Cine y posmodernidad (de Juan Orellana Gutiérrez)

  01 Agosto 2012

¿Se puede amar y odiar al mismo tiempo un libro? 

cine-y-posmodernidadJuan Orellana es, entre otros muchos cargos, Director del Master de Dirección Cinematográfica de la Universidad CEU San Pablo y Director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española. Dos detalles de su extenso currículum que no hay que perder de vista a la hora de abordar la lectura y análisis de su último libro, Cine y posmodernidad, editado en mayo de 2012 por Every View dentro de la colección de ensayos Desde la Universidad.

El cine, la enseñanza, la posmodernidad (o el desencanto de la Modernidad), la Universidad y algunos de los títulos cinematográficos estrenados en el ultimo año en nuestro país (una grata sorpresa: un libro de análisis que incluye títulos estrenados durante el presente año 2012) son los elementos que maneja el Doctor Orellana para plantear su particular cruzada al revisar el cine realizado en los últimos cuarenta años (para ser más precisos, toma como referencia Love story, de Arthur Hiller, título realizado en 1970) y, en especial, el del siglo XXI, incluyendo en sus estudio recientes estrenos como Young adult, Chronicle, Katmandú, La chispa de la vida, El Havre o Un Dios salvaje… definitivamente estamos ante un texto de la máxima actualidad.

Para su metódico y sistemático estudio, el profesor adjunto de Narrativa Audiovisual del CEU San Pablo divide su libro en dos partes: en la primera, titulada Las patologías del vínculo, estudia los problemas del mundo actual y su reflejo en el cine; en la segunda, La restauración de los vínculos, el autor recupera aquellos títulos que ofrecen soluciones a esos grandes problemas a los que se enfrenta el ser humano en la actualidad.

¿Los grandes problemas de nuestro siglo?

En síntesis, cuatro, a los que Orellana denomina la expulsión del padre, el narcisismo, las relaciones líquidas y el inevitable nihilismo.

Ahondando en su tesis, el autor propone el Mayo del 68 como fuente de un ideal que ha acabado por perjudicar a las nuevas generaciones, porque aquellos ideales han traído consecuencias nefastas en la vida real de quienes lo vivieron. En su afán didáctico, lo expone abiertamente en la página 12

El mayo francés alberga una doble condición paradójica. Por un lado representa la última reivindicación exasperada de los ideales prometidos y no cumplidos de la modernidad; pero a la vez supuso su acta de defunción”.

Para ello parte de la ausencia de referentes válidos para nuestros jóvenes, bien por la ausencia del padre o porque éste no desarrolla adecuadamente su función, problema ilustrado con títulos como Una historia de Brooklyn o La ola (en la que los referentes no son los padres, sino la tribu).

Una ausencia de referentes que indefectiblemente conduce a una cultura narcisista, es decir, a considerarse a uno mismo como el centro del mundo y apostarlo todo a obtener un placer directo e inmediato. Para demostrar su teoría acude a títulos como Young adult (o la eterna adolescente que no acepta el no por respuesta), La red social (o el narcisismo colectivo) y La chispa de la vida (o el éxito a toda costa, aunque sea por televisión).

Tipos propensos a anteponer el culto a uno mismo sólo pueden desembocar en relaciones de usar y tirar, a las que el presidente de Signis-España denomina “relaciones líquidas”, es decir, el sexo sin amor y sin compromiso. Un tipo de relación que podría tener su origen en un título como El último tango en París (1972), aunque Orellana prefiere tomar como película profética Historias del Kronen (1995), añadiendo ejemplos como En la ciudad (2003) y A la deriva (2010).

Finalmente, fruto de todas las patologías anteriores, el ser humano (fundamentalmente el joven, aunque los síntomas se dan en todas las edades) acaba siendo presa de un nihilismo inevitable: no hay nada por lo que merezca la pena vivir. O sea, que uno acaba volcándose en el culto al dinero (Margin Call, 2010), rechazando la realidad (La flaqueza del bolchevique, 2003), descubriendo la escasa sociabilidad del ser humano (Un Dios salvaje, 2011) o abrazando un ateísmo desencantado (Melancolía, 2011).

Para que la lección quede clara, fiel a su planteamiento educativo mantenido desde el principio, tras presentar los problemas e ilustrarlos uno a uno, director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española elige un título donde todos los grandes problemas del ser humano en el siglo XXI quedan reflejados a la perfección: Thirteen (2003), la película de Catherine Hardwicke, que se analiza más a fondo que el resto de títulos.

Pero a grandes males grandes remedios, de ahí que la segunda parte del libro se centre en cómo se solucionan esas grandes carencias cuyo origen está, como ya hemos comentado, en el Mayo del 68, algo que Orellana subraya en alguna que otra ocasión, con ese afán pedagógico que ya hemos destacado:

Los hijos de aquellos matrimonios liberales, relativistas y desinhibidos, cuando han llegado a la edad de interiorizar figuras referenciales, se han encontrado con los matrimonios de sus padres deshechos, o con relaciones esporádicas, “líquidas”, o han tenido que convivir con las novias/os de sus progenitores —a menudo de la misma edad que ellos—, o en otro orden de cosas han visto a sus progenitores consumir marihuana a la vez que exigían a sus hijos responsabilidad en sus conductas” (página 41).

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¿Cuáles son los grandes remedios?

Aplicando su metódico esquema al cine reciente, Orellana encuentra títulos en los que se incluye la búsqueda del padre (y, en ocasiones, del hijo), en los que un personaje huye del culto a su propio yo para abrirse a los demás, en los que se apuesta por vínculos duraderos en vez de relaciones esporádicas y, por último, el nihilismo da paso a la búsqueda de un sentido profundo a la vida.

Tres títulos de 2011, Los descendientes, Tan fuerte, tan cerca y La invención de Hugo, le sirven para ilustrar esa búsqueda del padre, además de algunos filmes aún no estrenados entre nosotros.

La apertura al otro viene comentada a partir del más reciente éxito del cine francés, Intocable, junto a recientes éxitos de crítica como El Havre o Maktub, todas ellas también de 2011.

El niño de la bicicleta, Babel, Profesor Lazhar o Arriety y el mundo de los diminutos son los títulos elegidos por el autor para contraponer la importancia de un abrazo frente a las relaciones esporádicas, líquidas, sin compromiso por parte de los protagonistas.

Por último, la necesidad de que haya algo más, de que la vida no sea sólo ese mundo de culto al dinero, al yo, relaciones sin responsabilidades y falta de referentes válidos, esa búsqueda de algo más la ilustra con el análisis de películas como Nunca me abandones (2010), la reciente Madrid, 1987 (2012) y varios títulos de 2011: Biutiful, El árbol de la vida, Verbo

En definitiva, en sus dos caras, ese gran espejo que es el cine sirve a Orellana para mostrar los problemas del mundo actual y sus soluciones. Todo expuesto concienzudamente, con gran meticulosidad, sin grandes análisis de los filmes, pero sí lo suficiente para comprender lo que el autor quiere exponer.

Un gran trabajo, expuesto con la claridad de ideas necesaria para que cualquier lector pueda llegar de principio a fin y, por supuesto, comulgar con las ideas del autor.

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¿Se puede amar y odiar al mismo tiempo un libro?

Ese es al final el problema. El autor busca a toda costa que todos aceptemos sus postulados acerca de la familia, la religión, la vida, Dios…

Y he aquí donde muchos lectores se distanciarán sin duda del libro y su propósito.

Es, permítasenos la expresión, la vieja lucha entre fondo y forma, entre la exposición y el contenido. Nada nuevo bajo el sol.

Uno puede alabar lo bien planteado que está todo el proceso… y no coincidir para nada con la ideología que intenta transmitir.

Y no es algo a lo que Orellana sea ajeno. Él mismo plantea esa duda cuando analiza Katmandú, un espejo en el cielo (2012):

En los dos abortos del film, la reflexión siempre cae del lado de la mujer: si es arriesgado, si es peligroso…. Pero nunca se alude al valor en sí del hijo concebido en sus entrañas. No queremos decir que el tratamiento del tema sea frívolo —Icíar Bollaín es la antítesis de una cineasta frívola—, pero sí que es ideológico: el mensaje se impone a la realidad e impide valorar todos los factores”.

Pues eso mismo, doctor Orellana: el mensaje se impone al libro.

Y en cuanto a la pregunta… indudablemente, se puede amar y odiar a la vez un libro.

Escribe Mr. Kaplan

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Título Cine y posmodernidad
Subtítulo Las patologías del vínculo y su sanación
Autor Juan Orellana Gutiérrez de Terán
Editorial Every View ediciones
Lugar y fecha Madrid, mayo 2012
ISBN 978-84-938-6502-3
Nº páginas 129 páginas
Precio 14,96 euros
Más información www.everyview.eu