Editorial enero 2011

  18 Enero 2011

Dejad paso al mañana

Poesía, de Lee Chang-dongDiversos comentarios siguieron al editorial de diciembre de 2010. Allí escribí sobre el papel, a veces inútil y absurdo, de la crítica en general y de la de cine en particular. Pues bien no todos han cogido aquellas palabras como lo que eran: una reflexión.

El caos impera en el entorno (y no solamente) del cine. Hoy surgen alabanzas excesivas sobre determinados filmes, se descubren a diario nuevas obras maestras, al tiempo que se procede a descalificar absolutamente, sin ton ni son, aquellas películas que no gustan: el ejercicio crítico se produce desde la subjetividad no desde la objetividad, sobre todo cuando el crítico se enfrenta a filmes complejos y difíciles.

El lenguaje televisivo —tan rápido como simple, ya que construye imágenes elementales de fácil entendimiento— tiene buena culpa de tal falta de rigor. Sálvense de ello series admirables y elevadas, no todas ellas con razón, a la categoría de buenas e innovadoras.

Los críticos y la crítica

Malos tiempos críticos serían hoy, sin duda, para Tarkovski, Resnais, las obras más innovadoras de Rossellini (caso de Te querré siempre) o de Cassavetes. Como tampoco serían admitidos, en general, Bergman, Fellini o Antonioni. ¿Qué diría hoy gran parte de la crítica comodona respecto a El espíritu de la colmena o El sol del membrillo, ambas de Erice?

Sólo hace falta dar un paseo por publicaciones de cualquier tipo y forma: leves comentarios radiofónicos o televisivos, pequeñas críticas de los periódicos que en algunos casos no son más que simples cotilleos, alabanzas obligadas o compensatorias, sapos y culebras, enfados infantiles. En cualquier medio se encuentran inútiles comentarios huecos sin que estén libres de culpa las publicaciones especializadas serias y menos serias ya sean en papel o en formato digital. Sálvese quien pueda porque los errores afectan a todos, incluso, faltaría más, a nosotros mismos, al estar empeñados en escribir las impresiones, los (falsos) análisis desde una rápida inmediatez en vez de hacerlo desde un análisis sosegado, tratando de conseguir un estudio que pueda servir a los interesados.

Lo que se ve en una pantalla no es siempre lo que existe o es: lo que se ve no es más que la ventana hacia el mundo que hay detrás, que se precisa descubrir para darlo a conocer, desde una coherente interpretación, a los demás.

Film socialisme, de Jean Luc GodardEl cine no es la realidad, es la creación de una nueva realidad centrada en un pequeño espacio representativo; fuera de él, el resto no existe como tal. Lo que se nos ofrece es lo representado: es el mundo de la representación, de la creación sujeta a las leyes de un hacedor-director, que crea-organiza cosas en el rodaje para luego ordenarlas en la mesa de montaje para darles un sentido.

Nada de eso parece preocupar al crítico. Lo único que parece importarte es el escribir por escribir: hoy es fácil hacerlo. ¿Por qué creen que las novelas actuales suelen ser unos mamotretos inacabables? Simplemente por la facilidad que supone sentarse delante de la pantalla del ordenador y llenar una ventana tras otra. Facilidad para escribir, para corregir, pero no para reflexionar.

¿Cómo es posible que alguien que hace crítica, pueda decir refiriéndose a esa gran obra de Corea del Sur llamada Poesía, que en ella hay dos películas o, lo que es peor, decir que “se trata de un filme que será tachado, sin duda, de entrañable, emotivo, intimista y sensible. En suma, de poético, tal y como se entiende convencionalmente el término. Aunque las tretas dramáticas y sociológicas que Lee emplea para conjugar esa lírica obsequiosa de figura noble y crepuscular con desolado paisaje contemporáneo al fondo, sean tan burdas que podrían deberse a Antonio Mercero o Clint Eastwood”?   

Ya me dirán qué tiene que ver el cine de Mercero con el de Eastwood y mucho menos con el de Lee. Apreciaciones falsamente inteligentes.  

Y no digamos de los ataques, aquí y allá, que se realizan contra Godard, el francotirador por excelencia que tiene el cine, el que va por delante del lenguaje cinematográfico, innovador por excelencia con el que ni siquiera puede la edad (tiene 80 años). Lean lo que algunos piensan sobre su última obra (¿por cuánto tiempo?) Film socialisme: el discurso godardiano parece estancado en sí mismo, y en la construcción de su nueva obra sólo se aprecia un patético embelesamiento conceptual. El senil Godard parece enamorado de sus imágenes y discurso, y sin la menor capacidad para construir una mínima tesis, que sostenga su trabajo, se limita a escupir ideas y citas sin concretar nada en absoluto. El problema es que su sermón y su forma de ilustrarlo cada vez resultan más caprichosos y necios”.

Como he dicho en alguna otra ocasión, lo mejor de todo lo dicho con anterioridad, es que esas grandes obras, de directores perseguidos por la ira de ciertos críticos inquisidores, no pasarán, seguirán siempre presentes en la historia del cine, mientras que esos escritos, comentarios críticos, del hoy serán olvidados y si no lo son serán utilizados por historiadores como forma de explicar cierta ceguera de la crítica de un momento. De la que nadie, recalco, en mayor o menor medida nos libramos

Nuevos cines

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadasHay quien, al repasar los estrenos del año 2010, desgranará la misma cantinela del año anterior y del anterior, de un decenio o del otro: “qué bueno era el cine de ayer y qué malo es el que se hace, vemos o nos llega hoy”. Ni una cosa, ni otra. En cada tiempo ha habido un cine bueno y un cine malo, probablemente lo que ocurre ahora es que, entre las películas que se hacen, falta ese nivel, digamos, medio que antes había. Entre otras cosas porque la producción ha disminuido, pero si repasamos algunos de los títulos estrenados este año nos daremos cuenta de la calidad de muchos de los filmes estrenados.

No sólo deberemos tener en cuenta, sino también percibir el avance, las novedades que ciertas películas nos ofrecen a la hora de buscar/plantear, nuevas formas de expresión artística. Los modelos antiguos no sirven, hay que ir hacia delante, hay que tener en cuenta las diferentes propuestas audiovisuales que son capaces de interaccionar en un filme. No se tratará de contar simplemente una historia normalizada desde el lenguaje fílmico sino de aunar los medios, las formas de expresión que van desde una video instalación hasta las tomas que cualquiera puede llevar a cabo con un simple teléfono móvil o, incluso, apropiándose tanto de imágenes ya creadas como de propuestas lanzadas por otros medios.

En ese sentido, obras como Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas como Film socialisme son dos películas que son más que el cine: ensayos y reflexiones sobre la llegada de la muerte (la primera) o sobre la globalización-socialización (la segunda) del mundo apresurado y vomitivo que nos toca vivir. Películas difíciles, claro, porque no se pliegan al lenguaje tradicional, sino que buscar ir más allá en una andadura sin vuelta atrás. Ni una, ni otra se cierran en sí mismas. Más bien hablan, en un caminar si fin, sobre la existencia humana. Las vidas pasadas de Boomne no son más que reflexiones sobre lo vivido en esta existencia, no en otras, como el viaje donde nunca se encuentra el fin ya que no es más que un nuevo comienzo, en el título de Godard, supone un bombardeo de imágenes de acá y de allá. Una y otra identifican la multiplicidad de las referencias socio-culturales del mundo en que vivimos a la identidad de una historia.

Ambas películas son difíciles desde su planteamiento novedoso, al buscar nuevas formas expresivas, como también lo son dentro de un cine no comercial títulos como la ya señalada Poesía, interiorización de la búsqueda de un mundo que se superpone a la realidad angustiosa de la existencia. El olvido como antídoto contra la incomprensión, el egoísmo, la negrura de la lucha diaria.

La cinta blanca, de Michael HanekeEn esta serie de obras destacables y distintas, este año también hemos contado con las nuevas aportaciones de Haneke (La cinta blanca) o Kiarostami (Copia certificada). La primera es una llamada de atención desde el hoy al mundo del ayer. Piensen, reflexionen y comparen, parece decir Haneke a los espectadores, en su búsqueda sobre los orígenes del nazismo; la segunda, una reflexión sobre el mundo de los sentimientos y también sobre el valor (o sin valor) de la copia enfrentada al original, auque en definitiva acabemos por preguntarnos si existe realmente algo original.

En tierra de nadie podríamos incluir un título también distinto, y que como el de Haneke mira al pasado para preguntarse sobre el presente. Se trata de un filme que no han visto muchos espectadores, un notable título de uno de los pocos importantes directores italianos que comenzaron a hacer un cine distinto y combativo en los años sesenta, y que aún sigue en activo. Se trata de Marco Bellocchio con su Vincere.

Más clásicos en estructura pueden ser títulos como La red social, Toy Story 3, Un profeta o El escritor, pero cada uno a su manera trata de buscar unas nuevas formas narrativas inspiradas sin duda en otras ya existentes. El puzzle que nos ofrece Fincher para reflexionar sobre el fracaso y el éxito, la traición y el recuerdo es ejemplar; como también lo es el nuevo filme de animación de Pixar, que es mucho más que un simple título para niños. No sé si llega a la altura de Wall·E, pero poco le falta. Un profeta es una metáfora, reminiscencias de clásicos filmes carcelarios, sobre un mundo cambiante; mientras que El escritor se presenta fiel al cine de Polanski al presentar a un personaje que parece ser el referente del propio realizador, y que termina por ser devorado por su existencia en un juego de transposición de papeles. El final de esta película es por derecho propio uno de los mejores finales del último cine: el asesinato del protagonista fuera de campo da la muerte no vista de alguien que no ha existido.

No son los únicos títulos destacados del año, son sólo unos pocos entre otros muchos. Podía hablarse también de Kick ass, nueva vuelta de tuerca de su director al cine más clásico de aventuras o tipificado (caso de Stardust) para proceder a invertir los términos. Cuanta además con una presencia destacable como es la niña protagonista (Chloë Moretz) todo un hallazgo como se demostrará posteriormente en el remake de Déjame entrar, que, logros aparte de esa copia, debe saludarse como la vuelta a la producción de la celebre Hammer inglesa.

O citar esa película extraña y buñuelesca que es Canino. También citar algunos títulos españoles (para nada la forzada y repetitiva Balada triste de trompeta), como la interesante, pero incompleta, La mujer sin piano, la demasiado forzada Buried o la incómoda La mosquitera. 

La red social, de David FincherSi hablamos de listas de las mejores películas del año nos encontramos que varias revista (sobre todo Cahiers du cinema, tanto en sus versión original como española) han concedido tal honor a Uncle Boonme. Otras, como nosotros, han considerado La red social como la mejor.

Alguna propuesta risible es la de los Globos de oro (la prensa extranjera americana) haciendo partícipe de tres nominaciones a The tourist, entre ellas la correspondiente al título que opta a la mejor comedia del año. En todas partes…

No creemos que entre las novedades de este año se deban citar títulos venidos del pasado, eso sí muy notables (pero ya lejanos) como pueden ser I’m not there, la curiosa y original biografía de Bob Dylan; o el estupendo filme de animación que es Nausicaä…. Al menos, eso debe reconocerse de forma muy positiva, esos y algún otro título de años pasados, han sido recuperados.

La disparidad de opiniones se centró en otros títulos, como la desequilibrada y exagerada Biutiful, o esos dos intentos de películas sobre el mundo de la mente, tan parecidas entre si desde la historia que narran (superar un estado de culpa) como son Origen y Shutter Island.

Quedan muchos otros títulos en el recuerdo, imágenes para almacenar.

Para terminar quería referirme a una película que pasó como una exhalación por los cines. Algo que no merecía porque es uno de los más interesantes de los hermanos Coen. Me refiero a Un tipo serio.

Detrás del cierre cinematográfico de este año, se esconde pues una búsqueda por lo novedoso, por hacer un cine que decide escapar de los estereotipos, de los tópicos, de la técnica cerrada, en un intento de ir llegando cada vez más y más lejos….

A nuevo cine, nueva crítica

La mosquiteraUn cine nuevo, que se introduce en nuevas formas expresivas, que trata de abrirse, conseguir un nuevo lenguaje, perfeccionar el existente, tener en cuenta las nuevas tecnologías y la facilidad de acceder a ellas para emitir mensajes, expresar estados de ánimo, debe contar con una nueva forma de analizar, de criticar lo filmes.

Hoy día hay, por aquí y por allá, diversas escuelas dedicadas no sólo a enseñar a escribir en imágenes, también pretenden enseñar a analizar, desde modelos preestablecidos, un filme. Es loable, por supuesto, la existencia de estos centros, que cuentan además con webs o blogs de cine que, unidos a esas escuelas, dan cancha al alumnado para que pueda baquetearse en el mundo del comentario crítico. El problema consiste en si esos estudios aplican métodos clásicos de análisis como forma de enfrentarse a tal proceso crítico, olvidando así la libertad de presentar propuestas críticas. Nada, pues, de  metodologías obsoletas, de parcializar esos estudios al no conocer y reconocer en ellos a autores, géneros y películas que fueron, y son, emblemáticos a pesar de ser poco conocidos.

¿Cómo juzgar el cine de hoy si se desconoce el de ayer? Pregunten por ejemplo a las nuevas generaciones críticas por directores como, por ejemplo, Max Ophüls, y comprenderán lo que queremos decir.

Nuevas películas, nuevas formas de afrontar su estudio, de estar abiertos a novedosas formas de expresión. No encerrarse en el clasicismo de una técnica tipificada y topificada. Demos paso a ese mañana, aquí y ahora, nuevo, original, distinto, libre. Abiertos a ello para ir más allá, mucho más allá que para quedarnos en un cine de terror lanzado, por ejemplo, vía Sitges u otros festivales semejantes, que para algunos, mal llamados críticos de cine, son los únicos que existen. Los llenos que en esos festivales se producen son un claro ejemplo de ese falso asentamiento de bondades cinéfilas.

Si se admira a un director japonés, Kioshi Kurosawa, especializado en cine de terror, también se debe saber (y conocer su cine) que existe otro director anterior, que para nada tiene que ver con éste, apellidado también Kurosawa, que un día nos habló en su impresionante Rashomon sobre la dificultad de encontrar la verdad o de ser veraces. Ese conocimiento, complejo, debería conducir nuestros pasos.

Escribe Adolfo Bellido López

El escritor, de Roman Polanski