Editorial noviembre 2013

  05 Diciembre 2013

Rostros de mujer 

amparo-rivelles-1La muerte de Amparo Rivelles señala prácticamente el fin de una época de actrices de nuestro cine. Aquellas que nacidas en los años veinte protagonizaron quizá en algunos casos a su pesar un cine que, en su mayor parte, quería propagar las glorias de aquel nuevo Imperio que caminaba, sin creerlo, hacía un futuro esplendoroso y hacía Dios. Aunque no creo que nadie sabía a ciencia cierta hacía a que Dios se dirigía.

Se marchó primero Ana Mariscal, actriz, guionista y directora, nacida en 1923 y fallecida en 1995. Se inició en El último húsar (1940) de Luis Marquina para el año siguiente intervenir nada menos que en Raza de Sanz de Heredía. Nadie mejor que el familiar del fundador de la Falange para filmar un guión (con seudónimo) del propiO Franco. Una apología del nuevo régimen desde ópticas freudianas. Allí, como en estos años el galán por excelencia Alfredo Mayo, legionario y visionario soldado, imagen del más tópico sentido hispano.

Ana Mariscal fue entre otras La duquesa de los Ursinos y se paseó por la España Imperial como doña Magdalena de Ulloa, en la infancia del Duque de Autría, el Jeromín de Luis Lucia. En total interpretó algo más de cincuenta películas. Aparte de ello escribió siete y dirigió 11.

En 1925 nacieron Aurora Bautista, María Asquerino y Amparo  Rivelles. Tres mujeres de toma y rasga. Quizá nacieron en la época equivocada, pero las tres dejaron su impronta de actrices y de mujeres peleonas en sus películas y en sus vidas.

Aurora Bautista no actuó en tantas como Ana Mariscal. Cerca de cuarenta. Ni escribió, ni dirigió ningún filme. Alguna de las películas en las que intervino al final de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta representan el punto más alto de manipulación histórica y exaltación de unos más que discutibles valores. Ahí estaba la reina Juana de Locura de amor de Orduña encarándose a una joven Sarita Montiel, interpretando a Zoraida, una mora de la que se enamora Felipe¡, el Hermoso, con unas palabras que resultan, hoy, risibles: Nunca será más ofendida la reina de España que el saber que su marido la ha traicionado con una mora.

Y, que decir, de aquel filme de Agustina de Aragón donde Aurora/Agustina con el pueblo de Zaragoza cantaba la jota impidiendo que los franceses (¿las modas, ideas y progreso, que venían de fuera?) entraran en Zaragoza (o sea en España). Un final, con el ciego animando a los zaragozanos con su guitarra, que al decir alguna vez de Garci, era propio de Eisenstein (¡qué gran vista la de Garci!) porque claro Orduña (su director), faltaba más, hacía cine como los más grandes directores del cine soviético. Faltaría más.

Luego Aurora fue Concha en Sonatas (sobre la obra de Valle Inclán) de Juan Antonio Bardem y hasta se permitió trabajar en una de las versiones (la del año sesenta y seis) de El derecho de nacer. Para entonces ya había sido la impresionante Tula en La tía Tula de Miguel Picazo y Teresa de Jesús en la película de igual título de, ¿lo han adivinado?, nuestro Eisenstein particularísimo, Juan de Orduña. Sus dos últimas intervenciones, de actriz de reparto para ella, una gran señora, fueron Octavia de Patino y Tiovivo, 1950 de Garci. La actriz nos dejó en agosto del 2012.

aurora bautista

Sobre María Asquerino escribimos con motivo de su fallecimiento en febrero de 2013. Mujer felina, independiente, perversa no como las, en general, heroicas y sufridoras Ana y Aurora.

A ella el papel de monja le hubiera resultado demasiado grande, aunque hizo de madre abadesa en una miniserie para televisión de las sonatas de Valle Inclán. No sólo se relaciona con Aurora en haber intervenido en un título de las Sonatas, aunque para distinto medio, también en cuanto María trabajó en Agustina de Aragón en sus comienzos y en Tiovivo, 1950 casi en su despedida.

Trabajó en películas señaladas, de una u otra manera, como son, y en distintas épocas, Reina Santa, Pequeñeces, Manicomio, Mambrú se fue a la guerra, La comunidad… Nada menos que intervino en unos cien películas. La última Pagafantas. De todas las que trabajó hay una sorprendente para la fecha en que se realizó, Surcos (1950) de Nieves Conde y donde, como es natural, era mala, malísima.

maria-asquerino

Ahora, en los primeros días del comienzo del mes de noviembre, murió Amparo Rivelles, grande en el cine y en teatro. Ganadora del premio nacional de Teatro en 1996 y del Goya a la mejor actriz en 1986 por Hay que deshacer la casa de José Luis García Sánchez. Lo obtuvo además en el primer año en que se concedían los Goya.

Amparo forma parte además de una saga de actores y actrices de la escena española. Hija de uno de los grandes actores de teatro de nuestro país, Rafael Rivelles, y de la gran actriz, María Fernanda Ladrón de Guevara. Nieta, hija, hermana y tía de actores. Su hermano, por parte de madre, era Carlos Larrañaga.

Debutó en teatro con 13 años en la compañía de su madre. En cine lo hizo con 15 en Alma de Díos (1940) de Iquino. Intervino en, como María Asquerino, en casi cien películas, varias de ellas en México. En su primera época intervino, entre otras muchas, en Malvaloca (1942) de Luis Marquina; y en los años cuarenta y comienzo de los cincuenta en películas de Orduña (Deliciosamente tontos, La leona de Castilla, Alba de América), Rafael Gil (Eloisa está debajo de un almendro, El clavo, La fe), Luis Lucia (La duquesa de Benamejí), Antonio Román (Fuenteovejuna).

Enamorada, de muy joven, del gran galán del cine español, Alfredo Mayo, fue capaz de romper la boda a los pocos días de su celebración. Fue sonado también su romance con otro guaperas del cine español, Jorge Mistral. Mujer de muchos amoríos, saltando normas y reglas de la época: “He tenido unos cuantos hombres a mi lado. Unos están casados, otros están muertos. No quiero destrozar matrimonios, ni hacer que algunos se revuelvan en sus tumbas. Es mejor, por tanto, mantener mis amores en secreto”.

Tuvo una hija, nunca dijo quién era el padre. Quizá fue detrás, o acompañó a su amor, a México, donde estuvo de 1957 a 1979, momento en que vuelve a España para, sobre todo, trabajar en teatro, dando muestras de sus grandes dotes de actriz. Rueda varías películas, y, como hemos dicho, gana como actriz el primer Goya.

Interviene en varias series de televisión importantes tales son Los gozos y las sombras dirigida por Moreno Alba y La regenta de Méndez Leite. También en un episodio de Farmacia de guardia de Mercero. La última película en la que intervino fue en Mar de luna (1995) de Manolo Matji.

En teatro, en Santander, la misma ciudad donde había subido por primera vez a las tablas, se despidió con La duda, una revisión de El abuelo de Galdós, curiosamente la misma obra con la que su padre, el valenciano (nacido en el Cabañal) Rafael Rivelles había cerrado su labor interpretativa. Amparo Rivelles, que no era valenciana, pero muy ligada a la ciudad del Turia, fue nombrada Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia e Hija Adoptiva de la ciudad.

Cuatro mujeres que representan la historia del cine español desde los años cuarenta. Un cine de sombras, muchas, y de luces, pocas. Un cine que sirve para analizar la historia de un país, que lentamente quería auparse a un mundo distinto. Ese que tintineaba en otros lugares. Y que ahora, en el hoy mismo, está en nuestro cine y en nuestra vida…

Que no se nos entienda mal, no vamos a criticar nada. Cuanto esto escribo leo, sin sorpresa, que la alcadesa de Madrid dice que su partido es el que más progreso ha traído a la Humanidad. Sólo le faltaba decir que también ha convertido el cine español en el mejor del mundo. Faltaría más.

Escribe Adolfo Bellido López

amparo-rivelles-2