Viaje al cuarto de una madre (2018), de Celia Rico

  02 Diciembre 2018

Ausencia

viaje-cuarto-madre-0«Menos es más», proclamaba Mies van der Rohe, y en consecuencia despojaba a sus obras de todo lo accesorio hasta lograr la máxima expresividad con los mínimos elementos. Él fue quien la llevo al último extremo en la arquitectura, pero también otras artes, como el cine, han hecho uso de este recurso.

Una reciente producción española lo muestra de manera magnífica. Viaje al cuarto de una madre es una película construida con detalles insignificantes cuyo valor textual va mucho más allá de lo aparente, acabando por constituir un conjunto enormemente sugestivo.

Como ejemplo puede destacarse la escena que abre el filme. Un plano fijo nos muestra a madre e hija dormitando en un sofá. No se tocan, y entre ellas queda un espacio vacío. La posición de sus cuerpos está volcada en dirección contraria a la otra. Con esta colocación de los personajes se nos está hablando de una proximidad física, de un espacio compartido, pero al mismo tiempo se insinúa ya una distancia, como una atmósfera densa que dificulta la comunicación.

Suena entonces el teléfono y oímos a la madre negar un par de veces. Poco después sabremos que preguntaban por el padre, quien de este modo se hace presente bajo la forma de ausencia: una ausencia, apenas nombrada, que es la verdadera protagonista de la película.

No hay respuesta tajante que comunique su muerte, pues hacerlo sería firmar el certificado de defunción, darle carácter irreversible, y de alguna manera omitirla es como alargarle la vida, o al menos nos da testimonio del duro trance que supone aceptar su falta. Poco más tarde, en una escena similar, ante la insistencia del interlocutor, Leonor exclama que no se puede poner porque está muerto, pero lo hace con rabia, como una bofetada a quien de manera inconsciente está hurgando en su dolor.

La madre se limita a señalar que la llamada era de publicidad. No hace falta precisar más para que Leonor comprenda por quién preguntaban. En el silencio, en secreto, su figura sigue sobrevolando sobre ellas. Es entonces cuando la joven apunta que habría que arreglar lo de la línea, es decir, habrá que poner fin a aquella situación, habrá que mirar hacia el futuro, habrá que reemprender la vida. La que las dos mujeres, cada una por su lado, van a intentar recobrar.

La madre sale del plano y la hija queda sola. Se ha producido la separación, el verdadero hilo conductor de la película, el alejamiento entre ellas que será físico, pero también emocional. Un ruido molesta a Leonor y pide a su madre que cierre la puerta. Lo hace. Una barrera queda así interpuesta entre ambas. El inexorable paso del tiempo va cumpliendo su misión.

En apenas un par de minutos, y valiéndose de un único plano fijo, queda sintetizado de manera magistral lo que la película a partir de ese momento va a desarrollar.

Escribe Marcial Moreno

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