Alégrame el día (de Jesús Palacios)

  28 Julio 2011
Capricho imperial

alegrame_el_diaCon un subtítulo suficientemente explicativo de las intenciones y alcance de este libro —El cine de Hollywood en sus mejores frases—, Jesús Palacios propone un recorrido muy particular por la historia del cine norteamericano: a través de los diálogos más famosos, de las frases más recordadas e incluso, en ocasiones, de los eslóganes publicitarios con que se vendieron los filmes.

Aunque en realidad frases hechas no es lo único que ofrece el libro: el escritor y crítico aprovecha para dar su propia visión del cine made in USA y, de paso, algunas afinidades electivas que este cronista no alcanza a comprender qué hacen en este libro. Así, se suceden artículos sobre el peor de director de la historia del cine (Ed Wood), el diálogo basura favorito del autor (extraído de Queen of outer space, 1958, de Edward Berns: ojo, sobre un argumento original del intocable Ben Hecht) o incluso nos cuenta por qué John Waters es para Palacios el rey del mal gusto cinematográfico.

Si el alcance inicial de la propuesta (una recopilación antológica de frases de película) puede resultar de cortos vuelos, pero tiene su gracia y hasta su coherencia, los añadidos acaban por enturbiar el propósito del texto, para derivar en una exposición de las filias, fobias y antojos del autor.

Y podría tener su gracia… aunque acaba por no tenerla.

El análisis histórico más o menos caprichoso y la inclusión de capítulos decididamente fuera de lugar, acaban por convertir el libro en otra cosa, que este escribiente considera más apropiada para un blog: esa herramienta ideal en Internet, por un lado, para quien quiere cotillear la vida de cualquier autor, ya sea real, inventada, intelectual, sentimental o vaya usted a saber; y, por otro lado, perfecta para quien está interesado en exponerla.

Pero eso es un blog y esto un libro… al menos eso supone el lector ocasional que aprovecha en este caso las fechas veraniegas para recuperar algunos títulos atrasados que presupone interesantes y que han aguardado pacientemente su turno en cualquier estantería.

Y a un libro se le presupone algo más de coherencia, cierta fidelidad al propósito —como decíamos, bien subrayado por el elocuente subtítulo del libro— y, en fin, un nivel que compense la dedicación de unas cuantas horas del que se sienta a devorar sus páginas, no esos minutos perdidos que se pueden invertir en echar un vistazo a la vida en un blog.

Curiosamente, el autor promete en su prólogo unas intenciones que van más allá de la somera recopilación de citas —tarea demasiado fácil, según él—, para ofrecer un corpus dramático que dé coherencia al relato. Lo anuncia justo en el prólogo, como el gran hallazgo del presente texto:

“A la hora de dar comienzo a un proyecto como este, surgen primero dos opciones bien claras: ejercer únicamente la labor de antólogo, limitándose el autor a recopilar aquellas frases que el cine ha inmortalizado, así como otras que, a su juicio, merecen ser recordadas… O bien, tratar de buscar algún tipo de coherencia interna en el tema, uno o varios <argumentos> que vertebren de alguna forma la exposición de estas frases y diálogos cinematográficos. Si la primera opción es, claramente, la más fácil, la segunda es la más atractiva para quien, como yo, sigue fascinado como el primer día que entrara a una sala de cine por el fenómeno de Hollywood. Por eso, a diferencia de los libros al uso editados, generalmente, en el ámbito anglosajón, lo que el lector tiene ahora entre manos es algo más o algo menos que una simple recopilación de citas y frases cinematográficas. También lo es. Pero, ante todo y sobre todo, es un nuevo intento por explicar algunos de los misterios que rodean el cine y, más concretamente, esa fábrica de sueños del siglo XX que es Hollywood”.

JESUS_PALACIOSLoable intención que se mantiene durante la primera parte del libro, aunque a duras penas, ya que la selección de citas —elegidas de los filmes realizados entre 1930 y 1970 porque Palacios asegura que es la edad de oro del guión norteamericano— pronto se convierte en un listado arbitrario y caprichoso: está dividida en tres capítulos, uno dedicado a citas de la comedia, otro de frases extraídas del melodrama y un tercero, atención, centrado en los homosexuales en el cine de Hollywood.

Exacto.

La misma cara se le quedó a este cronista al descubrir que no hay frases célebres en el western, el bélico, el terror o la ciencia-ficción, por citar otros géneros clásicos. Son mucho más célebres las frases o intenciones más o menos veladas de gays más o menos declarados en películas más o menos apologéticas de lo Kitsch.

En su delirio ocasional, el autor llega a la conclusión de que Hollywood es en el fondo un gran armario del que poco a poco van saliendo todos aquellos gays que han ayudado a su triunfo… porque Hollywood es lo Kitsch por excelencia: pretencioso, pasado de moda, de mal gusto.

Y lo sella con un párrafo espectacular:

“Sí, Hollywood es gay. Es el triunfo de la mentira, de la forma, de la ficción. Del arte y del artificio. Es el elixir de la vida eterna, tan falso como todos, algo amargo a veces, sobre todo cuando sobre la pantalla aparece la palabra FIN y hemos de volver a mirar a nuestro alrededor, pero el único que una y otra vez deseamos beber, apurando el vaso hasta la última gota, por amarga que sea. Nos ha hecho adictos a la mentira y al arte, dos palabras que aq veces significan lo mismo, y gracias a esta adicción podemos soportar esa otra enfermedad que nos lleva siempre hasta la tumba: la vida”.

Cerrada la primera parte del libro con tan jugosas afirmaciones (entre las que se asegura con satisfacción que algunas de las cimas del cine gay hollywoodense son El crepúsculo de los dioses o Laura), la segunda se convierte en ese listado exhaustivo de citas en el que, esta vez sí, tienen cabida todos los géneros, con frases a veces ingeniosas, a veces simplemente famosas y en ocasiones absolutamente olvidables para este cronista. Aunque esto último es algo normal en cualquier selección, porque siempre es algo subjetivo.

Lo difícil es comulgar con los análisis previos —esos que iban a dotar de profundidad y coherencia al libro— y con esos extras que van más allá de las frases célebres para ofrecernos sendos artículos sobre directores, películas o lo que al autor le ha parecido oportuno, simplemente porque es el autor y por tanto escribe de lo que le apetece en cada momento.

Lo dicho, parece más bien un capricho, un pasatiempo construido según las apetencias de cada momento.

Perfecto para un blog.

Difícilmente soportable para un libro.

Escribe Mr. Kaplan

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