King Kong, 75 años después (de Antonio José Navarro)

  20 Abril 2009
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Título: King Kong, 75 años después
Coordinador: Antonio José Navarro
Autores: Román Gubern
Tomás Fernández Valentí
Ramón Freixas y Joan Basa
Ángel Sala
Editorial: Valdemar, 2008
Coeditor: Festival de Sitges
Fecha: Octubre, 2008
ISBN:   978-84-7702-614-3
Nº páginas: 172
Precio: 12 euros

Dioses y monstruos
Escribe Mr. Kaplan

Cartel de la versión de 1933Hace algún tiempo analizábamos en esta sección de Encadenados un libro colectivo editado por Fimucité en Tenerife, a propósito del 40 aniversario de 2001, una odisea del espacio (1). En aquel comentario ya señalábamos el carácter epigonal de dicho libro, por cuanto se ajustaba al modelo habitual de las publicaciones de los festivales de cine (muchos artículos coordinados con mayor o menor fortuna, aunque pocas novedades respecto al tema tratado), pero superaba a todas las que este cronista conoce hasta ahora, por su rigor, su variedad de contenidos y su impecable presentación.

También en 2008, pero unos meses después, el Festival de Sitges rendía homenaje a la figura de King Kong y aportaba al ciclo de proyecciones esta publicación que, digámoslo ya, no alcanza la notoriedad de 2001: la música del futuro, pero tampoco se enmarca en el pelotón de las torpes publicaciones ofrecidas por la mayor parte de los festivales españoles.

Antonio José Navarro (habitual de las publicaciones del festival catalán y de una revista tan prestigiosa como Dirigido por) se encarga de coordinar este breve y documentado trabajo, en el que el gran handicap está en la diferencia con que cada autor ha enfocado su particular capítulo.

Jessica Lange en la versión de 1976: el prototipo visual de la Bella y la BestiaTras un prólogo del propio Navarro, en el que subraya su pasión por una pequeña obra de Román Gubern, titulada Homenaje a King Kong y editada a mediados de los setenta en la colección Cuadernos Ínfimos de Tusquets (que de ínfimos sólo tenían el tamaño y el precio, el contenido era una joya en más de una ocasión), es precisamente el ilustre catedrático quien introduce de una forma excesivamente académica el tema, en un capítulo titulado Sobre simios y mujeres (subtitulado significativamente Los orígenes del mito).

Román Gubern se extiende de Herodoto a la Biblia, pasando por le mito de la Bella y la Bestia, o San Jorge y el dragón, hasta llegar a la cultura judeocristiana, Shakespeare o los cuentos de Perrault, con Caperucita y el lobo a la cabeza. Un amplio arco introductorio para acabar hablando de algunos filmes de los años veinte y treinta, sobre todo de la Universal, que fueron el caldo de cultivo del King Kong original.

Destaca sobre todo la reflexión sobre El malvado Zaroff (1932), un filme de Schoedsack y Pichel que no sólo contenía parte del reparto del King Kong de 1933, sino también algunas ideas de guión y de puesta en escena.

Imagen promocional emblemática del 'King Kong' de 1933

Tomás Fernández Valentí se ocupa de la versión de 1933, el original, en un capítulo subtitulado La octava maravilla del mundo. Con algunas redundancias (y, por pensar de forma distinta, con algunas incongruencias) respecto al texto de Gubern, Valentí da un repaso a la génesis y el resultado del filme dirigido por Schoedsack y Cooper, insistiendo en algunos apartados como su erotismo camp (aunque las imágenes que aporta el propio libro resultan mucho más sexys que las versiones dirigidas en 1976 y 2005 por Guillermin y Jackson, respectivamente).

Además, subraya algunos datos poco conocidos, como la escena eliminada por su excesiva violencia (la del barranco donde caen varios tripulantes del barco y son atacados por criaturas de todo tipo). Esta escena no sólo fue recreada con técnicas de stop-motion por Peter Jackson para el DVD de su lujosa nueva versión, sino que, además, incluyó dicha escena (rodada ya con técnicas digitales) en el guión de su nueva versión, en el año 2005.

Imagen promocional también harto emblemática del 'King Kong' de 1976

En torno al King Kong rodado en 1976 por John Guillermin gira el texto escrito por Ramón Freixas y Joan Basa, que es, con diferencia, el más divertido y atractivo del libro. Sabedores de encontrarse con el filme más débil de cuantos se han realizado de forma oficial (otra cuestión son los incontables hijos bastardos de la criatura), ambos se dedican a disfrutar de la palabra, del adjetivo fácil, de la prosa prosaica (uy, perdón), del verbo difícil y del verdadero autor del filme, a la postre el productor Dino de Laurentiis, que necesitaba para esa navidad un filme colosal, pero apto para todos los públicos... lo que acabó reduciendo algunas escenas entre el simio (interpretado por un tal Rick Baker, famoso por sus maquillajes especiales para títulos como Un hombre lobo americano en Londres o Gorilas en la niebla) y una modelo que debutaba en el cine y que respondía al entonces desconocido nombre de Jessica Lange.

Entre juegos de palabras e ironías, apuntan algún detalle a retener del nuevo filme, como la sustitución del cineasta y la actriz por la búsqueda de petróleo en territorio virgen (la crisis de los 70 se colaba en el guión) o un final premonitorio en la cima del World Trade Center... algo que Jackson, desde luego, no podía recuperar para su nueva versión tras el 11 de septiembre de 2001.

Peter Jackson renovó el mito en 2005

Y tras el humor, la seriedad. Ángel Sala, alma mater del festival de Sitges, se reserva el capítulo centrado en la versión dirigida en 2005 por Peter Jackson. ¿Sueñan los cineastas con simios digitales?, que es el título de su capítulo, alude tanto al origen literario de Blade Runner como al carácter de cine a contracorriente que, para el autor, tiene esta obra menospreciada en su momento, pero mucho más inteligente de lo que se pretendió en su estreno.

Un juego retro, también en el campo de los efectos especiales, con un Nueva York ya irrecuperable y por ello más imaginado que real (como sucede en la mayor parte de las correrías imposibles entre el gorila gigante y una atractiva Naomi Watts, véase al respecto la imposible secuencia del patinaje sobre el lago helado de Central Park), todo ello conforma la apuesta del autor para defender un filme que fue confundido con el típico blockbuster o que, en definitiva, se adelantó a su tiempo.

La versión de Peter Jackson es la que requiere una urgente revisión por parte de la crítica

Y como en los libros con varios autores ha de haber de todo, tras el humor y la seriedad, el delirio. Y éste corre a cargo del propio Antonio José Navarro, que bajo el título Los hijos de Kong habla de las secuelas los exploits y otros sucedáneos más o menos interesantes... al menos a decir del autor, porque este cronista recuerda la mayoría de ellos con escasa satisfacción.

Queda, eso sí, alguna anécdota curiosa, como aquel plano de Yeti, el abominable hombre de las nieves en el que la chica tocaba sus partes al susodicho abominable (accidentalmente, eso sí) y su cara de satisfacción provocó más de un disgusto en las plateas de medio mundo, donde los papás acudían con sus tiernos retoños en busca de un sucedáneo del infantilizado filme de Guillermin, donde el sexo había sido sustituido por un sonido en Globerround hoy felizmente olvidado. Eso sí que es erotismo camp y no lo de Fay Wray.

De fácil lectura, con unos capítulos más ligeros y -para este cronista- mejor escritos que otros (caso curiosamente del dedicado al peor filme de la serie, el de Guillermín), pero con amplia documentación, buena bibliografía, curiosas fotos y un precio muy asequible, es un libro imprescindible para sentarse a revisar la filmografía oficial sobre el rey de la Isla de la Calavera... de sus hijos no reconocidos, mejor nos olvidamos.


(1) 2001: la música del futuro

King Kong (1976) King Kong (2005)