Editorial septiembre 2011

  26 Septiembre 2011

¿La generación de la animación?

raul_ruizAsistimos a la proyección de tal o cual película. La que sea. En los prolegómenos nos pasan avances anunciándonos próximos estrenos. La mayoría películas de mucha acción (y poca lógica narrativa), cine en el que los personajes son como muñecos del pim-pam-pum, tal son las cabriolas y saltos que realizan o las situaciones que nos aseguran vivirán los actores. La mayor parte de esos filmes son sólo eso, hasta tal punto que sus imágenes podrían intercambiarse sin que se notase demasiado el cambio.

Alguien me decía, que en toda esta serie de películas, le parecen todas iguales, los personajes hacen flis, flas, plas, ziplisplas. O sea que corren y saltan sin parar. Y que es lo único, en realidad, que hay en ellas. Tal afán de marionetas-funámbulos-saltimbanquis asemeja a los actores con personajes animados cercanos a los Tom y Jerry, Correcaminos o compañeros de toma y daca de anteayer. Hace años alguna película reconvirtió los personajes de animación en actores conocidos que vivían las historias de ficción. Recuerdo dos títulos: Cactus Jack (1979) de Hal Needham y Arizona Baby (1987) de los hermanos Coen.

Actualmente ya no se trata de identificar a los protagonistas de las películas de ficción con ninguno de aquellos personajes animados, porque cualquier título —incluso de más fácil o compleja elaboración— se mira en el espejo de la creación animada por ordenador.

No es extraño por ello que algunos directores valorados del cine de animación hayan sido contratados para realizar cine de ficción con intérpretes reales. Con éxito o sin éxito, da lo mismo. Si los avances pueden intercambiarse, también las películas y sus realizadores. De la misma manera que hacia la mitad de los años cincuenta se impuso en Hollywood la generación de la televisión, ahora en estos años se empieza consolidarse la generación de la animación.

Hace años se incorporaron al mundo del cine los videocliperos o los expertos en spots. Convirtieron así las películas en imágenes publicitarias, que arroparon, de principio a fin, con una atronadora música, que no concedía respiro al espectador que asistía a una alucinada fanfarria sin sentido.

Ahora le ha tocado el turno a los realizadores de películas de animación.

John-Carter

Andrew Adamson, uno de los directores de Shrek, fue uno de los primeros en cambiar la animación por las historias con actores reales, aunque sus películas siguieran siendo cuentos animados regulares o malos. Suyas han sido las dos primeras partes de Las crónicas de Narnia, la primera rodada en 2005, cuatro años después del primer cuento de feas princesas y dragones.

Quien acompañó a Andrew Adamson en aquella aventura animada, Vicky Jenson, también cambió de orientación al rodar Recién graduada en 2009.

Directores aventajados de la todopoderosa Pixar también han optado por tal cambio, sólo, como he dicho, aparente: así, Brad Bird, uno de los realizadores de Ratatouille (1) se ha convertido en el director, o lo que sea, de la no sé qué nueva parte de Misión imposible, subtitulada Proyecto fantasma que se estrenará a finales de 2011.

Igual ha pasado con uno de los directores más importantes de Pixar, en cuanto a la calidad de sus cortos y largos, Andrew Stanton (Buscando a Nemo, Wall·E), quien acaba de realizar una producción sobre mundos desconocidos, dentro de la esfera kingkonesca, tomados de una novela del autor de Tarzán. Su título: John Carter.

Y mientras tanto las 3D parecen seguir su iniciado retroceso… económico. Películas rodadas en ese sistema están estrenándose —o anunciándose— exclusivamente en 2D. Los espectadores se resisten a pagar bastante más por ver, en muchos casos además, falseadas versiones en 3D. Por eso los distribuidores se lo empiezan a pensar.

Uno de los grandes fracasos del verano fue Capitán América, lanzada en su primera semana con más de 600 copias, bastantes de ellas en relieve. Pinchó de forma absoluta. En pocas semanas tuvo que salir de cartel. En las primeras semanas de exhibición fue ampliamente superada, aún saliendo con menos copias, por la entretenida, con momentos muy logrados, El origen del planeta de los simios, que, además, junto a Super 8, fueron los estrenos más jugosos del verano para la taquilla. De estas películas hablamos más detenidamente en la sección Todo lo demás.

Frente a estos espectáculos, a este cine para masas dispuestas a aceptar el dejarse entretener, manipular y adormecer, existe otro cine diferente, dispuesto a abrir nuevos caminos, un cine que nunca llegará a la mayoría. Un cine vituperado, además, por varios comentaristas de películas, antes que críticos, que ejercen su oficio como reflejos de cansinos espectadores.

Los innovadores realizadores, autores de filmes siempre a contracorriente, desconocidos por los espectadores, viven apartados de los rankings semanales de taquilla. No creo que les importe demasiado. Su caminar sigue otras sendas.

Misterios_de_LisboaUno de esos diferentes realizadores nos ha dicho adiós hace muy poco. Se trata de Raúl Ruiz, cuya última película, Misterios de Lisboa, ha llegado a pocas ciudades españolas. Desgraciadamente así es. Valencia no ha estado entre las afortunadas que han tenido acceso a su última lección fílmica, desarrollada a lo largo de cinco horas de mágico cine. Un hermoso y apabullante folletín basado en la novela del mismo título de Castelo Blanco, que recibió el premio a la mejor dirección en el festival de San Sebastián del pasado año y el premio Louis Delluc a la mejor película francesa del año 2010

Raúl Ruiz nació en Puerto Montt (Chile) hace 70 años. Desde 1973 vivía en Francia, donde se había exiliado tras el golpe de Estado del olvidable Pinochet. Su primera película como director fue un mediometraje titulado La maleta (1964). Procedía del teatro experimental y de vanguardia. Tanto en teatro como en cine su obra es abundante. Escribió hasta cien obras y dirigió más de ciento cincuenta filmes entre largos, cortos y trabajos para televisión.

Sus películas tienen mucho de mundo onírico desde unos referentes claramente literarios. No es raro que se atreviera con Marcel Proust al rodar El tiempo recobrado (1999). Otras obras suyas son Las tres coronas del marinero (1983), La isla del tesoro (1985), Las soledades (1992), Genealogía de un crimen (1996), Tres vidas y una sola muerte (1996) y La comedia de la inocencia (2000). Para el director del festival de Cannes, Raúl Ruiz, “un narrador de las mil y una noches posee, al igual que ocurre con los mejores escritores latinos, una imaginación incomparable”.

El cine de Raúl Ruiz, diferente, moviéndose entre el ensueño de las imágenes, es irrepetible en su ansia de contar o recontar las historias desde nuevas estructuras fílmicas. Antes de morir finalizó el rodaje de La noche de enfrente, adaptación de una novela de su compatriota Hernández Soler. Raúl Ruiz trabajaba sin parar. Por ello, acabado ese rodaje se disponía a iniciar As Linhas de Torres, producida como muchos de sus títulos por Paulo Blanco. Iba a encabezar el reparto John Malkovich, a quien ya había dirigido en Klimt (2006).

Como se puede comprender, el cine de Raúl Ruiz nada tiene que ver con las películas de plis, zisplas, bing, bung, bang, rataplán. Lo suyo era un intento de inventar el cine cada día no de filmar una y otra vez saltos, persecuciones, explosiones y agresiones multiplicadas por mil.

Tenía claro que las películas eran algo diferente a tanto ruido y escasa furia.

Escribe Adolfo Bellido López 


NOTA

(1)   Con anterioridad a su trabajo para Pixar había dirigido para la Warner El gigante de hierro. Además del corto Jack Jack attack, para Pixar ha dirigido dos películas de animación, Los increíbles y Ratatouille, y actualmente prepara un título con intérpretes reales: 1906, al parecer inspirada en el famoso terremoto que sacudió San Francisco a principios del pasado siglo.

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