El cine digital (de Mike Figgis)

  02 Marzo 2013

La Biblia del cineasta amateur del siglo XXI

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En las décadas de los 60, 70 y 80 del siglo pasado abundaban los manuales destinados a enseñar a “hacer cine” a los aficionados. Eran tiempos del 8 mm y super-8 como formatos estrellas, lo que conllevaba un planteamiento muy “profesional” cuando uno se quería rodar un corto o un documental: bobinas de apenas tres minutos, necesidad de enviar a revelar antes de poder visionar el material, rodaje con celuloide, obligación de incorporar la pista magnética para grabar la banda sonora a posteriori...

Aunque se trataba de un formato amateur, todo se realizaba siguiendo el mismo planteamiento que una producción profesional, pero a pequeña escala.

Entonces comenzó a llegar el vídeo, primero a las tiendas especializadas y luego a cualquier gran superficie. Nacieron así el V-2000 (que era el mejor, porque grababa hasta 8 horas en una sola cinta de doble cara: por eso se lo cargaron las multinacionales, demasiado bueno para el consumo diario), el Betamax (patentado por Sony, también con buena calidad... también se lo cargaron) y el VHS (propiedad de JVC que, como era el formato de menor calidad, acabó imponiéndose).

Pronto se comprobó que se había ganado en comodidad y rapidez. Ya había desaparecido el esquema profesional y todo era mucho más aficionado: uno apretaba el botón y ya veía la imagen en el monitor de su cámara (en blanco y negro, eso sí), o podía conectar la cámara o el magnetoscopio a una televisión y, hala, a disfrutar de los niños haciendo el payaso.

Se había ganado en sencillez, pero se había perdido en concentración, preparación, estudio de lo que se iba a grabar (con cintas de tres horas ¡a quién le preocupa planificar! Se graba todo y hala, a disfrutar... ¿disfrutar?) y, sobre todo, se había olvidado que el rodaje es sólo el comienzo, lo importante viene después, con el montaje.

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El cine digital

La guerra de los formatos ha continuado a velocidad de vértigo. Sony aprendió de su derrota con el Betamax y sacó el Hi-8, un formato profesional en cinta pequeña, lo que significaba disminución del tamaño de las cámaras... y comenzó la batalla por la miniaturización.

Hoy, ya son formatos estándar el DV y, sobre todo, el mini-DV: grabar en cintas digitales de 90 minutos con una calidad altísima y una definición muy por encima de lo que proporcionaban todos los formatos anteriores. Y las cámaras caben sobradamente en la palma de una mano.

Y aquí están las grandes ventajas del vídeo digital: pequeñísimo tamaño, gran duración de las cintas, estabilizadores de imagen, monitores en color en vez del incómodo visor, posibilidad de incorporar efectos directamente en grabación, alta calidad y fiabilidad del formato y, por si fuera poco, multitud de automatismos para despreocuparse de los ajustes mínimos de la cámara: diafragma, enfoque, ajuste de blanco... todo se hace solo.

¿Grandes ventajas o inconvenientes?

Aquí es donde entra Mike Figgis (nacido en Carlisle, 1948), director que ha pasado por todos los estamentos imaginables (incluso es músico, ha dirigido teatro, es fotógrafo de modas y publicitario y, en sus ratos libres, imparte clases de vídeo y cine). Figgis ha trabajado para Hollywood (Asuntos internos, Miss Julie, La casa), para el extrarradio (Leaving Las Vegas) e incluso con el vídeo digital de forma experimental (Timecode, Hotel). Conoce todos los terrenos y sabe de lo que habla. Y está dispuesto a ofrecer una guía para navegantes y curiosos del siglo XXI:

“Ante todo, quiero que este libro sea realmente útil. Hace ya mucho tiempo que tomé una determinación conmigo mismo: no quedarme nunca información para mí, siempre transmitirla”.

figgis-hotel.jpgY eso es lo que hace con El cine digital: ofrecer una guía ante todo útil, en la que se da un repaso a su trayectoria profesional (que es la misma que la evolución de los formatos en el siglo XX y principios del XXI) y se aprovecha para dar sabios consejos a los que quieren hacer cine y no se escudan tras excusas indefendibles.

En su recorrido analiza formatos, diseños y sus carencias (sobre todo la falta de comunicación entre fabricantes y realizadores, que son quienes pueden explicar las verdaderas necesidades que ha de cubrir una cámara), habla de la iluminación en tiempos del vídeo digital (o de la luz natural como máxima herramienta: si Néstor Almendros levantara la cabeza), de la preproducción (con la necesidad de ahorrar en localizaciones y centros donde controlar los equipos y evitar pérdidas de material), de los movimientos de cámara (donde se muestra firme defensor de Godard: cada movimiento ha de estar justificado), de la postproducción (fácilmente realizable incluso con un ordenador portátil hoy en día), de la música, de la distribución...

Sus palabras destilan sabiduría y cariño por un medio hoy en día menospreciado: las cámaras son tan fáciles, tan pequeñas, tan automáticas... que todo ello se ha convertido en una dictadura de la vulgaridad, del dominguero chapucero que jamás se para a pensar, sólo aprieta el botón.

Sus apreciaciones en este sentido tienen su colofón con un hachazo mortal al Dogma 95 (¡que este cronista suscribe encantado!) por pretender otorgar pretensiones artísticas a lo que no es más que el trabajo rudo y vulgar de un dominguero (además, encumbrado a través de unas normas escritas en una servilleta tras una comilona con excesivo vino, añade este cronista):

“Ver una película movida puede causar auténticos mareos debido a la inestabilidad del manejo de la cámara. Otro problema es el éxito que obtuvo el movimiento Dogma 95, que dio alas a los realizadores del mundo para tambalear la cámara... Y aunque algunos puedan entenderlo intelectualmente, esta corriente no ha sido una buena influencia para las personas que hacen cine digital, porque se creen que es algo aceptable. A mi parecer, obstruye totalmente el proceso narrativo porque la gente toma demasiada conciencia de la cámara”.

Alba Editorial

figgis-levingvegas.jpgUn último apunte acerca de los responsables de la edición de este imprescindible manual de campaña en nuestro país.

Alba Editorial se ha convertido en los últimos años en un foco continuo de sorpresas. Bajo una apariencia sencilla pero elegante, con portadas casi siempre de un color pastel y sencillos diseños, con ediciones carentes de fotografías pero con un cuerpo de letra cómodo para ser leído y, sobre todo, con una brillante selección de títulos, no para de ofrecer al aficionado al cine títulos casi, casi imprescindibles.

Hace un par de semanas os hablábamos del libro La aventura de dirigir un casting de Janet Hirshenson y Jane Jenkins, una rareza en el panorama editorial español. Hoy os hablamos, también positivamente, de este manual a contracorriente de Mike Figgis. Quizá pronto podamos recomendaros (porque tiene muy buena pinta a priori) del último libro de David Mamet, Bambi conta Godzilla, en el que promete suculentos comentarios sobre el Hollywood actual y sus alrededores.

Un gran esfuerzo digno de reconocimiento el de esta editorial afincada en Barcelona.

La Biblia de Mike Figgis

Como aperitivo de lo que contiene El cine digital, aquí os adelantamos algunas sugestivas propuestas de su forma de entender el cine de guerrillas (o el denostado cine amateur) en el momento actual. Pero esta selección no agota un libro que se lee y se relee fácilmente y que debería ser de lectura obligada para todos aquellos que quieran hacer cine al margen de la industria en la actualidad.

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CÁMARA:
“Para formarse como realizador de cine, cuanto más tiempo dediquemos a las cámaras, mejor. Sea una cámara de fotos, de cine o digital, lo importante es familiarizarse con ella para utilizarla con total naturalidad”.

CINE:
“La verdad es que hacer una película es muy fácil. Lo complicado es la coordinación de un sinfín de elementos muy sencillos que normalmente se requieren todos a la vez”.

DIRECTOR:
“La cuestión es que no importa realmente qué equipo utilicemos. Lo que importa es el artista y su actitud. Es decir, un realizador serio cogerá una Arriflex de 16 o 35 mm, o una cámara de vídeo Panasonic, y en seguida se notará que hay una intención seria en la manera de manejar la cámara y en la manera de grabar la imagen”.

GRABACIÓN:
“Tener demasiada información y demasiado poder de elección supone una enorme limitación para la creatividad. También, dado que actualmente el material de grabación no tiene límite, la disciplina de pensar por anticipado no suele ser el hábito de la gente que se dedica a grabar y a grabar indefinidamente”.

ILUMINACIÓN:
“Existe ese mito de que el vídeo necesita más luz. Hay dos escuelas: la mía, que dice que se necesita menos luz, y la otra, según la cual se necesita más para vídeo que para 35 mm. Eso es cierto si quieres un estilo determinado, pero es un estilo espantoso”.

MOVIMIENTO:
“La regla respecto al movimiento de cámara es muy sencilla. Preguntarse siempre: ¿por qué se mueve la cámara? Y si la respuesta es: <No lo sé>, entonces es mejor poner un trípode”.

PLANIFICACIÓN:
“No sirve fiarse únicamente del instinto en el momento de rodar la escena. Se puede obtener una secuencia muy bella, pero hay que tener en cuenta que tal vez no se pueda montar porque hemos olvidado el ángulo inverso, el plano crucial para el montador. Por tanto, dentro de la planificación global es fundamental que, aunque un director no sepa dibujar storyboards, tiene que saber confeccionarse una lista de los planos”.

POSTPRODUCCIÓN:
“Hoy se puede editar con cualquier ordenador. Sin embargo, la gente sigue cayendo en la trampa de buscar excusas para no hacer una película, probablemente porque hacer cine, viéndose de repente holgados y con la libertad de crear noventa minutos de narración visual, sigue siendo una idea que intimida”.

PRESUPUESTO:
“Parece que existe un temor a lanzarse al gran agujero negro y desconocido donde se puede hacer una película prácticamente con nada. El presupuesto ya no puede utilizarse de una manera legítima como excusa para no hacer una película”.

PRODUCTOR:
“El oficio del cine ha sido siempre una guerra entre la creatividad personal de los realizadores y los estudios que se ocupan de restringir la creatividad y controlarla ellos mismos. Suelen hablar de equipo cuando, de hecho, practican una dictadura”.

Escribe Mr. Kaplan

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Título El cine digital
Título original Digital film-making
Autor Mike Figgis
Editorial Alba Editorial
Lugar y fecha Barcelona, febrero 2008
ISBN 978-84-8428-375-1
Nº páginas 180 páginas
Precio 18 euros