First Man (First Man, 2018): Despedida familiar

  07 Julio 2019

Una mano tendida

first-man100Neal huye. Lo está haciendo desde que murió su hija, y ahora se dispone a hacerlo al lugar más lejano posible, a la Luna. Hasta que llegue el momento de partir se entretiene haciendo la maleta, demorando el tiempo.

Pero su mujer sabe lo que ocurre y no está dispuesta a consentirlo. Ella ha asumido el peso de la familia en todas sus ausencias (qué escena más bonita esa en la que el niño se empeña en jugar mientras en la radio se escuchan las noticias del viaje de su padre) y no va a seguir haciéndolo. Por primera vez, eludirá las responsabilidades que no son suyas. Tendrá que ser Neal quien explique a los niños el viaje que va a emprender y los riesgos que de él se derivan. La posibilidad de no volver. La huida definitiva.

Neal duda. Ni siquiera se opone porque nunca se opone. Su mente, como dentro de poco su cuerpo, está en otro lugar.

Y allí se reúne la familia. Neal, Janet y los dos niños, también Karen, cuya sombra sobrevuela la estancia como ha sobrevolado toda la película. Alrededor de la mesa, en una semipenumbra, Chazelle es capaz de construir un ambiente pesado, asfixiante. Neal se toca el anillo de casado. Es como si quisiera arrancarlo de su dedo, como el yugo que lo oprime.

Hay un momento breve de silencio que Janet no piensa romper. Espera las palabras de su marido, pero Neal no sabe qué decir, y serán los niños quienes rompan el fuego. Tras preguntarle cuánto tiempo estará fuera, a lo que responde fríamente, científicamente, sin ninguna emoción, el pequeño le pregunta si estará en su competición de natación, y Neal ni siquiera había pensado en eso. En realidad, lleva tiempo sin pensar en nada de lo que afecta a su familia. Durante la conversación la mujer sigue callada, expectante, en una mezcla de miedo, de rencor y también de amor, rescoldos de amor, y Neal se estruja las manos en clara señal de su incomodidad. Es un extraño allí y todos sus gestos así lo manifiestan.

La planificación acentúa la situación que se está viviendo. Nunca vemos un plano que contenga dos personajes. Cada uno, excepto en el breve y gélido momento en que abraza a su hijo pequeño, aparece por separado, aislado.

El final de la reunión, del calvario para el pater familias, rubrica lo que éste ha sido. El hijo mayor le tiende la mano como despedida. Neal duda. De repente se da cuenta de que su hijo ha crecido, de que ya no es el niño pequeño que quería jugar con él. Se ha producido como una enorme elipsis en la que unos años se han esfumado sin que Neal los viviera. Como siempre, Neal acepta sin rechistar y estrecha esa mano tendida. Su hijo se ha convertido en un extraño para él, equiparable a esos otros desconocidos que también estrechan su mano en las tediosas reuniones en las que se ve obligado a participar.

En unos breves minutos, Chazelle ha realizado un retrato demoledor de la destrucción de una familia.

Escribe Marcial Moreno

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