Editorial julio 2014

  15 Julio 2014

Cine de (en, sobre el) verano

rohmer-2En los años de mi infancia, y gran parte de mi adolescencia, el verano se unía a las, casi, diarias, sesiones de cine. No había otra diversión a finales de los años cuarenta y a lo largo de la década de los cincuenta del ya, suena a lejano, siglo XX.

Luego en la década de los sesenta la cosa cambió. Los primeros coches utilitarios (el 4x4 de Renault o el 600 de la Seat) hicieron posible que se comenzase a viajar. Ya no se trataba de coger un tren correo (los trenes que llamábamos burras) o un expreso que, lo mismo daba, se eternizaba en unos trayectos repletos de viajeros (sobre todo los más lejanos, con variados cambios de trenes), que incluso iban en los pasillos sentados en sus maletas independiente fueran trenes diurnos o nocturnos con la carbonilla entrando por las ventanas bajadas (y ni cuento cuando se entraba en túneles).

Y no digamos en los buses sin, por supuesto, aire acondicionado. La refrigeración era posible abriendo las ventas. Las maletas, en algunos casos, iban colocadas en el techo del vehículo tal como se puede ver en alguna película de aquella época. Viajes, en tal caso, para ir simplemente a casa de un familiar que tenía la suerte de vivir en una población cercana a la sierra o en una playa más o menos lejana.

En los cines en Salamanca, en aquellos años, independientemente de que fueran de estreno o reestreno, se programaban dos películas en sesión continua. Se comenzaba a las cuatro de la tarde y se terminaba  más allá de las doce de la noche. Los cines de reestreno, o sea donde se proyectaban en invierno algunas de las películas que habían sido estrenadas en un cine de estreno meses antes junto a otras más antiguas, seguían con su programación más o menos habitual. En general cada cine de reestreno formaba parte de la misma empresa que poseía uno (o más) de estreno, lo que llevaba a que en esos cines se pasaran  películas estrenadas con anterioridad en la sala, digamos, principal (1). En Salamanca no ocurría como en Valencia (y quizá otras ciudades) donde en varios cines de reestreno se proyectaban hasta tres películas.

En verano los cines de estreno también programaban programas dobles. Se proyectaba normalmente un título que hubiera sido taquillero a lo largo del año junto a otro de estreno de poca monta, según el entender, mal entender, de distribuidores y exhibidores, que unían, desgraciadamente, calidad con (una pretendida) comercialidad. Títulos, por citar sólo dos, tan excelentes como La humanidad en peligro de Gordon Douglas y La colina de los diablos de acero de Anthony Mann fueron estrenados en aquellos programas dobles veraniegos.

Daba igual las películas que se proyectaran ya que numeroso público heterogéneo, sobre todo jóvenes y niños, llenaban las proyecciones. Las colas para coger las entradas eran grandes desde antes de abrir las taquillas, sobre todo cuando se producía cambio de programa o en festivos. Cuando el cine se llenaba (incluso más allá de su aforo) los espectadores que querían entrar esperaban, junto a la taquilla cerrada, la terminación de una o las dos películas, o, si éstas ya se repetían, aguardando la salida de algunas personas para poder acceder al local: tantos salían, tantos entraban.  Dentro no es que se estuviera mucho más fresco que fuera, la verdad, pero el lleno, en ocasiones era tal, que incluso podía ocurrir que, en las escaleras, de los pisos superiores se sentasen, sin protestar, algunos espectadores que ya no tenían lugar para acomodarse.

Las proyecciones a veces eran calamitosas. Por una parte, se trataba de copias maltratadas, con cortes, rayadas; por otra, no era raro, debido a las restricciones eléctricas, proyectar con grupos electrógenos que no sólo producían un ruido tan grande que se superponía al de la propia película, impidiendo seguir los diálogos de manera coherente. Además, los grupos que producían electricidad, a veces fallaban, dejándonos en la más total oscuridad, o no producían la luz necesaria con lo que el filme lo veíamos con la imagen en semipenumbra. Una delicia, vamos.

En mi ciudad se trató con poco éxito poner en marcha terrazas de verano. La verdad es que, salvo algunos días del verano, las noches eran frescas y no apetecía mucho estar en unas sesiones al aire libre. Además no se tenía la costumbre de cenar en los cines.  

ursula-andress

Hoy día ya no hay cines de programas doble. Tampoco en la temporada del verano se programan exclusivamente títulos considerados de tercer grado. Bien es cierto que tampoco hay colas en los cines y que la gente que puede, al llegar el verano se marcha a las playas o a la montaña.

Desde hace unos años es costumbre estrenar algún título puntero, de nombre o suficientemente atractivo, lo que puede suponer, incluso, una especie de obertura de los grandes estrenos de la nueva temporada. Ahí ha estado año tras año Pixar con sus nuevas, y a veces, sorprendentes propuestas, que este año al parecer no se va a producir aunque la animación sí estará presente con un título curioso, al igual que su precedente. Se trata de Como entrenar a tu dragón 2.

No faltarán en este verano entregas de franquicias basadas en super-héroes, series inacabables de terror con y para jóvenes en busca (de ahí su condena) de sexo y desenfreno y, sobre todo, películas de efectos, muchos efectos especiales con máquinas enemigas que en su momento sustituyen a los antiguos alienígenas como  Guardianes de la galaxia o Transformers 4

De todos los títulos que pueden englobarse en este terreno la más apetecible sobre el papel, luego ya se verá, es El amanecer del planeta de los simios del director de Monstruoso y de la versión americana de Déjame entrar. La previa de este filme, nacida de la primigenia y mítica El planeta de los simios, fue la sorprendente El origen de los planetas de los simios.  

En este valor también habrá, y hay cintas comprometidas, como Omar o la curiosa, y quizá dificultosa  Shirley: visions of reality en la que se trata de dar vida a varios cuadros de Hooper. Veremos donde se estrena esta curiosidad.

rohmer-1

Cine sobre el verano

Dejando a un lado gran cantidad de aquellas películas S que abundaron en un cierto momento en nuestros cines (2) y las X en las que el verano daba pie para la liberación de los ropajes y el sexo al aire libre, hay muchos y excelentes filmes que tienen el verano como escenario.

Un título veraniego como Bahía de Palma dio a conocer a los hambrientos espectadores del país la espectacular presencia de Elke Sommer enfundada en sus diminutos bikinis. Era el toque de salida para que las películas supusieran una alegría para la vista. Poco después, al final de un verano, quitaría la respiración la salida de las aguas de Ursula Andress en Agente 007 contra el doctor No.

Buscando otras latitudes, el cine sobre la época de verano ha servido para hablarnos de caminos iniciáticos de los adolescentes. Uno de los títulos míticos es Verano del 42. Por senderos iniciáticos y adolescentes o jóvenes como protagonistas recordamos tres títulos notables de anteayer: Cuenta conmigo, Moonrise Kingdom, o aún más cercana, Mud. En la misma línea, pero distante en su valoración, se acaba de estrenar The King of summers.

El amor de todo tipo y en distintas épocas, e incluso sobre las ciudades, se extiende en títulos como Antes del amanecer, Locuras de verano, Vacaciones en Roma, sin olvidar, claro, el campo en Las horas del verano. Ciudades como decadencia, Muerte en Venecia, solitarias, La escapada. Lugares peligrosos o personajes de doble moral, Tiburón, A pleno sol. O una estación de esplendor frente las otras. Ahí están como ejemplo Novecento, Amarcord, Cinema Paradiso, o Primavera, verano, otoño, invierno… primavera.

Y, muchos, muchos más títulos. No estaría mal que en algún momento dedicáramos un Rashomon a verano y cine, pero si tuviéramos que referirnos a algún director que hubiera utilizado el verano como referencial en bastantes películas, miraríamos una parte notable de las obras de Eric Rohmer y las de Ingmar Bergman.

Ya la primera película que dirigió Rohmer, El signo de Leo,  hablaba del verano. Lo veía como una época terrible de expiación: el calvario de un hombre perdido en una ciudad donde nadie le conoce, todos sus amigos están fuera veraneando. París llevando al protagonista a la ruina, al desastre. La primera parábola del director francés al que Buñuel conoció cuando fue allá a presentar una película. El saludo del español al francés fue de los que hacen época: “Tu eres ese gran fascista del que me han hablado”. Rohmer se vengó, entonces era crítico, poniendo la película del español a caldo.

Sus cuentos, morales o no, que también lo eran, sirvieron a Rohmer para realizar sus películas sobre la monotonía, juegos intranscendentes propios de una juventud, o no, burguesa que no se sabe dónde se encuentra, lo que quiere. Ahí estaban Cuento de verano, El rayo verde, La rodilla de Clara, Pauline en la playa…Y, más, que no hacían sino plantear los mismos juegos pero desde diferentes perspectivas: parejas que se entrecruzan, se unen, dudan, se separan, se vuelven a unir. Pero, no sólo eso, además proverbios, moralejas, relatos… morales.

Para Bergman el verano representa la época de felicidad, su niñez, aquella libertad vivida, conseguida en la casa de verano de Dufnäs, Vâroms (palabra que significa nuestra) un hermoso lugar situado en Darlercarlia . Allí, junto a su abuela, a la que adoraba, supo lo que significaba la libertad, esa que no tenía ante la dureza diaria de su casa natal prodiga en castigos (incluso físicos), culpas, remordimientos propios de la educación a la que era sometido por su padre, un pastor luterano. Hechos que influirían de una manera notable en todo su cine.

Ahí están sus recuerdos de su infancia y adolescencia veraniega en los pensamientos vividos de Fresas salvajes o en la rememoración que supone Fanny y Alexander. Sin olvidar, claro, ese periodo de tiempo de libertad y alegría que encontramos en muchos de sus títulos: Hacia la felicidad, Juegos de verano, Un verano con Mónica, Sonrisas de una noche de verano…

ingmar-bergman

Aquí y ahora

Llegó el verano de 2014. Caliente por muchos motivos. En el cinematográfico parece que no será muy interesante.

Pendientes de estreno varios títulos alusivos al verano, uno estrenado nada menos que con tres años de retraso, y quizás por la muerte de su realizador, Philip Seymour Hoffman, Una cita para el verano, el único título dirigido por el gran actor.

La otra, una divertida, y hasta cierto punto sorprendente, película francesa, La chica del 14 de julio, que, ojo, presupone que en vista de la situación económica se van a quitar las vacaciones con el fin de que en agosto también trabaje todo el mundo. Bueno no, sólo trabajen los trabajadores, los otros, los que ganan dinero sin trabajar, los que explotan y miran a los otros con sorna, esos seguirán con sus eternas vacaciones.

Escribe Adolfo Bellido López


Notas 

(1) La exhibición en las salas no funcionaba de la misma manera que ahora. Entonces había que contratar lotes de películas variables, que podían ser de cinco, ocho o más. La primera de la lista, la supuestamente más taquillera, era la más cara, y su exhibición en algunos casos s correspondía a una cantidad fija y luego a un porcentaje en taquilla. A medida que se bajaba en la lista de cada lote la película era menos costosa. Algunas de ellas, de pequeño coste (y entre ellas pueden incluirse algunos de títulos malditos del cine español como Esa pareja feliz, El pisito, La vida sigue, El extraño viaje…), se pagaban pero no llegaban a proyectarse al pensar que los gastos que acarrearía la exhibición no serían compensados por la asistencia de los espectadores. Títulos que terminarían siendo malditos.

(2) Destape a gogó y simulación de actos sexuales.     

la-chica-14-julio