Editorial abril 2018

  30 Abril 2018

Cuatro hombres buenos

edi-takahataEran tres.

Es uno.

Eran tres porque ya no están con nosotros: han decidido irse en busca de un castillo en el cielo (1), donde poder seguir realizando eternamente cine.

Es uno, pues, afortunadamente, aún no se ha sido absorbido por el Silencio (2).

Los tres realizaron unas veinte películas cada uno.

El uno lleva realizadas prácticamente la suma correspondiente a los tres, es decir unas sesenta.

Curiosamente los cuatro fueron noticia en este mes de abril de 2018.

Los tres fallecieron en un muy corto espacio de tiempo (5, 13 y 15 de abril), mientras que el cuarto, a finales de abril, ha sido designado Premio Princesa de Asturias de las Artes.

Los que se han ido son, y por orden de defunción, el japonés Takahata, el checo —nacionalizado norteamericano— Milos Forman, y el italiano Vittorio Taviani.

El galardonado con el premio Princesa de Asturias de las Artes ha sido Martin Scorsese

Isao Takahata, nacido en 1935, es uno de los grandes directores del cine de animación. No suponíamos que el dibujante (junto a su gran amigo Miyazaki, con quien fundó los maravillosos estudios de animación Ghibli) que trabajaba en aquellos dibujos televisivos (los primeros japoneses que nos llegaban) de Heidi o Marco se iba a convertir en uno de los mejores realizadores de animación del cine actual.

Takahata y Miyazaki son todo un referente para todos los que aman el cine animación y para los que lo hacen. Cine el suyo con títulos tan sobresaliente como La tumba de las luciérnagas o Recuerdos del ayer. Su último filme, El cuento de la princesa Kaguya (2013), es un ejemplo de su calidad, hondura y sensibilidad enmarcada en la tradición de los cuentos orientales.

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Milos Forman, nacido en 1932 en la antigua Checoslovaquia, formó parte de los nuevos realizadores de su país (junto a Ivan Passer, Vera Chitilova…), que impulsaron una nueva manera de mirar y de hacer cine, sin duda bebida de la nouvelle vague.

Las primeras películas de Forman, en su país, son piezas modélicas de sencillez en la narración de largas escenas, en las que se dedicaba a observar los mínimos detalles de los personajes que habitaban la escena. Fueron sobre todo Pedro, el negro y Los amores de una rubia, conocidas en nuestro país en aquellos momentos (años sesenta) a través de los cineclubs.

En los años setenta pasaría a Hollywood junto a Ivan Passer. Mientras este último sería devorado por la maquinaría hollywoodense, Forman saldría airoso. Primero intentó seguir realizando el cine intimista, pleno de detalles, de observación, propio de su obra anterior. De esa manera construyó la curiosa Juventud sin esperanza (Taking off, 1971) para dedicarse posteriormente a realizar filmes grandes, en tema y presupuesto.

De ellos nacieron sus dos Oscar: Alguien voló sobre el nido del cuco (1975) y Amadeus (1984). Suyas son también Hair, Ragtime, Los fantasmas de Goya o Valmont, un filme este último inspirado en Las amistades peligrosas de Chordelos de Lacros, rodada un año antes por Stephen Frears.  La versión de Forman es de 1989, la de Frears de 1988. Al estrenarse antes eclipsó, injustamente, a la de Forman, para quien escribe más interesante (y muy distinta) a la de Frears. Lo que en Frears es un filme moral sobre el comportamiento de unas determinadas personas, realizado a base de primeros planos, en Forman se convierte en la crítica a una sociedad, desde su coralidad, rodada con tal cinismo y mala uva para terminar resultando un espléndido filme de absoluta amoralidad.

Vittorio Taviani, nacido en 1929, realizó toda su obra junto a su hermano Paolo: Cine el de ambos de gran calado social, desde una perspectiva marxista del mundo.

Ganaron varios premios en festivales: Padre padrone y La noche de San Lorenzo en Cannes, Cesar debe morir en Berlín. Entre sus obras no se puede olvidar su sentido homenaje al cine: Good morning, Babilonia.

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Por su parte, Martin Scorsese, próximo premio Princesa de Asturias de las Artes, ha ganado premios tanto por el cine que ha realizado y producido como por su contribución a resguardar el legado cinematográfico. No sólo ha conseguido restaurar obras primitivas de gran valor sino que también ha trabajado en restituir, y fijar, el color a películas que lo iban perdiendo, al tiempo que ha realizado varios documentales sobre la historia del cine.

Ganador de premios en festivales, del Oscar (después de estar nominado varias veces) otorgado en 2006 a Infiltrados, curiosamente una especie de remake de un filme realizado en Hong Kong. En su larga trayectoria como director, siempre en busca de películas grandes, y en los que ha transitado por prácticamente todos los géneros, hay de todo.

Su colaboración con Paul Schrader puso en pie obras polémicas de búsqueda de la moral desde unos planteamientos religiosos (Taxi Driver, Al límite, La última tentación de Cristo, Toro salvaje…) aunque lo religioso esté muy presente en la mayor parte de su obra (Jo, qué noche, Silencio…). Su amor al musical se referencia en New York, New York; al thriller en títulos como Uno de los nuestros, Casino, El cabo del miedo (otra de sus miradas hacia el remake). Uno de sus sentidos homenajes al cine, y a sus comienzos, fue la interesante y poco valorada La invención de Hugo.

Scorsese es el octavo cineasta que recibe el premio Príncipe/Princesa de Asturias, y el cuarto no español al que se le otorga. Iniciados estos premios en 1981, los galardones concedidos a hombres de cine han sido Berlanga (1986), Fernando Fernán Gómez (1995), Vittorio Gasman (1997), Woody Allen (2002), Almodóvar (2006), Haneke (2013) y Scorsese (2018).

Cuatro nombres, de los que hemos hablado, que honran el mundo del cine, realizadores de películas que siempre estarán para conocimiento de espectadores del hoy y del mañana. En ellos, como en otros realizadores y realizadoras, está la grandeza, el sentido, la importancia de eso que llamamos Cine. Así, con mayúsculas.

Escribe Adolfo Bellido López

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