Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock y Matrix (1999) de los hermanos Wachowski

  28 Junio 2019

El falaz vértigo de Matrix

vertigo-matrixTras los títulos de crédito de Saul Bass, la primera secuencia diegética de la película del mago del suspense se corresponde con una persecución policial a través de la terraza-tejado de un edificio. Ese seguimiento en altura será determinante para esbozar el origen del malestar que configurará el carácter del protagonista.

Un mal salto provoca que el detective Scottie (James Stewart) se quede encaramado de un canalón, débil e inestable sujeción entre la vida y el fondo de un callejón, remedo de la atracción por el abismo y síntoma de una enfermedad interna. Dicha contemplación desencadena una acrofobia que lo paraliza, agarrotado (incapacitado) por un miedo visceral e incontrolable que, indirectamente, provocará la muerte del oficial de policía que intenta ayudarle, así como propiciará su posterior manipulación para convertirse en coadyuvante de un asesinato.

Scottie ha sucumbido a una fobia que lo domina y que prefigura la obsesión (fascinación) amorosa ante la que sucumbirá.

En Matrix, la secuencia de arranque también parte de una persecución policial, pero su desarrollo marca el hiato existente entre la taumaturgia de Hitchcock y el trampantojo tecnológico; entre la autopsia con que un cirujano magistral (vía cámara) somete al alma de un sujeto concreto y al alma humana corroída por la pasión amorosa en general, frente al exorcismo tecnológico y digital como herramienta para plasmar, con un hiperrealismo absoluto, los engaños de la mirada hasta convertirlos en verdaderos, siendo incapaz de ofrecer una mínima caricia humana, un nimio detalle existencial.

Hitchcock retrata los fantasmas interiores de Scottie, mientras que los hermanos Wachowski insuflan corporeidad mediante la tecnología a unos fantasmas sin referente humano, a unas meras sombras que sólo son proyecciones de la virtualidad de la pantalla del ordenador.

El salto de Trinity (Carrie-Anne Moss) de un edificio a otro es un salto sobrehumano, fantasmagórico, propio de un truco óptico. El truco del director inglés consiste en encandilarnos apelando a nuestros fantasmas interiores: pasiones, deseos, carencias…

La escenografía y la puesta en escena de ambos arranques son similares, tanto como antitéticos sus desarrollos: Scottie ofrece el fracaso del impulso redentor frente al fantasma amoroso; Trinity será la compañera del nuevo mesías-salvador virtual: Neo.

Del cine como epistemología al barracón de feria con ropaje digital. Del vértigo existencial, a la mera sucesión vertiginosa de imágenes-fogonazos. No es lo mismo, no.

Escribe Juan Ramón Gabriel