Beautiful girls (1996), de Ted Demme

  16 Septiembre 2018

Adiós a lo que fuimos (o creíamos ser)

Beautiful girls-0¿Por qué nos gusta tanto esta película? Seguro que hay muchas y variadas razones, pero entre ellas sin duda está la insuperable combinación que consigue entre la alegría contagiosa que la invade y la profunda tristeza que la corroe. O mejor aún, por la tristeza que se abre paso entre los intersticios de una alegría demasiado frágil.

El final de la película, sin abandonar por completo el tono distendido que la recorre, es de una contundencia que no deja lugar a dudas, uno de esos finales que se instalan por mucho tiempo, quizá para siempre, en la mente del espectador.

Willie, casi en el treintena, regresa a su pueblo, en el frío norte estadounidense, a celebrar una fiesta con sus antiguos compañeros de instituto y a reencontrarse con lo que fue y añoraba ser.

Allí conocerá a la encantadora Marty, de apenas trece años, plena de esa inocente maldad que pone aún más en evidencia el tiempo perdido.

Y llega el momento de la despedida. Poco antes ha llegado Tracy, la novia de Willie, simpática, dulce como un caramelo, como apunta Marty. Una mujer, además, con un considerable éxito profesional. Allí están todos. La decrépita familia, el amigo que nunca saldrá del pueblo y que sigue soñando con modelos, y Marty, el futuro que va a quedar atrás. Forman como un semicírculo del que Willie parece que escape camino de Nueva York, la urbe elegante y sofisticada en la que se ha instalado. Pero Willie en realidad está escapando de sí mismo, y la asfixiante atmósfera de lo que deja atrás va a ser sustituida por una claudicación mayor e irreversible.

Cuando ya están recogiendo sus pertenencias pregunta a Tracy dónde deja la maleta, y esta le responde que en el maletero, lo que cumple con diligencia. En este breve gesto ya intuimos la relación de poder a la que el músico está sometido, la renuncia a tomar sus propias decisiones, ya intuimos la vida que le espera. Y todo ello bajo la atenta mirada de Marty, la juventud que no volverá.

Ya en el coche de vuelta, Tracy le recuerda lo mona que es Marty, que es tanto como recordarle su fracaso. En ese espacio cerrado, la nueva cárcel en la que voluntariamente se ha recluido, no le queda a Willie sino someterse a las nuevas normas que organizarán su existencia.

Aunque sea menos sexy, acabará aceptando el empleo de vendedor y abandonará su carrera de pianista. Así es la vida.

Escribe Marcial Moreno

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