Vestida para matar (Dressed to kill, 1980), de Brian De Palma

  27 Marzo 2020

El voyeur como miembro activo del filme

vestida-para-matar-0Es de sobra conocido que los temas explorados por De Palma abordan una inmensa variedad temática y argumental al igual que un variopinto y magnífico empleo de los recursos técnicos y artísticos.

Sin embargo, en esta sección me quiero limitar a su filme Vestida para matar (1980). Huelga decir que este film hace uso de la identidad sexual como uno de los principales hilos conductores del filme. Sin embargo, también explora y critica, y en esto deseo centrarme, la condición de voyeur. Para mostrarlo, De Palma, rueda una escena maravillosa en el ocaso de la ya mencionada obra.

La escena abre con un plano secuencia (cámara en mano) que sigue a la enfermera encargada del cuidado de los reclusos dentro del centro psiquiátrico. Este plano lo utiliza como recurso básico para así mostrar la realidad en la que se encuentra el antagonista de la historia.

Según la enfermera avanza, el resto de reclusos la obvian, apartándose de la misma. La razón subyace en que no es lo que nos interesa ver como voyeurs que somos. Una vez llega a la cama, De Palma emplea una serie de planos-contraplanos que rozan el cenital y los contrapicados, extremadamente inclinados, para aumentar la tensión en el espectador-voyeur que sabe de antemano que las acciones de la enfermera, tan cercanas al recluso, son temerarias dada la naturaleza delictiva del antagonista.

Evidentemente, como bien se esperaba, el Dr. Robert Elliot, ataca y posteriormente asesina a la enfermera. Tras ello, mediante una combinación de planos detalles al cuerpo de la enfermera, primerísimos primeros planos al rostro de Robert Elliot completamente excitado, y contrapicados al resto de reclusos que disfrutan expectantes de la situación; De Palma enfatiza de nuevo la idea del voyeur que mencionaba con anterioridad, pero esto no es todo.

Para terminar de remarcar la idea, comienza el plano cenital que tiene dos cargas significativas en la cinta. La primera es que rompe la narración lineal de la historia, representando así que el Dr. Robert Elliot volverá a delinquir y que la protagonista, Liz, estará de nuevo en peligro. La segunda es relativa a la idea en la que se basa este artículo: de nuevo la condición de voyeur.

Mediante un elegante alejamiento, se van distinguiendo las dos realidades, quedando estas delimitadas por una línea divisoria dentro del plano: a la izquierda presenciamos la acción que nos excita, el Dr. Robert Elliot desnudando a la enfermera muerta; y a la derecha, nosotros; un número ingente de espectadores-voyeurs que disfrutan con el crimen, reforzando y remarcando así el simbolismo y significado que De Palma viene expresando a lo largo de su magnífica cinta, materializando así nuestra culpa como espectador y testigo activo de la obra.

Escribe Iván Escobar Fernández

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