¿Sabías que Brad Pitt y Epi son la misma persona? (de Luján y Del Baño)

  31 Marzo 2008
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Título:

¿Sabías que Brad Pitt y Epi son la misma persona? (y su padre Superman)

Título original:

¿Sabías que Brad Pitt y Epi son la misma persona? (y su padre Superman)

Autores:

Luis Miguel del Baño Fernández y Gloria Luján Gómez

Editorial: Espejo de tinta
Fecha: Madrid, 2008
ISBN: 978-84-96892-22-4
Nº páginas: 200 (sin fotos)
Precio: 15 euros

La voz oculta de las estrellas
Escribe Mr. Kaplan

He aquí un libro que lo tiene todo, a priori, para ser un éxito: un tema muy poco tratado (el doblaje en España); dos autores jóvenes y con ganas (Luis Miguel y Gloria); mucha documentación recogida a lo largo de años (a base de entrevistas a los principales dobladores de nuestro cine y publicidad); un título atractivo (que promete sorpresas en el interior); y una abundante presencia en distintos medios de comunicación (en parte porque sus autores se mueven entre la televisión y los gabinetes de prensa).

Y, sin embargo, el resultado final es desilusionante.

camilo_garcia.jpgLuis Miguel del Baño y Gloria Luján, ambos nacidos en Valencia en 1980 y licenciados en Periodismo, viven hoy en día de la redacción de noticias: uno, a través de los servicios informativos de Canal 9 (Televisión Valenciana); la otra, tras su paso por la agencia Europa Press, a través del gabinete de prensa de la Generalitat Valenciana.

El dato podría parecer ocioso e innecesario, ya que sencillamente basta ojear la solapa del libro para constatarlo, pero tiene una importancia vital para entender el gran problema del libro: su falta de estructura, de proyecto global, de unidad; el libro tiene un carácter fragmentario que no ayuda nada a su lectura.

Tras una introducción a la magia del doblaje, a lo que en tiempos del DVD significa la posibilidad de elegir diversos idiomas para ver un filme, los autores nos proponen un juego ingenioso: imaginemos que en una habitación a oscuras se sientan, alrededor de una mesa, Epi, Brad Pitt, Heath Ledger, la tortuga Michelangelo y Will Smith; comienzan a hablar entre ellos y... ¿sabrías distinguir sus voces?

daniel_garcia.jpgEl juego, que se malogra en parte porque el título del libro ya nos da una pista, sirve para introducir el trabajo de Daniel García, “uno de los grandes actores de doblaje de nuestro país”, pues es él quien dobla a todos los anteriormente citados.

A continuación, el libro va desgranando los nombres que doblan y los personajes doblados. Así, descubrimos que Manolo García es la voz de David Carradine, Superman, Eliott Ness o Robert Redford. Camilo García es el inolvidable Hannibal Lector (o sea, Anthony Hopkins). Ricard Solans ha doblado las sagas de Rocky y Rambo, además de Dustin Hoffman. Jordi Brau comparte las voces de Tom Hanks y Tom Cruise. María Luisa Solá es Kim Bassinger, Susan Sarandon, Sigourney Weaver o Cruella de Ville. Y la lista es casi, casi interminable.

El problema surge cuando la presentación de nombres, títulos y anécdotas se combina sin más rigor que el capricho de los autores. No hay un trabajo sistemático, se salta de una anécdota a otra y de un doblador a otro sin mayor rigor.

ricard_solans.jpgNo es que pretendamos que el libro sea un trabajo técnico sobre el doblaje, algo que sus autores ya dejan claro desde el principio: “No se trata de un libro ni mucho menos técnico. Primero, porque no somos técnicos ni profesionales del arte del doblaje y, segundo, porque tampoco es nuestra intención. Tan sólo buscamos acercarles al gran mundo del doblaje, pero en su aspecto más básico, aunque más importante y magnífico: las voces. Con todo el respeto de los históricos de esta profesión, les presentamos a continuación a los profesionales que hoy día se encuentran en primera línea, embaucándonos con sus voces, aventura tras aventura”.

La ausencia de una estructura clara que dé sentido al libro acaba pesando en el resultado final. Hay capítulos, eso sí, dedicados a descubrir las diferencias entre los rostros y las voces, a hablar de la publicidad (como medio de subsistencia habitual), de la dificultad de los doblajes con acentos extranjeros (siempre con asesores en cada idioma), de lo difícil que está hoy en día el doblaje debido a las medidas antipiratería (que obligan a doblar sin ver la imagen, sólo el fragmento de pantalla donde se ve la boca del intérprete)...

Pero, junto a esos temas más cercanos al mundo del doblaje, aparecen otros menos significativos: frases que hicieron historia (como en cualquier libro del tipo Las mejores películas del...), la búsqueda de niños para doblar, los premios Oscar...

Y, lo peor de todo, en todos esos capítulos hay un maremágnum poco ordenado de nombres y recuerdos, frases, memorias, citas... y la continua obsesión por insistir en que el nombre de turno “es uno de los mejores dobladores de nuestro país”. Algo innecesario, repetitivo, cansino, que acaba apuntando a la intención de los autores por ser amables con cada uno de los dobladores que han accedido a proporcionarles información.

maria_luisa_sola.jpgYa lo decíamos al principio, su trabajo cotidiano en los informativos y en el gabinete de prensa de la Generalitat Valenciana les ha proporcionado sin duda muchos contactos, la posibilidad de moverse y conocer a algunos de los protagonistas del libro, pero éste es deudor de lo “políticamente correcto”, como corresponde a los organismos públicos donde ellos trabajan (la televisión y la información política); acabamos teniendo entre manos un texto demasiado empeñado en quedar bien con todos, demasiado pendiente de incluir todo lo que cada uno ha contado en las entrevistas previamente grabadas... y esto juega en contra del propio libro, que termina resultando confuso, pesado, alargado artificialmente, no progresa, no avanza en ninguna dirección, da vueltas una y otra vez sobre temas y personajes.

Es un problema de estructura. No es lo mismo redactar una breve noticia de un par de folios que organizar la información que proporcionan cincuenta entrevistas en un libro de doscientas páginas. Una auténtica pena, porque el libro no es malo, la documentación es impresionante, pero acaba quedándose en un “quiero y no puedo”. Lástima.