Editorial octubre 2012

  28 Octubre 2012

Mundillos 

60-festival-San-SebastianDicen que el cine español actual está teniendo un gran éxito en todas las partes. Se impone en los festivales y gana premios en taquilla. Todo ello de forma limitada ya que en el festival, no en los festivales, donde es premiado es, ante todo, en uno de casa, el de San Sebastián.

No es algo nuevo, tal hecho se viene produciendo desde, casi, los comienzos del certamen donostiarra, aunque no siempre el premio sea el máximo. Entre otras cosas aparte de la calidad superior, real o imaginada, de las otras películas presentadas, hay que aclarar que el cine español cuenta, en este certamen, con una proporción grande de películas.

No hay que alarmarse, lo mismo ocurre con la cantidad de películas francesas presentes en Cannes o la cantidad de filmes italianos que se pasan en Venecia. Normal.

Eso sí, desde los primeros pasos del Festival de Cine de San Sebastián las películas españolas han recibido galardones. Varias de ellas han recibido el máximo premio (inmerecido): la Concha de oro. En las dos primeras ediciones las películas premiadas, españolas y flojillas fueron La guerra de Dios (1953) y Sierra maldita (1954). Que no cunda el pánico: en esos años el festival ni era competitivo a nivel internacional, ni concedía la Concha de Oro. La primera que se otorgó fue en 1957. Se la llevó el filme italiano Sabella de Dino Risi.

Casi veinte años más tarde el cine español recibió el primer premio del certamen, indiscutible, para una de las más maravillosas películas de toda nuestra historia, El espíritu de la colmena (1973) de Víctor Erice. Dos años más tarde fue Borau quien se llevó la Concha de Oro por Furtivos. Y hasta ahora le han seguido, por dos veces, Gutiérrez Aragón con Demonios en el jardín (1982), y La mitad del cielo (1986) (1).

En los años siguientes los primeros premios en el certamen fueron para: Las cartas de Alou (1990) de Armendáriz, Alas de mariposa (1991) de Bajo Ulloa, Días contados (1994) de Uribe, quien repite, aunque compartido, el premio en 1996 con Bwana, Los lunes al sol (2002) de León de Aranoa y Los pasos dobles (2011) de Lacuesta. Si a esto unimos los primeros premios concedidos a películas hispanoamericanos, algunas coproducidas con España, dirigidas por Ripstein (dos veces), Aristarain, Agresti o Lubbert, podemos comprobar que la cosecha española es amplia. Máxime si a eso se añaden los premios del jurado, los especiales o las distintas conchas de plata (2).

Este año el jurado decidió premiar una película francesa del tan interesante como irregular François Ozon, En la casa, que está a punto de estreno en las salas comerciales. Lo que ha habido, en 2012, ha sido variados premios para nuestro cine como los concedidos a las muy interesante El artista y la modelo de Fernando Trueba (mejor dirección), Blancanieves de Pablo Berger (premio especial del Jurado y premio, compartido, a la mejor actriz, Macarena Gómez) y a la más bien frustrante, El muerto y ser feliz de Javier Rebollo (premio al mejor actor, José Sacristán)

El problema de las dos primeras películas, ya estrenadas, es que a su calidad no ha sido acompañada por el favor de los espectadores. Es de suponer que resuciten en taquilla con sus tan presumibles como lógicas nominaciones para los Goya. Además Blancanieves podrá aumentar su recaudación si es, al fin, seleccionada para los Oscar. ¿Pasará la criba de la preselección? Lo esperamos porque el filme de Berger tiene calidad para ello. Y en abundancia, aunque quizá le perjudique la proximidad de El artista y, para mí, los inmerecidos premios recibidos por el filme francés.

Blancanieves

Blancanieves fue imaginada por su director —un realizador que ya nos había sorprendido con su anterior filme Torremolinos 73—, en blanco y negro y sin diálogos mucho antes que se pusiera en marcha El artista, a la que supera en casi todo. Berger da una lección de montaje, de interpretación del cuento original, de sabia  utilización de la música y con un manejo de los intérpretes desde una actuación moderna.

El filme habla de mentiras y venganzas en una España folklórica de mantillas, señoritos, dominantes, toreros, flamenco, perdedores y vividores, señoritos y pueblo junto a listillos contratadores que aprisionan de por vida a los otros de cuyos frutos o dones vivirán aun más más allá de la muerte. No sé si el director ha querido hablar de todo eso como si fuese una especie de reflexión desde el ayer oscuro hacia el hoy no menos claro.

Tiempos que se cruzan y se reflejan, pero las imágenes nos devuelven esa visión: la España de pandereta que se niega a morir o que se obliga a resucitar aun muerta. De Currito de la Cruz a La parada de los monstruos, de Juan de Orduña o Luis Lucia (y más allá) a los dos Luises (Buñuel o Berlanga) están presentes en este cuento, y no tan cuento.

Por su parte, El artista y la modelo la película de Trueba, la mejor de las suyas en mucho tiempo (con un mal rendimiento en taquilla) habla del arte y del artista, todo ello con el trasfondo de una guerra, esa que algunos tratan de olvidar, que ha existido y ha hipotecado muchos futuros.

Trueba nos presenta a un artista en busca de la obra que le eleve y le transporte. Metáfora y búsqueda se unen en un filme hermoso y sentido, servido por excelentes intérpretes, entre los cuales aparece esa magnética actriz que es Aida Folch, a la que Trueba descubriera para su fallida El embrujo de Shangai y que tan poco se ha prodigado en cine (sí en televisión), pero que siempre muestra su gran fuerza interpretativa. Uno, siempre, la recordará inmensa, grandiosa, en esa excelente película española, tan escondidita ella como la actriz, 25 kilates de Patxi Amezcua (3).

el-artista-y-la-modelo

A la calidad de estas dos películas se enfrenta la comercialidad de un filme que por mucho que se diga no es español al menos en su totalidad. Nos referimos a Bayona y a Lo imposible, que se ha convertido en una de las películas más taquilleras de los últimos meses y de prácticamente todo el cine español.

Un filme tópico y elemental, repleto de latiguillos y de técnica no siempre bien utilizada. Engañoso e incluso discutible desde sus posición ideológica la película de Bayona, esa especie de clon de Amenábar, basa su éxito en su estructura hollywoodiense con actores de allá.

Un filme que se afana en hacer llegar al espectador el sufrimiento de unos turistas, todos ellos rubios, sobre la catástrofe que se les ha venido encima. Pobrecitos ellos, los que padecen, sin poder disfrutar de esas maravillosas vacaciones en lugares exóticos al amparo de serviles nativos que quizá sueñen con el mundo del que ellos han caído.

Dolor, lágrimas y agobio para adivinar, estamos en el terreno facilón del más ramplón del cine americano, que al final todo se arreglará. Y el espectador tranquilo se marchará a su casa, sin adivinar que lo imposible está ocurriendo fuera de las salas: el miedo a un futuro descontrolado. Quizá sea mejor que encararse a ello, sufrir con otras aventuras, inspiradas en sucesos reales, que tratan de explicarnos que vivimos en el mejor de los mundos donde lo principal es la unidad familiar, bueno, la familia en el sentido más tradicional posible.

El mensaje ha sido lanzado. Ahora a dormir todos tranquilos, sabiendo que estamos en buenas manos. Para colmo la película ha sido rodada en parte en las piscinas de los estudios de la catastrófica Ciudad de la Luz de Alicante. Esa historia, la de esos estudios, sí que daría mucho juego para una película de… miedo. O de falta de vergüenza de los dirigentes de esa comunidad.

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Postdata primera:

Se han votado, por parte de la importante revista cinematográfica inglesa Sight and sound, las mejores películas de la historia del cine. Una votación que realiza la revista cada diez años entre críticos de diversos países. Esa lista viene relacionada en  nuestra sección El silencio es oro.

Ya hemos indicado más de una vez lo que opinamos sobre este tipo de votaciones. Dicho lo cual digamos que la excepcional Vértigo de Hitchcock se ha encaramado al primer puesto, relegando al segundo lugar a la casi eterna campeona Ciudadano Kane de Welles. La que no desaparece nunca de los diez primeros lugares es la maravillosa Centauros del desierto, la película de Ford que siempre ha superado, en estas votaciones de diez en diez años, a cualquiera otra de las más de cien que realizó el bueno de Ford.

Postdata segunda:

El diario El país, quizá aprovechando la votación indicada en la anterior postdata, llevó a cabo una votación pareja entre sus lectores. Expectación a raudales. ¿Quién ganaría? Como en el fútbol, se hicieron grupos distintos. Se elegían los filmes mejores de cada grupo para competir después entre ellos, hasta llegar a las dos finalistas. De ahí se pasaba a decidir cuál era el ganador. Redoble de tambores.

La película ganadora fue El padrino. ¿Una  de las partes o las tres? Tanto da. La sorpresa salta al instante, en el citado periódico: las tres partes de El padrino iban a ser lanzadas por el citado diario. Cada parte se podría comprar en tal fecha y con tal precio. ¿Casualidad o manipulación? Quien no corre vuela. Todo forma parte del mundo feliz

vertigo

Postdata tercera:

Deberíamos haber dedicado, hace meses, unas líneas como recuerdo a Aurora Bautista (1925-2012) cuando falleció, ya que fue una actriz que marcó toda una época del cine español con sus interpretaciones (de rompe y rasga) de Juana a la loca en Locura de amor o de Agustina de Aragón en la película del mismo título.

Pero la actriz fue mucho más que eso. Antes de rodar esos films interpretó Pequeñeces (las tres dirigidas por Juan de Orduña, con el que años más tarde volvería a trabajar en Teresa de Jesús) y luego actuaría, entre otras, en Condenados de Mur Oti, Sonatas de Bardem y, sobre todo, en La tía Tula de Picazo.

Intervino casi en cuarenta películas. En 2002 interpretó un pequeño papel en Octavia de Patino. Su última aparición fue en Tiovivo, 1950 de Garci. Aurora y el cine español de nuestras dichas y desdichas.

Postdata cuarta:

Otro actor al que recordar, entre los varios que han desaparecido en los últimos meses, es Herbert Lom (1917-2012). Hubo un diario de Madrid que dedicó casi una página entera para hablar de su muerte. Como es obligado escribían que había sido el sufrido jefe del inspector Clouseau en la serie La pantera rosa. También podíamos leer que había hecho varias veces de Napoleón. Lo sorprendente es que no mencionaban que el actor era uno de los descerebrados (y maravillosos) atracadores de la excelente película de Mackendrick El quinteto de la muerte. Lom trabajó en más de cien películas tan diversas y diferentes como El Cid, Sombras acusadoras, Espartaco, El conde Drácula, Diez negritos, La zona muerta… Un actor al que siempre se veía en pantalla aunque su intervención fuera mínima

Escribe Adolfo Bellido López

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Notas

(1) Demonios en el jardín no recibió la Concha de Oro porque de 1980 a 1985 el festival perdió la categoría internacional y sus premios no se contabilizaron como oficiales.

(2) Es sabido que los premios no quieren decir demasiado sobre la verdadera calidad del filme. Ni los premios de un festival, ni aquellos tan cacareados existentes en diversos países, ya sean, por ejemplo, los Goya, Cesar, David de Donatello… e incluso los propios Oscar. Ejemplos de grandes películas no premiadas en detrimento de otras mediocres los tenemos en todas partes. Y ya que estamos hablando de San Sebastián digamos que allá se proyectaron, por citar sólo dos casos deprimentes para los jurados que concedieron esos años los premios, dos grandes obras de Hitchcock como fueron Con la muerte en los talones y Vértigo sin que el jurado olfatease tan siquiera la enorme calidad de ambos títulos. Su ceguera les llevó a dar el primer premio a una película de la que hoy nadie se acuerda, olvidando que allí estaban los dos títulos de Hitch.

(3) Patxi Amezcua realizó 25 kilates en 2008. Desde entonces, y hasta este mismo año de 2012, no ha realizado ningún otro filme. Ahora dirige Séptimo, que deseamos ver en 2013. Los actores con los que trabaja son Ricardo Darín y Belén Rueda. Su caso se asemeja, en parte, al de Jorge Sánchez Cabezudo, quien después de una ópera prima más que interesante —La noche de los girasoles, 2006—, no ha vuelto a realizar un filme para las salas cinematográficas. Al menos sí ha conseguido, cosa que Amezcua no pudo, dirigir varios episodios de series televisivas y filmar una entera, la más que estimable Crematorio (2012), de la que, como en el caso de su largometraje, fue el guionista.

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