Editorial septiembre 2012

  23 Septiembre 2012

De películas y revistas… de cine 

matalos_suavemente_11Se inicia un nuevo curso de actividades. A la vuelta de vacaciones también el cine busca la nueva temporada cinematográfica, enmarcada, este año, en un otoño que se prevé caliente en todos los aspectos.

El cine, que no es una cosa aislada de la vida, sino integrado en ella, también padece, hoy, los problemas que afectan a los españoles y al resto de los habitantes del mundo. Un ejemplo, de aquí, y ahora mismo, lo tenemos en el aumento vergonzante del IVA que afecta a los espacios culturales.

Y es que, claro, la cultura no es buena. A veces, produce el pernicioso efecto de llevarnos a pensar, a recapacitar, a tomar partido por esto o por aquello, y eso no es nada bueno… para aquellos que intentan dominarnos sin más. Por eso el asistir a cualquier evento cultural, y el cine es uno de ellos, ha aumentado de precio con esa subida del IVA del ocho al veintiuno por ciento, lo que no quiere decir una subida relativa a trece puntos sino a trece puntos por cien, que es muy distinto.

Mátalos suavemente, una película extraña, original, dirigida por un australiano, habla de las mentiras de muchos políticos, de la vergonzante crisis que se está produciendo a nivel mundial bajo la mirada sonriente de los guardianes del orden y del dinero. Una historia de tinte policiaco que se desarrolla en los míseros y destartalados barrios de cualquier ciudad americana. Un filme mordaz, irónico, lleno de mala uva, que deja caer desde, incluso, su título la terrible amenaza a que estamos sometidos como sufridos tirios y troyanos, el sentir que nos están matando suavemente.

El director de este filme, Andrew Dominik, con sólo tres títulos en su haber se presenta como uno de los realizadores jóvenes más interesantes y originales. Algo que ya asomaba en su larguísimo segundo largometraje, y no sólo en cuanto a título, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (1).

En estos últimos días, curiosamente, y en otro género muy distinto, se han estrenados dos títulos que pretenden hablar del amor. Sus formas de afrontar el tema son radicalmente opuestas. Frente al esteticismo, y estatismo, de postal preciosista del Yimou de Amor bajo el espino blanco, surge la estética asumida desde su oscuridad inmersa en la propia fealdad por Terence Davies, uno de los mejores directores actuales del cine inglés. Se trata de The deep blue sea. Un filme que no traiciona, desde su contención, rigor, su origen teatral, lo cual no impide que Davies dé una gran lección de cine en todos los aspectos.

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Frente a la historia de amor de mayores, que actúan como niños, viviendo la dureza de la revolución cultural maoísta explicada con torpeza por Yimou, estalla la adulta reflexión sobre el amor, en sus diferentes formas y etapas, que nos regala Davies en una película que, sobre todo —desde una profundidad que supone una reflexión mental y profunda sobre lo vivido— conduce al reencuentro de una mujer con la vida, con su vida.

Yimou hace tiempo que ha perdido los papeles. El intentar volver a su cine anterior, perdido entre dagas y otros juegos voladores, le ha conducido a la ingenuidad más absoluta. Davies ha seguido fiel a su mundo, a su forma de hacer. Curiosamente la obra de teatro en la que se basa el filme, debida a Terence Rattigan, ya fue realizada por Anatole Litvak en 1955, siendo Vivien Leigh la protagonista. No conozco esa película, pero no creo que posea la profundidad e intensidad dramática del filme de Davies, uno de los realizadores actuales que mejor cuida y trabaja la banda sonora (1).

Vivien Leigh fue una gran actriz y seguro que estuvo espléndida en su papel de mujer torturada, obsesionada por el amor y por la vida, pero aquí en la versión de Davies, esa excelente actriz que es Rachel Weisz está sublime. Película imprescindible de Davies, como lo es la de Dominik. Por cierto, The deep blue sea puede recordar por su argumento a Breve encuentro de Lean o a las diferentes versiones cinematográficas de la novela de Graham Greene El fin de la aventura (2).

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Y mientras siguen llegando estrenos de interés —o que al menos por el nombre del realizador, guionistas o intérpretes reclamen nuestra atención— al tiempo que aparecen otros títulos importantes, sorpresivos, grandiosos, nuestra revista Encadenados inicia orgullosa y altiva su andadura hacia su décimoquinto cumpleaños.

Quince años cumplirá, este nuestro amor, al comienzo del nuevo curso. Se ha dicho, y no sólo por nosotros, que somos una de las revistas de cine de Internet más antiguas, algunos dicen que la más antigua. La realidad es que la evolución de Encadenados desde el punto de vista de presentación y edición ha sido grande en estos años.

No se ha cambiado —eso nunca— nuestro rigor y honestidad, que hemos mantenido desde el principio. Varios de los que formamos el equipo de redacción inicial seguimos hoy en ella. Fueron los pioneros que junto a mí como director decidimos apostar por las nuevas tecnologías: personas que habían sido en su mayoría alumnos míos en la antigua Universidad Laboral de Cheste, donde tantos proyectos cinematográficos llevé a cabo.

Uno de ellos, ya explicado varias veces, fue una revista en papel que se llama Encadenados editada desde 1980 a 1987. Siete años y veintisiete números. Hubo que esperar once años para que aquel Encadenados se convirtiera en este actual seguido diariamente por miles de lectores. Una cifra que para si quisieran muchas revistas especializadas de cine, editadas en papel.

Una aventura que junto a los fijos ha sido seguida por otros muchos que han entrado y salido o se han mantenido. Y que siguen llegando. Gente joven, savia nueva, que ha ido apuntalado con todos los mas antiguos nuestra querida revista, la de todos los que la hacemos y también la de todos los que nos siguen.

caimanLa crisis también se ha instalado en las revistas de cine de papel, o en las carteleras que tratan de emular a revistas o en cualquier otro medio afín. La formas para intentar superar esta crisis, que parece no tener fin, es variopinta. Una revista como Caimán, antigua Cahiers du cinema España, trata de pactar con festivales, filmotecas y otras entidades para ser parte y todo de las mismas.

Otra forma de subsistencia es la empleada por veterana Dirigido por… o simplemente Dirigido, escondiendo sus tentáculos en alguna revista de cine de la red. Directamente se enfrenta a la crisis, como tantas otras, pescando donde puede publicidad más o menos encubierta, eso sí, para disimular, Dirigido se refugia en el análisis-publicidad de ciertas producciones editadas en video. La dificultad es saber dónde termina la información y empieza la publicidad o al revés.

Echa mano también la revista de otros artilugios, como es beneficiarse de su hermana Imágenes de actualidad, repleta de publicidad y que se plantea como una especie de sucedáneo menor de Fotogramas, la revista de años y años, hoy convertida simplemente en una sucesión de publicidad de películas y más películas con críticas acomodaticias a sus benefactores.

La revista de Prisa, que se supone nació hace años como contrapartida a Dirigido, Cinemanía, no fue ni eso, nunca ha llegado a ser competidor de ninguna otra revista, siempre moviéndose en una zona ambigua e inútil. Eso sí, su primer director ha conseguido moverse como pez en el agua en el mundo del cine, siendo hoy el flamante director de la Seminci vallisoletana.

La grave crisis (económica) que asola a alguna de estas revistas salta a la vista, pues nada más que abrimos algunos de sus últimos números, nos encontramos cómo sus páginas nos ofrecen números antiguos de la revista o ejemplares de otras publicaciones que ellos mismos han editado, a precio de auténtico saldo.

Otras revistas de cine buscan otras formas más originales para sacar, o al menos ahorrar dinero. Así la revista de la Filmoteca Valenciana, Archivos de la Filmoteca, a cuyo oscuro asunto sucesorio dediqué la mayor parte del editorial de agosto pasado, en manos ya de otro director y jefe de redacción parece tener la solución perfecta.

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No sólo deciden reducir sus colaboraciones con las universidades españolas y extranjeras (se supone que por eso de evitar contaminarse de demasiada cultura) sino que toman las siguientes medidas: nuevo formato, edición sólo en web para, dicen, ampliar difusión y abaratar costes. Y, ahora la bomba, el nuevo director (palabras textuales) afirma: “hoy en día en las revistas científicas nadie cobra y aquí también será así”.

O sea que quien en escriba para una revista tan importante entre los estudios fílmicos —como al menos hasta ahora ha sido Archivos— no cobrará nada por los sesudos artículos que escriba. Tanto dar vueltas para llegar al planteamiento que lleva a cabo nuestro Encadenados desde sus inicios.

De todas maneras, ante la propuesta del nuevo director de Archivos nos queda una duda. No sabemos si, al igual que ocurre en nuestra revista (donde nadie cobra por escribir, diseñar, maquetar y lo que haga falta), ese nuevo director y el nuevo jefe de redacción piensan cobrar por su labor al frente de tan importante revista. Porque esa propuesta suena a los latiguillos de una tal Cospedal —que con tres sueldos— quiere negar el pan y el agua a los diputados de su Comunidad o a los jóvenes gavioteros de la Comunidad Valenciana: Cospedal acaba de solicitar en sus normativas que la gente debería acostumbrarse a trabajar gratis. No añaden, aunque algunos quizá lo piensen, que eso se hace para que los grandes empresarios, emprendedores ellos, puedan ganar más y más. Con lo que mordiéndonos la cola volveríamos a la mordaz, pero terrorífica, visión que Dominik propone en Mátalos suavemente.

amor_bajo_el_espino_blanco_10Aunque eso aquí o allá (en el mundo del cine), para salir de la crisis o lo que sea, lleva a curiosas iniciativas. Señalo dos typical valencianish: un cine de la capital cobra cincuenta euros a los autores de los cortometrajes que quieran proyectarlos en ese cine. Además el empresario les regala veinticuatro entradas para los familiares, allegados y amigos. Se supone que el resto tendrá que pagar su entradita. Dinero con el que se quedará, como está mandado, el dueño del cine.

La otra iniciativa es tan singular o más que esta: los esperpénticos estudios cinematográficos, por llamarlos en forma suave, de la Ciudad de la Luz alquilan, por un módico precio, sus estudios para que cualquiera pueda rodar lo que mejor le venga en gana en ellos. No importa el sistema de grabación empleado. Eso sí, cobrarán también por cada persona que forme parte del equipo.

Así que ya se sabe, cualquier reportaje —bodas y bautizos incluidos— podrá ser rodado para orgullo de contrayentes o protagonistas de eventos, en la Cinecittà valenciana. Incluso podrán usar, suponemos que gratuitamente, transparencias inéditas de la F-1 y otros eventos o monumentos gloriosos de esta Comunidad.

No se preocupen por nada. Poco importa la crisis, el paro y todas esas zarandajas mientras tengamos el cine y otras cosas importantes que echarnos al coleto. Lean, y, por favor, no se desmayen, las tres únicas cosas por las que merece la pena vivir. No, ya no son aquellas de aquella canción que proclamaba la importancia de la salud, el dinero y el amor.

La triada nos las dicta ahorita mismo José Luis Garci, que acaba de dirigir un muermo que ha patinado en taquilla, mucho más aún, titulado algo así como Holmes y Watson: Madrid days, un filme que confunde el Madrid verbenero de la dimisionaria Esperanza con un Galdós de pantuflas, que para nada tiene que ver con la ciudad tan brillantemente descrita por el excelente escritor.

Les dejo, pues, como final con esa trilogía garciana: “Sólo hay tres cosas que importan en la vida, el cine, las mujeres y el fútbol”. Sin comentarios.

Escribe Adolfo Bellido López

Notas:

(1) En una primera versión, la que se vio en algún festival, duraba ese curioso western cuatro horas, que quedaron reducidas a dos horas y cuarenta minutos cuando pasó a estrenarse en las salas de cine. Una imposición de la productora para poder vender la película.

(2) El filme del que hablo al principio, Mátalos suavemente, posee una impresionante utilización de la banda sonora. Un ejemplo de ello se encuentra en los títulos de crédito finales que desgraciadamente no verá casi nadie, acostumbrados los espectadores a levantarse en cuanto, según ellos, ha terminado el filme, sin que nadie les haya dicho o demostrado que el filme real se produce únicamente cuando TODO ha concluido. Y eseo todo implica también los letreros finales de crédito. Tal ausencia impide disfrutar de esa sinfonía de sonidos, importante como resumen de lo que acabamos de ver, con la que cierra Dominik su película. O, por poner otro ejemplo reciente, lleva al público a perderse otras cosas como el chiste final con el que se cierra Brave. Y más, mucho más.

(3) Al menos existen dos versiones. La primera dirigida por Dmytryk (1955) con Deborah Kerr y la segunda de Neil Jordan (1999) con Julianne Moore.

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