Clint Eastwood (de Antonio Trashorras)

  12 Diciembre 2006

 

0901_eastwood_trashorras.jpg 
Título: Clint Eastwood
Título original: Clint Eastwood
Autor: Antonio Trashorras
Editorial: Ediciones JC, colección Directores de Cine
Fecha: Madrid, 1994
ISBN: ----
Nº páginas: ----
Precio: 12 euros, aproximadamente

 

El héroe romántico

Escribe: Arantxa Bolaños de Miguel

El crítico de cine Antonio Trashorras lanza una flecha a favor de considerar a Clint Eastwood como uno de los grandes directores y actores del Séptimo Arte. Analiza, intercalando ensayo, biografía, rodajes y hasta las propias reflexiones del director (1), toda su trayectoria (desde los comienzos como actor hasta su reconocimiento en 1992 con Sin perdón)

Está estructurado el ensayo (que sirve como inicio para todo aquél que esté interesado en este director-actor) en varios apartados que analizan la figura de Clint Eastwood desde diferentes posiciones. Nos refleja tras su estudio, el temperamento valiente de Eastwood y nos muestra la compleja personalidad de este hombre con recursos y su dura, aunque procaz existencia particular.

Siguió toda su vida el consejo paterno “nada conseguirás sin esfuerzo. Nadie te regalará nada. No debes pasar las oportunidades que se te presenten” (pág 17), y con una fuerte pasión por actuar “puedes interpretar a un tipo totalmente diferente a ti, mientras estás protegido detrás del personaje, sin que nadie sepa cómo eres en realidad”.

Comenzó su carrera en la teleserie del oeste Rawhide, en la que trabajó durante años, su debut en el cine fue en Revenge of the Creature (Jack Arnold), pero donde de verdad se hizo un nombre fue con Sergio Leone, con el trabajó en Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965), y El bueno, el feo y el malo (1966). Aunque la saga que más popularidad le dio fue la de Harry Callahan.

Más adelante crea la productora Malpaso Productions (2) y tiende a colaborar desde sus inicios con los mismos directores y actores, como Leone, Don Siegel, John Sturges y ahora con Morgan Freeman.

Esta productora le ha posibilitado ejercer su verdadera vocación: dirigir. De hecho él mismo comenta: “ser actor es agradable y procura muchas satisfacciones. Me apasionó durante años. Pero si uno quiere comprometerse a fondo con la producción de un filme tiene que hacerlo todo, ser simplemente actor es muy pasivo, solamente implica una pequeña parte del conjunto. Me gusta implicarme en el proceso de la puesta en escena y lógicamente es a lo que tenía que llegar” (pág 49).

Así, ha dirigido: Escalofrío en la noche (1971), Infierno de cobardes (1973), Primavera en otoño (1973), Licencia para matar (1975), Ruta suicida (1977), El aventurero de medianoche (1982, su trabajo más personal), Bird (1988). Sin perdón (1992, con la que consiguió el Oscar y el reconocimiento como director), Un mundo perfecto (1993), Medianoche en el jardín del Bien y del Mal (1998), y las formidables Los puentes de Madison (1995), Mystic River (2003), y Million Dollar Baby (2005).

A pesar de estar metido en todo el negocio hollywoodiense, a este californiano le gusta la soledad y huye del ajetreo (3), suele dirigir desde una mirada comprensiva, ya que él también es actor y nos ha regalado unas obras en donde refleja una madurez “tranquila” y unas meditaciones profundas sobre las complejidades de la vida, el amor, las relaciones, la lucha, el poder y la muerte.

--------------------------------------------------------------------

(1) Es de destacar la siguiente aventura de Clint Eastwood en su juventud, aunque el libro está repleto de anécdotas semejantes:
“Por fin descubrí un bombardero que se disponía a realizar un vuelo de rutina hasta San Francisco. Al principio, el piloto se negó en redondo a dejarme ir con él, ya que el avión no estaba preparado para llevar ningún pasajero y, además, aquel tipo de cosas estaba totalmente prohibido en el ejército. Sin embargo, logré convencerle para que me dejara ir en el compartimento trasero, donde debían ir los torpedos y que, en esta ocasión, se hallaba vacío. Mi inmensa alegría por haberme salido con la mía me duró bien poco, la compuerta destinada a dejar caer bombas cedió, de pronto, bajo mis pies,. Me agarré con todas mis fuerzas para no ser absorbido hacia fuera por la presión. Con muchísimo esfuerzo logré sujetar la portezuela hasta casi cerrarla, más, por efecto del golpe, la cerradura parecía haberse roto, por lo que, si quería sobrevivir debía aguantar como fuera aquella puerta cerrada. Cogí el intercomunicador para avisar al piloto de lo precario de mi situación y rogarle que descendiera inmediatamente, cuando me di cuenta de que el intercomunicador también estaba averiado: pese a que yo escuchaba la voz del piloto, él no podía recibir la mía. Estaba ya resignado a aguantar todo el viaje en aquellas condiciones, cuando recibí un mensaje del piloto advirtiéndome de que me pusiera la máscara de oxígeno ya que pronto nos elevaríamos hasta alturas donde, de lo contrario, me resultaría imposible respirar. Con mucha dificultad me coloqué la mascarilla, a la vez que aguantaba como podía la compuerta. Al poco descubrí, con horror, que la máscara de oxígeno…¡tampoco funcionaba! Pese a mis desesperados intentos por comunicarme con el piloto para pedirle que no se elevara, pronto comencé a notar la falta de oxígeno, así como un progresivo entumecimiento de los músculos debido al frío, cada vez mayor, que penetraba por la puerta mal cerrada. La situación se acercaba a extremos insostenibles. Para mi fortuna, la máscara del piloto tampoco funcionaba, así que éste se vio obligado a descender hasta casi el nivel del mar, donde para colmo, nos topamos con una tupida capa neblinosa que hacía el vuelo sumamente peligroso. Por si la falta de visibilidad no fuera suficiente, los motores del avión empezaron a dar muestras de mal funcionamiento, obligando al piloto a lanzarse al mar con un chaleco salvavidas,. Recuerdo que antes de saltar, el piloto me gritó, por el intercomunicador, que me pusiera el chaleco salvavidas y me tirara yo también al mar. El único problema era que… ¡yo no veía por allí ningún chaleco! Tardé más de una hora en avistar la costa, momento en el cual me di cuenta que, realmente, podía salvar la vida.” (pág 12-13)

No es extraño que siempre haga él las escenas de acción, y que no quiera utilizar dobles en sus películas.

(2) Él mismo explica el origen de este nombre: es un río que pasa por su casa en Carmel (municipio en el que fue alcalde desde 1986-1988), además responde a unas bromas de unos amigos sobre Por un puñado de dólares, que opinaban que sería un mal paso (Bad step).

(3) “Cada vez soporto menos las multitudes y el ajetreo del ambiente cinematográfico. A menudo necesito estar completamente solo. Por suerte me resulta relativamente fácil escaparme a las montañas y quedarme un tiempo sin hacer absolutamente nada. Me encanta sentarme en una roca y escuchar los pájaros” (pág 116).