Editorial febrero 2012

  26 Febrero 2012

El Oscar 2012: a vueltas con el pasado 

oscar-2012Tenía pensado retrasar este editorial hasta que tuviera lugar la ceremonia de los Oscar, pero, a última hora, a menos de veinticuatro horas de que se den los premios, he cambiado de opinión. Y, sin importarme para nada lo que decidan esas personas que votan en la Academia de cine americana, escribo y envío este artículo. Que según sea posible saldrá antes, o después de haberse concedido los premios. Da igual. Al menos a mí me da igual.

Los premios, estos u otros, me traen sin cuidado. En la mayor parte de los casos poco tienen que decir o que influir en la historia del arte en general o del cine en particular. Los Oscar, como todo, forman parte de un conglomerado industrial y por tanto económico, dejando lo artístico en un lugar secundario.

Dense una vuelta por la historia de los Oscar y comprenderán que muchas grandes películas no fueron ni siquiera nominadas. Algunos títulos elogiados y valorados con estatuillas merecían el silencio más absoluto. Se pueden citar muchos títulos pero basta uno, que siempre gusto de señalar, La vuelta al mundo en 80 días (1). Se llevó una serie de Oscar, entre ellos el de la mejor película en 1956 (2).

Bastaría recordar la decena de películas, directores, actores, técnicos que jamás fueron premiados. Eso sí, a algunos de ellos, ya a punto de despedirse de este mundo se les concedieron el Oscar honorífico. Citaré como ejemplo, y para descrédito de los Oscar, que ni Hitchcock, Welles, Lang, Lubitsch, Anthony Mann, Lumet, Losey, Walsh o Ray, entre otros muchos olvidados, ganaron jamás el Oscar a la dirección; ni actores de la categoría de Gary Grant o Burt Lancaster. Charles Chaplin recibió la miseria del Oscar al mejor guión por Candilejas cuando varios años después de haber sido realizado pudo ser estrenada en Estados Unidos (3).

Los Oscar a menudo sorprender por su premeditada ingenuidad, como cuando dieron varios premios a la lamentable La vida es bella.

Este año es de esperar que al menos la excelente película iraní Nader y Simin, una separación se lleve el Oscar a la mejor película extranjera. Una pequeña satisfacción para los amantes del verdadero cine. Por desgracia en esa lista no está uno de los filmes más importantes del año 2011, la francesa Declaración de guerra.

En su lugar, otro filme de la misma nacionalidad opta a triunfadora, la leve en todos los sentidos, El artista, un caramelo que desaparece casi con la misma rapidez que la golosina en la boca.

el-artista-1Las dos grandes candidatas de este año, El artista y La invención de Hugo, de forma curiosa, se miran en el pasado del cine, de forma muy diferente.

El filme francés reivindica, porque sí, con escasa originalidad (4) y con errores de bulto (5), el cine primitivo. Echa su vista al pasado y nos da un recital de película muda. No está mal recordar que las películas mudas (los grandes filmes del periodo silente) son grandiosas. Como también lo son muchas del cine sonoro (6). Algunos filmes realizados en época sonora optaron por suprimir los diálogos pero sí incluyeron sonidos. Es el caso de dos maravillosos títulos de Chaplin como son Luces de la ciudad (7) y Tiempos modernos, carentes además prácticamente de intertítulos explicativos (8).

El artista no inventa nada, no aporta nada nuevo al cine. Su manera de mirar al pasado es un ejercicio inútil de nostalgia. Su guiño empalagoso deja en evidencia a tantos hombres de cine como han trabajado por innovar y perfeccionar el arte cinematográfico.

Por su parte, La invención de Hugo, en su mirada al cine del pasado, utiliza un camino opuesto al seguido por la película francesa. Scorsese señala a Meliés como el gran mago del cine, pero desde la magia del cine de hoy día. La aportación de Meliés fue grande, sin él el cine no se hubiera abierto a la magia y el espectáculo. Scorsese como director e historiador del cine mira con respeto los comienzos del cine, pero desde el hoy. De ahí que, y de forma grandiosa, utilice el 3D. Lo hace como necesidad de unir dos formas de entender y de llegar al cine. Es una obra más abierta, más precisa que francesa, lo que no quiere decir que sea una gran película.

El filme francés parece una burla dirigida hacia los que no amaban el cine que hacia el director, esos a los que seguro, consideraba sus enemigos (10) ya fuera el público o la crítica: una vendetta particular. Por su parte el filme americano presenta un acto de amor a la creación e imaginación portentosa que es el cine.

El artista se refleja en un espejo, La invención de Hugo crea nuevos espejos como forma de un diálogo (imposible) entre dos realizadores de épocas distintas, al tiempo que procura una reflexión, una interacción con el cine y su historia de la que carece la película francesa destinada a mirarse el ombligo.

Michel Hazanavicius sigue fiel a su línea de copista insípido (11) mientras que Scorsese apuesta por una original búsqueda recreando viejos filmes y haciéndolos de hoy. Hazanavicius realiza un filme elemental y exitoso, Scorsese pretende, sin conseguirlo, apuntarse a lo grandioso buscando el reconocimiento del espectador. La caricatura da paso a la búsqueda del mito. La dificultad de expresarlo. Entre un título y otro, tan parejos en sus planteamiento, existe un abismo.

Aun siendo equivocado, el filme de Scorsese es, remarco, un canto de amor al cine y a sus creadores; el de Hazanavicius supone un ajuste de cuentas contra todos los realizadores que en el pasado y en el presente han sentido la necesidad de buscar nuevas sendas tanto en el lenguaje como en la técnica fílmica.

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Coda

En el editorial del mes pasado hablé de algunas de las grandes gentes del cine (desde directores a actores) que seguían paseando por este mundo a pesar de lo avanzado de su edad. Algunos, incluso, seguían trabajando y realizando filmes. Olvidé, lógicamente, a muchos.

Olvidos imperdonables como el del gran Godard, innovador de innovadores, que añadí en un comentario final. Tampoco señalé a los hermanos Taviani que, como quien dice, ayer ganaron el primer premio en el festival de Berlín con su última película. Dejé de cita, igualmente, a Ettore Scola.

Y, seguro, a muchos más. Personas que trabajaron en el mundo del cine dando lo mejor de sí mismos en pos de grandes obras imperecederas, destinadas para asombro y lección de futuras generacionales de espectadores.

Escribe Adolfo Bellido López

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Notas:

  1. ¿Y qué decir de Rocky?
  2. Lo mejor del filme dirigido por Michel Anderson no recibió estatuilla alguna. Me refiero a los excepcionales letreros de crédito finales de Saul Bass. Ese año, quizá para compensar tamaño despropósito, se premió como mejor película extranjera La Strada de Fellini.
  3. Para entonces Chaplin había abandonado definitivamente Estados Unidos huyendo de la persecución de la que había sido objeto.
  4. Se ha llegado a afirmar que es lo más original del año. ¿Por ser muda? Antes que ella lo fueron El espía, que incorporaba sonidos, realizada por Russel Rousse en 1952 para conmemorar los veinticinco años de la primera sesión sonora. O el excelente filme japonés de Kaneto Shindo La isla desnuda, donde la ausencia de voz, no de ruidos, estaba de acuerdo con lo que se contaba. ¿O acaso El artista es original por su argumento? En absoluto, ya que lo que cuenta el director ha sido mostrado en muchos títulos como, por ejemplo, en las obras maestras absolutas que son Cantando bajo la lluvia de Stanley Donen y Gene Kelly, y El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder.
  5. Entre los errores presentes en el filme citaré dos: el incendio del celuloide es verbenero ya que ardía de manera inmediata y tremenda; al final el protagonista encuentra su trabajo en películas musicales que suponemos… serán sonoras. El musical, fue el género por excelencia, del primitivo cine parlante.
  6. Nunca el cine fue mudo. Desde sus comienzos se crearon orquestaciones propias para las películas. Por ejemplo las que acompañaron —o las que el realizador quería que acompañaran— a los filmes del gran David W. Griffith se encuentran a buen resguardo en la Biblioteca del Congreso Americano
  7. El equívoco que sostiene Luces de la ciudad es un efecto sonoro: la puerta de un coche el cerrarse que escucha una ciega.
  8. Baste citar como recuerdo El último de Murnau.
  9. Copias, imitar a otros cineastas o géneros.
  10. En estos tiempos que corremos varias personas en distintos foros procuran nombrar tal palabra para referirse a los que no son o piensan como ellos. Como ha ocurrido por ejemplo hace poco en la lamentable comparecencia de un mando en la llamada primavera valenciana, caliente aunque aún la estación no ha llegado.
  11. Sus dos películas anteriores parodiaron sin gracia a la serie Bond. El personaje principal de estas películas, en un alarde de genialidad, se denomina OSS117. El intérprete es el actor preferido del director, o sea el mismísimo artista, Jean Dujardin.

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