La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965) y Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the West, 1968) de Sergio Leone

  07 Septiembre 2019

 El alargamiento en el cine de Leone

la-muerte-tenia-un-precioSergio Leone revolucionó el western. Gran conocedor del cine norteamericano, de algunos de cuyos directores, cuando rodaron en Cineccità, fue ayudante o asesor de dirección (Aldrich, Wise, Wyler…), amó sobre todo el cine genérico, y sobre todo dos géneros (el western y el negro), rodó dos extraordinarias películas (Érase una vez en el oeste —en España se tituló Hasta que llegó su hora— y Érase una vez en América), que pudieron ser más si no hubiera muerto repentinamente.

La influencia posterior de Leone, sobre todo en el western, incluido el norteamericano, es grande. Probablemente el cine de Peckinpah no hubiera sido posible sin su aportación.

Hay varios elementos innovadores respecto al western debidos a la duración del plano, como su alargamiento en razón de un variado montaje donde alternan planos de distinto tipo, en especial los planos de detalles y los primeros planos.

Los duelos en las películas clásicas del oeste son rápidos buscando una cierta verosimilitud con la realidad, la rapidez con las que tuvieron lugar (como en el célebre duelo del O.K. Corral), pero nada de eso ocurre en Leone. En sus duelos no interesa el duelo en sí, sino todo su sentido ritual.

Como ejemplo, basta recordar el duelo final, en esa especie de espacio circular como si se tratase de un ruedo, en La muerte tiene un precio. Se alarga el momento de los disparos al concretar una planificación, alargando el momento, en el que mandan los detalles: mano acercándose a la pistola, primeros planos de los ojos de los contendientes, posición de cada uno. Leone trata de estudiar el acto en sí, ver cómo implica y actúa en ambos contendientes buscando la forma de sorprender al otro.

El comienzo de Hasta que llegó su hora —una especie de prólogo— es uno de los mejores ejemplos de alargamiento: tres pistoleros esperan en la habitación del jefe de estación la llegada de alguien a quien tienen que matar. La larga espera sirve para ir conociendo a cada uno de esos personajes, conseguir interesar y producir una angustia en el espectador, que desearía avisar a quien llega en el tren. Tres pistoleros muy diferentes que pasan el tiempo de manera distinta ante el susto del jefe de estación y telegrafista.

Un comienzo que se puntea además con los que son los más largos letreros de crédito (sobre imagen) que se nos han dado.

Y para acentuar el nerviosismo de la espera Leone introduce el crujiente chirriar de una especie de molino. Es la música que pone el acento en toda la larga escena.

Se cuenta que el ayudante de dirección le dijo a Leone que ese chirriado estaba de más, que iba a parar las oscilaciones del aparato. No se cuenta si Leone fulminó a su ayudante o lo rebajó a meritorio. Lo merecía.

Escribe Adolfo Bellido López

 

hasta-que-llego-su hora