El oro de Nápoles (L'oro di Napoli, 1954) de Vittorio De Sica

  13 Mayo 2019

Una decisión

l oro di napoli-1Entre el fracaso que supone realizar una (fallida) película para Hollywood (Estación Termini, 1953) y su última contribución al neorrealismo (El techo, 1956), De Sica realizó El oro de Nápoles, un filme compuesto de varios episodios y con un gran plantel de intérpretes.

Uno de ellos lleva por título Teresa y es interpretado por Silvana Mangano en el papel de la susodicha Teresa. Al igual que en el resto de los episodios, unos letreros superpuestos a las primeras imágenes nos indican que «Teresa es una chica que vive en una casa de esas…». No hace falta, claro, más para decir cuál es el oficio de la protagonista que vivirá una (aparente) historia de ensueño: sale de la casa para casarse con un rico comerciante napolitano al que no conoce, pero que al parecer se ha enamorado de ella al verla casualmente en la ciudad.

La realidad es muy otra y después de la rumbosa boda descubrirá que es objeto de una expiación: el marido quiere ser golpeado por este casamiento para poder redimirse de la muerte de la mujer que se mató por su amor. La gente sabrá quién es ella (de ahí el castigo que se impone el hombre), aunque Teresa disponga de todo el dinero que desee, incluso convirtiéndose en dueña de la gran casa en la que vivirá.

Al conocer su situación Teresa, después de abrir el balcón de su habitación con el fin de gritar al mundo quién es, decide, ante lo que le dice el marido, marcharse de la casa. Grita, insulta, prepara la maleta con su (pobre) ropa y sale de la casa. Es de noche. La calle está solitaria. Enfadada, gritando, camina en busca de su anterior casa.

La cámara sigue el caminar de la mujer por la calle, quedando detrás de ella la casa que deja, y en ella resplandece el balcón iluminado que ella había abierto. Es, como la ventana del Xanadú del principio de Ciudadano Kane, el centro de la escena, la llamada de la nueva casa a la mujer. Teresa se para al final de la calle, en una farola. Aquí tiene lugar su conflicto.

Su lloro, su lucha entre tomar un coche de caballo que le lleve al otro lugar o repensar su actitud y volver para ser el ama de la casa. Es su lucha interior la que desgrana la escena, dada por una magnífica interpretación de Silvana Mangano. El conflicto se resuelve por medio de un acercamiento de la cámara al rostro de la mujer, antes de recorrer el camino andando y volver a la gran casa que acaba de abandonar.

Lástima, en esta brillante escena, que De Sica no mantenga el travelling en todo momento e introduzca pequeños cambios de plano e insertos del coche de caballo, y que con ello pierda de vista la luz del balcón que supone, con su presencia, el conflicto al que Teresa se enfrenta.

Con todo, esta larga secuencia es notable, sin duda de lo mejor de un filme muy irregular en cuanto al interés de los diferentes capítulos

Escribe Adolfo Bellido López

  

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