Autorretrato del cronista (de José Luis Guarner)

  22 Abril 2019

Máster en crítica de cine

autorretrato-cronista-1Hace unos años, a raíz del estreno de Una bala en la cabeza, de Walter Hill, el artículo que publicamos en Encadenados sacaba a colación una crítica de José Luis Guarner aparecida en la revista Fotogramas.

Como el redactor jefe de Encadenados parece algo adicto a Guarner, a propósito del artículo sobre The Warriors, vuelve a la carga con el crítico catalán, lo que avala su amor por el cine de Walter Hill y, probablemente, su poca disposición a leer más libros sobre crítica de cine, porque haberlos los hay.

Es hora por tanto de desentrañar quién es ese individuo al que tanta estima le procesa nuestro redactor jefe…

No, Hill no, de ese ya hemos publicado en ocasiones, nos referimos a ese hijo dramático de la Guerra Civil (1937-1993), habitual de cineclubs y revistas de cine clásicas (Film Ideal, Documentos Cinematográficos), que desarrolló el grueso de su trabajo cotidiano en la histórica Fotogramas (revista de cabecera para las generaciones de los 70 y los 80), amén de autor de notables trabajos en forma de libro, sobre autores tan variopintos como Roberto Rossellini, Pier Paolo Pasolini, Buster Keaton, Luchino Visconti o la historia del cine americano.

Como señala el prologuista Guillermo Cabrera Infante, Guarner fue «el primer crítico de cine que escribe en español»; definición quizá discutible en el ámbito cronológico (hubo quien publicó antes), pero innegociable en el ámbito moral: fue el maestro de varias generaciones de críticos, lectores contumaces o, sencillamente, amantes del cine.

Y fue un maestro desde un púlpito que nadie habría imaginado a priori: nada de sesudas revistas ni mucho menos pesados libros de difícil digestión, lo suyo eran críticas inmediatas, a vuelapluma, escritas en apenas unas horas después de cualquier estreno, porque en los años 70 Fotogramas era una revista semanal y la sección de críticas prácticamente era cosa suya.

Pero la falta de tiempo para la reflexión no estaba reñida con su vista de lince, capaz de descubrir grandes títulos incluso en programas dobles de cines de reestreno, como sucedió con una admirable página en la que elogiaba el Campo de cebollas, de Harold Becker, y La noche de Halloween, el legendario título de John Carpenter que había pasado por nuestras pantallas de tapadillo, sin apenas prestar atención ningún sesudo crítico de revistas «oficiales» y que Guarner vio en programa doble en un cine de barrio.

Sus descubrimientos eran más valorados a medida que descubríamos esos títulos (sí, en cines de pueblo o de reestreno, una vieja costumbre hoy también desaparecida gracias a los videoclubs, primero, y a la elección a la carta en plataformas televisivas, después) o comprobábamos que aquellos directores desconocidos por los que Guarner apostaba le daban la razón en sus siguientes trabajos.

De todo ello tenemos una amplia muestra en este libro que, siendo Guarner un especialista en la síntesis (tarea obligada por la premura de tiempo y la limitación de espacio para sus críticas), no podía estar organizada por orden cronológico sin más: la selección de críticas aquí recogida se divide en siete grandes bloques.

Cabrera-Infante-foto-Almendros

El primero, Teoría y crítica, comienza con una amplia entrevista y continúa con una selección de textos donde reflexiona precisamente sobre «el cronista», ese personaje con el que firmaba en ocasiones sus trabajos y que era su alter ego dentro del mundo de la crítica, de la reflexión sobre el cine.

El segundo capítulo, Clásicos del cine, no puede resultar más atractivo, ya que nos invita a releer sus opiniones sobre títulos clave de la historia, todos ellos sobradamente conocidos por la mayoría de nosotros… aunque en ocasiones el punto de vista que aporta el cronista poco tiene que ver con la versión oficial sobre la calidad del film y los motivos por los que es un clásico.

No menos interesante es su selección de Grandes maestros del cine norteamericano, donde están tanto los directores (Capra, Ford, Hitchcock), como los títulos que considera hoy claves aunque en su día escribiera de ellos en cualquier medio (2001, El apartamento, La noche del cazador).

Un inciso en este capítulo de «clásicos» para ilustrar con un ejemplo cómo rumiaba con rapidez Guarner sus teorías y era capaz de descubrir no sólo futuros clásicos del cine, sino también los tejemanejes de los productores o distribuidores. Su artículo sobre Alerta: misiles, de Robert Aldrich (página 185, publicado inicialmente en Fotogramas en 1978), no sólo descubre una inquietante pieza de política ficción, dura y premonitoria, como gran parte del cine de Aldrich; también desvela las chapuzas de la distribución española, que arrebató un rollo (unos 20 minutos) al film en su exhibición en las pantallas hispanas… y eso que ya antes había sufrido las iras de la censura en su país de origen, Estados Unidos, porque el mensaje de Aldrich (recordemos, el mismísimo presidente norteamericano muere bajo fuego amigo) era demasiado duro para ser visto por las masas. Censura, pura y dura, en tiempos de democracia… y sólo Guarner avisó con su pluma a los incautos espectadores españoles de la estafa.

Y es sólo un apunte.

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Cine norteamericano contemporáneo es el capítulo que acoge mayores sorpresas, siempre extraídas de los estrenos cotidianos de la cartelera española entre los 70 y los 90, a través de las «apresuradas notas» publicadas en Fotogramas, La Vanguardia o Cataluña Express, medios de espacio y tiempo limitados, pero que le permitían acercarse con precisión milimétrica a títulos como Mad Max, Dinero caído del cielo, Blade Runner (con su montaje del director incluido), Sin perdón o Reservoir dogs.

Con Algunos amigos y el cine europeo demuestra su amor a ese otro tipo de cine, más cercano, más personal, del que recoge artículos memorables (como el dedicado a Néstor Almendros en 1992, con motivo de su fallecimiento, página 228) y reflexiones sobre ese gran cine que se oponía al de Hollywood (desde Fanny y Alexander hasta Novecento, pasando por La coleccionista o Cinema Paradiso), títulos con los que siempre encuentra un acercamiento que dignifica el film: un texto sencillo, conciso, memorable.

Exóticas complicidades es un pequeño reducto para los vicios privados que todos tenemos, por más que aparezcan vestidos con sus virtudes públicas. Quizá por ello Guarner se permite recuperar un largo texto sobre el cine mejicano, publicado en 1965 (en la entonces señera Film Ideal), y por eso rescata varios artículos sobre cine sudamericano en general y mejicano en particular, junto a otros clásicos más exquisitos, de origen oriental (El intendente Sansho, Los siete samuráis, Sorgo rojo).

alerta misilesNo podía faltar en esta selección un capítulo dedicado al cine patrio, cuyo título ya nos deja intuir por dónde irán los tiros: Miserias y grandezas del cine español. Un repaso que incluye desde Sáenz de Heredia al spaghetti western, pasando por el terror de pacotilla, la comedieta sexy aperturista y títulos clave de la época postfranquista, como El puente, La escopeta nacional, Los paraísos perdidos o El sol del membrillo.

A punto de concluir sus más de 400 páginas, dos breves artículos, de corte irónico e incisivo, componen el último capítulo, Ilusiones y premoniciones, donde se atreve a hablar de los festivales de cine y de los muertos que aparecen fallecidos «oficialmente» en prensa antes de que su corazón deje de latir, con jocosos ejemplos de «cadáveres excelentes» que todavía pasean por la vida (curiosamente, publicados en medios poco habituales en el autor: El Temps y Avui).

Estamos, en suma, ante una colección de textos breves pero significativos, llenos de apuntes, de dudas, de propuestas para debatir; textos capaces de mostrarnos hombres y nombres que de otra forma habrían pasado desapercibidos; textos que sugieren temas e ideas para que el lector —nunca considerado un perezoso por parte de Guarner— se acerque con curiosidad a la pantalla y busque detrás de las apariencias, lea entre líneas, deguste platos que no siempre son lo que la publicidad vende.

Todo ello sin levantar la voz, sin complejas disquisiciones.

Con sencillez y elegancia, pero con puntos de vista novedosos y siempre justificados.

Pocas veces hemos aprendido más de cine que leyendo estas —en apariencia— sencillas críticas de cine.

Juntas forman un auténtico Master para cualquiera que piense en dedicarse al Cine, así con mayúsculas, en cualquiera de sus facetas. La crítica incluida.

Una auténtica joya.

Este cronista da fe de ello.

Escribe Mr. Kaplan

Autorretrato del cronista | Editorial Anagrama | Barcelona, 1994 | ISBN: 84-339-1383-2

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