Érase una vez en… Hollywood (Once upon a time in… Hollywood, 2019) de Quentin Tarantino

  08 Octubre 2019

La actriz y su película

erase-una-vez-en-hollywood-11Tarantino ha realizado su película más ambiciosa… desde la simplicidad, si la simplicidad es propia de alguien, como él, engreído en su pretendida, y discutible, genialidad.

Por una parte, el filme quiere ser un homenaje al cine y, en especial, a los actores; también un melancólico adiós a una etapa que desaparece: aunque las imágenes se presuman inmortales, el actor nunca morirá mientras sus películas sean proyectadas.

No es casual que el filme se desarrolle durante dos días de febrero de 1969 y un epílogo (excelente) en agosto de ese mismo año. 1969 es un año importante para el cine de Hollywood: se pasa de otorgar el Oscar al musical Oliver de Carol Reed a otorgarlo a un filme comprometido, distinto, duro, Cowboy de medianoche de John Schlesinger; un año en el que aparecen actores más intelectuales (no es raro en un pequeño papel la presencia de Al Pacino) sustituyendo a los anteriores.

En ese año el western, en Hollywood, está en declive (1), incluso en la televisión, trasladándose, desde otras perspectivas, a Italia y España (spaghetti western), adquiriendo fama secundarios norteamericanos (2). Un subgénero y varios de sus realizadores amados por Tarantino (3).

Sea como sea, el filme, con sus múltiples derivaciones, toma como punto de partida a un actor en decadencia, a una colonia hippie y a una actriz que empieza y que en la realidad, Sharon Tate, va a ser asesinada por la secta de Charles Manson.

Tarantino utiliza ese hecho como una especie de macguffin hitchcockiano para mostrar que el cine no es realidad sino invención: lo ocurrido puede reinventarse (algo presente ya en Malditos bastardos), algo que no gusta demasiado a ciertos espectadores lógicos.

¿Por qué Sharon (espectacular Margott Robbie) debe morir? Vive con Polanski, su marido, en una gran mansión rodeada de carteles de las pocas películas que interpretó (sobresale el de No hagan olas). Es un ser vivo, dinámico, que se mezcla con la gente de la ciudad que aún la ignora.

Un día, paseando, ve el cartel de un filme en el que interviene de coprotagonista (la protagonista es Elke Sommer) y decide entrar en el cine. Una gran secuencia. Primero convence a la taquillera y al acomodador de la sala de ser una de las actrices del filme. Se trata de La mansión de los siete placeres (1968) de Phil Karlson (el título en España). Se fotografían con ella y la dejan pasar. Sharon se sienta en las primeras filas. Ella está en primer plano con una serie de espectadores detrás. Las imágenes de la pantalla, a modo de espejo, contrastan con una Sharon embelesada que se engrandece ante las risas primero y los aplausos después que siguen a las escenas, cómicas o de acción, de la pantalla.

Ella es Sharon mujer de un lado de la pantalla, del otro la Sharon actriz. Una se reconoce y se valora en la otra. Cuando sale a la calle, sola, ignorada por los espectadores, se siente satisfecha, orgullosa porque es una actriz que conecta con los espectadores. El milagro del cine. ¿Cómo es posible que ella pueda morir asesinada? Sharon ha firmado su asiento en la vida. No morirá porque siempre estará viva en la pantalla: un gran momento.   

Escribe Adolfo Bellido López


Notas

(1) La película es también un homenaje al western, de ahí esa relación de amistad entre los dos (excelentes) protagonistas.

(2) Clint Eastwood, por ejemplo

(3) El título homenajea a dos grandes de Sergio Leone: Érase una vez en el Oeste y Érase una vez en América

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