Los secretos del corazón (Rabbit Hole, 2010), de John Cameron Mitchell

  14 Febrero 2019

Una barbacoa

los-secretos-del-corazon-0El dolor por la pérdida de un hijo es el más antinatural y el más profundo que se pueda sentir. No acaba nunca, pero se transforma, y sin que sea menos doloroso acaba siendo casi deseable, pues es el último testimonio contra el olvido, la guarida contra la pérdida definitiva.

Howie y Becca hace ocho meses que perdieron en un accidente a Danny, su pequeño hijo de cuatro años. Cada uno lleva como puede el trauma. Mientras él se aferra a los objetos que prolongan su presencia, ella trata de eliminar todo su rastro. Entre ambos se instala una nebulosa de reproches que no llegan a serlo y de culpas difusas que nunca podrán ser expiadas.

Sus vidas van a la deriva. Las relaciones entre ellos y con su entorno se deterioran sin remedio, y todo con la conciencia clara de que no hay retorno posible al punto de partida ni a sus inmediaciones.

Cuando se ven abocados al derrumbe definitivo deciden que hay que seguir viviendo, como sea, en la medida en que se pueda. Y el director construye una excelente escena para concluir la película que expresa, plena de elegancia, esa nueva vida que ahora va a comenzar.

Howie y Becca deciden organizar una barbacoa en su jardín e invitar a sus amigos, volver a ser lo que eran. Cuando la planea, Howie va describiendo lo que ocurrirá, lo que harán y los sentimientos que experimentarán, los detalles y las precauciones que tomarán para que todo salga bien.

Sobre sus palabras se sobreponen las imágenes de la fiesta en el momento posterior en el que se produce, y vemos así cómo concuerdan, y a la vez no lo hacen, pues aunque los acontecimientos ocurren tal y como ellos han previsto, las palabras marcan la distancia respecto a los hechos, dejan entrever la ficción que bajo ellos se esconde.

La aparente alegría de los asistentes no es más que una máscara que encubre el drama del que quieren desprenderse y que se ha instalado para siempre en sus vidas. La actuación se torna así en la puesta en escena de un guion previamente diseñado, lo que, en definitiva, va a ser su existencia a partir de ese momento.

El hecho de que la realidad sea una imitación de lo que antes se ha planeado la torna vulgar, previsible. Ya nada los volverá a sorprender ni a emocionar. Todo transcurrirá en un tono grisáceo y anodino, porque sus emociones siguen ancladas en lo que hace ocho meses ocurrió, y de ahí ya no podrán escapar.

Cuando Howie acaba su relato Becca pregunta: «¿Y luego qué?», a lo que su marido responde «No sé, pero algo pasará». Y entonces ella le toma la mano y él acepta el gesto, pero sus miradas no se cruzan, miradas de las que se ha adueñado la tristeza.

Es el perfecto colofón a lo vivido y el resquicio a lo que queda por vivir. John Cameron Mitchell lo ha contado con una sensibilidad extrema.

Escribe Marcial Moreno

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