Editorial agosto 2011

  09 Agosto 2011

Verano (casi) azul o al mal tiempo buena cara

Alba-de-AmericaHay menos serpientes o culebrones este verano. O más. Según se mire, pues su existencia es de difícil cuantificación.

Después de este estío a veces fresco, otras veces infernal por eso de la crisis, que no cesa, cercándonos al igual que los indios asediaron a Custer, se presuponen, junto a la mulliganiana Cuando llegue septiembre, expectantes cambios profundos en esta nuestra descastada sociedad española. Y que serán bienvenidos, máxime si se es habitante del maravilloso reino de Jauja que es la Comunidad Valenciana, ya que, al igual que aquí, el máximo beneficio alcanzará a la (entonces y anteayer) bendita (hoy casi diabólica) España.

No hay que asustarse por los cambios ciclónicos que nos llegarán, si nadie lo impide, con malas artes, pues todos ellos serán para bien y por nuestro bien. Así, los españoles podremos, al fin, nadar en mares de oro, habitaremos edificios inteligentes y participaremos de la educación y de la sanidad más perfeccionada y moderna posible desde nuestras mismas casas o, como mal menor, desde cercanos centros educativos y sanitarios privados, robóticos y programados.

¿Para qué utilizar, para tales naderías, dinero público si sobrará por activo y por pasivo? El dinero se deberá destinar a construir monumentos y llevar a cabo eventos imperiales. De esa forma nuestra única misión consistirá en admirar los enorme, elegantes y modernísimo edificios, tan bonicos ellos, creados, sirvan o no, para nuestra bendita complacencia por los muy honorables presidentes, tanto autonómicos como del gobierno central. Y, para que nada falte se nos ofrecerán excelentes eventos propios del mejor circo mundial, para que sean degustados exclusivamente por unos cuantos privilegiados.

El modelo valenciano, ¡qué maravilla!, al fin, podrá exportarse al resto de España. Y evitar el desastre que vivimos por ese incompetente ZP, culpable de haber llevado a la Unión Europea y a los mismos Estados Unidos, a la ruina. Menos mal que pronto, como decimos, habrá nuevos amos en la católica España. Multitudes progresistas amigas del entendimiento y del diálogo. El mundo, pero especialmente España, se coloreará vivamente. Nada de suciedad, de gente mal trajeada, de jóvenes indignados. Para arreglarlo basta con una buena capa de pintura azul. O dos. Y de azul intenso. Aunque queden cucarachas o ratas, como las que aparecen en el último libro de Juan Marsé (Caligrafía de sueños), serán de un azul eléctrico. ¡Qué felices vamos a ser en nuestras ciudades de ensueño!

Al fin, igualmente, podremos decir adiós a esa televisión panfletaria, RTVE, la cadena mal llamada pública al servicio del mal. Menos mal que para contrarrestar sus efectos contamos con televisiones autonómicas tan neutrales e interesantes como Canal Nou o Tele Madrid. Ellas sí que ofrecen programas con seriedad, calidad y objetividad, además de contar con unos informativos veraces y con debates en los que interviene gente de orden perteneciente a cualquier ideología del arco azul (del menos al más intenso).

Cada día, en el nuevo amanecer patrio, recatadas sirenas, embetunadas de azul,  deleitarán nuestros oídos entonando cantos divinos mientras contemplaremos cómo son escoltadas por angelicales gaviotas, volando siempre cara al sol. Sus gorjeos nos bendecirán desde las alturas.

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En este verano, bastante azul, esperamos de un momento a otro la reposición de aquella sublime serie de TVE llamada Verano azul. Su necesaria presencia eliminará la gran cantidad de series vergonzantes y golfas que ahora emite la cadena estatal. Todo se andará. De momento, para la próxima temporada se anuncian ya en esa cadena, hermosas series televisivas a mayor gloria de nuestra grandiosa y sacrosanta Historia, esa que algunos, que no merecen ser llamados españoles, quieren negar.

Una de esas series, probablemente la más importante, adelantándose a los acontecimientos, estará dedicada a Isabel de Castilla. Aquella gran reina denominada “la Católica”, majestad junto a su gran y devoto marido Fernando por la gracia de Alejandro VI, el santo Papa Borgia padre, entre otros, de los no menos santos César y Lucrecia. ¿Cómo se nos contará la ascensión al trono de esta gran reina en la serie televisiva? ¿Cómo se nos presentarán sus nobles luchas contra la sucesora del preclaro reino castellano, Juana apodada “la Beltraneja”, sobrina de la propia Isabel? Aquel conflicto, en el que se puede asegurar, intervino la divinidad, venció la buena y católica Isabel frente a la quizás, encima, hija ilegitima de su hermanastro. Seguro que esta serie nos inoculará, falta hace, dosis de orgullo por nuestra condición de españoles nobles, de alta estirpe.

Está bien, pues, que nos ofrezcan series de nobles sentimientos, de patriotismo sin igual. Que narren el nacimiento de nuestra Nación, lugar privilegiado en conexión con las alturas, unificado gracias a la gran pareja que tanto monta como montaba, digna de ser santificada pues fueron las hacedores de la España Una, para lo que arrojaron de ella a los moros y a los judíos, gente de mal vivir, como bien se sabe. Así se logró nuestra unidad católica de destino universal. Hecho importante y no esas tonterías indigestas de alianzas de civilizaciones o de permitir que cualquier religión, culto (sabiendo que la católica es la única verdadera) sea permitida.

¡Si sólo fuera eso! Pero no, en la dolorida Patria, también se ha permitido el divorcio, el aborto, el matrimonio de los homosexuales. Aberraciones mil. Hechos, todos posibles, desde que se dejó campear a sus anchas a los marxistas y a los sociatas, que es lo mismo, desde una mal considerada libertad. La verdadera libertad consiste en proteger del mal a los súbditos. Evitar que caigan en absurdas tentaciones libertarias. Había que mirar al pasado, terminar con esos inventos de falsa libertad e imponer modelos grandiosos inquisitoriales y una censura férrea, nada permisiva.

La serie sobre la reina Isabel puede abrir la mente a tanto descreído. Afianzar la idea imperial y salvadora de España como martillo de herejes, defensora y evangelizadora del mundo no conocido. Gracias a Isabel, llegó Colón al Nuevo Mundo con el único objetivo de dar a conocer a los indígenas al verdadero Dios, ya que los pobrecitos, ignorantes de su existencia, estaban condenados, ante tal ausencia, por toda la eternidad. Vean, si no lo creen esa obra maestra que es Alba de América.

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Es de esperar que pronto, por fin, se ordene la supresión de series de mala uva (y también, ¿por qué no?, de películas guarras e inmorales como las realizadas por Almodóvar y gente de esa ralea), mentirosas con las que nos han inculcado tanta cizaña en los años que hemos tenido que padecer la peste sociata.

Así que ya lo saben, no más series como La república, La señora, Amar en tiempos revueltos, Gran reserva, Cuéntame... Series que, en general, ideológicamente eran basura. Esas y otras tantas parejas que ponían en entredicho a los vencedores de aquella contienda a mayor gloria de España y de la Iglesia. O de la infinidad de contiendas que desde aquella bendita guerra contra el invasor napoleónico hemos tenido que librar contra los elementos subversivos hasta llegada del gran general benefactor.

Un poco de miedo nos da el saber que el director de la serie sobre la bondadosa Isabel, la Católica es Jordi Frades, encima catalán, pues ha sido el realizador de algunos capítulos de La señora y de La república. Al menos deberá ser convenientemente vigilado o sujeto a un periodo de reciclaje. Si se opone o resiste a ser reconvertido se le destierra, se vuelve a rodar lo que sea necesario para que la serie sea un ejemplo a seguir y si te he visto no me acuerdo. Para lograr la grandeza de tan insigne serie, bastará con acudir a los maravillosos realizadores que vienen ofreciendo didácticos programas en cadenas como Tele Madrid o Canal Nou. Pronto también buenos directores, gente de saber, de alcurnia, agradecida, aparecerán en la recién reconquistada televisión de Castilla La Mancha. ¡Qué maravilla!

Si Amar en tiempos revueltos o Cuentáme siguen en antena cuando, si como se prevé, España sea pintada totalmente de azul, se readaptarán sus guiones para que, al fin, el televidente conozca la verdad sobre los años gloriosos vividos en una España lanzada a la construcción de un nuevo Imperio. Una época que supuso la envidia de toda la Humanidad. A través de veraces capítulos, se podrá comprender la bondad y el saber del gobierno que durante muchos años estuvo en las manos de aquel gran pacificador que fue Franco. O también, en futuros episodios, podría revisarse la gloriosa etapa regida por ese gran hombre, simpático, campechano, nada rencoroso, que es Aznar. En sus años de presidente de Gobierno, por ejemplo, se ofrecieron los mejores informativos-telediarios que jamás se han dado en una televisión pública. Es imposible olvidar a Urdaci, aquel gran presentador y director de aquellos informativos. Si en el mundo hubiera justicia se le habrían concedido honores y premios a miles.

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Puede sorprender que los telediarios actuales de La 1 hayan recibido premios por su calidad dentro y fuera de España. En realidad, la concesión de tales honores no es sino fruto de la siempre presente conjura mundial judeo-marxista-masónica que quiere atacar nuestros valores, nuestro camino divino. Ojala pronto Urdaci vuelva a ser el jefe de los informativos de las cadenas estatales. Será estupendo escuchar de su boca lindeces como aquella rectificación en la que habló de aquella cosa llamada CCOO. Ahora podría decir que el TC da el place a la LMH o a la ampliación de la LDA. Todo un clásico.

Hay quien dice que la etapa de Pilar Miró, una roja conspiradora a las órdenes de aquel presidencillo que fue Felipe González, fue la mejor de Televisión Española. Lo dirán por aquellos ciclos de películas conocidas, iniciadas con aburridas presentaciones, dedicados a directores o géneros de ideas subversivas.

De momento, ¿preparando el cambio?, TVE, aún no azul, nos ha regalado Plaza de España, serie que transcurre durante el glorioso Alzamiento Nacional y donde queda claro que, a pesar de lo que se ha dicho, fue una guerra divertida, donde los mandos militares del ejército salvador eran unos santos. Dicen que esta serie se encuentra en la línea de La vaquilla de Berlanga. No es cierto, en la película del herético Berlanga existían partes dudosas de interpretación, groseras, como era de esperar en el autor de las abominables y demagógicas Plácido y El verdugo.

Lo que hay que hacer son series o programas, en la línea de esta Plaza de España, pero más explicitas, sobre la bondad de los vencedores, su afán por no dañar a nadie, que desmonten de una vez esas tonterías sobre la Memoria Histórica. ¿Qué se pretende con eso? ¿Recordar qué? Como si hubiera que recordar algo tan claro como que los vencedores salvaron la Patria reconquistándola del mal. Los ganadores fueron los buenos. Como siempre. Faltaría más.

Esperemos, pues, que los buenos tiempos, vuelvan a renacer. Que se hagan películas como las de Cine de barrio o las que exaltan los valores patrios, recordando los años de gloria imperial o nuestro envidiado tipismo. Películas del estilo de Jeromín, Locura de Amor, Alba de América, Reina Santa, Currito de la Cruz, Agustina de Aragón, Botón de ancla o de otras denunciadoras de las alianzas de los marxistas, judíos y masones para destruir nuestra raza y que pueden ir desde Cerca del cielo a Lo que nunca muere.

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Nada de títulos como La prima Angélica, El pisito, Surcos, Nueve cartas a Berta, Calle Mayor, El verdugo, Todo sobre mi madre, El espíritu de la colmena, El extraño viaje o similares. Bienvenidas sean películas con niños cantores o en busca de reclutas, las de entrañables paletos al estilo Landa o las de sacerdotes en pos de su misterio divino, como aquella inolvidable Molokay. Y por supuesto volver aquel emocionante, sacrosanto y hermoso noticiario cinematográfico denominado NO-DO, que casi siempre era mejor que la película que se proyectaba a continuación.

Habrá que tener cuidado con los festivales de cine que tienen lugar en nuestro territorio, de forma que se elimine o censure el que no sea afín a la causa. Se deberán primar los festivales de altura con denominaciones claras de origen. Tal es el caso del emblemático festival Mostra de Valencia, que, de forma hábil y certera ha pasado de ser Mostra del Mediterráneo a Certamen Internacional de Acción y Aventura. Eso es un cambio productivo. Un festival que además sigue mostrando al resto cómo ser grande y competitivo. Ya ven, su director, el autor de tal cambio, en otro ejemplo a seguir, sólo se dedicará unos meses al certamen. El resto tendrá un cargo en Málaga. Algo que redundará en la calidad, y en la economía del festival, ya que es el primero en España, y probablemente en el mundo entero, que contará con una especie de director artístico. Ese es el cargo, así llamado o algo parecido, que corresponderá desde ahora al doblemente empleado profesional.

Ejemplar, pues, la actuación del azul ayuntamiento valenciano en lo que se refiere a su mandato sobre la Mostra valenciana, como también lo es la posible supresión de la semana negra de Gijón, promovida por la bandera azul de aquella localidad. Una semana donde se reunían subversivos escritores de tal género negro empeñado en escarbar en cosas tan falsas como corruptelas o intrigas políticas. Formas ocultas para atacar a las fuerzas de orden, a la religión y a la sacrosanta justicia que siempre, como se sabe, protege a la gente de buena cuna. Si no lo creen den un repaso a los escritores de tal serie. La mayoría de ellos fueron y son unos rojos declarados. Como van a ser blancas las novelas que escribieron o escriben, o las numerosas películas basadas en ellas. Nada de semanas sobre novelas o películas policíacas dedicadas a la serie negra o al giallo (amarillo), dominadas estas por el sexo, la anormalidad y el horror más sucio. Bienvenidas sean semanas sobre novelas de azul celeste.

Desde muy pronto, esperamos, habrá mucho (más aún) deporte en las televisiones y en los periódicos. Sobre todo, claro, habrá fútbol. También multitud de programas televisivos de prensa rosa, debate sobre famosos u otros tan educativos y representativos como lo es hoy Supervivientes, mucho más importante que cualquier propuesta ideológica o reunión política. Así, eficazmente, lo ha dejado muy claro una concejala azul de un ayuntamiento de un municipio valenciano (como es natural). Como debe ser abandonó un pleno municipal para poder coger a tiempo el transporte que la llevase a Madrid para asistir a tal programa. El que fuera vista en la tele seguro que le ha dado más notoriedad (y respeto) en su localidad que defendiendo cualquier propuesta vecinal demasiado interesada.

Ante todas las maravillas que se nos avecinan ¿a quién le va a importar esa nadería que se denomina la política? Lo importante es vivir bien, lo otro no. Y no se crean que detrás de tal esplendor llegará el diluvio. Nada de eso, aunque algunos malos españoles desvaríen en sus escritos de afán agorero. Un tal Javier Cercas, autor, entre otras endiabladas obras, de la nefasta Soldados de Salamina se ha permitido escribir en uno de los semanarios del malévolo diario El país lo siguiente: “(…) Y, como ha escrito Ramoneda citando a Polanyl, cuando el poder económico se impone al político —cuando las agencias de calificación no electas se imponen a los Gobiernos electos, por ejemplo—el fascismo acaba llamando a la puerta (…)”. El tal Cercas es, sin duda, de la cáscara amarga. No sabe lo que es lo bueno. Él se lo pierde.

Algunas lenguas afirman que en 2012, o sea, cuando todo esté cubierto de azul, se acabará el mundo. Si tal cosa ocurre el culpable será sin duda ZP. Y si nada ocurre también será culpa suya. Faltaría más.

Escribe Adolfo Bellido López

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