Editorial agosto 2012

  23 Agosto 2012

Ni intelectuales ni éticos

Archivos-filmoteca-1Nuestros pronósticos de meses anteriores, y algunos más no previstos, se están cumpliendo: TVE y RNE han visto desaparecer, expulsados, a sus grandes periodistas,  siendo sustituidos por las voces de sus amos. Los graznidos gavioteros nos harán huir de los sermones doctrinarios de sus medios, pero ¿hacía dónde nos encaminaremos si casi todo es un desierto?

Al menos, los fines de semana, los deportistas de salón tenían en las televisiones partidos en abierto de los equipos que al parecer son los mejores del universo entero, o sea del Real Madrid y del Barcelona. Esta temporada, que ya ha comenzado, ni  a eso tendrán opción. Si quieren ver en alguna televisión algún partido de liga de los dos fantásticos tendrán que pagar.

Pagar, pagar y pagar, aumentar los precios en todo y sobre todo en aquello que son bienes culturales. El asistir al cine desde septiembre costará más debido a que el IVA de las entradas sube del 8 o al 21%, lo que no supone, aunque alguna persona lo crea, una subida de 13 puntos lineales sino de trece puntos por ciento, es decir el IVA se incrementará más del doble. Debido a ello se espera que más del veinte por ciento de las salas tengan que cerrar.

Eso es lo que tenemos o lo que nos han hecho tragar unos mentirosos compulsivos elevados al gobierno en honor (que no olor) de multitudes. Hace no mucho en uno de los peajes de la A-7 comentaba a quien cobraba el paso, el aumento de las tarifas. “Pues eso no es nada ya que a primeros de septiembre volverá a subir por el IVA. La culpa de Rajoy, así que se lo coman con patatas los que le votaron”, me contestó. Le dije que si así fuera, no estaría mal, pero que los que no le habíamos votado también sufriríamos éstas y otras subidas y recortes, o sea que también nos lo tendremos que tragar, aunque no queramos..

Hace no muchos días, uno de esos garabatos animados del actual gobierno, dijo que de momento nos darían malas noticias pero que dentro de tres años nos las darían buenas. ¿Será esa noticia el fin de su rodillo ante las elecciones que entonces tendrán lugar? Largo me lo fiais pero, bueno, más aguantamos con la dictadura franquista. El que no se consuela.

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Hasta entonces seguiremos escuchando recomendaciones, peroratas, discursos de los representantes del Gobierno, y de su Jefe, que no sabemos si forman parte de un código humorístico o son dichos por unos ancianos anquilosados y vueltos a una infancia de guardería. La última guinda, digna de Groucho, corresponde al ministro de turismo y otras cosas. Más o menos ha dicho que sólo debemos viajar por España, que por ahí fuera no hay nada digno de ser visto, aparte de que estaremos sometidos a picaduras de mosquitos y a temperaturas de 35 a 40 grados. Aunque parezca de chiste lo ha dicho en serio. No sé si haciendo honor a su apellido quería promocionar la visita a la ciudad de Soria, hermoso lugar que existe, al igual que Teruel o Cáceres.

O a lo mejor cuando soltó esa perla estaba pensando en la querida Comunidad Valenciana y sus costosos monumentos del emblemático arquitecto experto en sobrecostes. No sólo en eso pues si Colonia tiene en su grandiosa catedral con las veneradas cabezas de los Reyes Magos (¡no es broma!) en Valencia existe una catedral que contiene el verdadero —entre otros muchos repartidos por la faz de la Tierra— Santo Grial y, ahí es nada, un recipiente con la lecha con la que Virgen María amamantó a su hijo.

Cosas, por supuesto, de ventas de reliquias. La de la ciudad alemana comprada, no sabemos si a precio de saldo, por Federico Barbarroja, y como forma de poder crear una catedral para venerar tal insólito advenimiento. Las de Valencia, esas y otras muchas, traídas por Jaime I, que debió comprar a peso a un anticuario dedicado a negociar con reliquias.

En la ciudad del Turia (aunque ya ni se le vea pasar por ella) además de los monumentales y ultramodernos museos calatravianos, de la Catedral y sus reliquias puede extasiarse el viajero con el convento de Santo Domingo bajo el dominio de la Capitanía, lugar emblemático donde conspiraba un insigne General cómo llevar a cabo aquel golpe de estado febrerino del comienzos de los años ochenta. Y es que la ciudad, como mostrara ya el General Elio, cuando ayudó a Fernando VII a despreciar la Constitución de 1812, es dada a sonadas y no sólo falleras.

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También podemos visitar la Lonja pero con cuidado que hay muchas imágenes obscenas en la fachada y en los innumerables arabescos interiores. Mejor mirar enfrente de su puerta y recordar que allí se efectuaban los actos de fe de la sacrosanta Iquisición. Allí tuvo lugar el último ajusticiamiento de esta admirada institución. Nada menos que en pleno siglo XIX. El afortunado fue un maestro que, entre otras cosas, se negaba a llevar a los niños a misa. ¡Qué horror!

Pues nada, dejen de ver París, y su luz, Roma y su historia, Londres y el Támesis, Viena y la opera, Berlín y su isla de museos, Nueva York con su Tyffanis, y tantos y tantos otros sitios como hay que ver y dedíquense a pasear por la España cañí, sin desviaciones, aunque las temperaturas y los mosquitos sean los no recomendados por el marxiano ministro. Eso sí, no comentan el error de perderse por Cataluña o el País Vasco, sede del independentismo, o por Andalucía, repleta de rojos con rabo, o, incluso por Asturias, con tantos diablos saliendo del fondo de la tierra.

Sobre todo hay que visitar Madrid, con sus chulescos gobernantes, o, como hemos comentado, Valencia y toda su comunidad. Lugares que obran y bastan para viajar, reposar. En la valenciana hay también que admirar la grandiosidad de una región que como dice su himno es la tierra de la luz (y qué luz: un ejemplo de derroche contaminante sin igual), las flores (ni les cuento cuánto se gastan en cambiar cada cierto tiempo las del puente de las flores) y el amor (corramos un tupido velo sobre este punto).

Aparte claro, de dar (siempre) nuevas glorias a España como ejemplarizan el monaguillo Camps, la folklórica chulesca Barberá, el aviador Fabra o el padrino Rus. Y no se olviden del divino Pons. Todos ellos apostólicos, romanos, opuestos cumplidores de los ordenanzas divinas (de su personal dios) y que incumplirán siempre que sea necesario porque la verdad procede y muere en ellos.

Los demás que se jodan ya que no tienen la suerte de ser ellos.

Una filmoteca, una revista

Archivos-filmoteca-3Pues bien, en esta comunidad también están pasando cosas nada cómicas relacionadas con el mundo del audiovisual. No, nos referimos a ese negocio ruinoso de la Ciudad de la Luz, unos estudios cinematográficos edificados en Alicante, inaugurados en su día con canticos celestiales y cuyo futuro es una incógnita.

Vamos a centrarnos en la Filmoteca de la Generalitat Valenciana (1). En el espacio de memorias que es Amarcord ya dedicaré en su momento un amplio espacio a la filmoteca y a sus gentes, ahora quiero centrarme en dos hechos preocupantes como lo fuera igualmente, hace unos años, el cambio de nombre que se produjo al restaurar su (pequeña) sala de proyección. Pasó de llamarse Juan Piqueras a García Berlanga. Nada que objetar al nombre de Berlanga, que bien podría haber nombrado otro espacio, pero sí a la eliminación del nombre anterior, que referenciaba un crítico claramente rojo, eliminado por el franquismo. Una vergonzante imposición que soliviantaría a Muñoz Suay desde el más allá y que fue acogida por total silencio por parte de casi todos los que trabajaban (jefes, funcionarios) en la filmoteca.

Y es que, en fin todos, vamos quedando adormecidos a los pies del poder para evitar que seamos los siguientes en ser aplastados. Nos dejamos, de esa manera, llevar por el miedo, preferimos seguir recibiendo prebendas aunque sea sin honor.

No es a esto a lo que quiero referirme, sino a dos hechos lamentables ocurridos recientemente. Los dos dan que pensar, aunque parezcan muy diferentes, porque forman parte del mismo proyecto de tierra quemada que está aplicando el partido pepero.

El primero en el tiempo (al menos en cuanto fue por mí conocido), que no en importancia, hace alusión a una nueva contratación que tuvo lugar a finales de julio del 2012 en la filmoteca. A dedo, naturalmente. Fue a parar a un periodista que debería digitalizar los fondos de la filmoteca. Oficio que desde hace años venía realizando otra persona. Se cambió uno por otro sin más: uno a la calle y entra otro.

Entre los méritos de la persona contratada se encontraba el haber trabajado en Orange Market, sí, esa misma, la empresa unida al caso Gürtel, a los contratos irregulares con la Generalitat Valenciana. Tal personaje llegó incluso a testificar en el juicio donde afirmó que la citada empresa era santamente buena. El nuevo trabajador de la filmoteca escribía, como debe ser, en el periódico conservador valenciano Las provincias, antes de pasar a ocupar cargos de importancia, como periodista, en varios departamentos de la administración autonómica, llegando a ser, incluso, jefe de prensa de uno de los vicepresidentes del Consell. Hechos que, naturalmente, se produjeron en cuanto las gaviotas llegaron al poder en la Comunidad Valenciana (en 1995).

El segundo hecho es ejemplar en cuanto escenifica el poco, o nulo, interés que los populares tienen por la cultura. Una escueta nota en, creo, el número de julio de la revista de cine Caimán indicaba, sin más, que en la revista editada por la Filmoteca Valenciana, la erudita Archivos de la Filmoteca, se habían producido dos importantes cambios. Ya no estarán en los puestos clave dos personas tan reputadas dentro del mundo de la teoría y la escritura cinematográfica como Vicente Sánchez Biosca, director, y Vicente José Benet, redactor Jefe. La revista, no sé si una franquicia de la Filmoteca o viceversa, informaba simplemente del caso, como lo más normal del mundo. No explicaba qué había pasado, quizá le importaba poco a los noticieros: a rey muerto, rey puesto y siga yo negociando.

Incluso, que sepa, ninguna de las personas que trabaja en la filmoteca ha roto lanza alguna pidiendo explicaciones sobre esa sustitución. Todos los silentes se arriman bien a la pared para evitar que alguien les empuje y les haga caer. Lo peor es el día que la pared caiga. Que puede que caiga. En ese caso sepultará a todos.

Podría pensarse que el cambio en la revista se debe a que es mala, no vende. O a otras, yo que sé, mil cosas. Pero no es así: la revista es, sí, minoritaria (a mucha honra)  porque es (era) potente, sesuda dentro de su línea investigadora desde la profundidad. Una revista necesaria, infrecuente y única dentro de un espacio dominado por la intrascendencia, la prisa, lo vulgar y el generalismo.

No se trata de que vayan a cerrar la revista, sino (horror) de darle un nuevo sentido, una nueva línea. Porque resultan molestos se echa a dos profesionales excepcionales (profesores universitarios con muchos años de docencia, autores de estupendos libros de cine) y, sin más, se les sustituye por otras personas.

Desde el inicio de la revista, en 1992, Biosca y Benet han estado al frente de ella. Han editado sesenta y nueve números, logrando, a lo largo de estos años, abrirse un espacio internacional fílmico importante. Se recibe y contacta en diferentes universidades. En la revista han escrito expertos en la materia de todo el mundo. ¿Por qué, pues, el cambio? ¿Forman parte del paquete de cambios de los no afectos a los predicamentos de los amos?

Caimán y otros medios y personas cercanas a Archivos y a la Filmoteca deberían haber dicho algo al respecto, ya que el editorial (leído con posterioridad a la nota de Caimán)  del número sesenta y nueve de la revista es contundente, como se puede comprobar en los párrafos siguientes. Los expulsados dejan claro que este tipo de acciones son producto de una crisis intelectual y moral, esa a la que nos quiere conducir (retrocediendo hasta lo insospechado) el gobierno conservador. Estamos perdiendo todo lo ganado. Nos estamos hundiendo en una vulgar inmundicia.

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Los párrafos siguientes están sacados, como queda dicho, del editorial en el que los buenos de Biosca y Benet se despiden de su creación tan trabajada, Archivos de la Filmoteca:

“En un pasaje de sus memorias, Mí último suspiro, Buñuel hacía recuento de su prolongada experiencia mexicana (…): <creo no haber rodado nunca una sola escena que fuese contraria a mis convicciones, a mi moral personal>. Sería desmesura parangonarnos al insigne don Luis. Sin embargo, los modelos no se invocan para envanecerse de la comparación sino para aspirar a imitarlos porque se admiran. Digamos, pues, con humildad que cualquiera que haya sido el valor de los textos publicados en la revista durante los casi veinte años que director y redactor llevamos a su frente, no creemos haber publicado nada contrario a nuestro sentido intelectual y moral. Dos décadas plagadas de cambios de todo signo que han visto desfilar un rosario de figuras en los cargos de la Administración de los que dependemos (…)

Archivos de la filmoteca evolucionó, suave pero inexorablemente, desde 1992 (…). Lo hizo de forma coherente y nos hemos  sentido cada vez más acompañados en nuestra ventura por esa invisible comunidad imaginaria que forma la reflexión y el saber. Un DVD recogió sus primeros cincuenta números, un reading de artículos sobre cine español vio la luz en lengua francesa, la digitalización de la revista por Digitalia apuntó hacia una modernización de calidad y con un criterio aquilatado de difusión…

Pues bien, ese vínculo imaginario con el origen, ese hálito vital e intelectual, ya no son posibles en la coyuntura de la institución que publica Archivos de la filmoteca. Los criterios de valoración son otros y las prioridades también. No es un resultado de la crisis económica, sino de lo que nos gustaría denominar una crisis moral e intelectual de las instituciones públicas. El tiempo dirá quién estaba errado y quién en la razón. O tal vez no lo diga nunca.

(…) Cualesquiera que sean nuestros sentimientos, nuestra despedida tiene escasa importancia en el terreno emocional y debe, en cambio, ser comprendida en una dimensión: el final de un proyecto. Un proyecto al que dieron su apoyo intelectuales, instituciones, universidades, filmotecas, investigadores de todo el mundo concluye aquí y es obligación moral nuestra explicar a quienes solicitamos nos acompañaran en esta ilusión que ya no estamos respaldados ni en condiciones de garantizar el nivel que prometimos y la libertad de juicio que consideramos matriz de una auténtica vida intelectual.

Un proyecto de veinte años concluye y desde estas páginas nos gustaría recordar que debemos sus frutos, que no sus defectos, a todos cuantos imprimieron su firma en algunos de sus rincones. Y, sobre todo, consagrar un último recuerdo a quien nos encomendó su futuro. Lo hacemos con sentido agradecimiento a su confianza, pero también con la modesta serenidad del deber cumplido. El futuro, si lo hubiere, es cosas de otros y a otros compete explicarlo”.

Un editorial claro, elocuente. Nosotros, desde aquí, desde nuestra modesta revista digital que es Encadenados, os damos, a los dos Vicente, las gracias por esa estupenda publicación que llevasteis durante tantos años y, sobre todo, por vuestro posicionamiento intelectual y moral, raro avis en este mundo que vivimos. Con nuestras gracias vaya también la enhorabuena por lo conseguido. Y en lo poco que podamos daros, contar, también con nuestro apoyo.

Sabemos que seguiréis adelante con las clases que estupendamente impartís tanto en vuestras facultades como en otras de España y de fuera. Estamos seguros que seguiréis publicando artículos, libros, dirigiendo tesis doctorales, desde esa maravillosa fidelidad a vosotros mismos. Sabemos, por ejemplo, que Vicente J. Benet está a punto de publicar su historia del cine español (El cine español. Una historia cultural), que será, sin duda, novedosa, profunda y excelente. Y que la habrá escrito desde la más absoluta de las libertades, esas que han intentado cortaros a ambos con esta vergonzosa destitución.

Esta España, la de ahora mismito, desgraciadamente, como se ve, no está para reflexionar desde la libertad. Esperemos que las cosas cambien. Y cuanto antes lo hagan, mejor.

Escribe Adolfo Bellido López

 (1) Desde hace meses la Filmoteca carece de director. Sin saber las razones fue cesado José Luis Rado. Nadie, al menos oficialmente, le ha sustituido, lo que conlleva a singulares, y diarias, conspiraciones florentinas en algunos de sus departamentos. Algunos tratan de mantenerse en sus cargos, otros, expertos arribistas, siguen fieles a su oficio, viendo la forma de escalar a puestos superiores. Algo que no sólo se produce en la Filmoteca. Es, sin duda, un deporte nacional a gran escala.

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