El irlandés (The Irishman, 2019) de Martin Scorsese

  18 Diciembre 2019

La conciencia

el-irlandes-1La carrera delictiva de Frank Sheeran tiene un contrapeso, su conciencia. Es una constante en el cine de Scorsese la apelación a la censura implacable que la voz interior ejerce sobre las acciones. En este caso la censura adquiere figura, rostro, a través de Peggy, la hija de Frank. Es una voz silenciosa, como corresponde a ese grito interior, y es por ello que Peggy apenas pronuncia alguna palabra y se limita a mirar a su padre, mirada que contiene una carga explosiva. Frank no ignora lo que su elocuente silencio transmite, y en un momento dado la escruta, con una mezcla de culpabilidad y miedo a ser descubierto.

Hay sin embargo una escena que introduce una variante en esta relación. Una escena en cierto modo exculpatoria, si es que hay perdón posible para los crímenes de Frank.

Durante el homenaje que sus compinches y otras fuerzas vivas de la ciudad le han tributado al gánster, queda de manifiesto que Jimmy Hoffa se ha convertido en una amenaza para los negocios de la Mafia. Y cuando esto ocurre la única salida es bien conocida. Aun así Frank intenta salvar a su amigo y le aconseja sobre cómo comportarse.

La conversación que mantienen está filmada de tal forma que ambos personajes se encuentran a diferente altura, Hoffa por debajo de Sheeran, reforzando la situación con ligeros picados y contrapicados de cada uno de ellos, de tal forma que queda patente la relación de poder que en ese momento existe.

Hoffa no es consciente de que su tiempo ya ha pasado y se niega a aceptar las instrucciones que se le hacen llegar. Aun así Frank le sugiere, como salida a la desesperada, que contrate guardaespaldas. Pero el sindicalista sabe muy bien, y así lo manifiesta, que los guardaespaldas no sirven de nada, pues si él resulta inaccesible irán a por su familia o allegados.

En ese momento se separan y, sin cortar el plano, Hoffa saca a bailar a Peggy, la hija de Frank. Scorsese, con esa continuidad, nos está indicando que la conversación no ha terminado aún, que lo que vemos es continuación de lo que los hombres estaban hablando. Y entonces sí. Entonces corta y nos muestra una imagen del padre quien desde lo alto observa la escena.

No es necesario más. Frank ha comprendido. Salvar a su amigo puede poner en riesgo la vida de su hija, y ante esa disyuntiva su opción es clara. Hoffa es ya un cadáver andante. Y aunque Peggy se lo reproche, aunque le duela el abandono de su hija, Frank le ha salvado la vida.

Sin palabras; sólo con un juego de miradas y la continuidad de los planos.

Escribe Marcial Moreno

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