas denuncias. Hay quien dice que vivimos en democracias vigiladas. Y a lo mejor hasta tiene razón.

De momento, si les apetece asomarse a otro tipo de cine, pueden  echar una ojeada a la última película de Laura Poitras, un encuentro con la obra de una directora, ganadora del Oscar, y crítica con un sistema que, según opina, puede engullir todas las libertades. Su cine, son sus sombras, es, como mínimo, una curiosidad

Escribe Adolfo Bellido López

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