Backstory 4 (de Pat McGilligan)

  17 Febrero 2008
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Título: Backstory 4,
conversiones con
guionistas de los
años 70 y 80
Título original: Backstory 4. Interviews with Screenwriters of the 1079s and 1080s
Autor: Pat McGilligan
Editorial: Plot ediciones
Fecha: Madrid, mayo 2007
ISBN: 10-84-86702-77-1
Nº páginas: 375 (sin contar las notas y el índice de nombres citados)
Precio: 26 euros

Hablemos de cine
Escribe Mr. Kaplan

Profesor de cine en la Universidad de Marquette, crítico en varias publicaciones y experto en la historia del guión, Patrick McGilligan se ha convertido en el más destacado autor de libros sobre guionistas de cine (que no sobre cómo hacer guiones de cine, papel reservado para el gurú Syd Fiel) gracias a su serie Backstory.

robert_benton.jpgSu primer libro se tituló Backstory: conversaciones con guionistas de la Edad de Oro. Era un repaso a los comienzos del cine sonoro y a los años 30. Entre los que declaraban, había nombres ilustres (William Riley Burnett, Niven Busch, James M. Cain, Philip Dunne o Julius J. Epstein), junto a otros que hoy en día aparecen más olvidados (Leonore Coffee).

Fue, sobre todo, un libro útil para conocer el importante papel de la mujer guionista en los inicios del cine sonoro, la ausencia total de guionistas-directores y la nula posibilidad de montar un sindicato de guionistas.

Su segundo libro, Backstory 2: entrevistas con guionistas de los años 40 y 50, era una secuela en todos los sentidos: se repetía la fórmula y se mezclaban los nombres más ilustres (Richard Brooks, Leigh Brackett, Daniel Mainwaring, Philip Yordan), con otros que hoy pocos recuerdan (Dorothy Kingsley, Ben Maddow).

Los grandes temas que recorren transversalmente esta serie habían sufrido una importante evolución en estos años y así queda reflejado en el libro: las mujeres tienen menos importancia en la industria, aparecen los primeros guionistas-directores (Billy Wilder, John Huston, Richard Brooks) y la primera etapa gloriosa de los sindicatos es frenada de golpe por un senador que ha pasado a la historia por la tristemente célebre Caza de Brujas.

El tercer libro, Backstory 3: entrevistas con guionistas de los años 60, tiene la ventaja de acercarse a nombres que tenemos más frescos en la memoria (Walon Green, Terry Southern, Ring Lardner jr.) y de reflejar los convulsos cambios que sufrió la industria en esta década: Vietnam, desaparición del sistema de estudios, huelgas, sindicatos, triunfo de la televisión... también se habla de los pocos casos que siguen dándose de guionistas-directores y de la fuerza de los sindicatos.

blake_edwards.jpgLlegamos ahora al cuarto libro de la serie, en la que McGilligan coordina, aunque hay textos de otros autores: Backstory 4: conversaciones con guionistas de los años 70 y 80.

De entrada, constatar que los temas transversales siguen muy presentes: los sindicatos tienen cada vez más fuerza y son capaces de imponer condiciones impensables décadas atrás; y, sobre todo, estalla en los 70 el mito del autor total (heredado de una revista francesa, Cahiers du Cinema, que se convertiría en caldo de cultivo para los autores totales franceses de la Nouvelle vague).

Así, en este volumen, podemos constatar que hay pocos guionistas-guionistas (Ruth Prawer Jhabvala, Elmore Leonard, Frederic Raphael, Alvin Sargent y Donald E. Westlake), mientras que son más los nombres que escriben inicialmente guiones, pero luego pasan a convertirse en guionistas-directores (Robert Benton, Larry Cohen, Blake Edwards, Walter Hill, Lawrence Kasdan, Paul Mazursky, Nancy Meyers y John Milius).

Vistas con la perspectiva del tiempo, las décadas de los 70 y 80 fueron la última época gloriosa del cine de Hollywood. Había nuevos directores con ideas que contar. Se recuperó comercialmente la industria gracias a jóvenes estudiantes de distintas universidades que combinaban viejas historias con brillantes presentaciones, gracias al boom de las nuevas tecnologías, y así lograban atraer al público de nuevo a las salas (Spielberg, Coppola, Lucas). La industria era más permisiva con los nuevos talentos, que podían derrochar presupuesto... siempre que la taquilla respondiera.

Todo ello se vendría abajo en parte por el fracaso de Michael Cimino con La puerta del cielo. La quiebra de United Artists hizo ajustarse el cinturón a los productores y, quién sabe, quizá les animó a leer guiones por primera vez en su vida (algo que no debían haber hecho en la etapa anterior, cuando los autores totales se ocupaban de escribir, dirigir, montar y producir sus películas: ¿para qué entonces un productor, salvo para acudir a las premieres y degustar martinis?).

walter_hill.jpgEl nuevo control ejercido por las majors norteamericanas acabará en lo que hoy estamos viviendo: listados interminables de películas cuyo título viene acompañado por un numerito cada vez mayor: Las crónicas de Narnia 2, Spiderman 3, Jungla de cristal 4, Harry Potter 5, Viernes 13... ¿ya llevan t-r-e-c-e?.

Hoy, el guión no parece tener ninguna importancia. De ahí que el Sindicato de Guionistas haga huelgas, no con el objetivo prioritario de reclamar más derechos (ésa es sólo la parte visible del iceberg), sino con el afán de recordarnos que existen los guionistas (algo que uno empieza a dudar viendo la cantidad de textos sin pies ni cabeza que se filman hoy en día).

Por eso escuchar a esta gente resulta aún más interesante.

Así, uno descubre, en palabras de Walter Hill, que en aquellos años había hueco en la industria para contar historias propias (como sus películas El luchador, Driver o La presa), un hueco que hoy ya no existe: sólo valen los megahits del primer fin de semana, el resto queda para el festival de Sundance.

O puede constatar que los rodajes anteriores al descubrimiento del Sida eran mucho, mucho más divertidos que los de hoy en día... así se entiende que las películas de Larry Cohen parezcan estar escritas y dirigidas por algún flipado (Estoy vivo, Q: la serpiente voladora).

Es un libro recomendable para formarse una idea de la evolución del guión y los guionistas norteamericanos en el siglo pasado. Como parte de lo que ya es una tetralogía, funciona perfectamente, con el aliciente de la proximidad de estos personajes, prácticamente todos ellos en activo hoy en día... excepto Blake Edwards, sólo recuperado por la industria para perpetrar infames remakes de La pantera rosa.

john_milius.jpgAdemás, su formato tiene una ventaja: tras leer la introducción (que recomiendo a todos), uno puede elegir aquellos nombres que más le interesan y saltarse los demás. También puede recuperarlos cuando el visionado de un título lo recomiende o, sencillamente, una tarde de ocio invite a la lectura.

Por cierto, hay sorpresas curiosas:  Robert Benton es un gran intelectual, cosa que ya sabíamos por sus películas; Walter Hill habla de maravilla, como los personajes de sus primeros guiones; Frederic Raphael sigue teniéndosela jurada a Stanley Kubrick... y, atención, John Milius (paradigma del cine fascista de la época), no sólo asume con normalidad su papel en el Dream Team de los años setenta (junto a Spielberg, Lucas, Coppola y compañía), sino que se siente orgulloso de su postura ideológica pero, ojo, eso no le impide ser un gran conversador, un inteligente analista de la época y un brillante guionista.

El suyo es, probablemente, el texto más sorprendente de esta edición.