Editorial abril 2022

  30 Abril 2022

En abril, movidas mil

abril-juan-diego-0En abril, la Diosa fortuna y la titánide Mnemósine —o Moneta, si por coherente elegancia con la mención a la divinidad preferimos articular su nombre latino— han seguido jugando con los destinos de los seres humanos.

La guerra cruel del oriente europeo está dando giros dramáticos, y los invasores no parecen contar con todos los favores de la diosa. A su vez, la carga insoportable del dolor ajeno parece querer mitigarse, y la memoria se va agotando en el recuento de los incontables crímenes que se cometen sobre aquella desolada tierra. Poco a poco, en las portadas de los periódicos, el velo del olvido va cubriendo el rastro de sangre que ha dejado esa invasión cruel.

Pero Moneta posee innumerables recursos para jugar con la desmemoria y el recuerdo, y puede servirse de ambos para confusión y deleite de los pobres mortales. Fortuna, a su vez, tiene una habilidad especial para trocar lo claro en oscuro y lo alto en lo bajo. Veamos algunos ejemplos de actualidad.

Han salido a la luz los actos nefandos de un pasado reciente: estirpe degenerada del Lazarillo y del Buscón, enriquecidos tras siglos de tropelías de sus antepasados, Luis Medina y Alberto Luceño decidieron hacer negocio durante la pandemia especulando con mascarillas cuyo valor hizo incrementar enormemente su precio. Carentes de escrúpulos, amasaron fortunas a costa de jugar con la vida y la muerte de las personas. Ahora sus tropelías se encuentran sub iudice, y los bienes adquiridos en su época de anónimo enriquecimiento han sido confiscados hasta nueva orden.

En otro ámbito más prosaico, pero no menos dado a los pelotazos, el empresario y futbolista en sus ratos libres Gerard Piqué y el presidente de la RFEF Luis Rubiales conspiraron para celebrar la Supercopa de fútbol de España en un país cuya dictadura ejecuta penas de muerte, tortura y descuartiza a disidentes y menosprecia totalmente a las mujeres. Todo esto pasó a ser invisible a sus ojos a cambio de tajadas y comisiones. Dicho así suena muy fuerte, pero es que fue así.

No parece que haya nada que el dinero no pueda lavar. Ni siquiera la conciencia de algunas personas... si acaso la tuvieran.

Así que el soslayado recuerdo de la corrupción en España está siempre presto a salir a flote en cuanto se disipan las nieblas de la peste y la guerra. Porque Moneta no dejará de señalar quién es quién en cada Kairós, o momento propicio, y Fortuna es voluble y convenenciera, y no se guía por simpatías eternas.

Aquí es donde entra en juego otra diosa —Temis o Justicia—, que necesita de tiempo y de una profusa recopilación de datos y pruebas con las que pueda calibrar su balanza. Fortuna y Moneta pueden ponerse de parte de ella, suministrando evidencias... pero también pueden sabotear, juguetonas, su veredicto.

Tal parece la situación en el juicio de Johnny Depp contra Amber Heard, donde ambas deidades se traen un macabro divertimento entre bambalinas.

Depp fue hace poco tiempo convicto de maltrato y reo de cancelación; tal y como se han encargado de recordarnos a lo largo del juicio y su tratamiento mediático en los más diversos ámbitos, su vida disoluta y excesiva pudo ser, en no pocas ocasiones, un buen motivo para que las productoras recelasen de su contratación. Pero cada vez parece más claro que fueron la difamación ritual y la calumnia las que lo expulsaron definitivamente del circuito dramático. Christian Carino, su antiguo representante, así lo confirmó: Disney se deshizo del Capitán Jack Sparrow porque no podía mantenerlo en nómina tras las acusaciones de su exesposa.

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Amber Heard fue considerada víctima por defecto y condición, y tuvo a bien hacer bandera de ello, obteniendo pingües beneficios como oradora en temas de violencia contra la mujer en la Agencia Harry Walker, a razón de 40.000 dólares por intervención.

La realidad del caso, sin embargo, parece ser algo más difusa, y la diosa fortuna vuelve a presentar su cara más caprichosa: a Heard se le están volviendo en contra casi todas las evidencias, y ahora es ella la que parece estar en la picota y en proceso de cancelación.

Un servidor no se atreve a pronunciarse sobre un tema tan delicado, y ni siquiera cree que sea necesario hacerlo: su opinión no vale más que como tal, y la relación que ambos mantuvieron parece lo suficientemente tóxica como para no arriesgarse a olisquear sus vapores: corremos el riesgo de quedarnos tuertos, si no ciegos, por los efluvios venenosos de sus asuntos de alcoba.

Pero sí puedo decir que las prisas y el exhibicionismo moral son enemigos de la diosa Justicia; ahora muchos partidarios de Depp —o simplemente caídos del guindo de Heard—, piden la cancelación de la joven de su papel protagónico en Aquaman. La Warner parece estar pensándoselo, porque el público es tan caprichoso como Fortuna y Moneta, y los ejecutivos cinematográficos temen un fracaso en las salas por su inasistencia.

Pero a mi parecer, ambas cancelaciones —la de Depp y la de Heard— son igualmente reprobables. La injusticia de la una no se lava con la ejecución de la otra, y el riesgo de precipitarse por una pendiente resbaladiza es patente. Quizá fuera más sensato desplazar los focos y dejarlos vivir su vida en paz.

Nuestro interés malsano hace germinar potentes intereses económicos, que a su vez parecen alimentar sus rencores personales. No hacemos ningún favor a la carrera de ambos procurando su alejamiento de las pantallas.    

Hay otros asuntos cuyo recorrido judicial está por verse, aunque ya corren prestos a cobrarse víctimas propiciatorias. El espionaje a los independentistas mediante el programa Pegasus, ha puesto en un brete a Pedro Sánchez, que debe entregar cabezas y garantizar el acceso a secretos oficiales a cambio de tibios y condicionados apoyos electorales y legislativos.

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De nuevo el asunto le queda grande a este editorialista, que no puede dejar de sorprenderse, sin embargo, con el cinismo con que los políticos espiados se escandalizan de las artes oscuras del Centro Nacional de Inteligencia.

Espiar a rivales políticos está mal, sin lugar a dudas. No seré yo quien lo justifique. Lo que me resulta extraño es ver cómo los espiados dan carta de naturaleza a una agencia de información pidiendo tener acceso a las entrañas de su organización, participando en la comisión de secretos oficiales. Del mismo modo me sorprende que gente que se empeñó en —digámoslo finamente— «reestructurar» las fronteras del Estado, se escandalice y ofenda porque el aparato encargado de velar por la integridad de esas mismas fronteras los tuviera bajo escucha.

Creo que deberían ver más películas de espionaje.

Pero en cinismo nadie puede ganar a la Rusia de Putin. Es abracadabrante el hecho de que el Kremlin se queje de que Ucrania ataque objetivos militares y logísticos dentro de sus fronteras. Como si alguien no hubiese invadido a alguien mucho antes, como diría Gila. Rusia recuerda en esto a esos matones que se encienden, pendencieros y deslenguados, contra alguien de quien dicen que les ha faltado al respeto. Un respeto que rara vez ellos profesan.

El zar Putin haría bien en recordar, como ya dije en otra ocasión, que es mortal. Él puede ser el emperador de todas las Rusias, pero Fortuna es la Imperatrix mundi.   

Hay otro afortunado dicho clásico que se ha puesto de actualidad últimamente: Los queridos por los dioses mueren jóvenes. Este mes nos ha dejado la actriz Rosa Mariscal, famosa por dar vida a la pediatra de Hospital Central, con tan solo 52 años. También Juan Diego, de quien Aitana Sánchez Gijón ha dicho que nos dejó demasiado pronto.

Es difícil aceptar que con 79 años una persona es joven. Pero sí puede decirse de un actor, si todavía es capaz de sostenerse en pie en un escenario, que se ha ido antes de tiempo.

Se dice de Molière que murió así, en plena representación, aunque no es del todo cierto: empezó a sentir la opresión mortal en su pecho sobre el escenario, pero falleció en su casa, pocas horas después, una vez acabada la función.

Mnemósine (Moneta) es caprichosa. Juega con nuestra memoria para que los recuerdos adquieran un aire poético. A veces son trágicos, a veces son cómicos, pero siempre, siempre componen un relato dramático. No podría ser de otra manera, cuando la Titánide de la memoria es la mismísima madre de todas las Musas.  

Feliz día de la madre.

Escribe Ángel Vallejo

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