Más allá de Río Grande (The wonderful country, 1959) de Robert Parrish

  22 Noviembre 2019

Un hombre en la encrucijada

Más allá de Río Grande - 0Robert Parrish (1916-1993) comenzó en el cine como actor y posteriormente realizó no demasiados títulos (unos veinte). Se inició como director en el cine negro de serie B de los años 50 con filmes de cierto interés, como Grito de terror y El poder invisible. Sus títulos más destacados son el bélico Llanura roja (1954) y los dos westerns que dirigió al final de los años cincuenta: Más rápido que el viento (1958) y Más allá de Río Grande (1959).

En los años setenta rodaría otro western, pero en Europa, dentro de la moda del espagueti-western, donde hay de todo, desde grandes películas hasta otras ínfimas, en un pseudogénero —con el gran Sergio Leone al frente— que tuvo una gran influencia en el posterior cine del oeste. El filme de Parrish no era de los destacados, Una ciudad llamada Bastarda, 1971. Su último título sería un documental codirigido con Tavernier, Mississippi Blues, 1983.

En Más allá de Rio Grande, con producción del actor principal Robert Mitchum (excelente, como siempre), se encuentran algunos momentos que muestran el saber que existía en Parrish a la hora de dirigir. Sin ser una maravilla hay momentos destacados y excelentes dados tanto por el montaje (con primeros planos sabiamente colocados) como por la forma de encuadrar en una relación de escenarios-personajes.

Mitchum es el hombre (dividido) entre dos países (Estados Unidos y México) sin que se asiente en ninguno y siendo señalado en uno y otro lado como una especie de renegado. Para los mexicanos es un gringo, para los americanos una especie de traidor  a su patria. Despreciado en ambas partes tendrá que encontrar su sitio.

Ha tenido que curar su pierna debido a una caída. El médico, una vez casi curado, y ya que debe presentarse al coronel, le lleva a comprar ropa y, claro, ya que aún sigue utilizado muletas, sólo le escoge una bota. Pero antes de vestirse debe bañarse, algo que en principio desecha.

Surge uno de esos grandes detalles: después de asentir hacerlo y antes de enjabonarse pide echarse un buen trago de whisky. Hay que ver cómo se da el plano de asentimiento. Luego se afeita en la barbería ante el  asombro de los niños que miran desde fuera (otro plano excelente). Al terminar el afeitado se pone el sombrero mientras se mira en un espejo (fuera de campo).

Es un primer plano glorioso que señala y significa al personaje. El primer sombrero intenta ponérselo de distintas formas, más no se siente a gusto, entonces (todo, insisto, centrado en el primer plano del actor) se quita el sombrero y se pone… uno mexicano, que es en el mundo donde se mueve entonces. Los dos sombreros indican los dos mundos. Con el mexicano se siente a gusto, guiña un ojo y se cierra la escena para dar paso a otro de los grandes momentos del filme glorioso en cuanto a planificación: el encuentro, antes de hablar con el coronel, con la mujer de éste.

Al final, el hombre de ninguna parte, toma una resolución: decide ser norteamericano. En el lado mexicano de Río Grande da muerte a su caballo herido (ese que ha sido su compañero en todo el filme y el cual fue también el culpable de su accidente), se deshace de su pistola y… del sombreo mexicano.

Posteriormente —y es otra persona—, comienza a atravesar Río Grande para tomar posesión de su nacionalidad ¿perdida?

Escribe Adolfo Bellido López

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