Editorial abril 2014

  02 Mayo 2014

Pascua florida

8-apellidos-vascos-00En aquellos años de mi niñez, los ya lejanos de Maricastaña, regidos por la dictadura franquista y el poderío de la Iglesia, la católica, esa que al parecer era la única que existía en el mundo mundial o, al menos, faltaba más, la única verdadera… Sí, en aquellos años, en la Semana Santa no había cine. Como tampoco lo había el día en el que había muerto José Antonio. Eran días de luto donde lo único viable aparte de ver las procesiones con aquellos nazarenos ocultos bajo sus capirotes —y que, al estilo de los antiguos condenados por la Inquisición, nos daban miedo— consistía en recorrer las estaciones. No sólo se trataba de esas estaciones que nos llevaban de una Iglesia a otra a rezar delante de los monumentos instalados como recuerdo de la Muerte de Cristo, había otras muchas.

Y no sólo las de tren.

Aquellas otras estaciones consistían en ir de bar en bar, quizá los únicos establecimientos abiertos en aquellos largos días de silencio. Allí se bebía y se comía rompiendo el ayuno impuesto. Vamos a recorrer estaciones, no nos queda otra, eran las palabras que daban la salida al ciclo etílico.

Luego el domingo de Resurrección todo volvía a resplandecer. La celebración de la resurrección de Cristo hacía que el mundo volviera a rodar. Como no se ponía de acuerdo unos y otros en que día había que terminar el luto unos años la fiesta se iniciaba en sábado al que se llamaba sábado de Gloria, otros el sábado seguía siendo de dolor… hasta que en la medianoche las campanas comenzaban a dialogar. En ese caso el sábado todas las diversiones permanecían prisioneras hasta el domingo.

Después, poco a poco, el rigor se fue moderando. Primero se permitió a los cines proyectar únicamente películas que hablasen sobre la vida de Cristo o sobre historias que, más o menos, se centrasen en temas religiosos. Desde películas mexicanas sobre la Pasión hasta Quo-Vadis, Ben-Hur o Los diez mandamientos hicieron acto de presencia. Incluso algunos cines se atrevían a proyectar la película de ese ser despreciable que además de marxista era homosexual llamado Pasolini, La pasión según (San) Mateo.

Después se abrió la veda para todas las películas menos para las S, que eran como una X en bikini. Las salas porno aún no habían sido reglamentadas.

Y hoy, años, muchos años más tarde, los cines ya proyectan cualquier título en estas fechas.

En aquellos años el fin del luto traía el estreno de muchas películas. Películas sobre todo de gran impacto comercial. Era como una nit de foc de estrenos. Variopintos pero mirando a la taquilla. En el resquicio asomaba alguna película de calidad. Aquellos domingos de Gloria, para algunos fílmica, los periódicos traían las reseñas, las críticas de los diez, doce (o quizá eran menos pero desde la distancia a uno le suenan como de gran cantidad, no de calidad), muchos títulos estrenados.

¿Cuándo veían aquellos avispados críticos si entonces no existían los habituales pases de prensa que tienen lugar en las grandes ciudades? Los muy cucos (los empresarios por hacerlo posible, los críticos por verlos) asistían a las proyecciones que tenían lugar de la mañana a la noche en los cines cerrados. Que como se vislumbra no estaban cerrados para todos.

Recuerdo haber existido en esos días, en la segunda mitad de los años sesenta, a la proyección privada (1) de títulos como El coleccionista de Wyler, La noche de los generales de Litvak, y, atentos, La condesa de Hong Kong de Chaplin o Tristana de Buñuel.

Los tiempos cambian, las formas también. Aunque, como me decía entonces un empresario de cine salmantino, lo que ha llevado a cambiar todo es el turismo y el 600.

Hoy hay cine en semana santa. Se siguen proyectando películas anteriores que siguen tirando de los espectadores o se estrenan, pocas, porque las gentes, como balizadores del desierto, marchan a playas, montañas, otros países o nuevas ciudades. Entre las ofertas varias para niños, que no se debe olvidar que están de vacaciones. Una oferta además generalista.

Las películas taquilleras, de vida efímera en los cines, se estrenan al mismo tiempo en todas las ciudades españolas y en parte del universo.  Las otras, las minoritarias, las independientes, algunas de enorme calidad, sólo se estrenaran en muy pocas ciudades, durante un corto espacio de tiempo y difíciles de encontrar, aisladas en letra pequeña, en la cartelera.

De películas de acción a directores modernitos

enemy-0¿Qué nos ofrecen estos días la cartelera de interés o qué nos han ofrecido de calidad últimamente?

Títulos de superhéroes no han faltado. Claro, venden bien. Uno piensa que es un cine que puede ser tan válido como otro cualquiera. Ahora bien, no entiende, como algunos proclaman, que este cine sólo debe basarse en acción y en efectos especiales.

En los dos Batman de Tim Burton no había grandes peleas, ni escenas de acción. Y los efectos especiales no eran lo más destacado, sin embargo eran buenas películas. Como, al menos, en diversión lo era el Superman 2 dirigido por Lester. Y qué decir de películas, en otro aspecto, de aventuras como El planeta de los simios.

El cine, cualquiera, tiene que ser ante todo cine del bueno. Independiente del género que se trate. ¿Efectos especiales? En verdad ¿hacen que la película sea de más calidad si existen en grandes cantidades? Uno, que quizá sea de otra época, da más valor a los que se crearan para el primitivo King Kong o los sorprendentes de Ray Harryhausen que los infográficos de tanta película actual de corre, baquetazo y vuela.

¿Y qué decir, aunque me encuentre alejado de sus diretes reflexivos, de Nolan y sus juegos tempo filosóficos (o lo que sean)?

Si he de hablar de películas recientes y novedosas mis preferencias van hacia la última inventiva de Wes Anderson, quizá el director más original de su generación en búsqueda constante de nuevas formas expresivas. El gran hotel Budapest, historias de historias sobre la Historia es un juego maravillosamente imaginativo sobre el mundo pasado, en pleno cambio. Un juego de colores, de ritmo, de formatos de pantalla para un filme de género inclasificable donde muñecos y personas forman un todo en ese hotel caduco estancado en el tiempo. Juego de roles, juego con y desde el cine, desde una estética que se forma y altera como un calidoscopio de figuras múltiples. Cajas chinas que se abren una tras otra encerrando nuevas historias que quizá sean una repetición de la misma.

Frente a Anderson la propuesta de Spike Jonze, para algunos excelente, me deja frío. Su Her parte de una gran idea, sin duda, pero sus vueltas y revueltas sobre el mismo tema, sin progreso alguno, condenan el filme a un diálogo infructuoso que nos lleva a un final, repitiendo relaciones anteriores del protagonista, presentido desde el primer momento. Su duración es excesiva. Sin duda, es mi opinión, como corto hubiera sido muy bueno, como largo se muerde la cola sin llegar a ninguna parte. ¿Que no es así? Puedo equivocarme. No soy una máquina ordenada para reflejar una única respuesta que, no es única, sino repetitiva. Como lo es la falsa única voz creada para solaz del protagonista.

Curiosidades y desencantos

ida-1Una curiosidad ha sido el encuentro con la película polaca Ida de Pawilikowski. Lo ha sido por su austeridad, su brillante blanco y negro y su forma de planificar, que recuerda a la del Dreyer de La pasión de Juana de Arco. Dreyer y Bergman no están lejos de las miras de este filme, que además, ¡alegría!, es corto.

Hoy, cuando todo el mundo se dedica, sin que muchas veces venga a cuento, a realizar películas de más de dos horas, se agradecen títulos tan directos como éste, que se centran en lo que tienen que centrarse y no se andan por las ramas. Narran la historia como tiene que ser de acuerdo a lo que se pretende y no utilizan caminos secundarios que entorpezcan el buen discurrir de la película.

Buscando semejanzas en el filme hasta podríamos pensar en La cinta blanca de Haneke. De todas formas la más sorprendente de las identidades es la de una parte de su línea argumental que parece seguir, pero en caminos inversos, la presente en la Viridiana de Buñuel. Simplemente se trata de cambiar a tío por tía y nos encontraremos con algunas, más que curiosas, coincidencias. Como por el ejemplo el suicidio de la tía. Y no sólo. Las divergencias, y las no inclusiones del trayecto de la protagonista, son muchas con respecto a las de Viridiana, pero, al menos, relativas coincidencias existen.

Eso sí, el final es totalmente distinto al de Buñuel. Algún amigo me decía que se trata de un cierre muy polaco. Puede ser, aunque el plano final sostenido sobre la protagonista en su vuelta al convento no puede entenderse como cierre total de la Historia abierta y sangrante de un país y de un momento preciso de ella.

Más curioso es el final de El pasado la nueva película de Farhardi cada día más alejado, si no lo estuviera en sus anteriores filmes, del cine iraní. No se trata de su mejor película aunque sigua tomando como modelo el cine de Antonioni en el planteamiento de sus películas, en la forma de representar los sentimientos. Si el director iraní se asemeja en el fondo al italiano entre ambos existe una notable diferencia en la forma de mover, reflejar a sus personajes: mientras en Antonioni transitan en silencio, en Farhardi no dejan de hablar. Si alguna película del director iraní se mira con mayor intensidad en Antonioni es en A propósito de Elly una clara mirada a La aventura.

Pues bien en El pasado, película frustrada en parte por el continuo vaivén de sus personajes, que alternan historias abandonando a uno y cogiendo a otro aunque todos forman un todo, existe una curioso plano tomado de… Hitchcock y no de una de sus películas sino del primer telefilme que realizó para su serie (sólo dirigió unos veinte de los cientos que se llegaron a realizar) Alfred Hitchcock presenta. Se titulaba Colapso y la interpretaba Joseph Cotten. Una historia sobre un hombre que después de un accidente de coche aparece como si hubiera muerto. No hay señales de vida. Al final cuando un médico va a reafirmar su muerte descubren una lágrima en el ojo del protagonista. No, no está muerto, da una señal de conocimiento de lo que ocurre a su alrededor y, por lo tanto, de vida.

Lo mismo que ocurre en el plano final de El pasado cuando vemos cómo la mujer en coma, al parecer sin ninguna reacción a nada, deja caer una lagrima aunque en este caso nadie, excepto el espectador, es consciente de ello.

Un desencanto grande, ha sido el último filme, frustrado, de Villeneuve, Enemy. Títulos como Incendies o Prisioneros abrían grandes expectativas para un filme basado en una obra de Saramago sobre el hombre que se encuentra con su doble. Pobre reflexión sobre el otro, el distinto o nuestro propio yo reconocido en una imagen, en un sueños, en el otro que ve o se pregunta sobre coincidencias, diferencias, cambios de un mismo ser. Ni siquiera hipnótica el filme de Villeneuve llega a inquietar. Una pena

¿Qué decir de la gran sorpresa que ha deparado el cine español con Ocho apellidos vascos? Pues eso, una total sorpresa que un, hasta cierto punto, modesto filme, tópico a más no poder, se haya convertido en el éxito de los éxitos. No es más que una pequeña película, eso sí eficaz. Ya se prepara la segunda parte. Ya, aunque no de forma inmediata, lo hizo su director Martínez Lazaro cuando el éxito le sonrió con Amo tu cama rica. Al menos el filme es otra cosa que las películas con Torrente como protagonista. Algo es algo

Final

Hace no demasiado tiempo cerrábamos el Rashomon de Miyazaki. Un estudio en el que hemos conseguido, salvo de momento una que parece trata de despistarnos, analizar una a una todas las películas que ha realizado. Ahora mismito acaba de estrenar el último, el que además ha dicho será realmente el último que realiza, El viento se levanta. Una vuelta, pero desde la realidad, al mundo de la aviación presentado en la excepcional Porco Rosso a la que dedica un recuerdo. Filme curioso, notable, quizás algo alargado, digno de la obra de Miyazaki

Escribe Adolfo Bellido López


 

(1)  A una sesión relativamente privada y además escoltada por dos guardias civiles, asistí años más tarde, aunque no en las fechas santas. Se trataba de Repulsión de Polanski proyectada, como prueba de compra, en la sala utilizada por un cineclub madrileño.

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