Editorial octubre 2019

  28 Octubre 2019

Oleada de premios

pepa-floresFilmes promocionados para sendas finales por aquí y por allá, al igual que los que se adivinan engrosaran el listado (numeroso) de los galardones que premiarán películas en los múltiples certámenes que se están desarrollando o que, en un inmediato futuro, tendrán lugar.

En España en este tiempo crecen que es un primor. Cómo muestra: la Seminci (Valladolid), Mostra de Valencia, cine europeo (Sevilla), La cabina, de mediometrajes (Valencia), Huelva, Abycine (Albacete), Nocturna (Madrid), semana del fantástico y de terror de San Sebastián, FICK (Gijón)… y no muy lejanos se encuentran el festival internacional de San Sebastián, cine fantástico de Sitges, Alcine (Alcalá de Henares), Puçol… entre otros variados y convenientemente sazonados.

En los festivales de cortometrajes ya se sabe, las plataformas en las que se encuentran instalados, los presentan a la gran cantidad de certámenes existente a lo largo y ancho de la geografía española. Repitiendo jugada, claro, ya que es la única manera de dar salida a los centenares de cortos que se realizan cada año. Es fácil que para su selección en cualquier certamen se cuente con casi un millar de cortos, entre los que hay que elegir unos cuantos, que no suelen pasar de los 20 o 25, para que sean vistos por los correspondientes jurados.

Premios y premios que luego ostentarán el galardón a la hora de publicitarlos, y en sus créditos, con el fin de proceder a obtener de entrada el beneplácito de los espectadores. A eso, a veces, se suele unir —lo que es no es demasiado mérito— el de haber sido seleccionado o nominado. Siempre es algo referido fundamentalmente a los largometrajes porque, aunque los cortos también saquen pecho por ello, su distribución, salvo alguna excepción, es inexistente en las salas comerciales, lo que impide el ser conocido y reconocido por el aficionado al cine.

Los premios, en casi todos los lugares, son abundantes (me refiero fundamentalmente a los certámenes de largometrajes) por una razón: hay que quedar bien con la gran mayoría de los filmes (y países) presentes. Lean un acta del jurado y verán la cantidad de premios oficiales que se conceden. Y luego añadan los no oficiales.

Algún festival —personalmente sólo sé que Cannes utiliza este extraño procedimiento— ha decidido dar sólo un premio por película. Estupendo procedimiento para evitar que un filme acapare varios premios con lo que la lista de premiados se multiplica. Una excelente idea para quedar bien con la mayor parte de los filmes presentados. ¿Se imaginan que, por ejemplo, los Oscar optarán por acoger esa idea?

Festivales y premios, películas que inician su carrera para optar a los galardones nacionales (Oscar, Goya, Cesar, David de Donatello, Bafta…). Por ello, por unas cosas y otras, los meses de septiembre, octubre y noviembre suelen ser generosos en cuanto a la programación que ofrecen.

Y este mes, sobre todo, está siendo especialmente rico en cuanto a proyecciones. Nada menos que en la cartelera actual compiten Joker (primer premio en el festival de cine de Venecia 2019), Parásitos (primer premio en el festival de cine de Cannes 2019), Lo que arde (premio del jurado en las sección Un certain regard del festival de Cannes 2019), Retrato de una mujer en llamas (mejor guión en el festival de Cannes 2019), junto al nuevo título (ha rodado otro filme este verano en San Sebastián) de Woody Allen, Día de Lluvia en Nueva York.

Se trata en general de títulos de interés, todos ellos, unos de mayor calidad que otros. Woody Allen por sus (no demostrados) problemas como acosador (o mejor dicho, los que pretende su vengativa ex, Mia Farrow), problemas de los que, en varias ocasiones, ha sido declarado inocente por los tribunales, vio cómo, ante la presión del grupo —a veces demasiado radicalizado— «Me Too» en América, su filme era condenado por la productora (la todopoderosa Amazon) impidiendo no sólo su exhibición sino también dar vía libre al contrato que tenían con Allen para realizar más títulos en los próximos años.

Naturalmente, Woody ha demandado a Amazon y, ante la negativa para rodar otra película, por el momento en Estados Unidos, buscó otro tipo de financiación, lo que le ha llevado a que sea en España donde ha podido realizar un nuevo film que veremos el año que viene.

Día de lluvia en Nieva York no es su mejor filme pero tampoco es de los peores. Una pequeña y simpática obra con algunos personajes memorables (la novia del protagonista) y una serie de brillantes actuaciones con Nueva York como fondo. Una película suave, fresca, vaporosa, cuya conclusión, en una mezcla de realidad e imaginación, conduce al propio mundo del cine y la posibilidad, o no, de cumplir los posibles o imposibles finales felices impuestos por la industria del cine.

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De todas los títulos señalados anteriormente el mejor, más radical —con permiso a la radicalidad a toda costa que desea imponer Joker— es Parásitos en la que su director, el coreano Bong John-ho —autor de buenas películas entre las que destaca Crónica de un asesino en serie—, con una buenas dosis de humor negro y desde la observación de dos familias (en algunos momentos puede llevarnos a recordar al Kore-eda de Un asunto de familia) procede a plantear un filme sobre las diferencias de clases sociales y conseguir un rabioso filme ¿social?

En cierta manera, también es radical, en una especie de lucha de los desarraigados, de los payasos contra la sociedad de la opulencia, Joker del hasta ahora poco destacable realizador Todd Phillips (Resacón en las Vegas). Discutible y contradictoria, Joker parece inspirarse en varios títulos, como son Taxi Driver, El rey de la comedia y V de Vendetta.

Su problema estriba en el carácter anormal del personaje principal como forma de dar sentido a su lucha contra las clases dominadoras. Demasiado socorrido el presentar al payaso, considerado así por la sociedad biempensante, en un enfermo mental (1).

Por otra parte, el filme, muy libre en ese aspecto, no matiza con exactitud la diferencia entre lo que su mente distorsionada presenta: lo imaginario (la falsa historia de amor con la bella vecina de color, acaso el asesinato de su madre) y lo real. Mucho menos el convertirle en un mesías de un movimiento agitador y revolucionario contra el orden establecido, hasta el punto de llegar, las imágenes, a presentarle como Cristo (escena en que es sacado del coche, después del accidente, por los muchos payasos, es decir los pobres y desheredados del mundo).

Pienso que sobra parte de la entrevista final en televisión, aparte de no encontrar muy acertada la relación con Tiempos modernos de Chaplin, de la que (además de unas imágenes del film vistas en una televisión a lo largo de la narración), se incluye en la escena final la música de la película de Chaplin con la letra que luego algunos cantantes añadieron (Nat King Cole o Jimmy Durante, que es de quien se utiliza en ese momento).

Un momento muy bien dado es el encuentro de Joker, el hombre desheredado, frente al futuro Batman, el niño rico. Uno fuera de la gran mansión, el niño dentro de su supercasa lujosa. Entre ellos, la reja de la casa que separa ambos mundos y ambos personajes.

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Muy interesante el último trabajo de Celine Sciamma (Tomboy, Girl Hood) Retrato de una mujer en llamas, con una foto excepcional imitando las pinturas de Caspar David Friedrick. Un filme sobre mujeres enfrentadas a sí mismas y al ambiente que les cerca. Una isla, una casa, una pintora y una mujer que se sabe prisionera para actuar y cuyas emociones aparecen reprimidas.

Cine de miradas, de búsquedas, preciosista y rico, que cae en algún desliz sobre todo al refugiase, ya indicado en el propio título, en lo metafórico. Primoroso, de regusto intelectual es un canto a la libertad, al arte y a la mujer. La culminación, con dos excepcionales finales, es soberbia.

Por su parte, Lo que arde del director gallego Oliver Laxe (Todos sois capitanes, Mimosas) es una película sorprendente. Con regusto de western (un paisaje, un pueblo, el hombre encarcelado que vuelve al pueblo), Laxe construye un bello filme, que denuncia también de un estado de cosas porque, desde su aparente simplicidad, se abre a muchos interrogantes y propuestas. Su riqueza está en lo que vemos, en la forma en que cuenta esta historia aparentemente sencilla y, por momentos, como si fuera un documental. Y es que, sin duda, es un documento de una región, la gallega, y de un mundo natural que va siendo invadido, condenándolo a su desaparición

Y ya que hablamos de premios habrá que resaltar el que se acaba de anunciar y que se concederá en los próximos Goya. No es para una película, ni como homenaje a un realizador, se concederá  a una mujer excepcional que comenzó cantando y terminó convirtiéndose en una gran actriz (siempre lo fue) y en una persona adulta, comprometida y excepcional, que hoy vive apartada del cine. Un homenaje justo, merecido el que recibirá Pepa Flores, por sus películas, su proceso vital, incluso por su separación del mundo del cine. Consecuente siempre con una forma de ser, de pensar. Una mujer excepcional, aquella que conocimos de pequeña como la pizpireta Marisol.  Enhorabuena, una gran felicitación, a la actriz y a la mujer que es y representa

Escribe Adolfo Bellido López

Notas

(1) Algún estudio sobre el filme ha querido ver una relación entre el personaje del Joker y el Norman Bates (Anthony Perkins) de Piscosis.

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