Editorial febrero 2013

  26 Febrero 2013

De premios y rebajas 

oscar-1Febrero es el mes en el que se repasa el cine realizado el año anterior. Todo el que sea posible, salvo el muy escondido, el poca cosa que ni siquiera es capaz de levantar la voz para hacerse visible. Cine que es de acá o foráneo, comercial o enigmático, sonado o escondido, Todo ello para premiarlo o repudiarlo que de todo hay en este mundo de hoy convertido en plató de innumerables historias propias de la mejor película de serie negra.

En el fondo se trata de una cuestión de marketing comercial. A más premios, más recaudación al menos durante algunas semanas más. Hay ejemplos que así lo demuestran, por ejemplo la película Tesis de Alejandro Amenábar cuando se estrenó tuvo unos raquíticos ingresos, no llegando, si siquiera, a ser estrenada en algunas ciudades. Ganó un buen puñado de premios Goya, volvió a los cines y, aunque no obtuvo unos espectaculares ingresos, sí fue vista y comentada ampliamente. Ahí se comenzó a fraguar la leyenda Amenábar.

En los premios anuales de aquí de allá, que son los que llegan a los espectadores, se producen conjuras de las productoras para conseguir que su filme sea premiado o que se priorice aquél sobre éste. Los devaneos, chanchullos, compras de votos, promesas cumplidas e incumplidas son equivalentes a las conjuras políticas o eclesiásticas tan comunes en todos los tiempos, y no sólo en estos de sobres y de conspiraciones romanas o no romanas más o menos encubiertas.

Productores y productoras saben lo que se juegan.

Menos en lo que se refiere a festivales de cine importantes ya que su efecto, normalmente, es a posteriori, al no haberse lanzado aún en la mayor parte de los casos las películas que allí se proyectan. Más, lógicamente, en los premios cinematográficos anuales que se otorgan en cada país, llámense Goya en España, Cesar en Francia, Donatello en Italiana, Bafta en Inglaterra y…  sobre todo los Oscar en Estados Unidos, precedidos de otros que van adquiriendo en aquel país relevancia, como los Globos de oro, o los menos importantes y poco conocidos, como los Spirit para premiar el cine independiente norteamericano o los Razzie para premiar lo peor de su cine.

De uno y otro lado, festivales y premios anuales, se cuentas historias urbanas o no, que rozan a veces lo surrealista, pero que en el fondo suponen asegurarse unos buenos beneficios. Es el caso incluso de productoras, en los Oscar, con más de una película en su haber para obtener premios y que fuerzan para que los galardones se dirijan a aquella que va rindiendo menos en taquilla.

De todas maneras debe quedar claro que los premios no dicen demasiado sobre la validez real, como máximo aparente, del filme.

Algo que no sólo ocurre en el cine sino a todos los niveles. Pensemos, por ejemplo, en los premios Nobel; pues bien refiriéndonos tan sólo a los literarios, y dando un repaso a toda su historia, comprobaríamos que gran parte de años, aparecen sopesados por unos intereses políticos. Dominantes en todas partes (desde el poder económico)  y también en el mundo del arte.

¿Cómo, y volviendo al mundo del cine, se puede entender que fuese premiada con el Oscar a la mejor película extranjera el filme de Garci Volver a empezar? ¿Qué razón obligó a que en uno de los festivales de Cannes, con excelentes películas, recibiera el primer premio Un hombre y una mujer olvidando que allí, en concurso, estaban, entre otras, Campanadas de medianoche o Faraón?

Varias películas premiadas en festivales importantes hoy han pasado al más absoluto de los silencios, mientras que otras, ninguneadas o apartadas del primer premio, gozan de excelente salud. Señalemos dos casos referidos al festival de San Sebastián.

En 1958, el primer premio, la Concha de oro, fue para el simpático, pero poco más, filme polaco Eva quiere dormir, mientras que a Rufufú y Vértigo se las rebajaba al segundo premio, la Concha de Plata. Ambas películas, sin duda, eran muy superiores a la polaca. Claramente, además, existe una apreciable diferencia de calidad entre el filme de Monicelli y el de Hitchcock, a favor claro de éste último. Vértigo, hoy, está considerada como una de las grandes obras de la historia del cine, habiendo recibido, como hemos dicho en alguna otra ocasión, el honor de ser considerada en 2012, por una votación entre críticos de diferentes países, como la mejor películas de la historia del cine (1). ¡Casi nada!

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El 1959 San Sebastián siguió negándole el primer premio a un filme de Hitchcock. En este caso ni siquiera le concedieron el segundo. Eso sí, le dieron un premio al actor, Cary Grant, para compensar que el director se dejó caer por allí. Se trataba de Con la muerte en los talones. El premio ese año fue para Historia de una monja. Entre una y otra película existe una gran diferencia, aunque aparente ser la película de Zinnemann importante o seria y la de Hitch intrascendental o un simple pasatiempo. Aunque los pasatiempos —que no significa sólo pasar el tiempo, como diría Norman Bates—pueden ser inteligentes y maravillosos.

Pues bien, refiriéndonos a Hitch y a Welles y a tantos otros profesionales del cine, y no sólo directores sino también actores y técnicos, podríamos editar una lista con decenas y decenas de nombres importantes, famosos, que nunca recibieron un premio.

Así se escribe parte de la historia, aunque la otra parte se encargará de enmendar los errores y poner a cada uno en el sitio que le corresponde.

Y este año ¿qué?

Este año más de lo mismo. La película estrella, premiada por aquí y por allá, es Amor de Haneke, que para mí no es la mejor obra de su director, aunque sí considero su importancia; sin embargo de su apreciable obra prefiero Funny games (versión austriaca) o La cinta blanca.

En los Oscar era imposible que repitiera el premio a la mejor película del año (ha recibido el correspondiente a la mejor película extranjera) porque el año pasado ese premio ya lo había recibido un filme francés: la insípida y engañosa, The artist, ni siquiera válido como forma de revitalizar o dar sentido, desde su falta de sentido, al cine no hablado.

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Argo, lo que no se entiende demasiado, se llevó el premio mayor. Como, por otra parte, ha ocurrido en otros eventos recientes.

Argo, desde su simpleza y su intento de asumir un cine estándar, se convierte en la película del año, quizá como la exaltación de los valores patrios condimentados con una extraña confabulación entre cine y política. Ben Affleck, un actor mediocre a pesar que comenzara como tal a los 9 años, se ha convertido, por esos misterios inexplicables, en un director de cierto renombre desde que realizase una pequeña película, Adiós, pequeña, adiós. Aunque antes venía exhibiendo el Oscar que ganara al mejor guión junto a su amigo Matt Damon por El indomable Will Hunting, que no es desde luego la mejor película dirigida por Gus Van Sant. Pero las historias se escriben así, casi siempre con renglones torcidos

De todas maneras el triunfo de Argo no es sonado, simplemente se ha llevado tres Oscar. Por número ha ganado La vida de Pi que se ha alzado con cuatro, uno de ellos el concedido al mejor director. Un enigma eso de separar mejor película de mejor director. Discutible también ese premio, no así los más bien técnicos, incluido el de la fotografía que ha obtenido la delirante historia de un niño naufrago.

Si hay algo difícil de entender es que el premio al mejor guión, repitiendo lo ya acontecido en los Globos de oro, sea para Django desencadenado. El premio a ese guión hecho más bien de retales, comprado en rebajas, no es más que una broma más de una película histriónica a la que sobra metraje por todas partes, y en la que, eso sí, el premio a Cristopher Waltrz como mejor secundario, es justo. Sin duda es el mejor personaje del filme

Por el contrario, el premio a la protagonista de El lado bueno de las cosas no es justo, olvidando que ahí estaba, y no solamente para pasar por allí, esa imponente actriz que Emmanuele Riva.

El lado bueno de las cosas, una película tramposilla y de escasos vuelos, fue la más premiada en los premios Spirit en los que, al menos de forma aparente, se premia el cine independiente, cuya palabra debería mirarse con lupa para poder ser justo al admitir las películas que compiten a esos premios. De todas formas este pequeño título ha sido reconocido con bastantes premios y nominaciones en diferentes foros. Les aseguro que no es para tanto.

En los premios independientes, la interesante Las sesiones se llevó el premio al mejor actor y a la mejor actriz secundaria. Nada que objetar, ambos están estupendos en sus papeles respectivos.

El Oscar al mejor actor no tenía disputa. Fue para Lincoln-Day Lewis. Un filme, el de Spielberg, que no está cosechando los frutos que debiera. El tiempo lo pondrá en su lugar.

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En el lado contrario a los Oscar, a los Globos de Oro y a todos los grandes premios se encuentran los Razzie, donde se premia lo peor de lo peor. La mayoría de los galardones han recaído en Amanecer, parte 2 y en su estomagante pareja protagonista. Hay que decir lo mismo que en los Oscar sólo que al revés: habrá, seguro, filmes peores.

Por aquí, en nuestros Goya, se llevo todos los premios gordos Blancanieves de Berger. Hay algunos comentaristas, no críticos, que han sacado la guadaña contra esta película haciendo de padrastros malos. Delante de mí tengo uno de esos artículos, como ejemplo, con múltiples salidas de tono. Debe ser que el filme, por la causa que sea, ha irritado al escribidor. Por ejemplo, se puede leer Blancanieves es un ejercicio preciosista y tremendista, todo lo que el publico rechaza en una película. De hecho los espectadores han insistido en negarse a pagar por ella. (…) El vanidoso director, justamente castigado con la omisión del Goya a la dirección, ensalza los cuentos para niños pero su película tampoco ha cautivado a la infancia”.

No se entiende la inquina que tiene hacia el director quien eso escribe. Y también hacia el filme, que, por supuesto, no es para niños. Su planteamiento sin diálogo tiene un sentido, no es gratuito o por lo menos afectado en un intento de engatusar (o engañar) a unos espectadores fácilmente manipulables como ocurre en The artist. Una película renovadora e innovadora que habla de una España tétrica y de opereta donde el fantasma de nuestra historia de ayer y de siempre asoma entre sus imágenes hasta llevarnos a un impresionante y demoledor final.

Y, aunque no lo cree ese comentarista, por mucho que le fastidie Maribel Verdú, está excelente en su papel de madrasta. Aunque la Academia de Artes y Ciencias norteamericana cerrara el paso a los Oscar a Blancanieves (sin duda para evitar comparaciones con The artists) se trata de una excelente película, superior en todo a la que se ha llevado el Oscar, Argo.

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La gran derrotada, volviendo a los Oscar, ha sido La noche más oscura, un filme que, con toda la buena fe del mundo en seguir fielmente unos hechos, resulta difícilmente creíble a no ser que algunos de los que vivieron esos hechos fueran de una ingenuidad insultante, como se muestra en el atentado a la base americana. Las palabras, torpes y fuera de lugar, de un dirigente popular tratando de demostrar que los atentados del 11M no se debieron a los islamistas porque en el filme no se habla de ese atentado, muestran cómo los espectadores confunden realidad y cine. Ejemplos de ello hay muchos, aunque en este caso, la conjetura se produzca no desde esa ignorancia sino desde unos partidistas intereses.

Se han cerrado, con los Oscar, los galardones que han premiado lo (falsamente) mejor del pasado año. Aquí y allá, si tuviéramos que hablar de una gran película vencedora, señalaríamos, sin duda, a Amor de Haneke.

Ahora, a esperar el cine que veremos durante doce meses antes de volver a enfrentarnos a los premios. Este año ha ganado una película de espías y de salvamentos en países peligrosos. Un tema doble que da para mucho.

Ya de por sí el tema de los espías y contraespías, de los detectives privados, chantajes y demás zarandajas está a la orden del día. En esta España nuestra, por el momento, gana por goleada. Y no digamos en Valencia. No es de extrañar, por ello, que el arzobispo de Valencia haya decidido que hay que evangelizar esta región. Por eso ha invitado a más de cuatrocientos sacerdotes a participar durante la cuaresma en la operación “Misión en Valencia”, unas misiones que en España no se llevaban a cabo desde hace ¡sesenta años! ¿Vuelve el pasado? ¿Asistiremos a otra serie de películas triunfalistas sobre nuestras maravillosas virtudes de heroísmo patriótico y religioso? ¿Habrá que evangelizar a la malvada gente que puebla el cine español y que tan mal se comportan en la entrega de los Goya?

Pues eso, todos a hacer penitencia. Los tiempos lo reclaman. No hay que olvidar que el llamamiento del arzobispo valenciano se dirige a creyentes y no creyentes. Todos unidos para ofrendar nuevas glorias a España. Como debe ser. Y para pedir que se hagan más Balarrasa o Molokai. Que falta hacen.

Escribe Adolfo Bellido López


(1) La revista inglesa Sight and sound cada diez años procede a realizar una votación entre los más afamados críticos sobre las diez mejores películas de la historia del cine. Casi siempre el primer puesto lo había alcanzado Ciudadano Kane. En 2012 el filme de Hitch ha superado al de Welles.

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