Las mejores bandas sonoras originales... (de L. M. Carmona)

  23 Julio 2008
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Título:

Las mejores bandas sonoras originales de la historia del cine

Título original: Las mejores bandas sonoras originales de la historia del cine
Autor: Luis Miguel Carmona
Edición original: Cacitel, SL
Fecha: Madrid, 2007
ISBN:   978-84-96613-19-5
Nº páginas: 180
Precio: 15 euros
 

Lectura de verano, consulta de invierno
Escribe Mr. Kaplan

Los libros que suelen agruparse bajo el epígrafe “Lo mejor de...” o “Las cien mejores...” en general suelen ser de escaso empaque, simples enumeraciones carentes de rigor y cuyo único interés suele estar en la abundante documentación gráfica que acompaña a los anémicos textos. Son, en definitiva, productos destinados al lector perezoso que sólo desea hojear (en el estricto sentido de la palabra) libros y que, a través de ese mínimo esfuerzo, pretende “estar al día” del tema elegido: un actor de moda, el cine negro, el western, el porno (bueno, éste suele hojearse más despacio)...

cinema_paradiso.jpgEn principio, la propuesta que ofrece Cacitel no se diferencia mucho del esquema general. De hecho, la editorial tiene otros ejemplares que resumen la historia de la música en el cine español, las mejores escenas, las mejores interpretaciones  y otros temas de un pedigrí semejante .

Sin embargo, eso es sólo el principio. Cuando se hojea (cómo no) el ejemplar, hay tres novedades que llaman poderosamente la atención: primera, la selección de bandas sonoras originales está muy cuidada; segunda, hay unos textos introductorios que aportan mucha más información de la que uno esperaba; y tercera, hay una gran diferencia de presentación entre la primera parte del libro (texto puro y duro) y la segunda (donde las reproducciones de portadas de discos en color se llevan la palma).

Estos tres elementos diferencian, para bien y para mal, Las cien mejores bandas sonoras de la historia del cine del resto de libros que responden a ese mismo patrón estructural. Veamos por partes las ventajas e inconvenientes del libro de Luis Miguel Carmona.

Lectura de verano

lista_schindler.jpgPrimero, la selección de bandas sonoras es prácticamente la misma que este cronista habría realizado (con las manías que cada cual pueda tener). Al estar basada en las ediciones discográficas (no en los propios títulos), hay un predominio claro de los años 60, 70 y 80 en cuando a número de títulos, precisamente coincidiendo con la época de oro del LP y del CD (ahora ya son Internet y E-mule quienes deciden los éxitos) y, suponemos, con la época en que el propio autor inició su afición al mundillo del coleccionismo cinematográfico.

(Nota entre paréntesis: en su comentario de Conan, el bárbaro, la extraordinaria partitura de Basil Poledouris de 1982, el autor confiesa sin rubor que es la “banda sonora que marcó a toda una generación, creando un febril coleccionismo en muchos aficionados”. Casi, casi una declaración autobiográfica.)

Así, encontramos 2 y 6 películas de los años 30 y 40, mientas que el número sube a 21 en los 60, 25 en los 70 y 20 en los 80, para finalizar con apenas 2 en la primera década del presente siglo. Y por lo que respecta a autores, Morricone es el líder (8 títulos); seguido por John Williams, Jerry Goldsmith y John Barry (todos con 7); a continuación Elmer Bernstein (6); Henry Mancini (5); Bernard Herrmann, James Horner y Miklos Rozsa (4); Maurice Jarre y Nino Rota (3); Alfred Newman, Alex North y Max Steiner (2); y un largo listado de autores con un solo título, entre los que se incluyen clásicos indiscutibles (Aaron Copland), los últimos de la fila (Hans Zimmer), europeos de siempre (Michel Legrand, Wojciech Kilar, Piero Piccioni), algún capricho personal del autor (Vladimir Cosma, Dave Grusin, Zbigniew Preisner) y, cómo no, una representación oriental (Ryuichi Sakamoto).

planeta_simios.jpg(Nota entre paréntesis: la inclusión de Pero ¿quién mata a los grandes chefs?, una brillante película de Ted Kotchef de 1978, con música de Henry Mancini, vuelve a poner de manifiesto cómo se mitifican los títulos primerizos de uno mismo. Esta banda sonora, que nunca ha salido en CD, es una hábil mezcla de música de comedia y de terror, como la propia película –que exige una urgente revisión–, pero probablemente no se diferencia tanto de otras comedias de miedo, a no ser por el poder mitificador de la memoria... y del cassette con la BSO, que este cronista llegó a “gastar” de tanto escucharlo hace más de veinte años.)

Como se ve, son todos los que están y, si acaso, este cronista echaría en falta únicamente alguna representación oriental más (pienso, por ejemplo, en Joe Hisaishi y cualquiera de sus bandas sonoras a base de piano para Takeshi Kitano). Pero es, desde luego, una opinión personal e, insisto, la selección de títulos es de lo más correcta.

Eso sí, la información que se aporta de estos cien títulos es apenas de medio folio: un párrafo para hablar de la película, otro para comentar alguna anécdota curiosa sobre la banda sonora y el tercero centrado en la música en sí. Lo dicho, una información para hojear rápidamente y tener una idea del título, eso sí, acompañada la epidérmica documentación con una excelente reproducción en color de la carátula del CD, en la mayoría de los casos de la mejor edición existente hasta ahora.

Consulta de invierno

memorias_africa.jpgPor el contrario, sí hay más información en el libro, información útil. Hablamos de esa primera parte del libro titulada “Historia de la banda sonora (La vuelta al mundo en ochenta compositores)” que, he aquí algo curioso, no está escrita por Luis Miguel Carmona, sino por Alex Bassas. Un repaso que ofrece exactamente lo que promete a lo largo de 34 páginas de texto muy apretado, con letra pequeña y pocas ilustraciones. Es, por derecho propio, el cuerpo del texto, la parte más atractiva para leer y, sin embargo, no aparece debidamente acreditado el firmante de estos textos como co-autor del libro.

Tras el somero, pero eficaz, repaso cronológico a los casi cien años de música de cine, se incluyen una serie de encuestas con las mejores bandas según determinadas revistas y críticos de prestigio internacional, para completar la selección de textos con un listado exhaustivo de todas las películas nominadas al Oscar en categorías musicales (banda sonora, canción, adaptación musical o cualquiera de los inventos que la Academia ha tenido a bien a lo largo de su historia). En definitiva, una amplia documentación que viene bien como consulta básica para conocer autores, etapas o premios musicales.

(Nota entre paréntesis: algunas de las listas son desternillantes. Por ejemplo, Amazon.com sitúa en los dos primeros lugares El guardaespaldas y Fiebre del sábado noche, ya que son las dos más vendidas, con 17 y 15 millones de discos, respectivamente. El crítico Richard Schickel elige entre las cinco mejores El bueno, el feo y el malo de Morricone. Y su compañero de la revista Time, Richard Corliss, elige con la mejor banda sonora de la historia... ¡¡todas las películas protagonizadas por Fred Astaire y Ginger Rogers!! Sin comentarios.)

Protesta de todo el año

tess.jpgLo que ya no es de recibo es la diferencia de maquetación y presentación existente entre las dos partes del libro (gentileza de José Manuel González-Fierro).

Si toda la parte dedicada a las bandas sonoras incluye la portada por una cara (en color, con una excelente reproducción) y el texto por la otra, este atractivo diseño se olvida en la primera parte del libro, donde el texto se presenta con un cuerpo diminuto, sin apenas márgenes a los lados (de hecho, los números de página casi ni aparecen), con el sumario camuflado en la página 2, bajo unas fotos de los dos autores con algunos de sus ídolos (Carmona con John Williams y Bassa con Poledouris), con un texto previo de risa y con una presentación de Carmona comprimida en una sola página a base de sacrificar legibilidad y generosidad.

No es de recibo una presentación tan grosera (permítasenos la expresión), sobre todo cuando se realiza en el mismo libro en que el diseño y maquetación de los textos sobre cada disco es tan generosa.

profecia.jpgAñadir cuatro u ocho páginas al libro, en su primera parte, no habría sido un coste excesivo (y más teniendo en cuenta que es en blanco y negro, mientras que el resto del libro es en color), pero le habría dado un aspecto mucho más agradable, invitando a releer los textos más densos del libro.

En definitiva, aunque ofrece cal y arena, es un libro ideal para adentrarse en el mundo de las bandas sonoras ahora en verano, que es cuando apetece leer cosas ligeras, porque el calor y la siesta no dejan tiempo para mucho más.