Editorial octubre 2014

  31 Octubre 2014

La que se avecina

perdida-1No, no se crean que me refiero a la serie de televisión que se sale estas semanas, en cuanto a audiencia, sino a la inmediata noche de Walpurgis o la celebración de Halloween. El terror que se avecina. Sustos por doquier.

El preámbulo de tal celebración es ya de por sí sonoro. En Francia, por ejemplo, tal avistamiento ha repicado con una serie de payasos que siembran el terror en las grandes ciudades, mientras que en otras ante las manifestaciones de los jóvenes han tenido que prohibir la proyección de Annabelle.

Por estas latitudes los cines, sin embargo, han decido hacer la fiesta por su cuenta y abaratar los precios. Las películas de terror no son demasiado abundantes pero los thrillers se cuelan en la programación en catarata. Lógico cuando fuera de las salas abundan corruptelas, engaños, sobresueldos, tarjetas y cuentas en black con el protagonismo de múltiples pájaros depredadores, secundados por flores, banderas junto a un conjunto de secundarios de lujo bien mudos o charlaores trabucados ante el temor de tener que cantar y no por soleares.

Trapisondas conjuras, engaños a go-go, mentiras sin freno que parecen sacadas de los filmes de denuncia italianos de los años sesenta, entre cuyos autores sobresalía Francesco Rosi.

La prensa —y la memoria contenida en archivos audiovisuales— hace el resto. Una prensa para bien y para mal, blanca, azul o colorada, que trata de seguir fiel (y sálvense las excepciones honradas, que las hay) a la voz de sus amos (las empresas propietarias a su vez adictas a proclamas partidistas). El tremebundo ejemplo de la actual Televisión Española (esa que pagamos todos) es el reflejo de un intento de adoctrinar a unas masas, que huyen despavoridas hacia mejores imágenes. La prensa o los medios —el cuarto poder— tienen una gran influencia en quienes, acudiendo a su panal, beben de ellos.

Con todo lo bueno y lo malo que llevan consigo, el llamado cuarto poder (hay un filme de Richard Brooks que se titula de esa manera), ha sido protagonista de muchas excelentes películas de denuncia, reflexión, crítica.

Desde Wilder con El gran carnaval (sin olvidar su versión, y las otras, de Primera plana) hasta Perdida de Fincher, el cine ha mostrado el poder y la influencia, su ética, moral y a la vez su falta de ética y moral dependiendo de quién y cómo se utilice. El más reciente filme de un director tan, aparentemente, inclasificable como es el realizador de Seven (“me ofrecen, y hago, aquellas películas que nadie quiere, o se atreve, a hacer” asegura) es ejemplar al mostrar cómo los medios pueden dirigir a las personas. Las preparaciones de sus programas, las puestas en escena de las noticias o de las propias entrevistas y ruedas de prensa aparecen en la película demostrando todo un entramado que no se muestra al espectador.

En Perdida, una gran película, que cuenta con uno de los mejores montajes del último cine, muestra toda una mentira encadenada, reflejo de una sociedad que ha adoptado y se ha zambullido en esas mentiras para asumirlas sin ninguna dificultad. Lo brillante del filme de Fincher estriba en dar continuamente la vuelta a esa mentira para reflejar el mundo oculto detrás de unas noticias o creencias.

La verdad incluso convertida en engaño en las actitudes de una pareja que oculta su infelicidad. Una demoledora visión de una sociedad en declive a partir de la destrucción de los poco sólidos valores familiares. No sólo en cuanto al matrimonio protagonista, heredero de aquellos otros enemigos de La guerra de los Rose, sino en cuanto a todos los que les rodean. Unos pequeños apuntes sirven para decir muchas cosas de personajes no principales. Sirva la presencia de los dañinos padres de la protagonista.

Lo bueno de Fincher es que ha narrado el filme desde ese juego de mentiras, de falsedades y tópicos (sin ir más lejos: el beso de la pareja, que se acaba de conocer, sostenido por un baño de azúcar) en una clara conducción del espectador hasta desmontar toda la representación. Heredera de Vértigo y Psicosis (dos partes van descubriendo la verdad que se esconde tras una mentira escenificada), de esta forma Hitchcock está presente en el filme, incluso con la presencia de la rubia protagonista.

Una película que hiela el ambiente, al igual que —en un registro muy diferente— lo hace esa gran película de uno de los directores fundamentales del cine actual: el turco Ceylan y sus Sueños de invierno. Disección, como Fincher, del matrimonio y de las relaciones, representación de representaciones, de los personajes que transitan por la pantalla. Ceylan gana en muchas cosas a Fincher, incluso en la duración. A las casi dos horas y media de Perdida, Ceylan contesta con tres horas y quince minutos. Gran lección de cine en una nebulosa cercana a la que se mueve el cine de Ingmar Bergman, uno de esos grandes directores que pueblan el olimpo cinematográfico.

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Son dos excelentes películas estrenadas en este mes que preludia la espeluznante noche de Halloween, que ha dado lugar a buenas películas, una de ellas la de Carpenter que tiene incluso lleva el tema en su título: La noche de Halloween. Su plano secuencia del comienzo difícilmente puede ser olvidado por quienes la vieron. Lo peor de ese filme fueron sus imitaciones. No suyas, además.

El que sigue tratando de copiarse a sí mismo es Santiago Segura. Sigue echando mano al descerebrado casposo Torrente para repetir éxito. Que no ha sido tanto como probablemente esperaba. Lo cual es un alivio, sobre todo si lo comparamos con el éxito comercial de La isla mínima. Aquí también la prensa, o el periodista que inmoviliza un momento, es un elemento referencial de un ayer que trata de ocultarse. E incluso, por seguir con el cine español, hay que referirse a El niño película que no alcanza la calidad de La isla mínima pero que cuenta con un gran dominio de la técnica cinematográfica.

Eso sí, lo que no se entiende es la razón por la cual ciertas estimables películas son condenadas a ser masacradas, eliminadas como si se tratase de peligrosos personajes walpurgianos. Títulos, incluso, premiados en festivales de cine con los primeros premios, han visto reducida su exhibición a una semana y en horarios reducidos.

Es el lamentable caso de la italiana Sacro Gra (primer premio del festival de Venecia 2013) y de la española Magical Girl (primer premio del festival de San Sebastián 2014). Dos títulos muy superiores a muchos de los que se eternizan en las salas cinematográficas. Muchos de los multitudinarios de hoy serán olvidados mientras que aquellos olvidados, arrinconados pero grandes, pervivirán.

Halloween está con nosotros. Se presiente. Se acerca, pero, en realidad lo que se avecina, más que la apremiante noche, es un cercano desembarco, o viaje, espacial. Certero o fallido, depende de los visionadores. ¿De qué se trata? De la cercanía de la última película de Nolan. Sí, otro film de este manipulador de imágenes, visionario y/o discutible prestidigitador cuyos trucos, varias veces, quedan al descubierto. Se trata de Interstellar. ¿Un gran espectáculo brillante? ¿Un gran fraude? ¿Unas imágenes infladas de ideas que no tienen nada dentro sino aire? Cualquier cosa es posible.

Escribe Adolfo Bellido López
Director de la revista de cine Encadenados

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