Después de tantos años (1994), de Ricardo Franco

  25 Abril 2019

Hermanos

despues de tantos anos-1El desencanto (Jaime Chávarri, 1976) es una piedra angular del cine español. No sólo cuenta la historia de una familia, los Panero, cuyo patriarca fue el poeta de referencia del franquismo, sino que traza a través de ella una áspera panorámica de una época, a la vez que pone en el disparadero el valor y el significado del cine documental.

Casi veinte años más tarde, a vueltas ya de la resaca de la transición, tendría lugar su continuación en Después de tantos años, dirigida esa vez por Ricardo Franco. Es una continuación y a la vez no lo es, pues, aunque sigue adoptando el formato documental y sirviéndose de la misma familia (los restos de esa familia) como excusa, la diana la sitúa en su predecesora y en el artificio que contenía.

Las voces entrelazadas de El desencanto son sustituidas casi en exclusiva por el monólogo del hijo menor, Michi Panero, quien, desde el repudio de la supuesta felicidad de aquellos tiempos («éramos tan felices»), y punteado por la degradación que el paso del tiempo ha causado en los paisajes, avanza implacable en la demolición del mito fundacional. Nada escapa a sus diatribas, ni la imagen que de ellos se proyectó, y que ellos mismos alimentaron, ni los residuos que el tiempo ha ido dejando tanto de él mismo como de sus hermanos. Su tono es despiadado hasta el punto de parecer regodearse en la humillación de lo que su familia fue, y con ella de la misma institución familiar.

Pero hay un momento en el que todo se da la vuelta, un momento en el que el cine se alía con la verdad, y hasta el propio narrador se ve desbordado y delatado. La tramoya se viene abajo y el relato adquiere una nueva perspectiva. Y la película, que hasta ese momento se había hecho eco de lo que los personajes narraban, hace a éstos objeto de su indagación y redefine todo el discurso.

En medio del alegato que Michi pronuncia sentado sobre las tumbas del cementerio donde está el panteón familiar, aparece el vapuleado Leopoldo María, y Michi queda desarmado. Toda la acritud de su prédica se transforma, incontenible, en una sonrisa. A la par Leopoldo ríe con todo su cuerpo, con la autenticidad que arraiga en los manicomios y en las terapias que constituyen su vida. Las soflamas ceden su paso a los recuerdos, los rencores al amor fraternal. Hablan de su pasado, de los parientes desaparecidos, de lo que tienen en común. Las vendettas de Michi se han transformado en ternura hacia su hermano, y los dos juntos, apoyándose uno en el otro, pasean por entre las tumbas y ante las ruinas de la casa de campo a la que iban de niños, fundiéndose con ellas, como ruinas humanas que son y que con ellas también desparecerán. Al final de sus días recuperan la infancia compartida, el tiempo de felicidad que se ha ido gastando en otros menesteres.

La cámara los acuna, y ellos se abrazan con la mirada y se ofrecen soporte mutuo. Oímos su conversación hasta que poco a poco va tapándose con las notas de Shadows of time, preservando una intimidad que han rescatado y que se sobrepone a cualquier impostura.

En contra de lo que podría parecer, Después de tantos años acaba siendo una apología del sentimiento familiar, de la comunidad que establece.

Escribe Marcial Moreno

  

despues de tantos anos-2