Editorial abril 2012

  28 Abril 2012

¿Quo Vadis? 

battleship-1En una ¿crítica? reciente podía leerse como conclusión del escribidor a una película interesante (no parecía haberle dicho mucho), A fin de cuentas: “y hasta que no se demuestre lo contrario, precisamente en contar historias, consiste el cine”. Después de tan lúcida conclusión se quedaría a gusto.

Si el cine sólo consistiera en contar historias no tendría muchas veces que acudir a ver una película, sobre todo en estos tiempos donde los precios (como todo) son muy elevados. Como si los recortes no afectasen a la asistencia de los espectadores. Bastaría que alguien nos contase la historieta del filme y todos tan contentos.

El cine es mucho más que eso, que el contar unas historias explícitas ellas, hasta allá. Si así fuera no visionaríamos (al igual que no nos adentraríamos más de una vez en una obra literaria, en una representación teatral, en las continuas miradas sobre un cuadro) más que una vez una película. No es así: la primera vez, en muchos casos, nos quedaremos en la epidermis del filme.

Detrás de las imágenes de la pantalla hay todo un mundo que descubrir que sobrevuela sobre la historia (aparentemente) contada: ¿Contar historias? Estupendo, ya me dirá el avezado escritor cómo valora (de hecho debe despreciar) el cine, entre otros realizadores, de Bergman, Rohmer, Rivette, Resnais o, ni cuento, el de Godard. Tampoco, claro, gran parte del cine innovador que en el mundo se hace. Ese que aburre a algunos sesudos escribidores de cine en su paso por los festivales.

Lo mismo se puede decir del gran cine clásico, ese que da vueltas de tuerca sobre las pretendidas historias que aparecen en primer plano. Aquello que se dio en llamar las segundas —y más— lecturas de una película. Algo por ejemplo en lo era maestro Hitchcock en unas películas cuya historia no era más que un pretexto para plantear otras cosas. Una especie de macguffin creativo unido al otro generador de los filmes del realizador de Encadenados. Películas, las suyas, siempre nuevas, abiertas a nuevos y sorprendentes significados tal como corresponde a una obra maestra. Que como tal es un arte libre, inabarcable, abierto siempre a nuevos descubrimientos.

las-malas-hierbas-1Eso sí, el autor —o un compañero del mismo periódico en el que pontificaba sobre el papel del cine— dejaba su impronta al comentar el estreno de Battleship al parecer, para esa especie de crítico, el non plus ultra del cine de aventuras. Ante tal lectura, uno no puede por menos que preguntarse si lo que se dice es lo sugerido ante la visión del filme o una imposición de los servicios de publicidad, exigidos para que la publicación pueda recibir, en estos tiempos de escasez, unos determinados ingresos.

Desde luego, ese cronista —o lo que sea— se ha lucido ante el descubrimiento de una película tan divertida y, sobre todo, original. Por supuesto, ni una cosa ni muchos menos la otra. Tal vulgaridad se basa en los jueguecitos de aburridos estudios colegiales o de domingos infantiles de tiempos del rey Carolo. Aquello de, recuerdan, agua o hundido uno de tres o de dos o de cuatro (o un submarino, acorazado, crucero o lo que fuese). ¿Acaso esa tonta e insoportable película no lo es porque, eso sí, cuenta una historia?

No hay que confundir lo que se cuenta con el cómo se cuenta. El cómo crea una diversidad de caminos por los que transita en busca del verdadero sentido, casi infinito en cuanto nos enfrentemos a diamantes de incalculable valor, o sea a la obra maestra, tan difícil de encontrar, a pesar del empeño, inútil, de muchos ilusos que creen encontrarse con ellas a la vuelta de cada esquina, es decir en gran parte de las películas que se estrenan.

El cine, un determinado tipo de cine —y esto es lo maravilloso— camina siempre, buscando nuevas formas de expresión, de representación. Ahí están las obras de directores que han ido aumentando las escalas de la expresión fílmica prosiguiendo las huellas que dejaron los maestros de cualquier tiempo. Directores que algunos, desgraciadamente, se han ido cuando aún tenían mucho que decir. Caso, por citar algunos, de Tarkovski, Angelopoulos o Raoul Ruiz.

Un cine —el de aquellos realizadores que piensan que la historia no es lo es todo o no es nada— que, con sus más o sus menos, vendría abanderado por los citados Godard o Resnais, capaces a sus años de mostrar un cine nuevo y diferente, siempre en pos de adentrarse en caminos no transitados. Películas las suyas que no llegan a los circuitos comerciales españoles o que llegan con cuentagotas. Hay que descubrirse, por ejemplo —con todo lo discutible que se quiera— ante un filme tan joven como Las malas hierbas.

Take_Shelter-0Hay otros títulos de directores de edad joven —y algunos llegados desde cinematografías poco usuales— que promueven esa sorpresa ante lo que supone una ruptura contra el adocenamiento y la vulgaridad. Un cine que, en muchos casos, no traspasa las fronteras de Madrid y Barcelona o que de traspasarlas es condenado a verse en salas de las consideradas no comerciales —para entendernos: un cine equivalente al llamado, de forma incorrecta, de arte y ensayo— o en horarios inadecuados (1).

Títulos como Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas, Alps, Lola (Abuela), Naturaleza muerta, Wuthering heights, Take Shelter… que, si se estrenan en muchos sitios, a pase único, en varios casos, no aguantan más que una o dos semanas. 

Cine y directores (Weerasethakul, Lanthinos, Zang Ke, Eduardo Mendoza, Sokurov…) que deben ser conocidos, estudiados, antes que nos cubra la tormenta que anuncia Take Shelter y que amenaza con llevarse todo por delante (2).

Realizadores y obras que proponen, son y dicen mucho mas, por poner un ejemplo reciente, que la oscarizada The artist.

Escribe Adolfo Bellido López


Notas:

 (1) Afortunadamente algunos títulos llegan a tener un estreno, digamos, normalizado. Fue el caso de Copia certificada de Kiarostami para —estupendo que así fuera— estupor de algunos espectadores, incapaces de comprender la historia contada.

(2) Curiosamente el final de este interesante filme de Jeff Nichols se asemeja al del poco conocido e interesante Un tipo serio, de los hermanos Coen. 

The-artist