Tres décadas de estilo visual en el cine (de Laura Cortés-Selva)

  11 Octubre 2019

Luces y sombras del programa expresivo

tres-decadas-estilo-visualCon un subtítulo que deja claro el tema central —Evolución de la fotografía cinematográfica (1980-2010)—, el libro de la doctora europea de Comunicación Audiovisual y directora de fotografía Laura Cortés-Selva ofrece exactamente lo que su título indica: un paseo por títulos, nombres y momentos significativos.

Y ese es precisamente su gran mérito y su gran limitación.

Licenciada en Comunicación Audiovisual (Navarra), graduada en Fotografía Cinematográfica (Barcelona) y profesora titular de Universidad (Murcia), el texto acaba despidiendo el inequívoco aroma a tesis doctoral.

Y las tesis, en general, se centran en recoger todo lo que se ha publicado sobre un tema, procurando siempre identificar a los autores… pero la aportación personal suele ser menos intensa, más precavida. Casi se intuye un temor a ofrecer algo propio y escudarse en lo que otros han dicho antes.

Laura ofrece un texto ligero, ameno, fácil de leer y salpicado de paréntesis y citas que remiten a una copiosa bibliografía: todo está detallado, es como un diccionario respecto a las palabras, nos dice qué es y de dónde viene…

Pero ahí acaba la mayor parte del trabajo.

Uno echa a faltar mayor implicación, una apuesta más decidida por ir más allá de lo que otros ya han publicado y ofrecer ideas, propuestas no ya novedosas pero sí al menos fruto de la reflexión personal.

Y eso escasea en un trabajo que, insisto, es útil en cuanto trata un tema cinematográfico poco publicado (la dirección de fotografía) y lo hace centrándose en la parte histórica y en la evolución de la técnica en un periodo fundamental (el paso del cine analógico al digital), dedicando especial atención a ese híbrido que se dio sobre todo con el cambio de siglo, cuando el intermedio digital fue la herramienta clave: rodaje con celuloide, escaneado a digital para aplicar numerosos avances tecnológicos y, finalmente, nuevo repicado al celuloide para su exhibición comercial.

Con todo, hay pinceladas aquí y allá, cuando la autora se quita el rígido corsé universitario y ofrece detalles, apuntes personales, que se devoran con fruición y se agradecen por ofrecer ese algo más que uno espera cada vez que abre un libro.

Una etapa histórica

«El objetivo de este libro es ofrecer un recorrido histórico que muestre las principales novedades tecnológicas relacionadas con la fotografía cinematográfica e ilustrarlas a través de su aplicación en filmes que caracterizan los diferentes estilos visuales».

Curiosamente, aunque el libro recorre tres décadas, comienza por hablar de los años 60 y su evolución cinematográfica, sobre todo en el ámbito de la iluminación y la fotografía.

Luego, se introduce en su apuesta personal: la existencia de un programa expresivo, es decir, un plan de trabajo en el tratamiento fotográfico paralelo al guion, donde las decisiones sobre el uso del color, el tipo de luz o el movimiento de cámara responden a la evolución de la trama y los personajes en el texto.

En definitiva, Laura apuesta por demostrar que el director de fotografía también es autor —de hecho, habla de algunos cuya «firma» es muy perceptible en su trabajo—, porque interpreta el guion con imágenes, porque ayuda a crear la película definitiva.

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Para documentar su teoría echa mano de ejemplos conocidos, pero también de títulos y trabajos menos divulgados, pero fácilmente comprobables, por lo que ahí encuentra el libro gran parte de su razón de ser, de su utilidad, más allá del enunciado enciclopédico de lo que otros ya han dicho antes.

Así, uno puede comprobar que en Elegidos para la gloria (Philip Kaufman, 1983) se alternaban dos estilos visuales: el suave para la vida privada del protagonista y el estilo duro para su vida pública; o que en Fanny y Alexander (Bergman, 1982) es el movimiento de cámara el que sirve para diferenciar la etapa feliz de los protagonistas frente a la rigidez de su estancia con el nuevo esposo y padre, remarcada por los planos estáticos.

En su repaso tienen cabida la entrada de formatos alternativos (incluso domésticos, móviles o cámaras de baja calidad), las luces HMI y el material led para iluminaciones más rápidas y baratas, o las distintas emulsiones que han ido apareciendo en el mercado por la adaptación de las grandes marcas (Kodak, Fujifilm) a las necesidades de las nuevas tecnologías.

Insisto, todo ello muy ordenado. Un tratamiento metódico en cuanto a la claridad expositiva, a la presentación de su documentación. Muy académico y cuidado.

Pero hay que leer entre cita y cita para descubrir que en Ciudad de Dios se utilizaron cuatro tipos de emulsiones para crear distintos ambientes o que Robert Richardson es un fotógrafo especializado en aplicar distintas emulsiones (Kill Bill) y formatos (incluso tamaños de pantalla) para dar credibilidad a su trabajo (JFK mezcla todo tipo de películas y emulsiones para reconstruir el asesinato de Kennedy).

El libro se cierra en 2010, cuando el digital comienza a imponerse.

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Hoy sabemos que las proyecciones ya son digitales por ley, que el celuloide queda para filmotecas (sigue siendo mejor soporte para «conservar» el cine) y festivales, que todo ello ha supuesto inicialmente un retroceso en la «calidad» de proyección (el 4K de las salas de cine está por debajo de la película en 35 mm que la autora sitúa en torno al 6K de resolución) y que el mercado manda con una normalización de estándares que permitan vender rápido y mucho.

Otra cosa es que siga habiendo autores que se salen de la norma y apuestan por volver a formatos antiguos que siguen ofreciendo características distintas de calidad o de nitidez. Así, Christopher Nolan ha elegido rodar Interestellar o Dunkerque en 70 mm… aunque sólo se han exhibido en ese formato en circuitos muy limitados, incluso otras innovaciones como el 3D o el formato esférico se limita a cines y ciudades contadas… y desgraciadamente en Valencia es casi imposible ver hoy en día estos estrenos tal y como fueron concebidos.

Quizá en el futuro sean carne de museo o de filmoteca, lugar donde preservar el arte en su estado puro.

Pero esa es otra historia, de la que ya hablaremos.

De momento, este pequeño libro de Laura Cortés-Selva sirve de aperitivo, se lee en una tarde, invita a reflexionar y ayuda a entender la evolución que está viviendo el cine poco después de cumplir su primer siglo de vida.

Escribe Mr. Kaplan

dunkerque


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