Editorial mayo 2011

  29 Mayo 2011

Viejos y nuevos tiempos

la_piel_que_habito-1Prólogo

Se dice que es mejor lo bueno conocido que lo malo por conocer. Curiosamente una película de Hitchcock cuyo título original era Ricos y extraños se llamó en España, Lo mejor es lo malo conocido.

Cuestiones que muestran, en el fondo o en la superficie, pensamientos inmovilistas o como mínimo de nostalgia desde un claro sentido de comodidad o de rendición. Planteamientos viejos para los tiempos que siempre deben ser nuevos.

Desarrollo

En este mayo se han cumplido los cincuenta años del único primer premio, la Palma de Oro, que recibiera España en el Festival de Cine de Cannes. Quien lo obtuvo fue Buñuel con esa inmensa obra llamada Viridiana. En Cannes también el cine español recibió (otras veces) algunos otros premios, como el de interpretación que se otorgó a los actores de Los santos inocentes.

A la concesión de aquel premio a Viridiana siguieron toda una serie de ceses ministeriales, debido a que el filme, blasfemo según el periódico vaticano, había representado a la muy católica España. El escándalo, por la presentación en tal marco, de aquella obra maestra, llevó a los arcaicos dirigentes de este país a plantearse si la película debía ser destruida. Para evitar males mayores, y con cierto recochineo, el filme fue el último proyectado en la sección oficial. El asunto se cerró en falso. La verdad, y la maestría siempre se imponen a la intransigencia de esos meapilas y dictadores, que tanto abundaban y, aún hoy siguen ahí, a nuestro alrededor.

Nada menos que, entonces, se decidió prohibir a los españolitos que la viéramos, al tiempo que se dictó (¿por decreto?) que la película era mexicana (México bajo mínimos entraba en la producción). Hoy ya es española de pleno derecho y los españoles podemos disfrutar de ese y de otros filmes. Como de La naranja mecánica de Kubrick, que ha cumplido cuarenta años. En aquel entonces, la censura impidió que la viéramos acá. Aquellos inquisidores sí podían ver esa y las otras que prohibían: trataban de evitar que fuéramos contaminados por cualquier arte, pensamiento o ideología que nos hiciera más críticos conduciéndonos hacia una anhelada libertad.

Hoy día, por fortuna, podemos ver, escuchar, debatir y reunirnos sin que nadie lo impida. Nos rodean generaciones que ya nacieron en libertad. Sabe, por eso, que esa no es una fruta prohibida sino necesaria y lucharan aquí o allá para no perderla.

viridiana

Pero ahora Cannes no sólo no nos premia, sino que además parece que últimamente en su festival, salvo Almodóvar, ningún otro realizador español tiene cabida. El director de Hable con ella, admirado en Francia, tampoco pudo este año, en el que se cumplían esos cincuenta años del gran premio concedido a Buñuel, recibir el primer premio, y eso que La piel que habito, toma como referencia, y no en vano, el maravilloso filme francés Ojos sin rostro de George Franju (1).

Diversas publicaciones nos recuerdan siempre los soberbios títulos que se rodaron en aniversarios de esos denominados claves. A los títulos citados más arriba habrá que añadir Desayuno con diamantes de Blake Edwards, que también cumple cincuenta años. También a muchos, muchos más soberbios que se rodaron en aquel año.

Muy cercana a esa fecha se produjo también la gran eclosión del joven cine español de comienzos de los sesenta. Gran reserva la de aquellos tiempos. ¿Mejor que la de ahora? ¿Los tiempos pasados fueron mejores?

Simplemente fueron, nada más. El pensar que eran maravillosos se debe casi siempre a que añoramos el pasado: supone, para nuestras vidas, un tiempo que se marchó, y como tal le damos un sentido mágico. Sí, decimos, en el pasado todo era mejor: los jóvenes más respetuosos, el público veía las películas en gran silencio, el alumnado más estudioso, la gente más digna y culta. Oigan si no a los profesores ya con años de docencia cómo lo demuestran de forma acalorada. Para ellos los actuales son horribles escolares (independientemente del nivel que estudien) a los que tienen que soportar. Nada comparable a los angelicales estudiantes de hace años. Naranjas de la China.

desayuno_diamantes

No es así. Ni los espectadores, en general, en el ayer se comportaban bien viendo películas. Ni la gente era más educada ni culta, y, por supuesto, carente de libertad. El profesorado actual, por citar un ejemplo muy extendido, olvida que asevera lo mismo que escuchó decir al profesorado antiguo cuando llegó al centro (ese u otro) en el que imparte hoy docencia.

No es cierto que ayer las cosas eran mejor que hoy, porque ayer eran, dirían los de entonces, peor que anteayer y así hasta… Esa es una de las grandes lecciones que depara esa película que para mí, no para otros compañeros de nuestra querida Encadenados, me parece grande, hermosa: el mágico homenaje rendido a una ciudad que es Medianoche en París de Woody Allen. El tiempo, el dichoso tiempo, pondrá el filme en el lugar que le corresponda.

Una película que no es Vicky Cristina Barcelona, pésimo canto de amor (parece lo contrario) a una ciudad. El último filme de Allen, disparatado, libre y sustancioso explica y se expresa desde su aparente liviandad. Quizá, para algunos ese sea su error: no abruma, no parece la obra de un erudito pensador. Es un liviano y sorprendente cuento mágico sobre el amor, el arte, el tiempo: lo que fue y lo que suponemos fueron los otros.

Para pensadores, habrá que citar a otros, a aquéllos que se enfrentan a inútiles libros tan absurdos, al igual que los abundantes de autoayuda que nos invaden, que pontifican (haciendo, claro, referencia al cine) sobre las 100 mejores comedias, westerns, thrillers, musicales, dramas… que el cine, de todos los tiempos, nos ha dado. Purita ingenuidad. Esos cien títulos, son cien y cien y cientos más. Aparte que el copilador, se supone, sólo habrá tenido en cuenta los filmes que ha visto. Y que no son todos los que en el mundo se han realizado. Para tan labor espulgadora soberbiamente nos elevamos por encima del bien y del mal adoptando el papel del ojo que todo lo ve y escucha. Pequeños dioses dictadores de justicias inquisitoriales. Éste al cielo, aquél al infierno. Es lo que se decide.

Algo parecido sería esa broma consistente en votar las diez o las tantas mejores películas de la historia del cine. Lo cuál sólo será válido para mostrar lo inteligente, sabios y omniscientes que somos. En realidad sobraría, como diversión, con votar cada año las mejores entre aquéllas que se han estrenado en la ciudad que vivimos, aunque, lógicamente sólo entren en (nuestro) juego las que tuvimos ocasión de ver.

Midnight_in_Paris

De igual forma, hay que preguntarse sobre el (absurdo) afán de editar enciclopedias que anuncian algo así como pasen y descubran todo sobre el cine de aquí o sobre el de allá. Por muy versados que sean los participantes resulta ingenuo, en cuanto (es válido para cualquier otro tipo de publicación afín, pero de otras temáticas) se hace referencia a lo que se sabe hasta ese momento (en el tiempo) de la materia. En una época, como la actual, este tipo de publicación (con los errores, y supresiones conscientes o inconscientes) resulta inútil pues ahora mismo se están realizando nuevas películas, se editan nuevas revistas, aparecen más realizadores, profesionales del medio, ensayistas, críticos.

Cualquier tipo de publicación en papel tipo diccionario está obsoleta desde el mismo momento en que se publica. No les cuento, si además una que sale a la venta hoy, tiene el año 2008 como fecha de cierre. El tiempo corre, no se puede parar, aunque algunos parecen desear lo contrario. Ahí tienen como ejemplo de lo anterior un Diccionario del Cine Iberoamericano, que incluye España, Portugal y América. Nada menos que consta de diez volúmenes al módico precio de 950 euros (gastos de envío aparte). Eso sí, editado por todo lo alto (a todo color) con más de 5.000 ilustraciones (3). Los diez volúmenes (encuadernación cosida con hilo con tapa dura en tela estampada a dos colores) se dividen en ocho biográficos y temáticos y dos dedicados al análisis de mil películas. Han leído bien mil seleccionadas entre las miles y miles realizadas en más de cien años de cinematografía.

No dudamos de la singularidad y rigor de las entradas que se encuentran en esa obra realizada por eruditos especialistas (4), pero sí de su fecha de caducidad. Tamañas y descomunales empresas si se editan en papel deben tener continuos apéndices para ponerlas al día. En caso contrario nacen ya viejas. Y aún así.

Lo mejor, en este tipo de obras, sería realizarlas a través de una web: una base de datos, ampliada con comentarios, referencias, que diariamente van engrandeciéndose. O sea, un diccionario, de cine, de aquí o de allá intemporal. Y revisable en aquel momento como forma de poder corregir los errores que existen, pues siempre existirán por mucho cuidado que se ponga. ¿Qué ya existen bases de datos en Internet? Lo sabemos, el problema de muchas de ellas (IMDB entre otras) es que atesoran datos (y varios erróneos) pero que no se lleva a cabo ninguna labor crítica, de análisis. No basta con quedarse tan sólo en listados, en fechas hay que ir más lejos.

diccionario-cine-iberoamericano

Epílogo

El próximo año se cumplen los cincuenta años de la realización de una de las obras maestras, una más, de Hitchcock, Los pájaros. El gran director anunciaba (aunque fuera, y no tan sólo, desde referencias mentales) una especie de Apocalipsis provocado por la invasión de cientos de pájaros agresivos. Un ejemplo, las gaviotas, animales depredadores por excelencia, que atacaban a los habitantes de Bahía Bodega.

Tomaremos buena nota, con el fin de estar atentos y evitar, que las miles y miles de gaviotas que sobrevuelan a nuestro alrededor, interfieran en nuestras vidas, en nuestra libertad.

Escribe Adolfo Bellido López

los_pajaros

NOTAS

(1) A muchos críticos de acá se les atragantó tal título, que por cierto ha sido no hace mucho editado en DVD, hasta el punto que le nombraron con una serie de curiosas variantes. Ignorancia, claro, sana. ¡Qué mundo!

(2) Hoy comen palomitas. Ayer comían pipas. Hoy dentro del cine puedes comprar esas palomitas y refrescos. Ayer había bares en los cines y en los descansos se vendían chucherías, bombones, helados… dentro de la sala.

(3) Muchas de ellas inéditas, asegura la publicidad de tan magna obra. Es lo menos que se puede esperar de una obra editada por el SGAE. Debe dar ejemplo. Con todo desearíamos que ese organismo de autores utilizara sus ganancias para empresas más productivas.

(4) Se supone que han sido bien remunerados, pero si quieren tener la obra deben pagarla. Eso sí, se les descuenta de un tanto por ciento sobre el precio de coste. Todo un gesto.

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