Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941): Leland y Kane

  30 Septiembre 2019

La quiebra de la amistad

ciudadano-kane-100La radiografía del ascenso fulgurante hacia el poder de un ciudadano norteamericano prototipo del éxito empresarial le servirá a Orson Welles como pretexto para inaugurar una nueva modalización del arte cinematográfico. A parir de entonces, la impronta de Welles será tan indeleble como la del retrato de su arquetipo de triunfador.

No obstante, toda persecución del éxito profesional-objetivo va acompañada de un peaje de pérdidas en lo íntimo-subjetivo. La caída imparable del todopoderoso Charles Foster Kane viene dada en una secuencia protagonizada por el hasta hacia muy poco mejor amigo Leland, magistralmente interpretado por Joseph Cotten.

Un Kane cuya baraka ha empezado a declinar, debido a su megalomanía incontrolable y a mezclar lo económico-profesional con sus caprichos subjetivos, mostrará un ultimo gesto de dignidad frente a la acerba crítica que está redactando su antiguo compañero de fatigas Leland. Obviamente, la crítica será negativa y se cebará en las nulas dotes interpretativas de la amada de Kane.

Leland, consciente del enfrentamiento posiblemente definitivo y letal que su crítica ocasionará, necesita emborracharse para redactarla. El alcohol suscita su somnolencia y se recuesta sobre la máquina de escribir cual almohada acogedora. Kane se presenta en la sede del periódico y empieza a leer la crítica, con la presencia testimonial y arbitral de su fiel ayudante-servidor Bernstein.

Kane arranca el folio y lo sustituye por otro con la palabra «Weak» («Débil»). El obnubilado Leland, al zafarse de las tinieblas etílicas y de la somnolencia, pregunta por su crítica y Bernstein le informa de que Kane se ha hecho cargo de ella. Con un gesto y sonrisa condescendiente, Leland presupone que para modificarla y revertirla, pero Bernstein asevera que Kane está continuando la perspectiva negativa, hostil de Leland, quien sorprendido se dirige a arrostrar a su amigo Kane.

El diálogo dura poco. Simplemente lo justo para que Kane le espete «despedido», ante un aturdido y noqueado Leland, cuyo rostro expresa toda su desazón por el desenlace de la situación. Kane ha mantenido intacta la independencia de criterio de su amigo, ha aceptado su insobornabilidad profesional. Ahora bien, este acto de orgullosa rebeldía supone la ruptura definitiva, el divorcio absoluto entre ambos compañeros de armas.

Es más, la quiebra de este invisible vínculo afectivo llamado amistad será el inicio del declive imparable de Kane a nivel personal. Su soledad se agrandará infinitamente; inversamente proporcional a sus logros empresariales discurrirán sus fracasos íntimos, hasta la última expiración: rosebud.

Años después, ambos actores (Welles y Cotten) volverían a encarnar un ejemplo de la imposibilidad de la amistad en El tercer hombre (1949). Y nuevamente tal desencuentro acarrearía la pérdida de la inocencia de Cotten y la corroboración del pacto fáustico que Welles siempre está dispuesto a firmar para lograr el éxito en sus objetivos. Aunque le acarree la muerte.

Escribe Juan Ramón Gabriel