Alfred Hitchcock (de Bill Krohn)

  20 Junio 2018

Las dos caras del genio: De Lang a DeMille

Alfred Hitchcock, de Bill KrohnNuestra reseña anterior era sobre el primer libro que se dedicó a Hitchcock, en 1957, ya entonces anunciábamos que el siguiente análisis sería sobre uno de los últimos estudios del maestro, concretamente el de Bill Krohn, fechado en 2007, aunque aparecido en España a finales de 2010. Ambos editados por Cahiers du cinéma con una diferencia de 50 años, pero con un afán muy similar: demostrar que Hitch es un autor… aunque con matices.

Alfred Hitchcock es uno de los diez primeros libros de la colección Maestros del cine de Cahiers du cinéma que, por primera vez, se editan en español. Para garantizar que la colección tenga éxito, la editorial ha tomado dos decisiones inteligentes: primera, ponerlos a un precio tan popular como 7’95 euros cada libro, y eso que son ejemplares cuidadosamente editados, formato grande y multitud de fotografías, muchas de ellas inéditas.

Y segunda, elegir cuidadosamente los primeros números de la colección, uniendo clásicos incuestionables (Hitchcock, Stanley Kubrick), con algunos de los indiscutibles maestros de finales del siglo pasado (Woody Allen, Francis Coppola, Martin Scorsese, David Lynch, Steven Spielberg), a los que se ha añadido algún director de moda (Tim Burton, el actual niño mimado de la industria) y, por supuesto, algún director sagrado del país en el que se van editando los libros (en nuestro caso el inevitable Pedro Almodóvar).

Dos decisiones arriesgadas que, unidas a una buena distribución en las grandes librerías e Internet, animan a una labor que hoy en día ya no se lleva: coleccionar libros de cine. Eso sí, en papel y pagándolos… lo de leer pegados a una pantalla es otra cosa.

Y si la colección tiene una presentación de primer nivel, no menos interés despierta su contenido, al menos en el caso del libro de Bill Krohn, que no sólo se convierte en un digno sucesor de aquella “auténtica joya” —como definíamos en nuestro artículo anterior al libro que descubrió al autor Hitchcock en 1957, escrito por Claude Chabrol y Éric Rohmer—, sino que se permite el lujo de apuntar nuevos caminos, nuevas ideas no explotadas a la hora de estudiar a Hitch, algo que parece muy difícil tras la enorme cantidad de literatura (y entiéndase el sustantivo en todos sus sentidos) que se ha vertido sobre su obra.

En La muchacha de Londres, la rubia Anny Ondra, brillante actriz alemana de origen polaco, que había intervenido en algunas películas británicas de cine mudo y que lo hace también en The Manxman, se convierte en una gran intérprete bajo la batuta de Hitchcock. Después de esta actuación se retira, dejando una huella indeleble en la obra del maestro” (página 13).

He aquí una de las claves de la obsesión de Hitch por las rubias, una obsesión que se hizo muy evidente en sus películas con Ingrid Bergman, Grace Nelly, Eve Marie Saint, Kim Novak, Janet Leigh y Tippi Hedren, sin olvidar el guiño incluido en su testamento fílmico, Family plot, con una falsa rubia interpretada por Karen Black… quizá una muestra de su desengaño continuo con este tipo de mujeres.

Pero si atrevida es esta lectura que sitúa esta obsesión en los orígenes de su carrera, no lo es menos afirmar que Hitch tenía dos padres cinematográficos, uno bueno y otro malo, uno reconocido y otro oculto: Cecil Blount DeMille y Fritz Lang.

Hitchcock siempre ha sido aficionado a la dualidad: ahí está su lado impoluto y, por supuesto, su cara oscura

Del primero hereda su afán por el espectáculo, la inclusión de una letra en mitad de su nombre artístico (recordemos que durante un tiempo firmaron como Cecil B. DeMille y Alfred J. Hitchcock), el poner su nombre como gran autor delante del título en los créditos de sus filmes, e incluso crear series de televisión que en su momento fueron grandes éxitos. Por su parte, del alemán hereda soluciones más complejas en lo visual y sonoro y, sobre todo, la oscuridad de unos temas que no siempre son lo que parecen a primera vista.

Si DeMille es el yo ideal de Hitchcock, Lang es su superyo, lo que parece evidente en La ventana indiscreta, en la que Jeffries, verdadero doctor Mabuse, está a punto de pagar el precio máximo por haber querido verlo todo en el pequeño mundo del patio de manzana. En De entre los muertos, Lang proporciona la fuente del oscuro cuento de hadas y su reconstrucción, que tiene lugar cuando Scottie ve que no se halla en un cuento de fantasmas como creía, sino en una historia de cine negro: variación de la gran película de cine negro de Fritz Lang Perversidad (1946), en la que un oficinista oprimido y pintor aficionado se transforma en verdadero artista después de enamorarse de una chica de vida alegre a quien acaba matando al saber que actúa únicamente al dictado de su proxeneta” (página 72).

Podríamos seguir apuntando ideas, sugerencias, sugestivas propuestas que lanza Bill Krohn a la hora de reinterpretar la obra de Hitch. Quizá, como sucede muchas veces, algunas sean aventuradas, pero el autor se esfuerza por dotarlas de una convincente documentación y una arriesgada interpretación (algo digno de agradecer en los tiempos en que la mera opinión se impone por encima de cualquier razonamiento).

Así, Krohn apuesta por otra obsesión de Hitch en torno al número 13 (el de su primera película, el de la matrícula de varios coches, el de alguna vivienda fundamental en sus películas…), número que siempre aparece asociado a sus películas clave, las que anuncian un giro en su carrera o las que, sencillamente, el maestro considera que son auténticamente suyas.

La rubia Janet Leigh en Psicosis: también sus personajes tienen dos caras y se dejan seducir por su lado oscuro

Pero mejor no seguir desvelando tramas, a fin de cuentas es más atractivo que el lector vaya descubriendo un texto que se desliza poco por los lugares comunes en torno al “mago del suspense” y prefiere transitar por caminos de luces y sobras, por senderos poco señalizados y por lugares donde llega por primera vez la luz del crítico entusiasta que sigue rasgando en la superficie para descubrir, no sin deleite, huellas del maestro hasta en los títulos aparentemente menos atractivos a priori.

Una labor casi, casi de arqueólogo, de fan entusiasta, de estudioso sistemático. Con Bill Krohn de guía, el libro se sigue sin esfuerzo por dos decisiones inteligentes: la originalidad de su propuesta y el hecho de que el texto se lea prácticamente en una sola tarde, ya que las cien páginas del libro van acompañadas por una enorme cantidad de material gráfico y unos sugerentes recortes, donde se subraya la colaboración de algunos técnicos con el maestro (atención al texto de su ayudante personal, Peggy Robertson: digno de ser enmarcado) o se extraen fragmentos de otros estudios (como el uso del story-board, el valor que da al primer plano o su relación con Cary Grant).

Que todo ello se pueda vender con una presentación visualmente muy atractiva por menos de ocho euros es un misterio que sólo puede obedecer a esas ventajas que tiene la globalización: como muchos otros “grandes libros”, éste se ha editado en China y ya sabemos que allí la mano de obra resulta mucho más barata.

No dejen de darse una vuelta por su librería favorita y echen un vistazo a la colección Maestros del cine. Elijan aquel director que más les guste. Ya hay diez para elegir y, si el invento funciona, seguro que vendrán más. En estos tiempos de pantallitas para todo (¿se imaginan el glorioso Vistavision de Con la muerte en los talones en un teléfono móvil o cualquier sucedáneo?), incluso para la lectura de cualquier libro (¿y las ilustraciones qué?), es de agradecer que alguien siga apostando por la literatura pura en el entrañable papel de toda la vida.

Por una vez apostamos por el efecto dominó: a ver si otras editoriales se animan a publicar colecciones de libros de cine tan atractivas… y tan baratas.

Escribe Mr. Kaplan

¿Alguien se imagina disfrutar del glorioso Vistavision de Con la muerte en los talones en una birriosa pantalla de un I-pad o un juguetito similar?

PD: ya que hablamos de colecciones a buen precio, y aprovechando que el monográfico de finales de 2010 está dedicado a Joel y Ethan Coen, nuestro próximo libro en esta sección, Fahrenheit 451, estará dedicado al estudio que Fernando de Felipe realizó de Barton Fink, dentro de la colección Películas de la editorial Paidós… una colección que guarda gratos recuerdos para algunos miembros de Encadenados. La explicación, en el próximo artículo.

PD-2: por cierto, ¿habéis observado que la portada de este libro “continúa” la del libro anterior incluso en la foto de Hitch: muestra la cara del genio en una postura y un gesto similar, aunque la nueva foto está realizada algunos años después? ¿Un chiste privado o un apunte acerca del objetivo oculto de esta continuación?

 Título  Alfred Hitchcock
 Título original  Alfred Hitchcock
 Autor  Bill Krohn
 Editorial  Cahiers du cinéma, colección Maestros del cine
 Lugar y fecha  Primera edición francesa, París, 2007
 Primera edición española, 2010
 ISBN  978-2-8664-2580-7
 Nº páginas  104, ampliamente ilustradas
 Precio  7'95 euros
 Anotaciones  la colección ha comenzado a editarse en español con 10 monográficos