Editorial mayo 2013

  30 Mayo 2013 ¿Se muere el cine? 

cinema-paradisoHace años se dijo que el cine iba a desaparecer. Fue la televisión, primero, quien compitió con las salas de cine para hacerse con públicos ávidos de emociones o de tener el mundo al alcance de un botón. Un mundo manipulado, claro, dirigido hacia determinados fines. Como había sido el cine, sólo que entonces invadiendo las casas. Y, quizá, sin la facilidad de ensoñación que suponía el entrar en una sala e introducir en la pantalla convirtiendo en un ser fantasioso más de un mundo de ensueño.

El cine reaccionó tratando de reinventarse a sí mismo pero no en cuanto a calidad sino en función de unas nuevas técnicas, que en realidad eran ya de tiempos anteriores, sólo que, eso sí, perfeccionadas. Asistimos a la implantación de la pantalla más ancha, a la supremacía del color, a una proyección en tres pantallas, al relieve. Algunas innovaciones se quedaron para siempre, otras se fueron para no volver y alguna se marchó y vino para irse y volver repetidamente en un intento de alcanzar lo inalcanzable: convertir un mundo de dos dimensiones en tres. Al fin y al cabo ficción sobre ficción.

Alguno de los grandes directores, incluso, en años de crisis profetizó que el cine había muerto mientras su obra, ascética y divulgativa se encerraba en la pequeña pantalla.

¿Tenía la televisión la culpa del abandono de las salas por los espectadores? Lo tenía al igual que lo tuvo y lo tienen otros factores, todos ellos acordes con el cambio de los tiempos que incluyen nuevas tecnologías y una mayor rapidez en la difusión, contacto, y absorción de medios. Si Rossellini certificaba la muerte del cine, algún empresario español, en los mismos años, señalaba al 600 como el responsable de la disminución de asistencia al cine.

Dos películas italianas al final de los años ochenta, desde posturas diferentes, se dolían sobre el cierre de las salas de cine en poblaciones pequeñas. Eran Cinema Paradiso de Tornatore y Splendor de Scola.

Si ellos se referían a Italia por aquí las cosas no pintaban mejor. No solamente cerraban las pocas salas de cine que existían en varias localidades de no muchos habitantes, también cerraban salas en todas las ciudades. Después, más tarde, vendrían las multisalas en las ciudades o, mejor, ubicadas en grandes espacios comerciales como si fuera una oferta más entre las muchas que se ofrecían en esos macroespacios.

El video e Internet han echado el resto. Por si eso no fuera suficiente, el precio de las entradas de cine ha ido aumentado de forma progresiva. Y ahora, a todo ello, se une el IVA aplicado al cine como a la cultura en general. La cultura no forma parte de nuestro mundo. Faltaría más. Lo mejor es apartarla para así poder crear una masa de ciudadanos dominados por los grandes hermanos.

Si la gente no va al cine es lógico que la industria cinematográfica se ralentice, sea raquítica tanto en lo que se refiere a la producción como a la distribución. En el último festival de Cannes la presencia del cine español en las pantallas nuevamente ha sido, digamos, insignificante por no decir nula, algo que también se ha hecho realidad en el Mercado del cine, el gran mercado, el más grade del cine, que tiene lugar en Cannes y donde, al mismo tiempo que exhiben filmes en las distintas secciones del festival, se compran y se venden esos y otros muchos títulos de diferentes países.

inside-lewyn

Este año tal escasez, tal penuria ha llevado también a discriminar a la prensa. Por ejemplo, ningún periodista español pudo entrevistar a los hermanos Coen porque su última obra, Inside Llewyn Davis, presentada en el festival, no había sido adquirida para su distribución en España. Es un ejemplo. En otros, distribuidores con películas compradas no pudieron lograr entrevistas con sus autores debido a que los mediadores pedían demasiado dinero para poder acceder a las entrevistas.

Las noticias sobre la marcha de Alta Films han supuesto un duro golpe para nuestra industria. Un hecho que supondrá que en las pantallas españolas, a partir de ahora, habrá menos ofertas de cine de calidad, de cine de autor.

Pero hay más problemas.

La taquilla española cayó un 65% en 2012, y, más preocupante, un 7% en el primer trimestre de este año. ¿Cómo se van a comprar títulos a determinados precios si no van a rendir en taquilla? Un título hace años rodaba de cine en cine durante años, hoy una película tiene una vida muy corta, de meses e incluso de semanas, de explotación en los cines. Y algunos títulos se estrellan de forma irremediable en su primera semana de estreno. Caso, por ejemplo, del último filme del, en principio, un peso pesado como Terrence Malick: To the Wonder.

Sí, claro, la sorpresa también se puede producir. Ese ha sido el caso, curioso, de La caza de Thomas Vinterberg, que se ha mantenido semanas y semanas en salas de estreno compitiendo con cintas llamativas por su espectacularidad.

Si el bajón de recaudación, con aumento de IVA incluido (1), se ha producido en los primeros meses de 2013, el temblor, pensando en el bueno tiempo y en los meses veraniegos, se ha apoderado de los exhibidores.

Para evitar el desastre total, distribuidores y exhibidores se han unido para buscar una fórmula que les lleve a conquistar espectadores o al menos no perder los que se tienen. Desde luego es como para lanzar una llamada de socorro. Del 10 al 12 de mayo el número de espectadores ha sido de 486.000 frente a los 864.000 del pasado año.

¿Cuál es la solución? ¿Fijar precios comunes a la baja y contrarios a las leyes de competencia? ¿Hacer regalos o promociones especiales? Difícil panorama, aunque a uno, ingenuo, se le ocurre una doble solución: precios más bajos y una oferta de buen cine. Echen una ojeada a la cartelera de las últimas semanas y comprueben cuántas películas realmente de calidad (aunque sean de una calidad media) se han estrenado. Basta con los dedos de una mano, y algunos sobrarán.

Hemos hablado del, al menos relativo, éxito de La caza. Pongamos otro ejemplo: El buen documental, ¡un documental!, Searching for Sugar Man lleva varias semanas en cartel y, según las estadísticas, no ha perdido público.

searching-for-sugarman

Adioses y bienvenidas

No solo, en principio, parece ser que el cine se muere por ausencia de espectadores a las salas de proyección, también muere porque actores, directores y gente de la industria cinematográfica van despareciendo. Por ceñirnos a España hemos visto cómo en pocos meses se ha dicho adiós a gente que ha significado algo en el mundo del cine.

Después de María Asquerino se fue José Sancho, que comenzó a darse a conocer en aquella serie Curro Jiménez, en su papel de El estudiante. Hizo teatro y no demasiado cine. En muchos casos, sobre todo en su última etapa, convertido en el propio José Sancho, o mejor, sin saber dónde terminaba el actor o el personaje. De todas maneras entre sus interpretaciones, siempre en su tono grandilocuente, es imposible olvidarle en la serie Cuéntame o, por encima de todo, en el protagonista de la también televisiva Crematorio sobre la excelente novela de Rafael Chirbes, dirigida por Jorge Sánchez Cabezudo, director de una sola película de gran calidad, La noche de los girasoles.

Sarita Montiel y Alfredo Landa son otros dos actores que se han marchado en estos meses. Los dos con una amplia filmografía. Los dos representantes de un determinado tipo de cine.

Sarita, que empezó como secundaria (2), se marchó a Hollywood, se casó (dos veces) con el gran Anthony Mann, intervo además de un filme mediocre dirigido por su marido (Dos pasiones y un amor) en dos muy interesantes western: Veracruz de Aldrich y Yuma de Fuller (3). Después vino a España, donde convirtió en oro una película en la que, antes de su estreno, nadie creía, El último cuplé. Después varios directores quisieron convertirla en gran actriz, invirtiendo su personaje, como Juan Antonio Bardem en Varietés, pero Sarita era mucha Sarita. Era ella por encima de todo, la Saritísima.

sara-montiel

Alfredo Landa comenzó en pequeñas e interesantes películas. Tal es el caso de La niña de luto de Summers. Después se asentó en un determinado papel, que dio lugar a un tipo de cine, el landismo. Podría creerse que ahí se acaba su labor. No es cierto, Landa fue un gran actor capaz de los más variados papeles. Dos ejemplos tan sólo, entre su larga filmografía, El crack (o los dos) de Garci y, sobre todo, Los santos inocentes de Camus, con la que recibiría en el festival de Cannes, compartido con su compañero de reparto Paco Rabal, el premio a la mejor interpretación masculina.

Y, entre los directores, dijeron adiós Jesús Franco y Bigas Luna, dos realizadores cuyo obra, pero desde distinto punto de vista, viene marcada por la sexualidad.

Jesús Franco, realizador de casi doscientas películas, todas ellas de bajo presupuesto, es para algunos, aparte de un todo terreno, un director muy interesante, para otros es deplorable. Creo que ni unos ni otros le podrán perdonar el montaje que realizó de la obra no acabada de Welles, Don Quijote. Un total desastre. De la misma manera pienso que todos estarán de acuerdo en considerar su gran interpretación en El extraño viaje de Fernando Fernán Gómez. Si hubiera que definir, como director, a Jesús Franco quizá tendríamos que retrotraernos a Ed Wood. Más o menos

Bigas Luna comenzó bien, muy bien, con películas como Bilbao, Caniche o Angustia. Luego no supo estar a la misma altura. Dirigió también teatro. Suya fue una versión espectacular de Las comedias bárbaras de Valle Inclán, más Bigas que Valle, que representó en un frustrado teatro que quiso impulsar la Generalitat Valenciana en antiguas naves de los fenecidos altos hornos saguntinos.

Pero si ellos, los citados y más, nos han dicho adiós, otros profesionales de la industria del cine, de edad, siguen presentes danto lecciones de buen hacer o, al menos, de una presencia importante. Es el caso del festival de Cannes 2013 donde han estado, y triunfado, nombres gloriosos del gran cine norteamericano.

kim-novak

Por allí pasó Kim Novak, noventa años cumplidos, que fue homenajeada por sus actuaciones, y en especial, claro, por Vértigo. No tuvo reparo alguno con hablar, largo y tendido, sin cansarse, con la prensa. Soltó algunas perlas. Cito tan sólo una: “Cuando veo un buen papel quisiera poder haberlo interpretado. A veces me siento culpable por haber dilapidado mi fama… y no haber hecho las cosas mejor”.

Robert Redford, casi setenta y siete años, además de estar dio una lección de buen actor en All is lost de J. C. Chandor. Él solito, como actor, a lo largo de una hora y cuarenta y cinco minutos interpretando a un naufrago. Redford es un actor que ha ido mejorando a medida que ha ido envejeciendo. No olvidemos que también es un director comprometido, a veces discutible ante la manera de forzar su cine. También dejó caer alguna perla en sus entrevistas: “Nunca dejaré de actuar o dirigir. Este es mi oficio”.

A concurso se presentaba el filme coral Nebraska de Alexander Payne donde interviene Bruce Dern, 77 años, y por cuyo papel ha recibido el premio de interpretación. Dern —uno de cuyos primeros papeles fue como secundario de Marnie, la ladrona de Hitch y que intervino como actor principal en la última película que dirigiera el gran maestro del suspense— afirmó que aprendió mucho de Hitchcock y de otros grandes directores con los que trabajó. Que fueron varios. Mira por dónde el festival del Cannes de este año unió a dos actores hitchcockianos.

Bienvenidas fueron todas estas presencias, pero hay que señalar una más, quizá la más sorprendente porque es como un renacimiento. Hacía mucho que no sabíamos de su persona, incluso se hablaba de que no podía caminar, que estaba postrado en una silla de ruedas. Nada de eso. Estuvo en Cannes jovial, dicharachero, divertido al igual que siempre. Divertido y divirtiendo a los que acudieron a su rueda de de prensa. Me refiero, nada menos, que al gran Jerry Lewis, 88 años, que interviene en la opera prima de Daniel Noah, Max Rose. Un papel dramático, distinto a cualquiera de los que ha hecho, que supone su regreso al cine después de dieciocho años. Un tiempo en el que sólo ha intervenido, esporádica y brevemente, en algunas series televisivas. Dijo muchas cosas, sin parar, como siempre. Me quedo con esta: “El humor es humor. Si haces que el humor sea divertido, la gente se reirá y probablemente será un poco mejor”.

De verdad, ¿el cine ha muerto? Se han ido cosas, muchas han cambiado, pero de momento el cine sigue ahí vivo y espero, aunque sus formas sean cambiantes, que siga ahí dando lecciones de arte, ilusión, compromiso y vida.

Escribe Adolfo Bellido López

Jess_Franco

Notas

  1. Con el aumento del IVA se ha disparado el coste medio de las entradas, que es ahora de 7,2 euros. Con ese precio España estaría en la lista de los diez países europeos donde ir al cine es más caro. Países entre los que se encuentra Alemania y los países nórdicos, donde el paro es mucho más bajo y el nivel de vida más alto.
  2. Siempre se la recordará entre sus primeros papeles como la Zoraida de Locura de amor, amante de Felipe, el Hermoso. Y será recordada aunque sólo fuera por la réplica de Juana la Loca al enterarse de sus amores. Algo así como todo se lo consiento menos enamorarse de una mora.
  3. En las prisas del mortuorio ambos western, o al menos uno, algún periodista se lo otorgó a su marido, que realizó, sin duda, grandes western pero no estos.

Jerry-Lewis