Bertolucci por Bertolucci (de Ungari y Ranvaud)

  12 Octubre 2008
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Título:

 Bertolucci por Bertolucci

Original:  Scene madri di Bernardo
 Bertolucci
Autores:  Donald Ranvaud, Enzo Ungari
Edición original:  Ubulibri, 1987
Edición español:  Plot Ediciones
Fecha:  Barcelona, 1987
ISBN:    84-86702-01-1
Nº páginas:  302
Precio:  de 22 a 38 euros
 en Iberlibro.com

Por la boca muere el pez
Escribe Mr. Kaplan

Si echamos un vistazo al ya amplio listado de libros comentados en esta sección, Fahrenheit 451, de la revista Encadenados, podrá apreciarse cierta predilección de este cronista por los libros de cine en los que son los propios protagonistas quienes nos hablan de su trabajo.

bertolucci13.jpgLos estudios eruditos –y a veces gratuitos– tienen la mayor parte de las ocasiones el inconveniente de resultar aburridos en su lectura: mucha documentación, muchas horas de visionado, muchos descubrimientos que contar al mundo exterior, pero poca elaboración, escasa capacidad de síntesis y, por tanto, la lectura resulta reiterativa, cansina, aburrida. Buen ejemplo de lo dicho puede ser el libro sobre John Frankenheimer (1).

Por el contrario, es más atractivo leer lo que nos dice sobre su profesión alguien que la vive desde dentro, que se apasiona con ella cada día. Así, pocos libros pueden competir a la hora de hablar sobre el montaje con el de Walter Murch (2), y de momento no hay ninguno que pueda desbancar al de Hirshenson y Jenkins a la hora de explicarnos qué es eso del casting (3), al menos que este cronista conozca.

El placer es aún mayor cuando el que redacta el libro es además escritor. Ahí están los relatos –en el fondo auténticas novelas– de Ring Lardner, Jr. (4) o de David Mamet (5) para comprender lo gratificante de un libro que, además de “rajar” de un sistema como el hollywoodense, está escrito por alguien que sabe perfectamente cómo juntar palabras, por algo ambos son guionistas.

Por todo ello, aprovechando el monográfico dedicado por nuestra revista a Bernardo Bertolucci, se comprenderá el interés del cronista por localizar a toda costa un libro con veinte años a sus espaldas, pero una auténtica joya: organizado por dos críticos colaboradores de Cahiers du Cinéma, pero formado por una amplia colección de entrevistas al director de Novecento, ordenadas cronológicamente y con una amplia, amplísima, documentación gráfica.

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El libro perfecto, lamentablemente

Bertolucci por Bertolucci es, a priori, el libro ideal para acercarse a la obra y la personalidad del director nacido en Parma. Otra cosa es que este acercamiento provoque placer o rechazo en el lector.

(Hablando de El último Emperador) “La experiencia de Novecento en los países socialistas es paradójicamente similar a la que tuvo Novecento en Estados Unidos. En la URSS, como en EEUU, Novecento resulta incómoda y, en el fondo, por las mismas razones: hay demasiadas banderas rojas. En EEUU no las soportan, en la URSS están ya hartos. ¿Los chinos han visto Novecento? No lo sé. Probablemente creyeron que yo ofrecía suficientes garantías par tratar un argumento delicado como el de El último Emperador. Los chinos son muy pragmáticos y en este momento les interesa mucho hacer, después de no haber hecho nada en este campo durante tanto tiempo”.

Descatalogado hace ya tiempo por su editorial y agotado en las librerías especializadas en material cinematográfico, la única forma de localizarlo, que este lector sepa, es a través de www.iberlibro.com, esa red de librerías por Internet que ofrece más de una sorpresa: en octubre de 2008, fecha de redacción de estas líneas, Bertolucci por Bertolucci se puede encontrar al menos en varias librerías de Madrid, Barcelona y Valencia, con precios que oscilan entre los 22 y los 38 euros, más gastos de envío.

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Lo primero que sorprende es su diseño: un libro prácticamente cuadrado (22 x 24 centímetros), con un exquisito diseño y con una impresionante colección de fotos... Si fuera por la primera impresión, diríamos que es el libro perfecto para acercarnos al universo de Bertolucci.

Pero, pasado el primer vistazo y el placer de muchas fotos inéditas, viene la lectura. Enzo Ungari (que murió durante el rodaje de El último Emperador, de la cual también es guionista, y al que se deben todas las entrevistas de anteriores películas) y Donald Ranvaud (que aporta todas las preguntas sobre la película de los nueve Oscar) han organizado la multitud de entrevistas por orden cronológico. O mejor dicho, independientemente de las fechas en que se realizaran, se han editado para que las declaraciones de Bertolucci aparezcan presentadas por orden cronológico de su vida y su obra.

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Tras un “Epílogo inicial” escrito por el propio Bertolucci, los distintos capítulos recogen su infancia, su amor por el cine, la realización de cada una de sus películas (desde Accattone hasta El último Emperador) y algunos pequeños descansos para hablar de la televisión (“La pantalla de televisión no es el cinemascope”, a propósito de la forma de rodar La estrategia de la araña), la fotografía en el cine (“Un gran cazador de luz a caballo”, dedicado a Vittorio Storaro), las infinitas posibilidades del montaje (“La sala de montaje: la cámara oscura y la capilla ardiente”, centrado en los distintos montadores de su cine, en especial Franco Arcalli, Kim para los amigos) o algunos proyectos fracasados que nunca ha podido llevar a cabo (“La larga siembra de la cosecha roja”, que habla de la obra de Dashiell Hammett que nunca pudo dirigir, Cosecha roja, aunque también del fallido estreno de Novecento en Estados Unidos).

(Hablando del director de fotografía Vittorio Storaro) “En La luna tuvimos grandes discusiones y también momentos difíciles. La película se rodó en un clima de gran tensión, había días en que le quería y otros en los que creía odiarle. Vittorio es algo más que un director de fotografía, es un <metteur-en-lumière>, del mismo modo que se dice metteur-en-scène. Por ello su fotografía es tan mágica, y por el mismo motivo puede se difícil, irritante y doloroso cuestionar los principios sobre los que se basa su luz, esa luz que todos admiran y que muchos intentan imitar. No es fácil trabajar con alguien que sólo quiere seguir sus tendencias, que corre el riesgo de distraer la atención del espectador, embelesándolo con aspectos de la película no siempre esenciales”.

Todo perfecto, como se puede desprender de una lectura apresurada o de un resumen del libro. Está todo lo que uno desearía (declaraciones, documentos, fotos), está bien ordenado, es atractivo... ¿Cuál es entonces el problema?

Sólo uno, pero difícil de soslayar: el problema es lo que dice Bernardo Bertolucci y cómo lo dice.

Efectivamente, ver su cine es una cosa, leer lo que dice sobre su cine es otra totalmente distinta.

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Erudito, teórico y, sobre todo, artista, Don Bernardo deja claro en todo momento que esas son sus virtudes y eso acaba cansando. La sensación que este cronista obtiene tras haber leído el libro y haber releído algunos capítulos es que tiene un pequeño problema de ego que tantas sesiones de psicoanálisis no han logrado resolver (o quien sabe si en realidad han acentuado la cuestión).

Bertolucci es como el último Emperador, o como su americano en París, dueño de todo y padre padrone del cine... y sus palabras dejan entrever una y otra vez su convencimiento de esta posición envidiable, por lo que sus quejas también dejan traslucir que los demás o son demasiado atrevidos para trabajar con él (caso de Vittorio Storaro tras La luna, que no se mostraba suficientemente dócil y fue sustituido por Carlo di Palma para su siguiente filme), o son tan ignorantes que están estropeando su obra maestra (caso del productor Alberto Grimaldi y sus negociaciones para lograr estrenar Novecento en Estados Unidos).

(Hablando de Novecento y el productor Alberto Grimaldi) “Comprendí que un productor, por encima de los intereses materiales inmediatos, pone en juego, no sólo un presupuesto económico, sino también inversiones psicológicas tan complejas, fuertes y tenaces, como las del director. Por mi parte, descubrí que había volcado una afectividad exagerada e irreal en dos objetos. El primero, como he intentado explicar desde mi perspectiva, fue el padre-productor, que más adelante resultó ser, como era natural, un <padre-padrone>. El segundo, en muchos aspectos más íntimo y profundo, hasta el punto de que sólo ahora puedo hablar de él, fue el partido comunista, a quien la película estaba, no secretamente, pero sí muy sinceramente, dedicada. La respuesta de sus líderes históricos fue muy negativa”.

Así las cosas, este lector acaba teniendo una relación de amor-odio con Bertolucci. Por un lado, disfruta de la mayor parte de su cine y es siempre un placer un acercamiento a cómo fueron concebidos esos títulos. Por otro, las palabras de Bertolucci, rimbombantes y altisonantes en más de una ocasión, desdibujan la figura de ese autor ideal que muchas veces los espectadores nos formamos a raíz de una carrera cinematográfica más que interesante.

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En cualquier caso, es una opinión personal, como siempre, y las declaraciones de Don Bernardo pueden ser asimiladas de muy distinta forma según el lector de turno o incluso el estado de ánimo del momento en que se lee el libro. En definitiva, como todo su cine: amor y odio, belleza y destrucción...

Un libro que se disfruta desde la primera imagen... aunque al final puede llevarnos a odiar al creador de esas imágenes, Don Bernardo Bertolucci.

***** 
(1) John Frankenheimer (de Francisco Javier Urkijo) 
(2) El arte del montaje (de Walter Murch y Michael Ondaatje)
(3) La aventura de dirigir un casting (de Hirshenson y Jenkins)
(4) Me odiaría cada mañana (de Ring Lardner, Jr.)
(5) Bambi contra Godzilla (de David Mamet)

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