2001: la música del futuro (de varios autores)

  10 Mayo 2016

En algún lugar del tiempo 

2001_musica_futuroEn nuestro país, uno de los pocos motivos para editar libros de cine surge con los homenajes que organizan los innumerables festivales cinematográficos diseminados por toda nuestra geografía.

El problema surge cuando es el festival la primera oportunidad de revisar de forma exhaustiva la filmografía del homenajeado. Se suele acudir entonces al típico libro coordinado por algún experto y rellenado con una variada colección de artículos más o menos interesantes, pero con un problema de origen que acaba por reducir drásticamente el alcance de la publicación: la mayoría de los artículos terminan hablando de los mismos títulos y de temas similares, precisamente los que ya son conocidos por el cinéfilo interesado en la obra de ese director, guionista, productor, músico o vaya usted a saber qué.

2001: la música del futuro participa a priori de todas estas características. Sin embargo, el resultado final es absolutamente extraordinario, quizá el libro realizado con más cariño, dedicación y meticulosidad de todos los que este cronista ha podido leer en los últimos años del amplio panorama festivalero español.

El amanecer de las temp tracks

A mediados de los sesenta, cuando Kubrick luchaba por obtener la máxima independencia creativa, abordó bajo la producción de la Metro Goldwyn Mayer la película que iba a cambiar el rumbo de la ciencia-ficción cinematográfica y de muchos otros aspectos colaterales: desde la capacidad de sugerencia al espectador (nunca antes se había dejado en una superproducción tantos aspectos “sin explicación”), hasta la calidad de los efectos visuales (que, en gran medida, respondían a criterios científicos), pasando por un nuevo concepto en la elaboración de la banda sonora...

Kubrick, en su afán por ser el autor total de su obra, llegó a decidir también la música de la película, aunando temas clásicos (sobre todo de Johann y Richard Strauss) con temas contemporáneos que nunca antes se habían utilizado en el cine (Aram Khatchaturian y tres piezas de Györgi Ligeti).

cd_2001_kubrick.jpgEl resultado sigue siendo una de las bandas sonoras más impactantes de la historia, hasta el punto que es imposible hoy en día escuchar Así habló Zarathustra o El Danubio azul sin que la mente asocie ambos temas a las imágenes del monolito o el vals de la estación espacial. Es la primera vez, que se sepa, en que estas “pistas temporales” acaban formando parte de la banda sonora definitiva. Con el tiempo, esta costumbre se extendería entre algunos directores, dando pie a auténticos escándalos, como el de Ridley Scott y Jerry Goldsmith en Alien, donde el director utilizó parte de la música original y parte de las temp tracks que eran... ¡de la película Freud, pasión secreta, con música de Jerry Goldsmith!

Pero esa música no era la prevista por la MGM para el filme, sino las temp tracks (las pistas musicales utilizadas de forma provisional durante el montaje, mientras el músico compone una banda sonora original). De hecho, los pocos que pudieron ver el filme sin acabar aseguran que en aquel primer montaje también había fragmentos de El sueño de una noche de verano, de Mendelssohn, e incluso de Alexander Nevsky, de Prokofiev.

Lo que pocos sabían –y este libro aclara con todo lujo de detalles– es que Kubrick llegó a contactar con el mismísimo Bernard Herrmann como primera opción, pero no fructificó una colaboración de ambos genios (de hecho, ya habían entablado negociaciones para la banda sonora de Lolita y Herrmann acabó retirándose del proyecto por las imposiciones de Kubrick); también negoció con Carl Orff para que compusiera una banda sonora original inspirándose en algunos fragmentos de su mítica Carmina Burana; tras el fracaso de la opción, el músico británico Frank Cordell estuvo trabajando durante tres meses en la adaptación de la Tercera sinfonía de Gustav Mahler, aunque también la propuesta acabó desechándose; la cuarta opción fue Alex North, entonces en la cima de su carrera.

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Kubrick pierde el Norte

Alex North se enfrenta a 2001: una odisea del espacio (1968) tras obras maestras de la banda sonora como Un tranvía llamado deseo (1951), ¡Viva Zapata! (1952), Vidas rebeldes (1962), Cleopatra (1963), El gran combate (1964), ¿Quién teme a Virgina Wolf? (1966) y, sobre todo, Espartaco (1960), que no sólo está considerada hoy en día como una de las mejores bandas sonoras de todos los tiempos, sino que fue su primera obra con Kubrick y les permitió a ambos trabajar en un clima de cordialidad y complicidad, lo que sin duda favoreció la creación de una de las partituras más innovadoras del Hollywood clásico.

cd_2001_north.jpgPero con 2001 las relaciones fueron totalmente distintas: trabajando a contrarreloj, durante la Navidad de 1967, un North enfermo logró componer y grabar (bajo la dirección orquestal de un amigo suyo, Henry Brandt) algo más de 40 minutos de música ajustada al montaje provisional que Kubrick le había proyectado. Estos temas musicales se corresponden con la primera parte de la película, desde El amanecer del hombre, pasando las escenas del viaje a la luna, hasta el descubrimiento del monolito en la base lunar de Clavius.

En principio, Kubrick había acordado proyectar a North la segunda parte del filme, a medida que el montaje estuviera acabado. Pero esa proyección nunca llegó, una vaga excusa acerca de utilizar efectos de sonido (como la respiración de los astronautas) para las escenas de la Misión Júpiter fue la única explicación que recibió.

La sorpresa llegó en abril de 2008, durante el estreno mundial, cuando North descubrió que toda su música había desaparecido y en su lugar se escuchaban las temp tracks que Kubrick había utilizado en el montaje previo.

Cuarenta años después

El libro 2001: la música del futuro forma parte del homenaje que en junio de 2008 han rendido a la película en el Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife (Fimucité).

2001unaodiseadelespacio-2.jpgAdemás de la proyección del filme y la publicación del libro, los pocos afortunados que pudieron desplazarse durante cinco días a la isla pudieron disfrutar de cuatro conciertos (cuatro, oigan), con la Tenerife Film Orchestra & Choir (una formación creada expresamente para interpretar bandas sonoras) dirigida por distintos maestros de la banda sonora actual, incluido Diego Navarro, el director de Fimucité, que fue el encargado de dirigir piezas originales del 2001 de Alex North en el concierto que clausuraba la segunda edición del certamen, el 29 de junio.

Precisamente Diego Navarro abre el libro con un prólogo en el que explica su alegría por esta oportunidad. Luego, en el interior, dedicará un capítulo completo a analizar a fondo la banda sonora compuesta por Alex North, insistiendo en la importancia de la música, en lo ajustada que está a las imágenes, en la coherencia que dota a toda la partitura... y en la similitud en algunos momentos con la temp track utilizada por Kubrick. De hecho, el Main title es muy, muy similar al Así habló Zarathustra de Richard Strauss.

A lo largo de los capítulos del libro se aporta una amplia, rica, variada y, sobre todo, complementaria información sobre la película y la banda sonora, así como los dos máximos responsables de ambas, Kubrick y North.

Jorge Gorostiza, investigador cinematográfico, realiza una introducción al cine de la época, destacando cómo los sesenta eran la época de los jóvenes, las pandillas, el fin de los estudios de Hollywood y el LSD. Es un buen preámbulo para situar la película en su contexto.

libro_clarke.jpgHéctor Castañeda, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias, ofrece uno de los capítulos más atractivos, sobre todo por aportar un punto de vista distinto al filme: la veracidad científica de muchos postulados de Kubrick. Si bien algunas propuestas no se han cumplido (la carrera espacial resulta cara para unos logros tan optimistas), otras no dejan de resultar sorprendentemente ciertas (como la posibilidad de que un astronauta sobreviva en el espacio exterior sin casco durante un corto periodo de tiempo).

El teólogo Andrés Brito centra su intervención en la evolución de la obra literaria de Arthur C. Clarke, cuyo relato El centinela fue el origen de 2001, una obra escrita paralelamente a la construcción del guión y al rodaje de la película.

Manuel Díaz, cinéfilo y directivo de Fimucité, divide su aportación en dos capítulos: el primero de ellos está dedicado a la evolución de las bandas sonoras en el cine de Kubrick y de la obra de Alex North antes de llegar a 2001; pasado el estudio de la obra central (que corre a cargo de Diego Navarro y Joan Padrol), la aportación final de Manuel Díaz se centra en la triste carrera de Alex North tras el incidente con Kubrick.

El crítico Pedro J. Mérida recoge con todo lujo de detalles los incidentes ocurridos durante el rodaje, montaje y sonorización de 2001: una odisea del espacio, haciendo especial hincapié en el injusto trato dispensado por Kubrick a su músico... aunque pueda entenderse por el afán del director por ser el autor total de su obra, incluida la banda sonora, algo que lograría a partir de esta película, siendo él mismo el encargado de seleccionar temas clásicos o encargar pequeñas composiciones complementarias a músicos poco vinculados al cine: Walter Carlos, Abigail Mead –pseudónimo de la hija de Kubrick– o Jocelyn Pook. La única excepción a esta regla es el trabajo con Leonard Rosenmann como adaptador de piezas clásicas para Barry Lyndon.

Tras un minucioso y apasionado estudio de la partitura de North a cargo de Diego Navarro, el gurú Joan Padrol analiza la partitura que todos conocemos de 2001, la diseñada por Kubrick. Su capítulo es, con diferencia, el único que chirría en el libro: no sólo se salta su parcela y cae en reiteraciones con otros capítulos, sino que su texto resulta demasiado consciente del prestigio de un autor empeñado en mostrar cada vez que escribe la gran colección de discos (sobre todo los míticos LPs) que posee. Que se obsesione además en citar una y otra vez su libro de entrevistas a compositores cinematográficos no hace sino constatar, una vez más, que su ego es demasiado grande para un libro concebido por autores mucho más modestos... e interesantes.

Otro crítico y autor de libros, David Fuentefría, se muestra mucho más comedido y respetuoso en sus textos sobre el resto de bandas sonoras de Kubrick tras 2001.

Finalmente, una amplia entrevista con el productor Robert Townson, con más de novecientas bandas sonoras editadas a través de la mítica Varese Sarabande, permite conocer el proceso que llevó al descubrimiento de la partitura y a la grabación, en 1993, por primera vez de la música de Alex North, quien ya había fallecido, por lo que fue su amigo, discípulo y maestro indiscutible, Jerry Goldsmith, el encargado de dirigir una nueva grabación de la música de North.

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Un homenaje al monolito

Más allá del indudable interés de los textos y de su enfoque multidisciplinar de la película y la banda sonora, lo que sorprende de este libro es el cuidado que se ha puesto en su edición y en su diseño (obra de Carlos L. García-Aranda).

Ya desde su portada (de un negro inmaculado sólo roto por el título y el logotipo de las dos editoriales) se advierte que estamos ante un trabajo mimado, donde la referencia es el monolito que aparece en la película de Kubrick.

2001_intrada.jpgUn monolito que tiene también presencia al inicio de cada capítulo (sobre una ilustración de la alineación de la Tierra, la Luna y el Sol, una imagen del filme), pero que se extiende a cada uno de los elementos del diseño: las fotografías incluyen unas líneas que simulan el relieve del monolito, los pies de fotos, los números de página, los intertítulos... todo, todo, está resuelto a partir de la figura geométrica propuesta por Kubrick.

Y, por si fuera poco, el material gráfico aportado es, sencillamente, deslumbrante: carteles de distintos países y épocas, fotos, ilustraciones, portadas de bandas sonoras... un auténtico festín para los ojos que, en conjugación con ese diseño basado en el monolito, en muchos momentos nos hace pensar que no estamos ante un libro, sino ante un fanzine ampliamente ilustrado, editado con generosidad, donde cada fotografía se sitúa en la página que corresponde a alusiones del texto. Un trabajo impecable.

Todo ello aleja, y mucho, este libro del habitual “recopilatorio” editado por cualquier festival y lo convierte en un modelo de coherencia, documentación y coordinación. Un libro que deberían visitar los responsables de todos los festivales de nuestro país y tomar buena nota.

Si además, como es el caso de este cronista, uno es amante de la obra de Kubrick y de las partituras de North, se comprenderá que lo considere, sin más, como el mejor libro de cine aparecido en años en nuestro país.

Escribe Mr. Kaplan

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 Título  2001: la música del futuro
 Título original  2001: la música del futuro
 Autores Diego Navarro, Jorge Gorostiza, Héctor Castañeda, Andrés Brito, Manuel Díaz, Pedro J. Mérida, Joan Padrol y David Fuentefría
 Editorial  Alberto Santos Editor y Fimucité
 Lugar y fecha  Tenerife, junio 2008
 ISBN  978-84-95070-57-9
 Nº páginas  254, ampliamente ilustradas
 Precio  19'50 euros
 Anotaciones  Edición a cargo del festival de cine de Tenerife, Fimucité