Mi vida y mi cine (de Jean Renoir)

  01 Agosto 2019

Homenaje al cine y a la vida

jean-renoir-0Cuando abandonó el cine, Jean Renoir decidió escribir un libro en el que contase cosas de su vida o anécdotas de aquellos que les rodearon, siempre con su oficio de director de cine.

Como ocurre habitualmente en las autobiografías o incluso en entrevistas con los directores, lo que cuentan siempre está adulterado, para lo bueno y para lo malo, por su oficio de inventor de historias.

De hecho, Renoir había escrito, con anterioridad, muchos artículos sobre el cine en general y en particular sobre el oficio de realizador, sin hacer ascos a hablar sobre su vida y su dedicación al cine. Hijo del pintor Auguste Renoir (sobre quien escribiría una apasionada biografía), al que amaba profundamente, combatió en la primera Guerra Mundial, siendo herido en una pierna. Nunca curó totalmente, cojeó siempre y si dejó de dirigir fue por las molestias que le seguía ocasionando la pierna.

Por otra parte, el libro era como una entrega de su vida y de su trabajo a la nouvelle vague, a quien se lo dedica al tiempo que François Truffautt escribe el prólogo. Y es que los nuevos cineastas en su labor de críticos, en Cahiers du Cinema, ya habían demostrado su amor por Jean Renoir, uno de los pocos realizadores franceses que salvan de la quema: Truffaut, Rohmer y Godard, entre otros, realizaron críticas entusiastas de su obra, de una de cuyas últimas películas, Elena y los hombre, llegó a decir Godard: «eso es el cine»; y en esa misma línea sobre un filme muy anterior (La nuit du Carrefour, 1932), basada en un novela de Simenon, de la serie Maigret, escribió que era la única gran película policiaca francesa. Incluso más, al afirmar que es el más grande filme francés de aventuras. El padre de la nouvelle vague, Bazin, escribiría un libro sobre la obra del director como ejemplo del entusiasmo con el que recibía su obra.

En el libro se pueden encontrar una serie de líneas de interés.

La primera, el seguimiento del itinerario cinematográfico del director desde sus primeras obras hasta las últimas. Dejando claro además por quien conoció el cine y la razón por la que abandonó su oficio de cineasta.

Luego, o antes, estaría la manera en que se interesó por el cine y la influencia que en ello tuvo la mujer que será el contrapunto de su madre. Mientras ésta le enseñaba lo correcto en la vida, la segunda (Gabrielle, prima de su madre y una de las últimas modelos de su padre) le ensañaba a jugar, divertirse, a sentirse libre. Por ella, como cuenta Renoir, conoció el cine a los dos años… y le dieron miedo las imágenes. Tuvo que sacarle de la sala donde se encontraban (dentro de los almacenes Dufayel) ya que no dejaba de llorar.

Luego, en el colegio al que iba, a los 8 o 9 años asistió a una sesión de cine cómico y aquella visión le resultó divertida y fue marcándole… Más tarde vendría el encuentro con el cine de Chaplin, con Esposas frívolas de Stroheim y, por último, ante la visión de una película realizada en Francia, Le Brasier ardent (1923), descubrió que en su país también se podía realizar buen cine. Fue comprendiendo que eso, el cine, era lo suyo y no su oficio de ceramista.

Produjo primero y luego dirigió y produjo una serie de filmes sobre todo para lanzar a su primera mujer, Catherine Hessling. No tuvo éxito con ellos, aunque en estos títulos se vea la búsqueda de nuevas formas cercanas al vanguardismo. Una época dura en la que, con tristeza, iba viendo cómo ganaba dinero a partir de la venta de cuadros de su padre, y sin que sus películas destacaran.

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El libro, en 49 breves capítulos, un prólogo, la introducción de Truffaut, la filmografía y el índice de títulos de nombres, nos habla de sus comienzos, de sus diferentes periodos, de su evolución respecto a la forma de rodar, sus preferencias. Si en principio pensaba que (a pesar de no ser fiel a esa regla) que las películas debían ser absolutamente suyas sin basarse en textos (novelas, obras de teatro), ni en guiones de otros, luego, en su última etapa, concluirá que eso no es importante, incluso sus últimos títulos se plantean, siendo maravillosas películas (La carroza de oro) dentro de su misma estructura teatral.

Su amor desde pequeño por el teatro de marionetas le conduce también a lo largo de su extensa carrera, que le lleva de Francia a Estados Unidos, para volver a Francia y, cuando rueda su último filme, marcha a vivir a Estados Unidos, donde morirá.

En todas las etapas valora el trabajo en equipo, por eso le gusta en sus películas contar con las mismas personas. Curiosamente poco habla, le dedica una línea solamente, de la montadora de gran parte de su cine ates de marchar a América. Se trata de Margarite Renoir, amante del director durante años y que por eso decidió ponerse tal apellido.

Si habla bastante de Dido, su segunda mujer, de origen brasileño, con la que se casa al llegar a Estados Unidos. En el libro, se le dedica más o menos una línea, pero lo más curioso es que en el índice del final de libro ni siquiera se deja constancia de que su nombre haya aparecido.

Por las páginas escritas por Renoir aparecen nombres importantes, amigos, colaboradores, actores. Allí están Stroheim, Jacques Prévert, Jean Gabin, Charles Laughton, Marlene Dietrich, Chaplin, Leslie Carol, Jacques Becker, Dudley Nichols, Clifford Odets, Darryl Zanuck, María Félix, Robert Flaherty (gracias al cual marchó a Hollywood)… rodeados de sus aureolas, su sencillez, sus enfrentamientos y su amistad.

Destacan anécdotas como la de las piernas de Marlene Dietrich o la insistencia de Laughton de no rodar si no estaba inspirado y, cómo no, el intento de autoridad suprema de Zanuck tratando de anular a cualquier director que cayese en sus manos (no lo consiguió con Hitchcock y con Renoir, sólo le produjo una película, tuvo que rendirse), la fiereza de María Félix, el encanto de Leslie Carol…

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Especial mención la que Renoir dedica a lo que supuso para él y para su cine el rodaje en la India de El río. Por supuesto, hay un lugar privilegiado para Toni, adelantándose en varios años (lo realizó en 1934) al neorrealismo italiano (Visconti formó parte del equipo de Renoir en algunas películas), La gran ilusión o La regla del juego. Sin olvidar, claro, la influencia que en su obra tiene la pintura de Renoir y del grupo impresionista.

Un libro que se lee con facilidad y que en su amenidad nos introduce en la vida, los pensamientos sobre la vida, la época en que vivió y la búsqueda, siempre de nuevas formas cinematográficas en una experimentación constante.

Lo peor, la traducción y no incluir en la filmografía las películas en las que trabajó como actor o aquellas otras en que, de una u otra manera, colaboró. Tampoco se incluye, lo que hubiera estado muy bien, la relación de sus escritos, ni las obras de teatro que escribió y llegó a dirigir… y eso que de algunas de ellas sí habla en el libro, tal es el caso del Julio César shakesperiano o de Orvet, escrita para Leslie Carol

Una gran variedad de fotos sirve para enmarcar tanto a Renoir como los rodajes de sus filmes o algunas de sus muchas amistades.

El libro termina con un recuerdo a Gabrielle, la mujer que en su infancia le enseñó a vivir, y que junto a su marido y su hijo también fue a vivir a Estados Unidos, en la misma época que Renor: «El adiós al mundo de mi infancia puede formularse en dos palabas: Espérame, Gabrielle».

Escribe Adolfo Bellido López

Editado por Akal | Segunda edición, 1993 | 338 páginas | Editado en Francia por Flamarion, 1974.

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