Editorial diciembre 2014

  31 Diciembre 2014

Magia, realidad, imagen

magia-a-la-luz-luna-1La magia del cine nació el día que Méliès asistió a la primera sesión del cinematógrafo de los Lumiére, una especie de inocentada maravillosa que tuvo lugar el 28 de diciembre de 1895.

Méliès, que realizaba trucos de magia en el teatro Houdine de París, pasó casualmente por el Gran Café parisino. Allí vio un cartel que anunciaba algo nuevo. Y entró. Su imaginación le llevó a soñar los mil mundos fantásticos que podrían ser representados. Con Méliès, las vistas de los hermanos Lumiére se convirtieron en espectáculo. Aún no había nacido el lenguaje del cine, pero sí su sentido de encantamiento, la fuerza de aprehender a los espectadores con sus imágenes sorprendentes.

Juegos de magia que forman parte de un mundo de trucos, que transmiten el sentido o sin sentido de los sueños más maravillosos. Magia planteada desde trucos que pueden superar lo inimaginable y que a su vez se pueden enfrentar, desde su mentira, a la aparente verdad de unos poderes paranormales trajeados con adornos de comedia de enredo.

Es lo que ocurre en Magia a la luz de la luna el frustrante penúltimo filme (ya está terminando otro) de Woody Allen. Un título cargante en el que es imposible encontrar la grandeza de su anterior película, Blue Jasmine. El pretender, como hace Allen, realizar un filme todos los años, provoca los desajustes, los altibajos de su obra, ya que es imposible ser talentoso todos los días y a todas horas. El reposar de vez en cuando, reflexionar sobre lo que se hace, no viene nunca mal. Y Allen lo debería tener en cuenta.

Algo de lo mismo, pero en peor, le ocurre a Ridley Scott, cuyo ritmo de trabajo desde hace unos años es prácticamente el mismo que el de Allen, pero mientras el americano realiza películas, digamos, de producción pequeña, el inglés se dedica a poner en marcha superproducciones. Lo suyo es ruido y aventura.

Mientras Woody Allen tiene el suficiente ingenio, Ridley Scott cuenta con dinero que derrocha en pos de un gran rendimiento en taquilla. Comenzó haciendo spots y video clips, estructura de la que no se desprenden varias de sus primeras películas, demasiado brillantes en colores, con una planificación excesivamente bonita y forzada, que puede dar buenos resultados en algunas de sus mejores obras, o al menos míticas, caso de Blade Runner o Alien, pero que se convierte en su peor aliado en, por ejemplo, Thelma y Louise, Legend, 1492 o Un buen año.

Después de las lamentables Prometheus y El consejero volvió a España, donde ha rodado varios filmes, para convertirse, no sé si de forma definitiva, en el Cecil B. de Mille del cine actual con Exodus: Dioses y reyes. Realmente en esa línea se encuentran varios títulos suyos anteriores, como 1492, Gladiator o El reino de los cielos.

exodus-dioses-y-reyes-3Su último filme sella el pacto al no ser más que una especie de remake de Los diez mandamientos, ya que en varias momentos sigue fiel a aquella segunda versión del tema bíblico, que no histórico, sobre Moisés y Ramsés. Scott, por ejemplo, caracteriza al faraón de idéntica manera a como lo hiciera De Mille: la calva de  Joel Edgerton se mira en la de Yul Brunner.

De la misma manera que los mandatarios (religiosos y políticos) de Marruecos y Egipto se han enfadado con la película, hasta el punto de prohibirla en esos países, algunos historiadores también, dando muestras de erudición, han arremetido contra el filme. Aquellos no están de acuerdo con los planteamientos religiosos ni históricos, éstos con los históricos.

Unos y otros no tienen en cuenta que una película puede traducir un texto para adecuarlo a unas determinadas ideas. Es como criticar un filme americano, pongamos por caso, cuya acción transcurre en Italia, porque los personajes (y las cabeceras de los periódicos o carteles que aparecen en las calles) hablan en inglés. ¿Cómo admitir entonces que los personajes de todas las obras de Shakespeare, transcurran donde transcurran, utilicen igualmente el idioma inglés? Se trata de una convención del arte, del cine en este caso, totalmente válida.

El cine ni es la vida, ni es la Historia sino una narración que se puede basar en hechos reales, míticos, soñados, imaginados…

Al último filme de Scott hay muchos motivos para criticarlo pero no por ser o no consecuente con una realidad o con la narración mítica que lo sustenta. Desde su nimiedad, eso sí, el relato de la búsqueda del pueblo prometido, plantea algunas, más o menos simples, curiosidades, en algunas de las cuales parece haberse frenado como si hubiera dado miedo profundizar en ellas.

Concretamente me refiero a la presencia de un Moisés fanático, fundamentalista y a un Dios niño (presentado incluso como tal) caprichoso y vengativo. Quizá, de cualquier forma, hay un dato curioso, querido o no, sobre el que quiero hacer hincapié: la película está dedicada Tony Scott, el hermano de Ridley que murió en 2012.

Ninguna de las películas que Ridley ha hecho desde la muerte de Tony fueron dedicadas a él y es esta la que se le dedica. ¿Tiene algo de extraño este hecho? Si nos fijamos en la relación (fílmica y personal) que existió entre ambos hermanos quizá se podría realizar una extrapolación a los enfrentamientos Moisés-Ramsés presentes en el filme: lucha, en definitiva, de poder.

mr-turner-1Se podría hablar, en fin, en este fin de año de buen cine (habrá que recordar que 2014 se abrió con la excelente última película de los hermanos Coen, A propósito de Lewyn Davis) del estreno reciente de dos títulos que hablan sobre el arte y el artista referidos al mundo de la pintura. Diferentes en calidad tanto fílmica como de la obra del artista.

Uno, Mr. Turner, excelente obra de Mike Leigh, nos habla de la diferencia entre el pintor y la obra que crea, al tiempo nos da un retrato de una época sujeta a cambios de todo tipo; la muerte de un mundo que va dando paso a otro muy diferente debido a los progresos de todo tipo que se van produciendo: la cámara fotográfica, el tren…

El otro título, más descafeinado, habla de la falsificación del arte. Podría hablar de otras muchas cosas, entre ellas lo que es y significa el arte, pero Big Eyes, ese es su título, muestra a un Tim Burton que parece seguir a la deriva sin encontrar la clase de sus primeras obras. Y eso que temas había en el filme para hacer una buena película, que nada en tierra de nadie naufragando irremediablemente en su parte final.

Vida y cine, arte y consumo, manipulación y reflexión, mentiras y certezas se mezclan en las imágenes del cine de ayer, de hoy y de siempre, tratando de conducirnos a determinados estados de conciencia o simplemente a sacarnos de la vida cotidiana para elevarnos al mundo de los sueños en los que todo es posible.

Despidamos al cine de este año y demos la bienvenida a las películas que nos llegarán en este nuevo 2015. Y en el cual, al igual que en otros periodos de tiempo, nos encontraremos con cine nuevo y viejo, bueno y malo, lúcido e inclasificable. De aquí y de allá, para que aprendamos, pensemos, disfrutemos, conozcamos, amemos, soñemos…

Escribe Adolfo Bellido López