Editorial octubre 2011

  18 Octubre 2011

¡Qué mundo… ¿el del cine?! 

Arturo-RipsteinEn los últimos meses ha aumentado, hecho interesante y digno de ser resaltado, el número de estrenos de calidad. Lo lastimoso es que algunos de ellos sólo se puedan ver en Madrid y en Barcelona. Pocos títulos quizás no llegarán a más ciudades, pero su minoritaria presencia impide a muchos entusiastas del cine saborear en sala unos filmes imprescindibles. Que si acaso, terminarán viendo en DVD.

Hay, hoy, bastantes cinéfilos que añoran el pasado. Por ello lanzan las campanas de su recuerdo, tratando de asegurar que el cine que se hacía ayer era mejor que el de hoy. La mayoría de las veces es la repetida cantinela heredada de generación en generación. Por el contrario el cine está vivo, en continua evolución, por ello el cine actual es distinto que el de ayer. Cambia, al igual que lo hacemos nosotros y nos convertimos en personas diferentes. Es lo que conlleva el movimiento del mundo.

Actualmente hay excelentes películas que recorren nuevos caminos para el cine, que se preguntan sobre nuevos modelos de representación. También, claro, hay filmes malos, muy malos. Quizá lo que ocurre en el hoy es que el cine medio es peor que el de antes. Lo es simplemente porque se hace menos cine y las películas de usar y tirar pasan de tener un acabado guión. En ellas, todo es válido en una rápida escritura, dirigida a un público enseñado a la velocidad de las series televisivas, que pide acción por acción y olvida la necesidad de que la narración se sustente en una lógica narrativa.

Volvamos a ese cine que nos llega, que está ya en las pantallas. Hablemos de él. La cartelera nos ha sorprendido en los dos últimos meses con una avalancha de títulos que fueron presentados, e incluso algunos premiados, en los grandes festivales de cine. Películas que llevan tras de si una retahíla de triunfos, fracasos o enfrentamientos críticos. Filmes que de ninguna manera nos dejan indiferentes.

Son, por ejemplo, las para mí admirables (mi entusiasmo o mi desinterés por las que aquí citadas puede ser que no sea compartido por algún compañero de esta publicación) Pina de Wim Wenders —nominada al Oscar por Alemania y presente en el último festival de Berlín (1)—, Nader y Simin, una separación de Asighar Farhadi —que obtuvo el primer premio del jurado, así como los premios de interpretación, en el festival de Belín (2)— y Another year del siempre interesante Mike Leigh —presentada en el festival de Cannes 2010 y nominada por Inglaterra al Oscar de la mejor película extranjera (3)—.

También procedentes de festivales nos acaban de llegar la discutible y polémica El árbol de la vida de Terrence Malick, primer premio del festival de Cannes 2011, la mucho más controvertida Los pasos dobles de Iñaki Lacuesta, primer premio del festival de San Sebastian 2011, la lamentable y repetitiva nueva obra (siempre idéntica a la anterior) de Sophia Coppola, Somewhere, primer premio en el festival de Venecia de 2010, y la curiosa La piel que habito de Almodóvar, premio de la juventud en el Cannes 2011.

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Lo curioso es el absurdo que envuelve a los premios de algunas de estas producciones. Así, se ha dicho que el director del festival de Cannes u otra persona ligada al certamen, presionó a los miembros del jurado, diciéndoles que si no daban el primer premio a una obra tan importante como El árbol de la vida su error les perseguiría por vida. Malick, por supuesto, no apareció por el festival de acuerdo a su moldeada imagen pareja a la de un Salinger cinematográfico.

En Venecia 2010, por su parte, se premió la película de la hija de Coppola no sin polémica ya que el presidente del jurado era Quentin Tarantino, curiosamente un viejo compañero sentimental de la hija de Coppola, con la que actualmente sigue manteniendo una buena amistad. La presencia de Tarantino también fue decisiva para que el festival se abriese con Machete de Robert Rodriguez, su colaborador en diversos proyectos.

Un año después, en el mismo festival, las quinielas entre la crítica se fueron al traste, en un año donde se presentaron grandes películas, de inminente estreno (Un método peligroso de Cronenberg, Un dios salvaje de Polanski, El topo de Tomas Alfredson), ya que el primer premio fue para Fausto, un filme de un realizador de corte menos tradicional como es el ruso Sokurov. ¿Hubo quizás alguna rara interferencia entre los jurados?

Ocurre también que en algunas ocasiones, pocas, directores engreídos o confundidos porque alguien quizá les prometió algo, son capaces de lanzar la artillería contra los miembros del jurado al irse de vacío. Uno de los casos más sonados ha sido el de Arturo Ripstein, que presentó en el último festival de San Sebastián Las razones del corazón, una muy particular versión de Madame Bovary.

Ripstein recibió el Gran Premio del Festival en dos ocasiones anteriores (1993, 2000). Al no recibirlo este año se despachó a gusto. Y es que su carácter colérico le pierde. O su creencia de ser un gran cineasta.

LasRazonesDelCorazon

He aquí algunas de las lindezas soltadas por el director mejicano: “no volveré a este festival que se ha pasado de serio a subnormal”; “el jurado ha sido lamentable, Frances McDormand (presidenta del jurado) es una actriz que no ha salido nunca de Pensilvania, es gringa y ya se sabe que los gringos nunca entienden nada, nunca han visto una película con subtítulos, no saben leerlos”.

Sus palos también cayeron sobre los otros miembros del jurado: “Guillermo Arriaga es un cuate con un talento innegable para la autopromoción”, “Sophie Mantingeux es una fotógrafa desconocida, Bai Ling y Sophie Okonedo no son m´s que dos chapuzas de actrices; a Álex de la Iglesia le gané una Concha de Oro, y eso no se olvida (en el año 2000 ganó La perdición de los hombres. En la edición de aquel año se presentaba La comunidad); el nuevo director del festival procede del Festival de Cine Fantástico, o sea de un festival de películas de sustitos”.  

Días después Ripstein se disculpó. Fue inmediatamente antes del pase de prensa del filme, en su estreno para España: quizá en esa disculpa interviniese la propia distribuidora, que fue quien hizo llegar la carta a los medios. Entre otras cosas en aquella carta de disculpa se leía lo siguiente: “La profunda emoción del triunfo no se compara ni poco con la agonía de la derrota. Soy irascible, pasional, como mis películas. Si fuera una persona reflexiva y equilibrada, hubiera trabajado en la alta pedagogía o en algo que requiriera de delicadeza, diplomacia y buenos modales. Cuando hablé hace unos días sobre el festival de cine de San Sebastián, habló la ira. Esa furia agónica de la derrota”. Ripstein terminaba diciendo: “Quisiera dar por terminado un penoso asunto, que de no ser yo un colérico nunca habría ocurrido. Hago mías las palabras de Jorge Luis Borges cuando escribió no es que tenga razón, es que así soy”.

Ripstein, mejicano, colérico, reaccionó como la persona primaria que es. Hace unos años, en una entrevista arremetió contra Iñárritu, Arriaga, Guillermo del Toro y los hermanos Cuarón diciendo que lo que ellos hacían no era cine mejicano al haber sido realizadas sus películas fuera de Méjico con actores que no eran mejicanos.

Buñuel nunca entró en polémicas de este tipo. Ni atacaba de esa forma. Lo suyo era la sutil ironía. Ripstein, considerado por algunos como uno de sus hijos cinematográficos, parece olvidar que lo suyo es hacer películas, que, como obras lanzadas hacia fuera, recibirán criticas positivas o negativas, y si se presentan a un festival podrán ser o no premiadas. La dignidad se reconoce tanto en las victorias como en las derrotas.

capitan-trueno-0Lo de Ripstein es un subidón. Como lo es el que (de forma interesada) parece haberles dado a algunos, en especial algún crítico valenciano, ante el fiasco que ha supuesto el estreno de Capitán Trueno y el Santo Grial, una película cuyo proyecto inicial era ya puro delirio hasta el punto que se intentó vender la película sin tener nada más que la idea de hacerla.

Recuerdo que hace unos años en uno de los Premios Tirant se llegó a proyectar una especie de falso avance del filme, que recordaba en imágenes y sonido nada menos que Alexander Nevsky de Eisenstein. Luego los responsables del filme pasearon por festivales tratando de vender el inexistente producto. El rodaje de esta osadía se convirtió en un calvario. Técnicos y actores (Elsa Pataki, por ejemplo) se bajaron del tren en marcha o antes que comenzara su andadura, y otros están exigiendo el cobro de su trabajo. El coloso de barro buscó incluso inaugurarse en una fecha cercana al día de la Comunidad Valenciana creyendo que las instituciones (políticas y/o religiosas) iban a bendecir el invento, entre otras cosas porque en parte se había rodado en ese otro espejismo llamado la Ciudad de la Luz de Alicante.

Ante el temor de las críticas adversas, se clausuraron pases de prensa. Da igual, cuando se ha estrenado el filme, las críticas han sido totalmente negativas. En su defensa alguno de sus constructores la ha defendido diciendo que, en fin, se trata tan sólo de una película para niños. Como si los productos para niños tuvieran que ser unos bodrios para los mayores. Recuerdo que títulos como Las aventuras de Robín de los bosques o El halcón y la flecha, por citar filmes clásicos, gustaban por igual a unos y a otros.

De todas maneras lo más indignante, reprobable, respecto a la película dirigida, es un decir, por Antonio Hernández, es que alguien ligado por muchas —y fuertes— razones a la película sea capaz no sólo de arremeter en una publicación cinematográfica —en la que además es el máximo responsable— contra lo que él llama criticas maldicientes (serán todas) sino de publicar un comentario crítico, o lo que sea, publicitando las (inexistentes) bondades del filme.

Curiosamente una semana antes en la misma publicación, por motivos obvios, se había arremetido duramente contra la última versión de Los tres mosqueteros, un filme que no es nada del otro mundo pero que sin duda es muy superior al capitán de marras. Al menos se deja ver, que ya es algo.

El autor de esos escritos que pone en solfa las maliciosas contra Capitán Trueno, olvida algo importante: nunca, por dignidad, por vergüenza personal, deben realizarse críticas a películas muy ligadas al crítico. Lo que debía ser una reflexión lógica sobre lo que ve termina por convertirse en un escrito publicitario, propagandístico. Hemos pasado de la crítica maliciosa a la crítica interesada. Sorprendente todo ello, pero, tomen nota, esta y las anteriores cosas ocurren en el mundo… del cine. Nos causa estupor. ¿Dónde está la ética? Allá cada uno con la suya. Con su ética, su vergüenza y su conciencia.

Mientras esto escribimos el contagio, el virus llega a España en tropel. No se asusten, todavía nada tiene que ver con el (temible) cambio que se presagia. Tan sólo se trata del estreno de Contagio la última película de Soderbergh,  curioso anticipo del futuro inmediato que se acerca a pasos agigantados. Como dice el dicho popular: que Dios nos coja confesados.

Escribe Adolfo Bellido López


NOTAS:

(1) Pina demuestra, por primera vez, que el 3D el algo más que un juego circense. Wenders deja claro que el sistema tridimensional puede ser también un referente formal en la obra fílmica.

(2) Fahardi es un director iraní casi atípico. Su anterior filme, también premiado en Berlín, A propósito de Elly, era una curiosa mirada a La aventura de Antonioni, mientras que Nader y Simin nos acerca a una estructura hitchcockiana. En ambos casos desde unos planteamientos muy personales. Un director al que, sin duda, habrá que seguir detenidamente.

(3) Ese año el gran premio del festival fue para la excelente Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas, de uno de los grandes directores del cine actual Apichatpong Weerasethakul.

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